Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

3.24.2014

El lobo de Guatemala



Es capaz de convencer a muchos de que la tierra es plana y de vender arena en el desierto a los incautos que lo escuchen sin usar su razón. Fue electo Presidente de Guatemala a principios del presente siglo. Cuatro años le bastaron para acumular una enorme fortuna (de la cual ya despilfarró gran parte) a costillas de los expoliados tributarios y los engañados ciudadanos que lo eligieron. Hasta hoy se ha disfrazado de pollo, pero la realidad es que Alfonso Portillo forma parte de la misma especie a la que pertenece Jordan Belfort, quien estafó a poco más de 1500 personas que se dejaron guiar por sus emociones en lugar de investigar si las acciones que éste les ofrecía eran una buena inversión.

Ninguno de los dos son creadores de riqueza ni harían nunca el esfuerzo que implica trabajar arduamente casi todos los días de nuestra vida productiva, tomando riesgos y creando fuentes de empleo productivo para otros. Ambos escogieron el camino más fácil: el del engaño. Ambos pasaron un breve tiempo en prisión. Ambos negociaron con los fiscales de Nueva York para salir lo más pronto posible de la cárcel. Ambos se burlaron del sistema de justicia y de sus víctimas.

Aunque, para ser exacta, al menos a Belfort lo obligaron a compensar a algunas de sus víctimas y devolverles parte de lo que les robo. En el caso de Portillo, dudo que nosotros, los pagadores de impuestos de Guatemala, vayamos a ver alguna vez parte de todo lo que nos robó. ¿De qué nos sirve que entregue al gobierno de Estados Unidos 2.5 millones de dólares que son propiedad de los taiwaneses? De nada. Por cierto, ¿Qué pensarán hacer los burócratas gringos con ese dinero que no les pertenece?

Como dato curioso, tanto Belfort como Portillo han vivido una vida de excesos, se casaron dos veces y tienen dos hijos. Ambos nacieron en familias de escasos recursos y ambos lograron muchos de sus objetivos gracias a su carisma personal y la labia con la que encantaron a sus seguidores. Por lo demás, pienso que Portillo tomó una mejor decisión dedicándose a la política y no a actividades privadas como lo hizo Belfort. Portillo no solo acumuló mucho más dinero que Belfort sino que, además, cuando lo dejen en libertad le va a quedar mucho más de lo que robó que a Belfort.

A Portillo y todos los pillos politiqueros, los favorecen las ideas intervencionistas y estatistas por el enorme poder que viene con éstas, el cual les facilita alcanzar sus espurias metas. Por otro lado, el falaz discurso socialista (contrario al hombre productivo y orgulloso de lo que ha logrado por su esfuerzo, mente y riesgo personal, que defiende lo que es suyo de los parásitos que quieren vivir a costa suya), perjudicó a Belfort que, sin ser empresario ni creador de riqueza, sirvió de excelente excusa para aquellos que promueven políticamente estrategias anticapitalistas. En fin, el sistema de Estado Benefactor/mercantilista que impera en casi todo el mundo solo beneficia a los lobos que de este viven.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de marzo de 2014.

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6.03.2013

A luchar por la justicia



Después de que leí la versión gráfica para niños de “La Ilíada y la Odisea” quedé fascinada con los chistes, como les llamamos en Guatemala a los cómics o tebeos. Mis preferidos eran los cuentos de superhéroes. En mi imaginario infantil, Supermán y todos los que luchaban por el bien ocupaban uno de los espacios más preciados. Aquellos cuya misión era velar porque hubiera justicia y que, la mayoría de las veces, actuaban al margen de la ley y ponían en su lugar a quienes abusaban del poder. Hoy a estas figuras se les conoce como vigilantes.

“Yo soy libre, sin importar las reglas que me rodean. Si las encuentro tolerables, las tolero, si las encuentro demasiado desagradables, las rompo. Soy libre porque sé que sólo yo soy moralmente responsable de todo lo que hago”, declaró Robert A. Heinlein, escritor de ciencia ficción. Un enunciado que describe la visión de estos personajes ficticios que, sin duda, influenciaron mi psique (ψυχή), en el sentido que los griegos daban al término. Una afirmación que enfatiza la responsabilidad individual. No es romper las reglas por romperlas, ser rebelde sin causa. Es aceptar que de nosotros mismos dependen nuestras acciones y los resultados de estas.

Toda lectura es para mí una aventura. Amo perderme en historias, en misterios, en cuestionamientos… los cuales me permiten acumular conocimiento. Y actuar, con el pasar del tiempo, de manera coherente con esos principios que he hecho míos leyendo o, como todos, equivocándome. Entre las lecciones que me costó aceptar es que nuestro actuar justo puede beneficiar a personas con las cuales no compartimos valores. Pero sé que, al final, lo que nos debe importar es el efecto que nuestras decisiones van a tener en el bienestar de nosotros, de nuestros seres queridos y de todos aquellos que forman parte de la sociedad a la cual pertenecemos.

La paz es esencial para el progreso. Para que haya paz debemos respetar los fundamentos del debido proceso, lo que puede beneficiar a alguien que nos desagrada, pero en el largo plazo asegura la libertad de los inocentes. Puedo mencionar dos casos recientes que sirven como ejemplo de lo anterior: el juicio contra Efraín Ríos Montt y la extradición de Alfonso Portillo que, como todos los Presidentes que hemos tenido, es un corrupto. Pero si se violentó el debido proceso en ambos casos debe ser denunciado. Por otro lado, debemos derogar la legislación que entorpece el funcionamiento de la Ley. Como bien dijo Montesquieu: "Las leyes inútiles debilitan las leyes necesarias". Por cierto, la desobediencia civil es un derecho constitucionalmente reconocido en Guatemala (artículo 45).

En la batalla de las ideas, como con el cuidado propio, muchos se descuidan, lo que permite que la mentira avance como un virus. La única forma de combatirlo y vencerlo es fortaleciendo los argumentos en pro de la verdad, enfrentando directamente las falacias y, por supuesto, no falseando la realidad. Ser íntegros, sin importar cuántos estén de acuerdo con nosotros.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de junio de 2013.

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11.05.2012

El destino de la corrupción



“La corrupción es un mal que, por desdicha, tiene como destino el olvido… ¿Quién se acuerda hoy de lo que se robaron los gobiernos anteriores?”, es la amarga idea que pone Francisco Pérez de Antón en la boca de Crisóstomo Valverde, uno de los personajes de su más reciente novela “Callejón de Dolores”. Al leer semejante sentencia, no pude hacer más que dejar mi libro a un lado y sentarme a escribir sobre mi reacción a tal afirmación.

Primero sentí una especie de fuego intenso que subía por mi cuerpo, una sensación que se apropiaba de mis entrañas en señal de rechazo a algo que ha sido hasta hoy una verdad indiscutible. Solo por mencionar los últimos veinticinco años pregunto: ¿qué pasó con lo que robaron en los gobiernos encabezados por Vinicio Cerezo, Jorge Serrano, Álvaro Arzú, Alfonso Portillo, Óscar Berger y Álvaro Colom? Y pienso que a esta lista también debo agregar al padre del nuevo Procurador de los Derechos Humanos: me refiero a Ramiro De León, porque, aunque breve su mandato, más de alguien debe haberse aprovechado de la incertidumbre de esa época para acumular una fortuna.

Luego, me pregunté qué pasará con todos los desmadres de los actuales gobernantes cuando estos entreguen el poder en cuestión de apenas tres años y un par meses. Porque si alguno del Partido Patriota es sensato, ya habrá reconocido que es casi imposible que continúen ejerciéndolo en menos de cuatro años. A casi diez meses de iniciado el período de Otto Pérez Molina y su gente, tanto en el Ejecutivo como en el Congreso, una gran parte de sus electores están decepcionados de ellos debido a los tremendos errores que han cometido. Por supuesto, tal vez casi nada les importa lo anterior: ya se aseguraron que a sus cuentas bancarias llegará gran parte de lo poco que dicen recaudar.

Y la recién aprobada “Ley contra la corrupción”, les debe provocar risa. Es muy probable que crean, ¡como tantos en Guatemala!, que da igual que, finalmente, haya pasado este intento de remendar un sistema corrupto como lo es el Estado Benefactor/Mercantilista, y tratar de, sino limitar, al menos otorgar herramientas eficaces a los escasos diputados y funcionarios que fiscalizan el uso del dinero de los tributarios. Porque sí: ese dinero es nuestro, es de los pagadores de impuestos: una verdad irrefutable que debemos internalizar y difundir, para que cada día seamos más los que nos indignamos del robo descarado de lo que NOSOTROS hemos ganado. Y, lamentablemente, no hemos disfrutado.

Pienso que hoy, a diferencia de 1929 (año en el cual transcurre la historia que narra magistralmente Pérez de Antón), contamos con más espacios para dar a conocer los actos ilícitos de los gobernantes, los cuales NO deben ser olvidados. Todo lo contrario: debemos darlos a conocer a todos aquellos que podamos para que en un tiempo breve seamos más los desencantados con la realidad actual y al fin tomemos las decisiones necesarias para cambiarla. No dejemos que el olvido borre la miseria presente.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de noviembre de 2012.

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9.03.2012

Guatemala, guarida de delincuentes




A Francisco Dall’Anese, como a todo buen burócrata internacional, casi siempre le llegan tarde las noticias. Hace algunos días, en referencia a la próxima extradición del exPresidente Alfonso Portillo a EE. UU., declaró que “el país [Guatemala] podría convertirse en guarida para los delincuentes internacionales” sino se lograba que Portillo fuera entregado pronto al gobierno del país mencionado primero. ¡Qué cosa! Si nuestra tierra es desde tiempo atrás guarida no solo de delincuentes, sino de criminales de la peor calaña. Y sin discriminación: los hay nacionales e internacionales.

Muchos de estos delincuentes se encuentran refugiados en la CICIG, un ente más de la Organización de las Naciones Unidas que en lugar de ayudarnos a cambiar para bien de todos el sistema de justicia, ha enseñado a los fiscales locales a abusar del poder e intimidar a la gente para alcanzar sus objetivos; los cuales, la mayoría de las veces, poco tienen que ver con atrapar a los criminales. Les interesa emitir una condena, más que hacer justicia. No buscan a quién la debe, sino a quién la paga.

No obstante, el principal refugio de delincuentes y criminales no son las oficinas de burócratas internacionales, pagados con los impuestos de los habitantes cuyos países pertenecen a su círculo de explotados. La principal guarida de los peores criminales es el gobierno.

Al menos por el momento, parece que de Portillo sí nos vamos a librar por un tiempo, sobre todo después de la decisión de la Corte de Constitucionalidad de negarle al citado el amparo que solicitó para evitar su extradición a EE. UU. Eso a pesar de la labor del magistrado Mauro Chacón para salvarlo de rendir cuentas a los gringos. Ojalá también se pueda recuperar algo de todo lo que nos robó a los tributarios de Guatemala.

Basta una simple mirada a los cambios en la calidad de vida de quienes llegan al ejercicio del poder (Portillo por ejemplo), para comprobar la veracidad de mí juicio sobre el gobierno. De pichirilo destartalado que se queda tirado por todos lados, pasan a viajar en autos blindados de 50 mil dólares en adelante, acompañados del colero pagado por nosotros. De casa a medio construir en una zona popular, pasan a mansión con vista a la ciudad y chalet en alguna playa cool. De shucos los sábados a cena de miles de quetzales en algún restaurante fusion en las partes de la zona viva que todavía son vivibles.

Y así puedo listar sin acabar los cambios notables en la vida de los gobernantes, en la de sus familiares y en la de sus amigos que consiguieron un contrato con el Estado, o un puesto de tercera categoría con acceso a las arcas públicas, o un cargo que les da el poder de extorsionar al empresario que, para que su negocio sobreviva, no le queda más que pagar la mordida. Hoy solo cambian los ladrones que llegan a gobernar. Y una vez no cambiemos las bases que soportan nuestro sistema político, el cambio seguirá siendo para empeorar.


El presente artículo fue publicado el lunes 3 de septiembre de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de Internet.

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12.12.2011

Condecorados hoy, condenados mañana



No serían Álvaro Colom y su séquito los primeros en pasar de ser condecorados a recibir la única mención que merecen: la de condenados por corruptos. Al fin, ya antes que ellos recorrieron ese camino Alfonso Portillo y Francisco Reyes. Pienso que los primeros nombrados, al igual que los segundos, tampoco pasarán de conde a marqués, tal vez porque no aprendieron, a pesar de tantos años, a mover el abanico como se debe, parafraseando un viejo refrán.

Lo despreciable en ambos casos no es sólo el hecho de que la principal acusación contra los mencionados sea de corrupción, sino que la mayoría de tales condecoraciones se las otorgaron ellos mismos. ¿Qué validez tienen ante las circunstancias citadas? Por supuesto, no faltará el burócrata hipócrita o el oportunista interesado en conseguir algún favor del gobernante que justificará tal decisión y hasta alabará el que tengan el descaro de autocondecorarse.

Lo anterior, a mi parecer y según algunos estudiosos de la conducta humana, denota un serio complejo de inferioridad que se esconde detrás de una fachada de superioridad y pretensión de saber qué deben hacer los demás con sus vidas. Como escribió Raúl de la Horra en uno de sus artículos recientes en elPeriódico: “La fanfarronería o inflación del ego [es un recurso] para compensar sentimientos de minusvalía y de inferioridad, atribuyéndose virtudes exageradas”. Inflación del ego que en este caso es reconocida con una insignia, no merecida, en el pecho.

Si por algo se han distinguido nuestros gobernantes y el personal a su servicio (y no al servicio del ciudadano a quien se deben), además de la corrupción estatal alimentada por los buscadores de privilegios de casi todos los sectores (mercantilistas, sindicalistas, ambientalistas…), es por hacer más pobres al resto de habitantes de Guatemala.

En las evaluaciones mundiales recientes, Guatemala ha sido una de las naciones peor calificadas. Por ejemplo, en el Índice de Percepción de la Corrupción retrocedió 29 puestos (bajó del 91 en 2010 al 120 en 2011). En el reporte Doing Business, elaborado por el Banco Mundial, cayó al puesto 97 de 183 países evaluados. Además, en el Índice de Competitividad Global que elabora el Foro Económico Mundial, ocupamos la posición 84 de 142 países; y en el Índice de Libertad Económica se encuentra en la casilla 79 de 183 países.

Si a lo anterior agrego lo comentado por Carroll Ríos de Rodríguez en su columna en Siglo Veintiuno del miércoles pasado (“Es deplorable la calificación de Guatemala en el Índice de Estado de Derecho de 2011, generado por el World Justice Project….en criminalidad, Guatemala ocupa la casilla 63 de los 66 países medidos”) el único reconocimiento que merece el gobierno de Guatemala es a la peor gestión vista en lo que va del siglo. Y más que condecorados, deben ser condenados a devolver todo lo que han robado y a pasar algunos de ellos el resto de su vida en la cárcel.


El presente artículo fue publicado el lunes 12 de diciembre de 2011 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de la Internet.

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6.14.2010

OK


Zero kill. Sin duda, no en Guatemala. Esperar cero muertos es una utopía en un país cuyo índice de mayor crecimiento es el de la criminalidad: el número de asesinados, secuestrados, robados. En una palabra: violados. Una sociedad en la cual es casi inexistente el respeto a la vida, la libertad y la propiedad de sus miembros productivos, respetuosos y trabajadores. Una más de tantas ironías, pues las principales violaciones vienen de los obligados a proteger los derechos listados. Por supuesto, me refiero a los gobernantes.

OK le dijo Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, a Carlos Castresana al recibir su renuncia al puesto de Comisionado Internacional contra la Impunidad en Guatemala. ¡Qué les parece! Otra ironía. Castresana, un pragmático poco conocedor del Derecho (a pesar de la campaña a su favor que han hecho algunos medios nacionales e internacionales) que actuó impunemente mientras ocupó el cargo mencionado. Más aún, que continúa actuando impunemente persiguiendo a gente inocente y ensañándose con aquellos que lo hemos cuestionado y no asumimos el rol de alfombras para que “pise moreno, pise con garbo, que un relicario me voy hacer…”.

Ayn Rand, en su libro titulado “Filosofía: ¿quién la necesita?”, en el primer ensayo que lleva el mismo nombre, hace una advertencia que hago mía: “You are attacked, not for any errors or flaws, but for your virtues. You are denounced, not for any weaknesses, but for your strength and your competence.” Por cierto, si creen los empleados de la CICIG que me amedrento ante la campaña que impulsan contra algunos periodistas y columnistas están equivocados. Saben dónde encontrarme, dando la cara y defendiendo mi nombre. ¿OK?

¿Por qué siendo el concepto de justicia tan sencillo y de puro sentido común, es tan difícil encontrarlo en sociedades como la nuestra? Darle a cada quien lo que le corresponde no es otra cosa que ser justo. Y a cada uno nos corresponde lo propio, lo que es nuestro, y al otro lo que es suyo.

A mí en lo particular me importa poco la renuncia de Castresana. Era de esperarse que un hombre colérico y prepotente como él no soportara que hubiera quienes se atrevieran a enfrentársele y cuestionar sus hipótesis. Eso no significa que no haya quienes sí se alegren del hecho, así como haya otros que lo lamenten. Que haya quienes se perjudiquen con su despedida y quienes se beneficien. Such is life. Sin embargo, para la mayoría poco va a cambiar su vida con su partida.

Considero que da igual cuáles sean los verdaderos motivos por los que renunció Castresana. O si acaso es cierto que lo obligaron a renunciar. Al final lo que parece que hizo en nuestro país fue pactar con los gobernantes, lavarles la cara y no investigarlos. Independientemente de que él se haya llevado las palmas por la captura de Alfonso Portillo. No es más burocracia, nacional o internacional, lo que necesitamos. Necesitamos darle el OK al cambio constitucional propuesto por la Asociación Cívica ProReforma.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de junio de 2010. La imagen la bajé de www.robink.ca

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4.19.2010

No resuelto: revuelto


Es el estado en el cual se encuentra la investigación de los asesinatos de Khalil y Marjorie Musa. Revuelto, turbio, enredado. Puede utilizar cualquier calificativo, sinónimo de los anteriores, que se le ocurra. Y si los presagios de algunas musas que me han visitado se cumplen, la hipótesis de Carlos Castresana, titular de la CICIG, será aún menos creíble que la supuesta verdad interina del personaje citado con anterioridad en lo que respecta a la muerte de Rodrigo Rosenberg.

Por cierto, no salgo de mi asombro ante semejante aberración: “verdad interina”. La verdad NUNCA es interina. Si la premisa o proposición presentada es negada por la evidencia (o no es comprobada sin dudas razonables), fue, es y será SIEMPRE falsa. O será siempre una hipótesis nomás. Aunque en este caso pienso que lo presentado por Castresana y sus seguidores es una vil mentira que muchos han preferido creer o hacerse de la vista gorda. Ya sea porque se encuentran hartos del relajo (como me dijo alguien cuyo nombre mantendré en reserva); porque quedaron desilusionados después de haber participado en las manifestaciones posteriores a la presentación del vídeo póstumo de Rosenberg; o porque simplemente conviene a sus intereses darle validez: léase los acusados por el abogado asesinado.

Dediqué cinco artículos a comentar la hipótesis de Castresana. Y apenas mencioné unas pocas de todas las dudas que me surgen al analizarla. Quienes no los hayan leído, los encuentran en mi residencia virtual, http://www.martayolanda.com/ Podría haber continuado escribiendo páginas sobre las falencias de la supuesta resolución de Castresana al crimen del jurista, pero al fin, la vida continúa y había otros temas que quería abordar. Pero eso no significa que en un futuro no decida retomar el tema.

En lo que respecta a los Musa, mis informantes me contaron que es probable que presenten al mismísimo Rosenberg como el cerebro detrás del doble crimen. Por supuesto, continuando con la idea de un thriller romántico, la muerte de Marjorie habrá sido un error de los sicarios contratados para quitar del camino del amor al padre de la desaparecida Julieta que se oponía a sus amores con el Romeo chapín. En fin…

Mis informantes: los mismos que a finales de noviembre de 2009 me contaron que era probable que los acusados por Rosenberg hubieran llegado a un acuerdo con Castresana que les permitía a los primeros salir en caballo blanco como víctimas y no victimarios; y al segundo, además de fingir ser un gran detective, émulo de los protagonistas de muchas novelas, le daba la oportunidad de congraciarse con sus jefes entregándoles una cabeza que les interesa hoy más que la de Colom: la cabeza de Alfonso Portillo. Por eso no me sorprendió la reciente declaración de Castresana, publicada en Prensa Libre, según la cual la red que le interesa perseguir es la del ex Presidente, hoy reo residente del Preventivo de la zona 18. Parafraseando a Cervantes: cosas increíbles vimos, vemos y veremos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de abril de 2010. La imagen la baje de la Internet.

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3.23.2010

Pía


El impío pía. Cuando tiene hambre, cuando tiene frío. Cuando se encuentra preso, el Pollo pía. ¿Cuál será la canción del pichón cuando se encuentra privado de su libertad? Falto de piedad el impío que pía, ¿a quiénes podrá acusar? ¿Si acaso se hunde, su canto se llevará consigo a sus otrora amigos? “Los pollitos dicen ‘pío, pío, pío’ cuando tienen hambre, cuando tienen frío. La gallina busca el maíz y el trigo, les da comida y les presta abrigo. Bajo de sus alas, acurrucaditos ¡duermen los pollitos hasta el otro día!”.

Hambre y frío todavía no pasa Alfonso Portillo. Pero, sin duda, hay muchos que quisieran verlo bien, pero bien frío, sin posibilidad de volver a comer y, por supuesto, tres metros bajo tierra: aquellos que hace algunos años eran sus socios comerciales en el uso y abuso del poder. Los que gracias a las gracias y las transas del ex Presidente lograron vaciar las arcas que arduamente llenó el sacrificado tributario que, ante la amenaza de parar en el bote, prefiere convertirse en el abnegado y callado esclavo dedicado a satisfacer las demandas de los gorrones (que de gorriones tienen poco) que usurpan desde el trono presidencial, la autoridad que emana del pueblo.

El mandadero, pues eso significa ser el “Primer Mandatario de la Nación”, que se siente ganadero y finquero, que trata a los ciudadanos que lo deberían mandar a él (o ella, por si acaso, sin distinción de sexo) como si fueran ganado a su disposición para destazar, intercambiar u ordeñar. E irónicamente, lo hace al amparo de la legislación que ha sido aprobada con el silencio complaciente de muchos de quienes terminan siendo el plato principal del festejo de los invitados al solidario banquete de las pocas familias que progresan. ¿Hasta cuándo?

En fin, al margen de los anteriores párrafos escritos a la luz de la “sonrisa de la razón”, ingeniosa manera, al menos a mi parecer, de describir o explicar la ironía, pienso que los amigos de Portillo deberían preocuparse seriamente por la vida de su compadre. Eso si algunos de aquellos personajes célebres de nuestra fauna política que visitan a Portillo con cara compungida, con rostro adolorido, son amigos verdaderos del mencionado gobernante caído en desgracia y aprecian su vida. ¿O serán herederos de Tartufo, hipócritas que tienen miedo a ser uno de los cantados por el antes arrogante Pollo, hoy en vías de convertirse en colaborador eficaz del Fiscal del Distrito Sur de Nueva York, Preet Bharara?

Alfonso Portillo, un ave a la que le conviene volar lo más rápidamente posible al norte, aunque sea para enfrentar parte de las consecuencias de sus acciones. “Pan pa’ tu matate, pan pa’ tu matate, vos tunante que hoy te sentís el Rey de mundo y propietario de los bienes y el destino de tus mandantes”. Que, igual, puede ser una advertencia para la abeja Reina del panal. Total, imagino que como a todo coche le llega su sábado, lo mismo aplica a cualquier otro espécimen del reino animal.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de marzo de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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2.04.2010

Dudas razonables: tercer capítulo


El lunes pasado nos habíamos quedado en la presentación de mis primeras dudas generales en lo que respecta a la hipótesis de Carlos Castresana, titular de la CICIG, en el caso del asesinato de Rodrigo Rosenberg. ¡Quién me iba a decir que al transcurrir la semana iba a caer una pieza, aparentemente sin conexión con el crimen citado, que hace aún más inquietante e interesante la narración! Me refiero a la captura del expresidente Alfonso portillo que, de Pollo Ronco, pasó a pollo enjaulado. O pillo rostizado, como han comentado algunos. En fin, ahorita les explico de qué se trata, esperando no caer en la trampa del dicho aquel que dice: “un mudo, le dijo a un sordo, mientras los observaba un ciego…”. Vamos a un corte de párrafo y continuamos en el siguiente.

Según rumores que llegaron a mis oídos a principios de diciembre del año 2009 (por cierto, de gente muy bien conectada como se suele decir en jerga chapina, no sé si buena lengua o lengua viperina), los poderosos de Guatemala (léase: aquellos que se encuentran en el ejercicio del poder, ya sabrá usted quiénes son) desde hacía unas semanas habían cerrado una beneficiosa negociación con la superburocracia internacional, que les permitía una salida gloriosa del brete en el cual los había metido, a todos, el vídeo que dejó grabado Rosenberg antes de ser asesinado. A unos, porque los acusaba de su muerte y la de Khalil y Marjorie Musa, y a los otros porque les complicaba su carrera profesional, además de las molestias e inconvenientes que traería al organismo supraestatal citado con anterioridad (cuyo objetivo intrínseco es mantener gobiernos), confirmar lo denunciado por el occiso.

¿Y cuál se supone que es el tal trato al que llegaron los susodichos? Pues bueno, vea usted, unos entregaban a los otros una alta cabeza política, de esas sumamente cuestionadas que merecen ser investigadas, cabeza que caería rodando como si la hubiera cortado la guillotina de Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, y los otros encontraban la forma de exculparlos de las acusaciones que pesaban en su contra. Un ganar-ganar para los mencionados y un perder-perder, primero, para el cuerpo que quedó sin cabeza y, segundo, para los ciudadanos que reclaman justicia en el país. ¿Ficción o posible escenario real? ¡Quién sabe! Claro, el supuesto compló, como diría Andrés Manuel López Obrador, no exime a Portillo de ser juzgado y pagar las penas que le corresponden por los delitos que sean probados.

Por cierto, ¿el alguien que informó a Castresana y a los gringos dónde se encontraba el ave fugitiva, habrá sido el mismo alguien que le sugirió hacer acto de presencia en la escena del crimen del jurista enamorado, quien con su atrevida decisión de dejar un testimonio audiovisual para aclarar su propio asesinato desató una tormenta política nunca antes vista en el inseguro país de la eterna sorpresa? Acompáñeme el próximo lunes en la conclusión, espero, de esta digresión por entregas.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 1 de febrero de 2010. Las fotografías son parte del archivo de fotos del diario guatemalteco Prensa Libre. La edición es responsabilidad mía.

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1.12.2009

Diferentes

Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 20 de octubre de 2008.

“No es lo mismo ser que estar. No es lo mismo estar que quedarse. ¡Qué va! Tampoco quedarse es igual que parar. No es lo mismo”, nos recuerda el cantautor español, Alejandro Sanz. Luego, afirma: “Es distinto conformarse o pelear. No es lo mismo... es distinto”.

No es lo mismo la gesta revolucionaria que terminó con el derrocamiento del guanabi dictadorcito, el General Federico Ponce Vaides, que los gobiernos que vinieron después del mencionado golpe de Estado. No es lo mismo el movimiento encabezado por el ciudadano Jorge Toriello, el Mayor Javier Arana y el Capitán Jacobo Arbenz, que los gobiernos posteriores dirigidos por Juan José Arévalo y el último de los caudillos ya mencionado, en cuyos regímenes se introdujo el fracasado Estado Benefactor y se profundizó el mercantilismo imperante antes de sus mandatos. Sistema político/económico vigente a la fecha en Guatemala y la mayor parte del mundo.

“No es lo mismo arte que hartar. No es lo mismo ser justo que ¡qué justo te va!”, continúa Sanz. “No es lo mismo que sepas que hay gente que trata de confundirnos”, que aceptar resignadamente el engaño. No es lo mismo ser súbdito que ciudadano. No es lo mismo ser esclavo que libre. No es lo mismo un oportunista, gorrón, que vive de la creación de otros, que el hombre adulto, la mujer adulta, las personas responsables que arriesgan, invierten, trabajan, producen… y no son carga de otros.

No son lo mismo aquellos que les creen a los políticos cuando les prometen, a cambio de su voto, velar por ellos y satisfacer todas sus necesidades por el resto de su existencia (que sí es lo mismo que decir “quédate conmigo, prometo darte tormento, darte malos ratos..."), y después sólo los maldicen y esperan sucumbir ante los cantos de sirena del próximo iluminado padre protector que les ofrece la celestial vida eterna en esta tierra de lamentos… No son lo mismo que quienes dicen “¡Ya basta!” y se levantan en contra de la corrupción, la mentira y el abuso del poder.

“No es lo mismo mi gobierno que el de Alfonso Portillo”, vocifera Álvaro Colom. No serán lo mismo, pero se parecen mucho: tanto en sus acciones como en algunos rostros que también formaron parte del gobierno del ¿voluntariamente extraditado? eferregista. Total, no es lo mismo un gavilán pollero al servicio de su gavilana, que un pollo cómodamente reintegrado a su gallinero.

En fin, como Sanz, respondo a los cobardes: “Eres tanta gente, que dime ¿con quién hablo ahora?... Vale... que a lo mejor me lo merezco. Bueno... pero mi voz no te la vendo. Puerta... y lo que opinen de nosotros... Léeme lo labios, yo no estoy en venta. Y lo que opinen de nosotros... Léeme lo labios, a mí me vale madre”. Y a ustedes, amables lectores, además de agradecerles el tiempo que dedican a mis escritos, tengo “pomada pa' to' los dolores. Remedios para toda clase de errores. También recetas pa' la desilusión”. Evolución, más que revolución.

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