Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

3.11.2019

¿Por qué prevalece la ignorancia en la política?




¿Por qué prevalecen en las elecciones políticas los espejitos que suelen ofrecer los políticos cuando se encuentran en campaña? ¿Por qué es diferente la manera en la cual la mayoría de personas actúan cuando se trata de tomar decisiones que afectan directamente, de forma clara y explícita, su esfera personal? Al fin, tarde o temprano, pagaremos las consecuencias de las malas decisiones políticas que tomemos, en las cuales, lamentablemente, se impone la emoción por encima de la razón.

A pocos de días de que empiece formalmente la campaña electoral, aún no tenemos claro qué va a suceder. Al menos ya sabemos cómo interpretó el TSE las modificaciones de 2016 a la LEPP. No obstante, la mayoría de los candidatos a los diferentes cargos de elección, desde ya muestran su incapacidad ¿o su descaro? en el cómo pretenden arreglar lo que consideran nuestros problemas principales. Proliferan los almuerzos gratis (o, más precisamente, los almuerzos robados) que ofrecen a los que voten por ellos, y no las verdaderas propuestas que promueven la prosperidad.

Pero, ¿por qué los almuerzos gratis que ofrecen los candidatos prevalecen electoralmente? ¿Por qué tantos deciden en contra de su bienestar real en el largo plazo y se dejan embaucar, una y otra vez? Brillan por su ausencia los discursos que abordan la realidad, los costos de oportunidad, las ventajas comparativas, la explicación de que los ingresos dentro de un verdadero mercado se obtienen beneficiando a otros, el rol que juega en el progreso el respeto al derecho de propiedad y a las utilidades legítimamente ganadas, la importancia del capital para la transformación de recursos en riqueza y la creación de fuentes de trabajo productivo… En fin, todo aquello necesario para que mejoremos nuestra calidad de vida y, de paso, acabemos con la corrupción, es ajeno a la discusión política.

A menos que los votantes comprendan los mecanismos involucrados en el desarrollo, no podrán evaluar con precisión por cuál político votar. Más aún, prevalecerá la ignorancia económica y la falsa idea de que el gobernante les va a resolver sus problemas y a satisfacer sus necesidades casi que por arte de magia o exprimiendo a los ricos. La ironía es que al final los que salen más perjudicados son precisamente los más pobres que encuentran más obstáculos para superar esa pobreza, y quienes habían logrado superarla pero que al esperar mejorar a partir de la intervención del abstracto Estado, terminan retrocediendo en su calidad de vida en lugar de mejorarla.

Pretender avanzar apoyando la violación de los derechos de otros, no solo es una injusta mentira, sino que termina afectándonos a todos. Aquellos que se benefician de la vasta red de intercambios voluntarios dentro del mercado sin comprenderlos, pueden ser atraídos por los cantos de sirena que, de hecho, socavan los acuerdos que les permitieron superarse. Dentro del sistema Benefactor/Mercantilista, la competencia política promueve falsas esperanzas que solo sirven para que los populistas lleguen al ejercicio del poder.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “El Siglo”, el lunes 11 de marzo de 2019.

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2.19.2018

La línea de la UNE



La línea de la UNE se pasó llevando a Álvaro Colom y a la mayor parte de quienes ostentaron el título de ministros durante su gobierno. Esa línea es la línea del Transurbano, que resultó ser una línea más de la corrupción que corroe a todos los organismos del Estado. Una corrupción que es imparable, sin importar cuántos sean acusados de corruptos y menos de cuántos terminen presos, una vez no se elimine desde su raíz el problema. Una realidad que sólo va a cambiar cuando cambien las causas que permiten la corrupción. Y, para que eso suceda, muchos tendrán que reconocer el fracaso del estatismo en todas sus expresiones.

Una línea que les dejo miles de millones de quetzales de los tributarios a los Colom y a varios de los funcionarios de su gobierno, a los pícaros de la AEAU y a saber a cuántos farsantes más. Una partida de estafadores que se aprovecharon de la necesidad de la mayor parte de la población capitalina de transportarse de manera segura.

Una línea que al parecer va a representar el último clavo del féretro de Oxfam, por ser uno de los acusados Juan Alberto Fuentes Knight, el presidente de la misma. Que, por cierto, no es la única ONG (además de la ONU que es la organización supranacional más poderosa que existe), en la cual sus directores y empleados han sido acusados de corrupción, de oportunismo y de violación de los derechos individuales de quienes se suponía iban a ayudar.

Pero, ¿por qué las ONG terminan atrayendo a corruptos, parásitos y violadores? Porque el origen de los fondos y el sistema que facilita el modus vivendi de sus miembros, es el mismo sistema de incentivos perversos que atrae a los politiqueros al ejercicio del poder. Como escribió F. A. Harper en The Freeman (1952): “Una vez que el derecho de cada persona a tener todo lo que ha producido ha sido sustituido por el derecho al saqueo colectivo, no es en absoluto sorprendente encontrar al dispensador oficial [el gobernante] que decide que es correcto para ELLOS saquear el botín… por un digno propósito, por supuesto”.

El origen de la corrupción es el poder, por eso debe ser limitado. Y ese poder lo adquieren los gobernantes gracias a la ingenuidad de los ciudadanos que decidieron otorgárselo más allá del necesario para que cumplan con sus obligaciones primordiales: dar seguridad y velar porque haya justicia. Quienes esperan que alguien les satisfaga sus necesidades, que votan por quienes les ofrecen más beneficios, lo que están haciendo es entregándoles un cheque en blanco a los peores representantes de nuestra sociedad, que son aquellos a los cuales atrae el Estado Benefactor/Mercantilista.

¿Qué cambió con la captura de Álvaro Colom y la mayor parte de su gabinete? Que, al menos ahora, quienes nos atacaban falazmente por defender el derecho al debido proceso, hoy insisten en la importancia que éste tiene dentro de una sociedad justa. En fin, como le responde Alfonso VI a Rodrigo Díaz del Vivar en el Mío Cid: “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de febrero de 2018.

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10.02.2017

La burguesía socialista



Los socialistas democráticos, en la mayoría de los casos burgueses acomodados, recurren al intervencionista Estado Benefactor el cual privilegia a unos en detrimento de los derechos de otros para alcanzar la que denominan justicia social por medio de la supuesta igualdad de oportunidades que lo que busca es la equidad de resultados, independientemente de que esos resultados correspondan justamente al esfuerzo, mental y físico, que cada quien haya hecho o el riesgo que cada quien haya tomado.

A diferencia de los comunistas, proponen alcanzar sus objetivos sin nacionalizar todos los medios de producción ni planificar de manera totalmente centralizada toda la actividad económica de la sociedad. En otras palabras, promueven un sistema mercantilista donde el gobernante, en nombre del abstracto Estado, tiene la última palabra en lo que respecta a los privilegios que se otorgan y cuándo éstos terminan. Al final, es una especie de concesión y una ilusión de propiedad privada. Un dominio temporal de los medios de producción por aquel que se cree propietario.

El socialista actual, que no se atreve a declararse como tal y recurre a los términos ambiguos de progresista o izquierdista, exige que el gobierno intervenga la actividad empresarial regulando, ordenando, restringiendo, fiscalizando, gravando y dirigiendo casi todos los aspectos propios de la empresa y la competencia, bajo la creencia de que más de alguien puede aprovechar los incentivos y las innovaciones que mejoren las condiciones materiales de la vida de un sector de la sociedad. La dirección, la forma y la medida en que los emprendedores tendrán PERMISO para ser productivos se limitarán y restringirán dentro de las vías que sirven a los supuestos valores superiores, no lucrativos de la indeterminada sociedad civil, que igual pueden llamar el pueblo o cualquier otro colectivo supuestamente desposeído y explotado.

El Estado benefactor no es otra cosa más que el Estado distribuidor. Un sistema contradictorio, basado en premisas falsas, que en el largo plazo acaba con la posibilidad de progresar de la mayoría. Un ejemplo de lo anterior es el actual sistema político de Guatemala, el cual Vilfredo Pareto llamaría socialismo burgués: un sistema de regulación gubernamental, de redistribución de favores y de privilegios que benefician a los mercantilistas y a los líderes de los grupos de presión sociales, en lugar de un socialismo proletario que solo propone trasladar dinero de los ricos a los pobres.

La agenda de equidad e igualdad de oportunidades de los socialistas, además de injusta y violadora de los derechos individuales, facilita y promueve la corrupción en todos los sentidos. La corrupción tanto de aquel que llega al ejercicio del poder como de aquellos que se corrompen moralmente y se acomodan a vivir vidas infelices, mediocres y parasitarias. Es una agenda basada en el absurdo, que falsea la realidad y propone medidas contrarias a la naturaleza humana. Por eso siempre fracasan en el largo plazo.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de octubre de 2017.

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7.24.2017

Chulada de hundimiento



Y no me refiero a los cráteres, algunos cuyo fondo no es visible, que inundan nuestras carreteras. Hundimientos de los cuales, descaradamente, los funcionarios estatales culpan a la lluvia. Sí, créalo o no, la culpa es del agua que se atreve a filtrarse en las magníficas autopistas que cubren nuestro país de punta a punta. Caminos que da gusto recorrer disfrutando del hermoso paisaje que nos brinda Guatemala. ¡Qué bárbara la lluvia! ¿Cuándo irá a ser perseguida y denunciada por el Ministerio Público y la CICIG?

En fin, ironía aparte, la desastrosa condición en la cual se encuentran nuestras vías de comunicación, simplemente reflejan la realidad misma del sistema político vigente que facilita la corrupción, la verdadera causante de la desgracia en la cual no sólo se encuentran las carreteras, sino todos los servicios que, supuestamente, son responsabilidad de los gobernantes en nombre del abstracto Estado. Somos testigos del hundimiento del Estado Benefactor/Mercantilista. Sin embargo, aún somos pocos los que nos atrevemos a señalarlo. Tal vez es porque la mayoría sólo sufre las consecuencias de su fracaso, pero no conocen o entienden el origen de la tragedia en la que vivimos.

Es raro el que niega que la reina de la construcción es la corrupción. Al menos, en la construcción a cargo de los gobernantes. En la construcción de puentes, carreteras, hospitales, escuelas… y todo aquello que, según los estatistas, debe hacer el gobierno. Vaya ingenuidad de muchos a estas alturas del partido y en un siglo en el cual es cada vez más difícil ocultar los hechos de la realidad.

Aunque, detrás de los bienintencionados que sirven de parlantes de la potestad estatal para intervenir en todo aspecto de la vida humana en sociedad, están aquellos perversos, oportunistas, saqueadores parasitarios que se aprovechan de la candidez de la mayoría para llegar al ejercicio del poder. Y una vez en posesión de sus cargos, con contadas excepciones, se quitan la máscara y se dedican a hacer lo mismo que sus antecesores: mentir, robar y extorsionar. ¡Ah! Y vender al mejor postor el poder que los ingenuos le otorgaron.

Alejandro Sinibaldi es un ladrón, un extorsionador, un corrupto que debe rendir cuentas ante la justicia y compensar a sus víctimas, los tributarios. Así como lo es Arnoldo Medrano y familia. Así como lo son los burócratas corruptos que los apoyaron y, sin duda, muchos más de quienes han ejercido un cargo en el Estado. Sin embargo, de los acusados que no eran parte de la burocracia estatal habrá que diferenciar a los cómplices voluntarios de Sinibaldi y demás funcionarios que hicieron negocios turbios con ellos, de quienes cedieron a la extorsión. Y todos, en su justa medida, deberán pagar las consecuencias de sus acciones.

¿Qué deben hacer quienes son extorsionados? Denunciar y no trabajar con los inmorales. ¿Cómo evitar la corrupción, no sólo en los nuevos contratos de infraestructura, sino en todo el Estado? Cambiando el sistema de incentivos perversos que prevalece.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de julio de 2017.

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8.08.2016

Pobres crónicos



Guatemala es el país en la región con más población viviendo en pobreza crónica (siempre han estado debajo del umbral de la pobreza), según el informe del Banco Mundial llamado “Los olvidados, pobreza crónica en América Latina y el Caribe”; lo que, a pesar de la desconfianza que me inspiran los burócratas bien pagados (con nuestros impuestos y el de los tributarios de los países que los mantienen) de las organizaciones estatales supranacionales, no me extrañaría que fuera cierto, ya que desde 1945 el sistema que impera en nuestro país es el castrante Estado Benefactor/Mercantilista.

Es importante señalar que después de 70 años de vivir dentro de un sistema estatista e intervencionista, en el cual los más pobres siguen siendo casi igual de pobres, esas mismas políticas han logrado, en particular en los últimos años, reducir la brecha que tanto les preocupa a algunos envidiosos: o sea, lograron que los ingresos reales de quienes no eran tan pobres, la llamada clase media, se redujeran y ahora estén más cerca de los ingresos de los pobres crónicos.

Por supuesto que en los países en los cuales hubo menos crecimiento económico son los países en los cuales viven más pobres crónicos: no se necesita ser genio para darse cuenta de tal realidad. Pero, ¿cómo va a haber crecimiento si cada vez hay más obstáculos a la creación de riqueza? Y, lo que es peor, casi todos los informes que los mencionados burócratas elaboran terminan recomendando más de lo mismo: más estatismo, más intervencionismo y, sobre todo, ¡más impuestos! Así es imposible que se logre mejorar la calidad de vida de todos en el largo plazo.

Con más impuestos, en especial impuestos directos, lo único que logran es ahuyentar la inversión de capital necesaria para transformar los recursos en riqueza que, como es obvio, es la única forma de superar la pobreza. Si no hay inversión, no hay suficientes fuentes de trabajo productivo que les permitan a aquellos que no tienen empleo encontrar uno que les facilite satisfacer sus necesidades; y a los que ya tienen trabajo, encontrar uno mejor que les permita progresar. Y sí, señores del Banco Mundial, descubridores del agua azucarada: “los ingresos laborales representan el factor impulsor más importante para la reducción de la pobreza”, como indican en su informe.

Ahora que los del CACIF, el gobierno y el ICEFI parece que se han puesto de acuerdo en lo que respecta a la futura reforma tributaria, es vital que tengan en cuenta lo anterior, para que no terminen negociando una nueva puñalada fiscal que, al final, también les va a estallar en la cara a quienes pretendan transar con los que ejercen el poder (incluido el embajador de EE. UU.) y clavar a los empresarios no organizados y al resto que ya pagamos más que suficiente para mantener a una burocracia estatal parasitaria, ineficiente, en algunos casos inexistente, y en su mayoría INNECESARIA. No se diga la tajada de nuestros ingresos que termina en los bolsillos de los corruptos de turno que creen que gobiernan.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de agosto de 2016.

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6.13.2016

El sistema



El origen de nuestros problemas ES el sistema político que impera en Guatemala desde hace más de siete décadas. El que era el sistema de moda por aquellos tiempos, el cual fue impuesto con la Constitución promulgada en 1945. Un sistema que las siguientes Constituciones han ratificado y profundizado. Un sistema que aún en los países en los cuales previamente habían creado riqueza terminó fracasando con el tiempo. Un sistema que hoy han dejado atrás en gran parte. El sistema que ha obstaculizado el progreso de la mayoría, forzando a millones a emigrar en búsqueda de mejorar su calidad de vida y la de sus seres queridos. Un sistema de inspiración socialista light conocido como Estado Benefactor/Mercantilista.

Por lo anterior, en principio estoy de acuerdo con el hashtag que impulsaron para la recién pasada manifestación del sábado 11 de junio del presente año: #EsElSistema. No obstante, es importante aclarar con detalles y probar con evidencia contundente cuál es ese sistema. Sistema al cual hago mención en el primer párrafo, el cual es intervencionista y estatista. Un sistema de incentivos perversos: promueve la corrupción y el parasitismo. Digo lo anterior ya que hay quienes que, desde el siglo pasado, han fracasado en su objetivo de llegar al ejercicio del poder, y hoy ven una oportunidad de hacerse con éste aprovechándose de algunos jóvenes universitarios bienintencionados que desean cambiar la miserable situación en la cual viven muchos en Guatemala. Intención con la cual me identifico.

Desde mediados de 1998, fecha en la cual comencé a trabajar en medios de comunicación, y siguiendo el ejemplo de personas admirables que iniciaron la discusión cuarenta años antes que yo, hice énfasis en la necesidad del cambio RADICAL del sistema. Casi todos los artículos que he escrito desde 2005 los encuentran en mi blog (www.martayolanda.com) el cual les invito a visitar y corroborar qué he dicho y cuándo lo dije. Aquellos intelectualmente honestos, que buscan emitir juicios verdaderos, encontrarán la evidencia que les ayudará a desenmascarar a los mentirosos que buscan utilizarlos para alcanzar sus espurios fines personales. Recuerden: hay muchos buitres revoloteando en el actual río revuelto de la política nacional. Como buenos pepenadores que son, pretenden aprovecharse de la basura que está siendo expuesta y de la indignación que la corrupción genera en la mayoría de la población.

Quienes estamos preocupados por nuestro país e interesados en que las cosas mejoren para bien de todos, debemos estar enfocados, atentos a los cambios que inevitablemente se van a dar. Los cambios pueden ser para el bienestar de todos en el largo plazo o para empeorar la situación actual. La única forma que tenemos de evitar que nos vean la cara de babosos y nos receten más de lo mismo que ha sido probado hasta el cansancio que sólo beneficia a quienes llegan al ejercicio del poder y a su círculo cercano, es que no nos dejemos llevar por la emoción. Que prevalezca el uso de la razón.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de junio de 2016.

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3.28.2016

Caen los corruptos



Caen presos varios de los ladrones que han llegado al ejercicio del poder. Pero continúa la corrupción. Se fueron presos Otto Pérez Molina, Roxana Baldetti Elías y compañía casi ilimitada, y aun así continúa la corrupción. Tal vez se van a ir presos Lula, Dilma, Cristina, Nicolás y varios ex Presidentes de Centroamérica. Y aun así va a continuar la corrupción. ¿Por qué?

Muchos corruptos, además de los mencionados, han estado presos en lo que va del siglo. Y aun así continúa la corrupción. Más aún, hubo quién resucitó, no con la gloria de antes, pero resucitó: tal es el caso de Alfonso Portillo. Lo que no detiene, como debe ser, las investigaciones y las denuncias de corrupción que hacen, entre otros, el Ministerio Público y la CICIG. Cada vez que encuentran pruebas que apuntan a actos de corrupción se arma un alboroto, en particular cuando capturan a los nuevos acusados que casi siempre se van en grupo a la cárcel. Y aun así, continúa la corrupción. ¿Por qué?

“¡Pero por qué!” Se preguntan un sinnúmero de personas que han enarbolado la bandera contra la corrupción y asistieron a, por lo menos, una manifestación, indignados por la situación que en lugar de mejorar parece empeorar. En Guatemala, en Brasil, en Venezuela… Y aun así continúa la corrupción. ¿Por qué continúa la corrupción? ¿Por qué se multiplican los corruptos? Cae un corrupto preso e inmediatamente surgen muchos más que quieren ocupar su lugar. ¿Por qué?

Porque en lugar de cambiar radicalmente el problema que hace posible la corrupción, los legisladores, los politiqueros y los miembros de los grupos de presión (incluidos los representantes de otros gobiernos y los burócratas de organismos internacionales), que ilegítima e ilegalmente se presentan como la voz de la abstracta sociedad civil, profundizan con sus propuestas el sistema de incentivos perversos que ha prevalecido y atrae a los peores representantes de nuestra sociedad al ejercicio del poder.

Tal y como he escrito en varias ocasiones, el origen de la corrupción es el poder, por eso debe ser limitado. Y ese poder lo adquieren los gobernantes gracias a la venia de los ciudadanos que decidieron otorgárselo más allá del necesario para que cumplan con sus obligaciones primordiales: dar seguridad y velar porque haya justicia. Poder que se corrompe al permitir a los mandatarios violar los derechos de unos para complacer a otros.

Quienes esperan que alguien más les resuelva la vida y les satisfaga las necesidades, que votan por quienes les ofrecen más supuestos beneficios, sin importar lo absurdo, lo injusto y lo incumplible de sus promesas, lo que están haciendo es entregándoles un cheque en blanco a los peores representantes de nuestra sociedad. Porque es a estos, a los peores, a quienes va a atraer el sistema de incentivos perversos que impone el Estado Benefactor/Mercantilista, que es populista, colectivista y de inspiración socialista. Acabemos con la corrupción. Cambiemos radicalmente el sistema político.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el martes 29 de marzo de 2016.

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11.09.2015

La salud de la corrupción



A pesar de las amenazas recientes, si no hay cambios de raíz en el sistema político, la corrupción se va a recuperar plenamente y más rápido de lo que podemos imaginar. Las capturas de este año y los procesos judiciales en contra de los acusados de ser parte del crimen organizado estatal, no pasaran de ser una leve molestia para el sistema promotor de corruptos que impera hoy en Guatemala.

Las roxanabaldetti, los ottopérezmolina, los gustavoalejos, los juandediosrodríguez, los juancarlosmonzón, las danielabeltranena… como el virus maligno que son, se van a multiplicar por un montón. Y lo que es peor, van a evolucionar hasta convertirse en una cepa de corruptos fortalecida que será más difícil de combatir que la actual, porque ya habrán adquirido las defensas necesarias para vencer los intentos de los ciudadanos, del MP y la CICIG de combatirlos. Más aún, estos dos últimos corren el riesgo de ser contagiados del síndrome de la corrupción, al igual que más de uno de los primeros mencionados.

Al mejor estilo de la nueva generación de corruptos, popularizado recientemente por José Ramón Lam (encargado de cabildear en el Congreso en nombre del presidente electo Jimmy Morales), ladrones que enarbolan la misma bandera que los anteriores, irónicamente, en contra de la corrupción (tal vez la de otros, pero no la propia) hago un copy/paste autorizado por mí misma de un párrafo de mi artículo publicado el lunes 7 de abril de 2014 en “Siglo Veintiuno”, titulado “El origen de la corrupción”:

“El origen de la corrupción es el poder, por eso debe ser limitado. Y ese poder lo adquieren los gobernantes gracias a la venia de los ciudadanos que decidieron otorgárselo más allá del necesario para que cumplan con sus obligaciones primordiales: dar seguridad y velar porque haya justicia. Sí, aquellos que esperan que alguien más les resuelva la vida y les satisfaga las necesidades, que votan por quienes les ofrecen más supuestos beneficios sin importar lo absurdo e incumplible de sus promesas, lo que están haciendo es entregándoles un cheque en blanco a los peores representantes de nuestra sociedad. Porque es a estos, a los peores, a quienes va a atraer el sistema de incentivos perversos que propone el Estado Benefactor/Mercantilista. Populista. Colectivista. Socialista. Y que, lamentablemente, prevalece en gran parte del planeta”.

La única forma de erradicar esta enfermedad degenerativa que avanza imparablemente, es acabando de un solo y sin miedo con su causa: extirpándola de nuestras vidas. Y los únicos interesados en acabar con ella en el largo plazo somos nosotros, los mandantes, quienes sufrimos los efectos, en muchos casos mortales, de la corrupción. Pero debemos entender que esa corrupción es un efecto del sistema inmoral e injusto dentro del cual intentamos sobrevivir. Si queremos vivir la mejor vida posible, cooperando en paz con los demás, debemos cambiar el sistema, para lo cual debemos aclararnos las ideas para no terminar apoyando más de lo mismo.
           


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 9 de noviembre de 2015.

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11.10.2014

La Ley de Herodes



El jueves 2 de marzo del año 2000 publiqué en Siglo Veintiuno un artículo titulado “La Ley de Herodes”. Hoy, a pocas semanas del regreso a Guatemala del otrora Presidente Alfonso Portillo a quien mencioné en esa columna, y después de ver por enésima vez junto con mis estudiantes, como lo hago cada semestre, la célebre película que me inspiró, se me antojó revisar lo que escribí hace más de 14 años.

En esa oportunidad, como muestra de mi ingenuidad de aquella época, expresaba mi esperanza porque la idea inmoral (explotadora y violadora de los derechos individuales) detrás del conocido refrán mexicano no se convirtiera en norma de conducta de los gobernantes y los burócratas estatales. A la fecha ya acepté la realidad: no solo es una regla felizmente aplicada por aquellos que llegan al ejercicio del poder, sino que los chingados y jodidos hemos sido los productivos. Nosotros, los responsables y respetuosos, sobre quienes pesa el mantener a los corruptos que llegan al ejercicio del poder, a sus familiares y a sus amigos influyentes que, por medio de privilegios, contratos con el Estado y mentiras, han saqueado nuestro bolsillos.

“La Ley de Herodes” narra cómo a finales de la década de los años 40 del siglo pasado llega un miembro menospreciado del PRI a Presidente Municipal de San Pedro de Los Saguaros, un pueblo donde abundan los pobres. Juan Vargas, protagonista de la historia, pasa de encargado de un basurero a ser la máxima autoridad de este miserable poblado olvidado por el progreso y la justicia social, habitado en su mayoría por indígenas que no entienden el español.

En un principio, Vargas piensa que debe cumplir con las promesas que han hecho los dirigentes de su partido de llevar una supuesta modernidad al país. Sin embargo, no tarda mucho en rendirse a las ventajas que le da el poder y comienza una vertiginosa carrera criminal a la sombra de la ley: se convierte en un dictador autoritario, extorsionista, corrupto y asesino. La película termina con Varguitas convertido en héroe y en diputado de la nación. Antes pensaba que era una ironía. Ahora sé que es la triste realidad del Estado Benefactor/Mercantilista dentro del cual vivimos, basado en un sistema de incentivos perversos, inmoral e injusto, que solo beneficia a la minoría gobernante que llega al ejercicio del poder gracias al autoengaño de la mayoría de ciudadanos que aún creen los cuentos politiqueros de que alguien más va a asumir su responsabilidad individual de ganarse la vida.

Así es la democracia: populista. Creen que votan para violentar sólo los derechos de unos cuantos, sin darse cuenta que quienes peor terminan son ellos. No solo los políticos no van a cumplir sus promesas por motivos obvios, sino que con el poder que les dieron van a robarles a quienes pudieron haber invertido para crear riqueza (más y mejores bienes y servicios, más baratos gracias a la competencia) y creado empleos productivos que les pudieron ayudar a mejorar sus ingresos reales. Un suicidio  anunciado.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 10 de noviembre de 2014. La imagen la bajé de la Internet, no es obra mía.

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11.03.2014

De mendigo a gobernante extorsionador



En tiempos de campaña política proselitista ¡como si hubiera de otro tipo! la cual se intensifica conforme se acercan las elecciones generales, el contraste entre el político que busca el poder y aquel que lo ejerce es cada vez más evidente. Quienes quieren llegar a gobernar plenamente (léase: los que quieren ser Presidente) se dedican a limosnear el voto de todos aquellos a los que les encanta ser engañados con promesas populistas incumplibles cuyo único objetivo es lograr que el ungido sea electo para repartir el botín desde el trono presidencial del Ejecutivo.

Mientras, aquel que se encuentra temporalmente ejerciendo el cargo de primer ¿mandatario? empieza a darse cuenta que el tiempo de ordeñar al tributario se le acaba. En su desesperación por exprimir a quien produce y trabaja, conceptos ajenos a la mayoría de miembros de la cleptocracia gobernante, recurre al chantaje público y a la extorsión descarada. Los mandantes, ingenuamente, pensamos que hemos visto todos los ardides posibles para facilitar el robo legalizado de nuestro dinero. Sin embargo, la agonía de quienes ven llegar su fin en el ejercicio del poder les lleva a proponer medidas que hasta podríamos considerar prohibidas, criminales, terroristas. Tal es el caso de Otto Pérez Molina que insiste en contratar a mercenarios fiscales con la peregrina idea de que así va a lograr extraer más dinero de los frágiles bolsillos de los habitantes del país.

Los motivos por los cuales los politiqueros actúan de tal manera son obvios en ambos casos. Es fácil de entender el atractivo que encuentran en ejercer el poder quienes son ineptos para hacer cualquier cosa que no sea engañar a la gente y robarle a otros lo que estos se han ganado honrada y dignamente, dos términos cuyos significados son desconocidos por la mayoría de miembros de la especie animal mencionada. Por eso, primero mendigan el voto de los ciudadanos ya que lo necesitan si van a ser electos democráticamente. Una vez llegan a los cargos por los cuales mintieron a diestra y siniestra, utilizan ese poder que los votantes les dieron para amenazar a quienes antes cortejaban humildemente: o pagan los impuestos que al gobernante se le antojan (sin importar lo que hagan con ese dinero) o los mandan a la cárcel. En el menos peor de los casos, intimidan a los empresarios, a quienes arriesgan capital propio con la intención de crear riqueza, con cerrarles el negocio. Pasan de pordioseros a opresores.

Me cuesta entender a quienes siguen apoyándolos y creen en ellos y en el injusto sistema Benefactor/Mercantilista (estatista, intervencionista) que les permite a los estafadores políticos salirse con la suya. Más aún en esta época en la cual es tan fácil conocer las mentiras de los gobernantes, saber cómo se apropian de los tributos y comprobar en qué malgastan lo que a nosotros nos costó ganar. ¿Por qué falsean la realidad? ¿Por qué se engañan a sí mismos? ¿Por qué se niegan la posibilidad de prosperar efectivamente y por sus propios medios?



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de noviembre de 2014.

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10.27.2014

Justicia secuestrada



En las sociedades en las cuales prevalece el Estado Benefactor/Mercantilista, la justicia es secuestrada por los grupos de presión. Grupos que se multiplican en los países donde los gobernantes gozan del suficiente poder para otorgarles privilegios a unos cuantos en detrimento del bienestar de otros. En algunas naciones todavía los escudos constitucionales creados para evitar este abuso funcionan más o menos. Eso no quiere decir que el sistema de justicia de estas sociedades no haya sido infiltrado. Sin embargo, aún no ha sido copado por gente servil a grupos de interés de cualquier índole, como es el caso de Guatemala.

Hay quienes consideran las negociaciones entre los grupos mencionados como normales al juego o, hablando en la jerga políticamente correcta, al proceso político del ejercicio del poder, lo que me parece despreciable. En lugar de pretender justificar este hecho, quienes no formamos parte de ninguno de los grupos que se reparten el mencionado poder debemos unirnos para luchar contra los miembros parasitarios de estos colectivos que lo que buscan es vivir a costa nuestra.

Lamentablemente, el infantil enfrentamiento entre izquierdosos y derechosos, cual si fuera un partido de futbol en el cual sólo buscan meterle gol al otro bando, importándoles poco ser coherentes con sus supuestos principios, nos aleja de la vital batalla en pos de una verdadera República: donde impere el Estado de Derecho y la igualdad de todos ante la ley, en la cual se respeten la vida, la libertad y la propiedad de todos. El resultado final de ese enfrentamiento irracional es que ni unos defienden los derechos humanos (a menos que sean los de sus cuates ideológicos) ni a los otros les importa que el sistema de justicia sea cooptado por los políticos corruptos que gobiernan, dejando la defensa de la justicia en quienes han mostrado con sus acciones su inclinación por el estatismo y el intervencionismo. Que, además, promueven la violación de los derechos de unos para beneficiar a otros. Han dejado la defensa del sistema de justicia en manos de los grupos de presión promovidos por la CICIG. Los lobos cuidando a las ovejas.

No se debe repetir todo el proceso de elección de magistrados para la Corte Suprema de Justicia y para las salas de la Corte de Apelaciones. Sólo se debe repetir la elección en el Congreso ya que quienes pactaron los puestos no respetaron los tiempos estipulados por la ley. Esta elección se puede hacer por sorteo a partir de las listas elaboradas por las comisiones de postulación para evitar más injerencia de los grupos de presión. Por supuesto, para solucionar los problemas en el largo plazo y evitar que dentro de cuatro años nos veamos envueltos en una situación similar a la actual, se debe reformar la Constitución. Los legisladores tienen en sus manos una propuesta que cambiaría, para bien de todos, nuestro sistema. Esa propuesta, apoyada por más de 73,000 ciudadanos debidamente identificados, es ProReforma.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 27 de octubre de 2014.

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10.20.2014

Del golpe a la ¿revolución?



Hoy en Guatemala la mayoría no trabaja gracias a que el 20 de octubre de 1944 un grupo de ciudadanos apoyados por varios militares y por el embajador estadounidense de esa época, derrocaron a Federico Ponce Vaides, a quien Jorge Ubico había entregado temporalmente el poder después de su renuncia al cargo de Presidente acaecida el 1 de julio del mismo año. Mucho se ha dicho sobre este suceso y los gobiernos electos después del golpe, menos lo que urge gritar para que se escuche hasta en el último rincón de nuestra nación: que la supuesta revolución fue un fiasco total, si acaso su fin era el progreso y la mejora en la calidad de vida de los habitantes de nuestro país.

Muchos mitos han circulado sobre este período histórico, por los cuales a la fecha la mayor parte de la población no sabe a ciencia cierta lo que efectivamente pasó. Espero que algún día la evidencia permita corregir este crimen cometido por seudointelectuales basados en medias verdades ¿o mentiras totales?, en acontecimientos comentados fuera de contexto y en embustes descarados. Tristemente, aquellos que actúan cegados por sus complejos, resentimientos y envidia, terminan favoreciendo sistemas castrantes que les hacen tanto daño a ellos como a sus semejantes: prefieren vivir miserablemente a reconocer que se han equivocado. El problema principal es que condenan a otros a existencias similares a las suyas.

Mis detractores se escandalizaran al leer este artículo y dirán que miento. Que la primavera democrática terminó bruscamente con la caída de Jacobo Arbens y que si él hubiera terminado su mandato (o hubiera ejercido el poder ad eternum al igual que los dictadores socialistas latinoamericanos de este siglo) el resultado hubiera sido diferente. ¿Diferente? Tal vez en el sentido de que estaríamos peor de cómo estamos hoy. Pero falso en todo lo demás. Lo único que cambió fue quién estaba al frente del gobierno. Al final, lo que los gobernantes posteriores a Juan José Arevalo y Arbens hicieron fue continuar con el sistema de Estado Benefactor/Mercantilista, estatista e intervencionista, que los constituyentes de 1944 eligieron por nosotros.

En nuestro país ha habido muchos golpes de Estado, pero revoluciones… ninguna con consecuencias deseables en el largo plazo. La única que pudo haber cambiado para bien de todos las condiciones en las que vivimos fue la Revolución de 1871. Sin embargo, Justo Rufino Barrios enterró los sueños de los verdaderos liberales que querían acabar con los privilegios y ansiaban vivir dentro de un Estado de Derecho donde todos fuéramos iguales ante la Ley y se respetaran la vida, la libertad y la propiedad de todos.

Necesitamos una revolución, pero una revolución que nos permita cambiar radicalmente las premisas sobre las cuales se han sostenido los sistemas políticos que hasta ahora nos han impuesto. Y para que esa revolución sea la correcta en beneficio propio, de nuestros conciudadanos y de nuestros descendientes, primero deben de cambiar las ideas prevalecientes.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 20 de octubre de 2014. La imagen la bajé de la Internet.

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7.21.2014

Guerra perdida contra los coyotes



¿Será que los gobernantes no aprenden de los errores del pasado porque no son ellos quienes enfrentan sus consecuencias? ¿Estamos condenados a que los repitan? ¿Estamos sentenciados nosotros, los ciudadanos, a pagar por siempre los errores de quienes ejercen irresponsablemente el poder? ¿Hasta cuándo los mandantes vamos a permitir que los gobernantes continúen jugando con nuestras vidas y con nuestro futuro?

Cuando señalo a los gobernantes, me refiero a todos. A quienes gobiernan en Latinoamérica, especialmente en Centroamérica y México, y por supuesto a los que están al frente del gobierno de EE. UU., que desde finales del siglo diecinueve empezaron a abrigar la idea de que podían iniciar, o intervenir, en guerras ajenas. O, lo que es peor, intervenir políticamente en otros países para imponer sus propias agendas, las cuales en la mayoría de los casos ni siquiera benefician a los estadounidenses, además de ser contrarias a los principios republicanos sobre los cuales fue fundada esta, todavía, gran nación que, lamentablemente, se encuentra en proceso de destrucción.

Tengo la esperanza de que los estadounidenses que conocen el legado de los padres fundadores de su nación, y han estudiado cómo la mayoría de elecciones que estos hicieron entre 1776 y 1787 les facilitaron prosperar a partir del siguiente siglo, ganen la batalla de las ideas en su país. Pero mientras, en nuestra región, los ciudadanos dignos, conscientes del fatal camino por el cual transitan nuestros países, debemos oponernos firmemente a las imposiciones de los gobernantes estadounidenses que tienen consecuencias desastrosas para la mayoría de miembros de nuestras sociedades.

¡Cuántas muertes de inocentes se hubieran evitado si no hubiéramos permitido que pelearan en nuestros territorios la guerra perdida contra las drogas! Cuántas muertes de inocentes podremos evitar si no dejamos que nuestros gobernantes nos involucren en la guerra contra los coyotes, la cual nace tan muerta como muerta está la guerra anteriormente mencionada que sigue matando gente ajena.

La crisis actual NO es de la EMIGRACIÓN, en el caso nuestro, o de la inmigración en el caso de los estadounidenses. La tal crisis es un resultado más del sistema político fracasado que nos han heredado nuestros constitucionalistas. Es la prueba definitiva de que el Estado Benefactor/Mercantilista NO mejora la calidad de vida de las personas en el largo plazo. Por el contrario, condena a la mayoría a vivir pobremente cuando se adopta en países donde no hemos tenido la oportunidad de transformar más recursos en riquezas que, además de mejorar la calidad de vida de todos de manera sostenida, nos permita acumular el capital necesario para continuar progresando y beneficiar a quienes son responsables, productivos y respetuosos de los derechos de los otros. Nuestra tragedia se origina en el estatismo, en la corrupción que este facilita, en la criminalidad que tolera y en la miseria que eterniza.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de julio de 2014. La imagen es obra del caricaturista guatemalteco FO. Fue publicada en el diario Prensa Libre.

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5.05.2014

El supremo elector



Es quien está habilitado a votar por quienes desee para gobernantes. Una vez electos, los que prometieron llevarnos a la Luna, bajar el Sol y las estrellas y convertirnos en los seres más hermosos del planeta, entre cualquier cantidad de ocurrencias de los candidatos y de sus asesores, pasan a ser los supremos dictadores. Al menos así es en el sistema democrático en el que vivimos, en el cual la mayoría de votantes identificados como el pueblo, que rara vez es la mayoría de los ciudadanos, eligen a la minoría que va a regir sobre sus vidas y sobre la vida del resto por los siguientes cuatro años. Hasta ahí llegó la historia hoy. ¿Será posible que cambien esta regla mañana?

Lo dudo en lo que respecta al corto plazo. Veo poco probable que la descabellada ¿idea? de Otto Pérez Molina de promover la llamada reelección vaya a prosperar actualmente. Pienso que más bien hizo ese desatinado comentario para distraer la atención pública de otros asuntos complicados que le impiden a él y a sus cómplices disfrutar plenamente de las mieles del poder. Temas como, por ejemplo, la creciente inseguridad, la falta de justicia y el constante deterioro en la calidad de vida de esa mayoría que lo eligió o, peor aún, que dejó que otros eligieran por ellos. Solo por mencionar, de manera general, algunos de los principales problemas que enfrentamos quienes vivimos en Guatemala.

Aunque es probable que lo anterior no le quite el sueño al Presidente y mucho menos a su pareja en el ejercicio del poder, la vicepresidente Roxana Baldetti. Total, a ellos no los afecta en lo personal. Lo más seguro es que a ellos lo que les preocupa es que cada día que pasa somos más los convencidos de que su administración ha sido una de las más corruptas que hemos visto en las últimas décadas en nuestro país. Tal vez consideran posible que dentro de un par de años sean ellos quienes ocupen el lugar que dejó vacante Alfonso Portillo en las cárceles nacionales. Tal vez creen que podrían perder la fortuna mal habida que han logrado acumular en todo el tiempo que llevan figurando en el ámbito politiquero chapín. Por cierto, no hay que perder la esperanza de que esto suceda si hacemos los cambios que debemos hacer en nuestro sistema político.

Al fin, el punto verdaderamente relevante no es cuántos años se encuentra alguien en el ejercicio del poder, sino bajo qué normas ejerce el poder. En el presente, lamentablemente, lo ejercen de una manera casi ilimitada, una consecuencia negativa más del Estado Benefactor/Mercantilista que nos han decretado en repetidas ocasiones aquellos que han decidido desde 1944 las leyes bajo las cuales vivimos. Un sistema que, no me canso de decirlo, atrae a los PEORES representantes de nuestra sociedad. Por eso, sería un tremendo error bajo este esquema aumentar el número de años que tienen para expoliarnos y obstaculizar nuestro progreso los parásitos que terminan dirigiendo nuestros destinos.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de mayo de 2014.

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4.07.2014

El origen de la corrupción



El origen de la corrupción es el poder, por eso debe ser limitado. Y ese poder lo adquieren los gobernantes gracias a la venia de los ciudadanos que decidieron otorgárselo más allá del necesario para que cumplan con sus obligaciones primordiales: dar seguridad y velar porque haya justicia. Sí, aquellos que esperan que alguien más les resuelva la vida y les satisfaga las necesidades, que votan por quienes les ofrecen más supuestos beneficios sin importar lo absurdo e incumplible de sus promesas, lo que están haciendo es entregándoles un cheque en blanco a los peores representantes de nuestra sociedad. Porque es a estos, a los peores, a quienes va a atraer el sistema de incentivos perversos que propone el Estado Benefactor/Mercantilista. Populista. Colectivista. Socialista. Y que, lamentablemente, prevalece en gran parte del planeta.

En el largo plazo, los servicios públicos a cargo de los gobernantes en nombre del abstracto Estado, SIEMPRE van a ser ineficientes, malos y carísimos. La educación y la salud incluidas. La educación estatal con el agravante de que en lugar de enseñarles a los niños a pensar por cuenta propia, lo que logra es transformar a la mayoría en futuros siervos: autómatas programados para reverenciar al Estado como dador de todas las cosas. Un sistema que promueve la envidia al hombre creador de riqueza y rechaza el progreso de nuestra especie, presentando como un fin noble la violación de los derechos de unos para satisfacer los intereses de otros.

Por cierto, aquellos que se preocupan por cómo se van a educar los más pobres olvidan (o tal vez ellos mismos lo desconocen) que en los tiempos actuales por medio de la internet y la información a la cual podemos acceder por esta, hemos regresado a los tiempos de los autodidactas geniales, donde quien quiere aprender, quien busca la verdad, quien desea conocer, lo puede hacer mucho mejor por sí mismo, a lo sumo con ayuda de un facilitador, y de una manera considerablemente más económica.

En fin, si ya está harto de enterarse de tanto desmadre de los gobernantes, sus familiares y sus amigos; si ya no soporta más pagar impuestos para no recibir nada más que desprecios, amenazas e insultos; si le indigna enterarse cómo los pícaros fácilmente se libran de ir a la cárcel, tal es el caso reciente de Arnoldo Medrano y Elzer Palencia, que se ríen en la cara de quienes pagamos su buena vida (la de ellos y la de la mayoría de quienes llegan al ejercicio del poder); si la cólera le corroe las entrañas al ver que cada día trabaja más y tiene menos, mientras que los líderes de los grupos de presión pasan su vida viviendo a costillas suyas; si ya no quiere ser más el cochinito de la fiesta que alimenta a los parásitos que parecen multiplicarse… deje de esperar que el Estado se haga cargo de sus necesidades y deje de pedir cosas a los gobernantes. Únase al grupo que trabajamos para limitar el poder del cual hoy gozan los más viles personajes de nuestro país.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de abril de 2014.

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3.31.2014

Muerte sin debido proceso



Le llaman linchamiento y ocurre casi todos los días en algún lugar de mi país. Es la máxima pena que un tribunal puede imponer a un antisocial. Y en el caso de la apodada justicia popular es el único castigo posible, sin importar que el acusado sea inocente o culpable y sin importar el delito o crimen que haya cometido. Es una muestra más del fracaso del Estado Benefactor/Mercantilista que impera en Guatemala y en gran parte del mundo.

Así es, un fracaso más del sistema intervencionista/estatista mencionado, que se basa en otorgar privilegios a los grupos de presión que se multiplican gracias a los incentivos perversos propios de una idea fundamentada en supuestas buenas intenciones según la cual unos se deben sacrificar por otros, olvidando que todo ser humano es un fin en sí mismo. Al final, aquellos que viven miserablemente seguirán viviendo de tal manera mientras prevalezcan estas reglas, y quienes pudieron invertir para crear fuentes de trabajo productivo terminan en bancarrota (de tanto ser expoliados por quienes detentan el poder) o deciden emigrar con todo y su capital, ya sean ideas o dinero.

Por supuesto que en este sistema suma cero, hay quienes ganan a costa de aquellos que pierden lo que es suyo. Un sistema que les facilita a los parásitos quedarse con gran parte de nuestros impuestos, por lo que van a promover cualquier agenda que convenga a sus intereses sin que les preocupen las consecuencias a largo plazo de las medidas que proponen y mucho menos les importa violar los derechos de otros con tal de alcanzar sus objetivos individuales.

Escribo lo anterior para explicar el porqué los gobernantes terminan relegando al último lugar de sus prioridades, independientemente del discurso politiquero, sus funciones primordiales y las únicas que justifican la existencia de un gobierno: proporcionar seguridad y justicia a TODOS los miembros de la sociedad. Como a quienes aspiran a ocupar un cargo público y a quienes ya lo ocupan (con muy pocas excepciones) creen que les conviene más ofrecer una vida regalada a la mayoría porque de esa manera acumulan más poder, deciden concentrarse en la supuesta agenda social antes que en cumplir con sus obligaciones legítimas.

Luego, mucha gente ante al aumento de la delincuencia y la criminalidad, gente en algunos casos desesperada, gente que en otras ocasiones lo toma como una medida de escape a sus frustraciones personales, al grito de cualquiera de “allá va el ladrón” corre a buscar un galón de gasolina junto con unos fósforos para quemar al desgraciado, sin importarle que la acusación sea falsa o verdadera.

La razón de ser del debido proceso es para que, en la búsqueda de justicia, no se cometa una injusticia condenando a un inocente. Por eso la carga de la prueba está en aquel que acusa, no en quien es acusado. Por eso necesitamos con urgencia reformar nuestro sistema judicial para acabar con las arbitrariedades y la corrupción. Para que cada quien reciba lo que le corresponde.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 31 de marzo de 2014. La imagen es del diario mexicano "Impacto".

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3.24.2014

El lobo de Guatemala



Es capaz de convencer a muchos de que la tierra es plana y de vender arena en el desierto a los incautos que lo escuchen sin usar su razón. Fue electo Presidente de Guatemala a principios del presente siglo. Cuatro años le bastaron para acumular una enorme fortuna (de la cual ya despilfarró gran parte) a costillas de los expoliados tributarios y los engañados ciudadanos que lo eligieron. Hasta hoy se ha disfrazado de pollo, pero la realidad es que Alfonso Portillo forma parte de la misma especie a la que pertenece Jordan Belfort, quien estafó a poco más de 1500 personas que se dejaron guiar por sus emociones en lugar de investigar si las acciones que éste les ofrecía eran una buena inversión.

Ninguno de los dos son creadores de riqueza ni harían nunca el esfuerzo que implica trabajar arduamente casi todos los días de nuestra vida productiva, tomando riesgos y creando fuentes de empleo productivo para otros. Ambos escogieron el camino más fácil: el del engaño. Ambos pasaron un breve tiempo en prisión. Ambos negociaron con los fiscales de Nueva York para salir lo más pronto posible de la cárcel. Ambos se burlaron del sistema de justicia y de sus víctimas.

Aunque, para ser exacta, al menos a Belfort lo obligaron a compensar a algunas de sus víctimas y devolverles parte de lo que les robo. En el caso de Portillo, dudo que nosotros, los pagadores de impuestos de Guatemala, vayamos a ver alguna vez parte de todo lo que nos robó. ¿De qué nos sirve que entregue al gobierno de Estados Unidos 2.5 millones de dólares que son propiedad de los taiwaneses? De nada. Por cierto, ¿Qué pensarán hacer los burócratas gringos con ese dinero que no les pertenece?

Como dato curioso, tanto Belfort como Portillo han vivido una vida de excesos, se casaron dos veces y tienen dos hijos. Ambos nacieron en familias de escasos recursos y ambos lograron muchos de sus objetivos gracias a su carisma personal y la labia con la que encantaron a sus seguidores. Por lo demás, pienso que Portillo tomó una mejor decisión dedicándose a la política y no a actividades privadas como lo hizo Belfort. Portillo no solo acumuló mucho más dinero que Belfort sino que, además, cuando lo dejen en libertad le va a quedar mucho más de lo que robó que a Belfort.

A Portillo y todos los pillos politiqueros, los favorecen las ideas intervencionistas y estatistas por el enorme poder que viene con éstas, el cual les facilita alcanzar sus espurias metas. Por otro lado, el falaz discurso socialista (contrario al hombre productivo y orgulloso de lo que ha logrado por su esfuerzo, mente y riesgo personal, que defiende lo que es suyo de los parásitos que quieren vivir a costa suya), perjudicó a Belfort que, sin ser empresario ni creador de riqueza, sirvió de excelente excusa para aquellos que promueven políticamente estrategias anticapitalistas. En fin, el sistema de Estado Benefactor/mercantilista que impera en casi todo el mundo solo beneficia a los lobos que de este viven.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de marzo de 2014.

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2.17.2014

Mueren por vivir en Libertad



La semana pasada fue trágica en Venezuela. Por lo menos seis personas fueron asesinadas por esbirros del gobierno de Nicolás Maduro, y centenares fueron detenidos ilegalmente. De muchos de ellos aún se desconoce su paradero. Entre los muertos se encuentran estudiantes universitarios de los que convocaron a la población para expresar pacíficamente su malestar con el deterioro de la vida de los habitantes de su país. Un territorio en el cual se encuentra una de las mayores reservas petroleras del mundo, sin embargo, para la mayoría es un calvario encontrar productos diarios básicos, como por ejemplo el papel de baño, la leche, los huevos, la carne… En fin, el socialismo del siglo veintiuno los ha regresado a condiciones propias del siglo dieciocho.

Hace más de 15 años (2 de febrero de 1999) cuando Hugo Chávez llegó al ejercicio del poder, los venezolanos esperaban que el cambio de sistema que les había ofrecido el ungido les permitiría vivir mejor. La mayoría que democráticamente voto por él y su propuesta, se engañó a sí misma creyendo que el cambio que les ofrecía era el que necesitaban para progresar.

Estaban mal, no me cabe duda. El Estado Benefactor/Mercantilista bajo el cual vivían (y vivimos nosotros) es un fracaso y sus consecuencias en el largo plazo son nefastas: fomenta la proliferación de grupos de presión que buscan privilegios, facilita la corrupción y promueve el parasitismo y la mendicidad en tantos que se acostumbran a existir de manera mediocre, mantenidos por otros. No obstante, el socialismo pleno que les ofreció Chávez era aún peor: solo profundizó los males del sistema anterior pues, al fin, sus premisas son muy similares. Además, acabó con la poca Libertad que aún tenían.

Como bien escribió Luis Figueroa en su blog “Carpe Diem” (www.luisfi61.com): "Aquellas dictaduras no llegan ahí solitas. Hay quienes las llevan y las cultivan. Se cultivan entre la decepción ciudadana frente a políticos corruptos e ineptos. Se cultivan con la complicidad de élites clientelares, pancistas, ajenas a los principios, acomodaticias, serviles y codiciosas. Se cultivan entre ciudadanos que creen que pueden evitar las consecuencias de eludir la realidad y que no se involucran en la cosa pública por prudencia, o por cobardía. Se cultivan entre intelectuales que celebran las dictaduras en las vecindades. A las dictaduras hay que detenerlas antes de que se consoliden”.

En Guatemala necesitamos que más personas participen cívicamente antes de que lleguemos a una situación parecida a la descrita. Aprendamos de los errores de ellos. Ignorando la realidad lo único que hacemos es facilitar el camino de los dictadores que terminan convirtiendo en siervos suyos a los otrora mandantes. Si queremos algún día vivir en paz, dentro de una sociedad donde nos respetemos los unos a los otros, donde todos seamos iguales ante la Ley y los gobernantes no puedan utilizar el poder para violentar nuestros derechos, debemos involucrarnos en la batalla de las ideas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de febrero de 2014.

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12.02.2013

La salud estatal mata



En mi artículo anterior escribí: “Todas las demás tareas que asigna el Estado Benefactor/Mercantilista a los gobernantes son solo una fuente de corrupción, y sobra la evidencia en el pasado y en el presente que confirma esta aseveración… en casi todos los casos, la educación en manos de los gobernantes termina siendo pura programación de los niños y jóvenes de hoy en futuros siervos no deliberantes… en lugar de ciudadanos pensantes. La salud a cargo del abstracto Estado no es más que un ruin y falso consuelo para los pobres y, en muchas ocasiones, más que sanar al enfermo acelera su muerte”. Lo anterior motivó un emotivo correo que me envió un lector que se identifica como un médico que trabaja en el sector estatal de salud.

Omito de su comentario los ataques ad hóminem y demás falacias, solo transcribo lo que considero el origen de su equivocación, y la de muchos, debido a un análisis ceteris paribus y fuera de contexto del porqué de la situación que describe: “Existe gente (por si no lo sabía) en nuestro país que sobrevive con menos de Q1.500 mensuales de ingreso FAMILIAR. Desde esa perspectiva,  dígame usted cómo podría esta familia suplir sus gastos de Salud y Educación con tan magro ingreso???... En fin, personas ‘acomodadas’ como usted y yo, posiblemente podríamos hacerle frente a esos rubros con nuestros propios ingresos, pero no el 80% de la población” (sic).

Para cualquiera que entiende mis escritos o escucha mis programas es obvio que conozco la miseria en la cual viven muchos. Sin embargo, mi principal preocupación (más que tratar de ayudarlos a sobrevivir con sus ingresos actuales) es promover medidas que permitan que sus ingresos y su poder adquisitivo, y los de todos, aumenten. El problema no es cuánto ganan hoy, sino por qué no ganan lo suficiente para que ellos mismos puedan elegir el tipo de educación, salud, vivienda… que deseen y no la que les imponen los gobernantes apoyados por personas compasivas, pero emocionalmente manipuladas.

Todo aquello que ofrecen los políticos con el objetivo de adquirir poder más allá del necesario para cumplir con sus funciones propias (seguridad y justicia) son una especie de placebo para aliviar momentáneamente el falso sentimiento de culpa de algunos que se consideran privilegiados (aunque no lo sean) o acomodados, como dice mi lector. Son solo promesas incumplibles para conseguir el voto de quienes desean satisfacer sus necesidades con el mínimo esfuerzo o quisieran que otros los mantuvieran. Lo triste de esta historia real es que al final los únicos que se benefician del oportunismo de unos y la ingenuidad de otros, son los gobernantes, sus familiares y sus asociados en los negocios del Estado.

Lo que necesitamos para prosperar todos, además de aclararnos las ideas, es que se retiren del camino los obstáculos que impiden producir y crear riqueza, la única forma de acabar con la pobreza. De lo contrario, los bienintencionados seguirán pavimentado el camino al infierno de los más necesitados.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de diciembre de 2013.

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9.30.2013

Terror en la SAT

...al menos gobiernos como los actuales, consecuencia del Estado Benefactor/Mercantilista.

¿Cuántos burócratas de la Superintendencia de Administración Tributaria/Terrorista estuvieron a punto de sufrir un infarto el pasado miércoles 25 de septiembre al ver entrar a sus oficinas centrales a un grupo de policías dispuestos a llevarse presos a varios de ellos? “¿Vienen por mí?”, pudo ser la pregunta que se hicieron muchos que saben que tienen cola que les pisen.

El alivio debe haberles llegado al ver que no se los llevaban a ellos sino a otros de sus compañeros. Más de uno debió mirar al cielo invadido de un falso arrepentimiento y hacer la promesa (que no van a cumplir) de no volver a cometer delitos al amparo de la legislación que les otorga poderes casi ilimitados. Talvez por unos días los tributarios podrán dormir tranquilos sabiendo que no serán objeto de extorsiones por parte de sujetos pagados, irónicamente, con sus impuestos. Al menos mientras a estos se les pasa el susto.

Llama mi atención el hecho de que esta operación se haya llevado a cabo mientras Roxana Baldetti ejercía las funciones de Presidente, ya que Otto Pérez Molina se encontraba de paseo (a todo lujo) en Nueva York. ¿Será que Baldetti va a aprobar una operación similar en las aduanas? ¿O en ese centro de corrupción sí tiene todo el poder y no hay ladronzuelo que se le rebele?

Pueden ser tres los motivos por los cuales varios de los miembros de la banda de ladrones de vehículos “Los Clonadores” fueron apresados: no estaban compartiendo sus ganancias con los jefes, el monto que les daban a estos últimos nos les satisfacía o la presión que ejerció el gobierno de El Salvador (que necesita urgentemente anotar goles ante las próximas elecciones) no les dejó opción. Por supuesto, sacrificaron a las ovejas porque los meros lobos deben encontrarse tranquilos en sus respectivas lomas.

Es curioso que ¿casualmente? ese mismo miércoles se haya incendiado por cuarta vez el depósito de vehículos bajo la responsabilidad del Ministerio de Gobernación. Con todo lo que ha llovido, es poco probable que esta desgracia haya sido accidental. ¿Qué querían esconder quienes provocaron el incendio? ¿Tendrá alguna relación con las órdenes de captura emitidas en contra de miembros de la banda mencionada? ¿Está investigando el MINGOB y el Ministerio Público este hecho?

¿Cuál fue el aporte en este caso de los paladines de la injusticia, socios de los colaboradores eficaces (antes sicarios), expertos en extorsiones, o sea, los fiscales de la CICIG? Se supone que su misión es apoyar al MP, a la Policía Nacional Civil y a otros entes del Estado, tanto en la investigación de los delitos cometidos por los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad, como en el desmantelamiento del crimen organizado. Un fin que al parecer nunca les interesó.

Pensar que este caso es apenas una pequeña muestra de lo que sucede dentro del corrupto aparato estatal guatemalteco. Una prueba más de que nuestro sistema político actual atrae a los PEORES representantes de nuestra sociedad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 30 de septiembre de 2013.

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