Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

11.02.2010

Chico tractor


Sin importarme que de nuevo me incluyan en la lista de desestabilizadores, complotistas y creadores de supuestas campañas negras (acusaciones que luego, por razones obvias – falta de evidencia -, no pueden demostrar) en contra de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), sus dirigentes o cualquier otro funcionario de gobierno, en extremo sensible y temeroso de la verdad, voy a enfrentar a cualquier vehículo pesado que me echen encima y voy a comentar las recientes declaraciones del titular de la comisión citada. Al fin, como lo he dicho hasta el cansancio, para mí la opinión más importante sobre mi persona es la propia. Motivo por el cual no puedo dejar pasar semejante descaro.

El actual comisionado de la mencionada entidad de la Organización de las Naciones Unidas, Francisco Dall’Anese, reconoció el pasado martes 26 de octubre en Panamá que “en la CICIG somos como un tractor y nos pasamos llevando a quien se nos ponga enfrente”. Incluidas, como es evidente, las instituciones fundamentales de un sistema real de Justicia: el debido proceso y la presunción de inocencia. O lo que de éstas quedaba en Guatemala. Y, sobre todo, arremeten e intimidan a aquel que les sirva de chivo expiatorio para resolver sus casos, siempre con el apoyo complaciente de conocidos criminales de la peor calaña, llamados hoy colaboradores eficaces.

Me queda claro sobre quienes pasan encima. Sin embargo, según la Wikipedia, un tractor (del latín trahere «tirar») “es un vehículo especial autopropulsado que se usa para arrastrar o empujar remolques, aperos u otra maquinaria o cargas pesadas”. Me pregunto, ¿a quienes acarrean? ¿A los gobernantes corruptos a los cuales exoneran de serias acusaciones como las que hizo Rodrigo Rosenberg? Recalco: a los saqueadores que se encuentran en el ejercicio del poder, no a quienes ya lo entregaron.

En una entrevista reciente que le hizo Juan D. Oquendo al conocido entrevistador José Luis Perdomo O., este último contó que Ryszard Kapuscinski dijo: “No me interesa en absoluto entrevistar a los políticos. No dicen la verdad. Siempre repiten las mismas cosas. Me aburren sus discursos precocidos”. Y parece ser que no sólo los políticos, sino también los burócratas al servicio de ellos. Fuera de nuestro país, Dall’Anese se parece tanto al, en sus palabras, brillante Carlos Castresana, a quien le queda como anillo al dedo, parafraseado, el refrán que dice: “Fanfarrón y figura hasta la sepultura”.

Total, es más posible que la próxima legalización en California de la producción, comercialización y consumo de marihuana para todo adulto mayor de 21 años (si es aprobada la Propuesta 19 en las elecciones estadounidenses del 2 de noviembre), contribuya a reducir los crímenes relacionados con la guerra perdida de las drogas, que cualquier ente burocrático, nacional o internacional, que termina acomodándose al sistema imperante de incentivos perversos del cual son parte.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 1 de noviembre de 2010. La imagen la bajé de Internet.

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6.22.2010

¿Castrados?


No. Ni en la primera ni en la sexta acepción de castrar según la RAE: “1. (capar) Extirpar o inutilizar los órganos genitales… 6. Debilitar, enervar, apocar”. No importa cuánto lloren algunos la partida de Carlos Castresana (todavía el titular de la Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala), en nuestro país hay gente valerosa, inteligente y dispuesta a trabajar porque vivamos dentro del marco de un verdadero Estado de Derecho que permita la mejora en la calidad de vida de todos sus habitantes. Un Estado de Derecho que nos facilite cooperar e intercambiar en paz, cada uno buscando sus objetivos, asumiendo los riesgos necesarios para alcanzarlos y respetándonos los unos a los otros.

Mucho ha dado de qué hablar en varios sectores afectados la inesperada renuncia del jefe de la CICIG. Sin embargo, como lo he afirmado en varias ocasiones, en nada va cambiar la vida de la mayoría en Guatemala porque ¿acaso hay hoy menos asesinatos, secuestros, robos, violaciones, extorsiones, corrupción...?

Más aún, nuestra situación es más precaria no sólo en el tema de seguridad, sino también en lo relacionado con la justicia. Lamentablemente, muchas de las acciones emprendidas por la CICIG, bajo el mando de Castresana, lo que lograron es debilitar la poca institucionalidad que había en nuestro país, casi acabando con el derecho al debido proceso y su premisa mayor: la presunción de inocencia. Todos somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario. Principio aplicable a los gobernados, pero que varía en el caso de los gobernantes dentro de un sistema político como el nuestro que les otorga a estos últimos un poder casi ilimitado.

Para aquellos que consideran que Castresana presentó pruebas de sus acusaciones tengo una sugerencia: revisen sus puntos de partida. Tómenla o déjenla, es decisión individual. Yo, planteo algunas de las tantas preguntas que me surgen: ¿A qué pruebas se refieren? ¿Pruebas de qué? ¿Son concluyentes? ¿Qué pasa con las dudas razonables que mucha gente honorable tiene sobre la supuesta evidencia o la forma en la cual han sido planteadas las hipótesis? ¿Justifica atrapar a unos pocos el acabar con el poco respeto al debido proceso que había en Guatemala?

Otro derecho que ha sido debilitado (en beneficio de los poderosos y con la connivencia de algunos periodistas y directores de medios), es el derecho a la libre expresión. Un derecho que es de todos y no exclusivo de un grupo. Ahora, aquel que se atreve a cuestionar a Castresana y la CICIG corre el riesgo de ser acusado de ser parte de una conspiración y pertenecer al crimen organizado. ¡Una gran estupidez! En fin, hay que vencer el miedo a expresarse. No nos dejemos intimidar por la campaña de desprestigio impulsada por la CICIG, Diego Álvarez y la empresa de comunicaciones que contrataron para hacer cabildeo. El principio del cambio para bien es ProReforma. Exijamos que sea consultada al pueblo.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de junio de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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6.14.2010

OK


Zero kill. Sin duda, no en Guatemala. Esperar cero muertos es una utopía en un país cuyo índice de mayor crecimiento es el de la criminalidad: el número de asesinados, secuestrados, robados. En una palabra: violados. Una sociedad en la cual es casi inexistente el respeto a la vida, la libertad y la propiedad de sus miembros productivos, respetuosos y trabajadores. Una más de tantas ironías, pues las principales violaciones vienen de los obligados a proteger los derechos listados. Por supuesto, me refiero a los gobernantes.

OK le dijo Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, a Carlos Castresana al recibir su renuncia al puesto de Comisionado Internacional contra la Impunidad en Guatemala. ¡Qué les parece! Otra ironía. Castresana, un pragmático poco conocedor del Derecho (a pesar de la campaña a su favor que han hecho algunos medios nacionales e internacionales) que actuó impunemente mientras ocupó el cargo mencionado. Más aún, que continúa actuando impunemente persiguiendo a gente inocente y ensañándose con aquellos que lo hemos cuestionado y no asumimos el rol de alfombras para que “pise moreno, pise con garbo, que un relicario me voy hacer…”.

Ayn Rand, en su libro titulado “Filosofía: ¿quién la necesita?”, en el primer ensayo que lleva el mismo nombre, hace una advertencia que hago mía: “You are attacked, not for any errors or flaws, but for your virtues. You are denounced, not for any weaknesses, but for your strength and your competence.” Por cierto, si creen los empleados de la CICIG que me amedrento ante la campaña que impulsan contra algunos periodistas y columnistas están equivocados. Saben dónde encontrarme, dando la cara y defendiendo mi nombre. ¿OK?

¿Por qué siendo el concepto de justicia tan sencillo y de puro sentido común, es tan difícil encontrarlo en sociedades como la nuestra? Darle a cada quien lo que le corresponde no es otra cosa que ser justo. Y a cada uno nos corresponde lo propio, lo que es nuestro, y al otro lo que es suyo.

A mí en lo particular me importa poco la renuncia de Castresana. Era de esperarse que un hombre colérico y prepotente como él no soportara que hubiera quienes se atrevieran a enfrentársele y cuestionar sus hipótesis. Eso no significa que no haya quienes sí se alegren del hecho, así como haya otros que lo lamenten. Que haya quienes se perjudiquen con su despedida y quienes se beneficien. Such is life. Sin embargo, para la mayoría poco va a cambiar su vida con su partida.

Considero que da igual cuáles sean los verdaderos motivos por los que renunció Castresana. O si acaso es cierto que lo obligaron a renunciar. Al final lo que parece que hizo en nuestro país fue pactar con los gobernantes, lavarles la cara y no investigarlos. Independientemente de que él se haya llevado las palmas por la captura de Alfonso Portillo. No es más burocracia, nacional o internacional, lo que necesitamos. Necesitamos darle el OK al cambio constitucional propuesto por la Asociación Cívica ProReforma.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de junio de 2010. La imagen la bajé de www.robink.ca

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5.17.2010

La hipótesis


Decidí no seguirle la corriente al Comisionado Carlos Castresana, titular de la CICIG y, entre otras cosas, dejar de llamar “verdad interina” a la hipótesis que presentó en el caso del asesinato de Rodrigo Rosenberg. Tal concepto, además de ser una aberración lógica, se presta a muchas confusiones. Hipótesis, según el DRAE, una fuente obligada de consulta jurídica, significa: “Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia”. Subrayado y en mayúsculas: SUPOSICIÓN.

No me dejo manipular ni intimidar por nadie. Ni por Álvaro Colom ni por Carlos Castresana. Por nadie. El asesinato de Rosenberg, íntimamente relacionado con los asesinatos de Khalil y Marjorie Musa, no está resuelto. Y el juicio aún no ha empezado, no se ha emitido sentencia y la evidencia presentada por Castresana (tanto la testimonial como la circunstancial) es insuficiente para sostener el escenario planteado por los investigadores de la CICIG.

Un escenario aparentemente montado a conveniencia de los acusados por Rosenberg en su célebre vídeo póstumo. Por cierto, vale la pena recordar que los acusados son hoy los personajes más poderosos de nuestro país. No sólo se encuentra entre ellos el Presidente de la “República” (de nombre pero no en la práctica) sino su esposa y sus más cercanos colaboradores, financistas y socios políticos.

El miércoles 20 de enero de 2010, en el diario “elPeriódico”, Luis Ángel Sas publicó una nota que contiene la siguiente información: “El Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) realizó un análisis lingüístico de dicho video a través del cual un experto evaluó además del mensaje, las entonaciones de palabras precisas, los gestos, y el entorno… El lingüista concluyó que el mensaje de Rosenberg es coherente, que fue previamente elaborado, y que la víctima sabía el camino a seguir para transmitir su discurso. Según el lingüista, la víctima sabe de lo que habla, está convencido de lo que dice… Una de las conclusiones del experto es que no encontró ningún gesto que contradijera lo que hablaba Rosenberg”.

¿Es este el perfil de un chiflado? Usted, si vio y escuchó el vídeo, ¿cree que el abogado asesinado, hoy principal acusado de su propia muerte, estaba desquiciado? ¿Qué piensa de las acusaciones que contiene? ¿Por qué la CICIG, al menos hasta la fecha, ha ignorado las denuncias de Rosenberg?

Disculparse no es suficiente. Álvaro Colom debe pagar las penas que le corresponden por los delitos y crímenes en los que esté involucrado. Castresana también debe disculparse con los guatemaltecos por pretender engañarnos. Con las evidencias recabadas por la CICIG que son rescatables (porque hay muchas que se deben descartar y otras cuestionar, comenzando por el testimonio de Manuel de Jesús Cardona) se pueden construir otros escenarios más creíbles. Ojalá los responsables de hacer justicia en Guatemala tomen esta verdad, que no es “interina”, en cuenta.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de mayo de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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4.19.2010

No resuelto: revuelto


Es el estado en el cual se encuentra la investigación de los asesinatos de Khalil y Marjorie Musa. Revuelto, turbio, enredado. Puede utilizar cualquier calificativo, sinónimo de los anteriores, que se le ocurra. Y si los presagios de algunas musas que me han visitado se cumplen, la hipótesis de Carlos Castresana, titular de la CICIG, será aún menos creíble que la supuesta verdad interina del personaje citado con anterioridad en lo que respecta a la muerte de Rodrigo Rosenberg.

Por cierto, no salgo de mi asombro ante semejante aberración: “verdad interina”. La verdad NUNCA es interina. Si la premisa o proposición presentada es negada por la evidencia (o no es comprobada sin dudas razonables), fue, es y será SIEMPRE falsa. O será siempre una hipótesis nomás. Aunque en este caso pienso que lo presentado por Castresana y sus seguidores es una vil mentira que muchos han preferido creer o hacerse de la vista gorda. Ya sea porque se encuentran hartos del relajo (como me dijo alguien cuyo nombre mantendré en reserva); porque quedaron desilusionados después de haber participado en las manifestaciones posteriores a la presentación del vídeo póstumo de Rosenberg; o porque simplemente conviene a sus intereses darle validez: léase los acusados por el abogado asesinado.

Dediqué cinco artículos a comentar la hipótesis de Castresana. Y apenas mencioné unas pocas de todas las dudas que me surgen al analizarla. Quienes no los hayan leído, los encuentran en mi residencia virtual, http://www.martayolanda.com/ Podría haber continuado escribiendo páginas sobre las falencias de la supuesta resolución de Castresana al crimen del jurista, pero al fin, la vida continúa y había otros temas que quería abordar. Pero eso no significa que en un futuro no decida retomar el tema.

En lo que respecta a los Musa, mis informantes me contaron que es probable que presenten al mismísimo Rosenberg como el cerebro detrás del doble crimen. Por supuesto, continuando con la idea de un thriller romántico, la muerte de Marjorie habrá sido un error de los sicarios contratados para quitar del camino del amor al padre de la desaparecida Julieta que se oponía a sus amores con el Romeo chapín. En fin…

Mis informantes: los mismos que a finales de noviembre de 2009 me contaron que era probable que los acusados por Rosenberg hubieran llegado a un acuerdo con Castresana que les permitía a los primeros salir en caballo blanco como víctimas y no victimarios; y al segundo, además de fingir ser un gran detective, émulo de los protagonistas de muchas novelas, le daba la oportunidad de congraciarse con sus jefes entregándoles una cabeza que les interesa hoy más que la de Colom: la cabeza de Alfonso Portillo. Por eso no me sorprendió la reciente declaración de Castresana, publicada en Prensa Libre, según la cual la red que le interesa perseguir es la del ex Presidente, hoy reo residente del Preventivo de la zona 18. Parafraseando a Cervantes: cosas increíbles vimos, vemos y veremos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de abril de 2010. La imagen la baje de la Internet.

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2.21.2010

Dudas razonables: in-conclusión


¿Será que en este capítulo termino la presentación de mis dudas razonables en lo que respecta a la hipótesis de Carlos Castresana, titular de la CICIG, en el caso del asesinato de Rodrigo Rosenberg? Lo dudo, porque son muchas las preguntas que me hago y conforme avanza el proceso judicial, me surgen nuevas interrogantes. Sin embargo, hoy me propongo finalizar la serie de artículos en los cuales abordo el tema, con la seguridad de que más adelante voy a retomar la trama de este emblemático crimen. Total, tanto la muerte del mencionado jurista, como la de Khalil y Marjorie Musa continúan siendo un misterio.

Uno de los más intrigantes enigmas es quién fue el ALGUIEN que avisó a Castresana para que llegara a la escena del crimen de Rosenberg, habiendo tantos asesinatos, en todos los estratos sociales, todos los días. Me pregunto, ¿por qué le dan credibilidad al informante conocido sólo como ALGUIEN? ¿Cómo ese ALGUIEN supo del atentado? Pienso que ALGUIEN nos debe muchas explicaciones.

Ahora, ¿por qué Álvaro Colom, Sandra Torres y Gustavo Alejos, si son inocentes, autorizaron a Salvador Gándara y a Ronaldo Robles a contratar a un estafador para que acusara a los dirigentes del Partido Patriota, y luego montaran una escena de película de tercera categoría ante varios reporteros? Que, por cierto, algunos de ellos son acusados de recibir fafa para que no fotografiaran el helicóptero en el cual viajó Gándara que, según fuentes de Aeronáutica Civil, es el mismo que suele usar, o solía usar, Torres para sus viajes al interior de la República.

Quienes ejercen el poder tienen una obvia ventaja por encima de las personas libres y escépticas que buscamos la verdad. No conocí a Rosenberg, pero creo que la honestidad y la autenticidad es la única forma de proceder para SER quien uno ES, es por eso que no me cayo ante este crimen que involucra a las más altas autoridades del país. ¿Por qué ya condenaron a Rosenberg cuando apenas comienza el juicio? ¡Qué fácil es echarle la culpa al muerto! O parafraseando el aforismo anterior: echarle el muerto al muerto. ¿Será que la resolución de la CICIG del caso Musa terminará siendo que fue otra vez Rosenberg la mente criminal detrás de los sicarios? En fin…

Verdadera es sólo la premisa, la idea, la hipótesis que la evidencia demuestra sin lugar a dudas que es cierta. Así que poco me importa que los doctrinarios del positivismo jurídico hayan acuñado esa aberración conceptual de “verdad interina” utilizada por Castresana. Y aclaro: yo no sé a ciencia cierta qué sucedió, pero tampoco me convence la propuesta del Comisionado. No sé si algún día vamos a saber qué pasó, independientemente del resultado del juicio que se está llevando a cabo. Tal vez es este un crimen que sea objetivamente investigado y juzgado hasta dentro de muchos años. Y para aquellos que tengan curiosidad de dilucidarlo, dejo escritas mis observaciones sobre esa realidad nuestra que parece ficción.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 15 de febrero de 2010.

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2.13.2010

Dudas razonables: cuarto capítulo


Hoy, contrario a mi plan original, no voy a terminar esta serie de sueltos en los cuales intento hacer una aproximación, montada en las dudas que me provoca, a la hipótesis de Carlos Castresana (CICIG) sobre el asesinato de Rodrigo Rosenberg.

Quiero recalcar que el hecho de abordar estos crímenes, no significa que desprecie los homicidios de tantos inocentes que quedan en el olvido. Poco importan los grupos sociales, el volumen de la cuenta bancaria, ganada o heredada, y los apellidos rimbombantes con olor a rancio, compuestos, con sonido extranjero o los de pura cepa guatemalense. En nuestro país día a día son violados los derechos de miles de personas, más allá de su extracción, debido a la falta de acción de los gobernantes. Por la vil ignorancia de quienes ejercen el poder, de sus responsabilidades primordiales. Por ser la seguridad y la justicia las cenicientas del Estado Benefactor/mercantilista.

El principal motivo de abordar los casos de Rosenberg y Khalil y Marjorie Musa son las circunstancias especiales que los rodean, principalmente quiénes se sospecha están detrás de éstos. Independientemente de las buenas relaciones públicas de Castresana, a la mayoría de los habitantes de Guatemala no los convenció la conveniente verdad interina de la CICIG. Por cierto, un error lógico y una obvia contradicción conceptual. Sólo por este lamentable comentario debió ser puesta en duda, no alabada.

Si usted está preparando su asesinato, ¿involucraría a dos amigos que aprecia y confía en ellos desde niño, sabiendo los riesgos que correrían? Si usted cree que su vida está peligro, ¿buscaría ayuda y protección entre sus conocidos? ¿Pondría en orden sus pendientes por medio de un testamento? ¿Hablaría con sus seres queridos? Si está planificando el crimen perfecto, ¿por qué va a dejar tantas pistas absurdas que lleven fácilmente a los investigadores a usted? ¿Puede cualquiera comprar un producto “x”, un par de teléfonos por ejemplo, y solicitar la factura a su nombre? ¿Lo puede hacer alguien a quien no conoce? Si no quiere que quede rastro de la compra ¿la incluiría en su contabilidad?

Y para acabar esta inconclusa narración, la semana pasada Manuel de Jesús Cardona al fin decidió colaborar más eficazmente con la fiscalía y los jueces, al ampliar su testimonio anterior, ya que su ¿primera? declaración no coincidía con los datos presentados por Castresana: necesitaban que Cardona dijera que habían cobrado Q300 mil. Según Siglo Veintiuno del jueves 4 de febrero, Cardona reveló que el “jefe de seguridad de los hermanos… Valdés se quedó con Q50 mil… a él le pagaron Q25 mil y desconoce cómo se distribuyeron los otros Q250 mil”. Conveniente, pero ¿creíble?

Por cierto, si usted es sicario profesional ¿usaría su vehículo y su teléfono móvil para cometer el crimen? En fin, todo con tal de que lo dejen libre para seguir ganándose el pan de cada día: matando por contrato a creyentes e incrédulos. Usted, ¿con quienes se identifica?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de febrero de 2010.

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2.04.2010

Dudas razonables: tercer capítulo


El lunes pasado nos habíamos quedado en la presentación de mis primeras dudas generales en lo que respecta a la hipótesis de Carlos Castresana, titular de la CICIG, en el caso del asesinato de Rodrigo Rosenberg. ¡Quién me iba a decir que al transcurrir la semana iba a caer una pieza, aparentemente sin conexión con el crimen citado, que hace aún más inquietante e interesante la narración! Me refiero a la captura del expresidente Alfonso portillo que, de Pollo Ronco, pasó a pollo enjaulado. O pillo rostizado, como han comentado algunos. En fin, ahorita les explico de qué se trata, esperando no caer en la trampa del dicho aquel que dice: “un mudo, le dijo a un sordo, mientras los observaba un ciego…”. Vamos a un corte de párrafo y continuamos en el siguiente.

Según rumores que llegaron a mis oídos a principios de diciembre del año 2009 (por cierto, de gente muy bien conectada como se suele decir en jerga chapina, no sé si buena lengua o lengua viperina), los poderosos de Guatemala (léase: aquellos que se encuentran en el ejercicio del poder, ya sabrá usted quiénes son) desde hacía unas semanas habían cerrado una beneficiosa negociación con la superburocracia internacional, que les permitía una salida gloriosa del brete en el cual los había metido, a todos, el vídeo que dejó grabado Rosenberg antes de ser asesinado. A unos, porque los acusaba de su muerte y la de Khalil y Marjorie Musa, y a los otros porque les complicaba su carrera profesional, además de las molestias e inconvenientes que traería al organismo supraestatal citado con anterioridad (cuyo objetivo intrínseco es mantener gobiernos), confirmar lo denunciado por el occiso.

¿Y cuál se supone que es el tal trato al que llegaron los susodichos? Pues bueno, vea usted, unos entregaban a los otros una alta cabeza política, de esas sumamente cuestionadas que merecen ser investigadas, cabeza que caería rodando como si la hubiera cortado la guillotina de Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, y los otros encontraban la forma de exculparlos de las acusaciones que pesaban en su contra. Un ganar-ganar para los mencionados y un perder-perder, primero, para el cuerpo que quedó sin cabeza y, segundo, para los ciudadanos que reclaman justicia en el país. ¿Ficción o posible escenario real? ¡Quién sabe! Claro, el supuesto compló, como diría Andrés Manuel López Obrador, no exime a Portillo de ser juzgado y pagar las penas que le corresponden por los delitos que sean probados.

Por cierto, ¿el alguien que informó a Castresana y a los gringos dónde se encontraba el ave fugitiva, habrá sido el mismo alguien que le sugirió hacer acto de presencia en la escena del crimen del jurista enamorado, quien con su atrevida decisión de dejar un testimonio audiovisual para aclarar su propio asesinato desató una tormenta política nunca antes vista en el inseguro país de la eterna sorpresa? Acompáñeme el próximo lunes en la conclusión, espero, de esta digresión por entregas.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 1 de febrero de 2010. Las fotografías son parte del archivo de fotos del diario guatemalteco Prensa Libre. La edición es responsabilidad mía.

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2.02.2010

Dudas razonables: segundo capítulo


En el capítulo anterior, presenté los principales motivos que me llevan, una vez más, a ir contracorriente. En este caso contra el establishment de los columnistas de opinión y, cosa extraña, contra lo expresado por algunos amigos con quienes coincido en valores. En fin, motivos que podría resumir en una frase del maravilloso poeta romántico alemán, Johann Wolfgang von Goethe: “We are never deceived: we deceive ourselves.” Y como no engaño a otros, menos lo haría conmigo.

"There's something terribly wrong with this country.” Y no me refiero a la gloriosa Inglaterra ni a la natal España del titular de la CICIG, sino a mi querido terruño. Al citar al protagonista de V for Vendetta, en cierta manera coincido con Carlos Castresana cuando advierte lo que muchos han expresado: Guatemala se muere. Aunque, dejando a un lado la hipérbole utilizada por el Comisionado, quiero aclarar que NO es el país el que se muere: mueren todos los días muchos de sus habitantes por la irresponsabilidad de sus gobernantes.

Y como no quiero dar más vueltas al asunto porque "toda dificultad eludida se convertirá más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo", como dijo uno de los más celebres cumpleañeros del año, Frédéric Chopin, empiezo a enumerar algunas de mis dudas razonables en lo que respecta a la hipótesis por la cual se decantó Castresana. Y mi primera duda tiene que ver precisamente con el hecho de que sólo haya presentado uno de los posibles escenarios que, con la evidencia recabada, se podrían haber imaginado los investigadores a cargo del asesinato de Rodrigo Rosenberg. Varios de esos escenarios probablemente sean más creíbles que el elegido.

¿Cuántas hipótesis se podrían plantear con los datos encontrados a la fecha? A mí se me ocurren un par, las cuales no voy a elaborar por el momento, entre otras cosas, por la falta de espacio. Creo que debería empezar a trabajar en un escrito de largo aliento. ¡Quién sabe! Quizá un día de estos me voy a sorprender escribiendo algo más que un artículo o un breve suelto. Eso sí, siempre por placer, ¡jamás por deber!

Y antes de continuar con mis comentarios sobre lo expuesto por Castresana el martes 12 de enero de 2010, regreso a la pregunta que me he hecho desde hace meses, ¿por qué Castresana decidió dar prioridad al asesinato de Rosenberg y no al de Khalil y Marjorie Musa? Recuerden: el asesinato de los Musa es la raíz de la tragedia.

La genial Agatha Christie nos advierte a los aprendices de escribidores que la mejor receta para la novela policíaca es que el detective no debe saber nunca más que el lector. Y como yo sólo soy lo segundo en la obra analizada, espero que mis preguntas inquieten al primero de los mencionados. Y a ustedes, mis dilectos lectores que deseen acompañarme en este intento de desentrañar el misterio, o tal vez complicarlo, les ofrezco una entrega más la próxima semana. Por el mismo diario y en la misma sección.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 25 de enero de 2010.

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1.26.2010

Dudas razonables: primer capítulo


Uno de los fundamentos del derecho individual al debido proceso, aplicable a todos, es que nadie debe ser condenado a menos de que se haya probado, sin duda razonable, que el acusado es responsable de los delitos o crímenes que se le imputan. A pesar de que me encantaría profundizar en el porqué de este descubrimiento producto de la evolución del Derecho, sé que hoy debo aprovechar el reducido espacio con que cuento para comentar la hipótesis de Carlos Castresana (CC), titular de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), instituida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en lo que respecta al asesinato de Rodrigo Rosenberg (RR).

Como aprendiz de escribidora y escéptica que soy de nacimiento, políticamente incorrecta porque me fascina lo correcto, decidí ir contra corriente y no sentarme complacientemente a disfrutar del espectáculo y decir ”amén, caso cerrado” y aplaudir. Y lo anterior lo afirmo tomando en cuenta que una de las personas beneficiadas con lo expuesto por Castresana soy yo. Me refiero en el caso de las demandas ilegítimas e inconstitucionales que presentó Rafael Espada en mi contra en su calidad de Vicepresidente de Guatemala.

Y ya que en estos tiempos están de moda las tragicomedias de entregas por capítulos, decidí hacer lo mismo con el presente artículo. ¿Cuántos episodios les ofrezco? Aún no lo sé a ciencia cierta. Pero, sin duda, serán por lo menos dos.

Quiero dejar claro que lo hago en mi condición de periodista y ciudadana guatemalteca, inquisidora desde que tengo uso de razón. No pretendo convertirme en la abogada defensora del principal acusado del asesinato de Rosenberg: el mismo Rosenberg. Pobre él porque, aparentemente, ni sus familiares van a asumir ese papel. Tampoco pretendo investigar el crimen: no cuento con los recursos para hacerlo ni con los 4 Fantásticos para que me protejan y resguarden mi integridad física mientras se resuelve el misterio. Sólo cumplo con mi responsabilidad de hacer públicas mis dudas razonables sobre lo presentado por Castresana.

Quiero comenzar con un párrafo que leí en la más reciente novela histórica de mi apreciado y admirado Francisco Pérez de Antón, “El sueño de los justos”, novela a la cual, por asuntos que no vienen hoy al caso, me liga un interés personal. En la página 623 de la primera tirada de la citada obra, editada por Alfaguara en 2008, Néstor, el héroe de la historia, piensa: “Otra cosa era entender que no basta con ser justos a sabiendas de que el mundo alrededor es inicuo. Nada es gratuito en la vida, nada bueno se alcanza sin trabajo ni riesgo. Y si en el mundo prevalecía la injusticia era porque muchos hombres, aún siendo justos, seguían creyendo que la justicia es un bien gratuito que otros deben llevarles a su puerta, en vez de un trabajoso derecho que es preciso salir a buscar aun a costa de la propia vida”.

Sirva lo anterior como introducción a esta serie de emisión semanal.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 18 de enero de 2010. En la imagen, un collage del célebre personaje de las novelas de Arthur Conan Doyle: Sherlock Colmes.

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1.17.2010

Rodrigo decide morir


Una novela compuesta a varias manos. Un trama que, a pesar de las similitudes, no fue escrito por Paulo Coelho ni por María del Socorro Tellado López, fallecida casualmente el 11 de abril de 2009, tres días antes del asesinato de Khalil y Marjorie Musa. María del Socorro, más conocida como Corín, nació en España, país de origen de uno de los guionistas de la conspiración nos van a contar como corresponde: por entregas, en el mejor de los estilos de Caridad Bravo Adams, la reina de los culebrones mexicanos.

La única diferencia con los prolíficos narradores mencionados, sin restarles méritos a sus éxitos alcanzados a pesar del desprecio con el cual son tratados por algunos críticos literarios, es que en el caso de las historias de estos autores de bestsellers no están en juego miles de millones de quetzales, depositados en las nombradas arcas públicas o estatales que suelen ser prontamente privatizadas, ni nadie corre el riesgo de perder su mullido sillón en el ejercicio del poder. O la cama donde reposa la esposa de uno de los antagonistas del cuento.

No se diga la cantidad de intereses de individuos que forman parte de los grupos de presión más influyentes del país, que dejarían de ser satisfechos gracias a la casi ilimitada discrecionalidad que la legislación, que hoy priva en la nación de corte tropical más que primaveral (nación en la que se sitúa la intriga que inspira el título de este escrito), otorga a sus amigos que temporalmente ejercen el deseado poder. Y lo de tropical lo digo a sabiendas del frío que hoy recorre el territorio citado. Frío que congeló el punto más importante del misterio a resolver: ¿quién mató a los Musa? Sin duda, un nudo gordiano que en cada capítulo se enreda más.

Además de sorprendentes las salidas de los responsables de desatar el nudo, ninguno de nombre Alejandro ni de apellido Magno, resultan ser tan inverosímiles como Stranger than Fiction, la película de 2006 dirigida por Marc Foster y escrita por Zach Helm, a quienes los negros literarios de la historia comentada podrían consultar. Total, lo que les interesa es la verosimilitud y que la mayoría, muchas veces perezosa a la hora de pensar, se trague la solución propuesta.

Por estas fechas, el manso auditorio que sigue atento el relato que pretende dar con el o los responsables de la muerte del protagonista en ausencia, Rodrigo, observa atónito cómo tres conocidos criminales, uno de ellos sospechoso del asesinato de Víctor Rivera, son presentados como los testigos estrellas del caso. Sicarios arrepentidos que serán premiados con la ansiada libertad… ¿para continuar delinquiendo?

En fin, que Rodrigo Rosenberg decide morir es indiscutible. Decisión que tomó cuando empieza a investigar quién o quiénes asesinaron a Khalil y Marjorie Musa. Y por qué los mataron. El tenía claro que el crimen a resolver es el asesinato de los citados anteriormente. Sabía que su partida sería una consecuencia más de la muerte de los Musa.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de enero de 2010. La imagen la baje de la Internet del Oftalmografo’s blog de Wordpress.

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12.14.2009

Los Musa


Desde el 11 de mayo de este año, la noticia más comentada en Guatemala es el asesinato de Rodrigo Rosenberg, acaecido un día antes: el día consagrado a celebrar a las madres. Esas progenitoras que, parece, le hacen falta a muchos de los que ejercen el poder en nuestro país. O tal vez la mayoría de ellas, ante las eminentes joyitas de hijos que parieron, prefieren permanecer en el anonimato. Sin embargo, este crimen que se hizo mundialmente célebre debido a la declaración pública que dejó grabada en un video la calaca (como lo llamaron despectivamente los sicarios contratados para matarlo), que debía ser difundida en caso de su muerte, hecho que se dio apenas tres días después, es consecuencia de otro asesinato, doble asesinato, perpetrado unas semanas antes. Me refiero al caso de los Musa.

Khalil Musa y su hija Marjorie Musa fueron asesinados el 14 de abril de 2009. Rosenberg, a partir de esa fecha, se dio a la tarea de averiguar cuáles fueron los motivos y quiénes eran los responsables de la muerte violenta de dos personas a quienes apreciaba, tal y como atestiguan aquellos que los conocieron. No sabía en el lío que se metía, el cual le iba a costar su propia vida. Los descubrimientos que hace el abogado asesinado, confirman lo que ya sabíamos, y eso que apenas muestran una pequeña parte de toda la porquería que circula desde las más altas esferas del poder, hasta toda la red de achichincles necesaria para que unos pocos se enriquezcan a costa del resto.

El asesinato de Rodrigo Rosenberg es sólo una consecuencia del asesinato de los Musa. ¿Por qué somos muy pocos quienes todavía recordamos éste hecho? ¿Por qué Carlos Castresana, el todopoderoso jefe de la CICIG, lo ignora flagrantemente y con excusas poco creíbles hace caso omiso de la denuncia de Rosenberg? ¿Por qué el Presidente Álvaro Colom conoce intimidades sobre un crimen en el cual él es uno de los acusados? ¿No es esa una tremenda falla en cualquier proceso de investigación? ¿Será por eso que se congratula con el trabajo de Castresana y lo apoya? Al fin, a Castresana sólo le interesa mantener su puesto y distraer a la afición chapina, algo fácil de lograr.

Y mientras, en el país del eterno caos y la perenne agonía, Colom amenaza con despedir burócratas que, si lo analizamos racionalmente, sería un alivio para los tributarios, ya que una gran cantidad de personas están contratadas para pagar las facturas de la campaña política, porque son familiares de algún polítiquero en el ejercicio del poder o son parte de la red de ladrones ya mencionada que saquean nuestros bolsillos todos los días amparados en la legislación casuística que impera en Guatemala. Legislorrea, como la llamó Voltaire, que abunda por estos lares y cuyo único objetivo es darles más discrecionalidad a los gobernantes. Darles más poder que suelen utilizar para violentar nuestros derechos y enriquecerse a costillas de la gente laboriosa y respetuosa.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de diciembre de 2009.

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9.07.2009

La verdad desestabiliza al mentiroso


¡Tantas cosas sobre las cuales quiero reflexionar hoy, y no sé por dónde empezar! En fin, hay al menos uno de los temas que sé que no debo tocar en esta ocasión: el legal. A pesar de que me encantaría, y estoy segura que deleitaría a mis dilectos lectores, quienes no imaginan hasta dónde puede llegar el abuso de los poderosos a la hora de intentar intimidar a una ciudadana que, en el caso de la presente escribidora, ejerce el periodismo. Por cierto, un intento frustrado. Fallido, como la mayoría de proyectos emprendidos por el presente gobierno.

No trato el asunto de la querella penal que presentó en mi contra ante el Ministerio Público José Rafael Espada, “como funcionario público y en calidad de Vicepresidente de la República”, por sugerencia de mi selecto grupo de abogados que, sin cobrar un centavo, me están apoyando en estos momentos en los que me enfrento contra el poder del Estado representado por el nombrado Espada que cuenta, al menos en apariencia, con el apoyo del Presidente, Álvaro Colom.

En lo que respecta a la parte jurídica, sólo quiero recordarles a Espada, a Colom y a sus respectivos asesores, el segundo párrafo del artículo 35 de la Constitución Política de la República de Guatemala: “No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos.” ¿Acaso no está claro para cualquiera lo expresado en nuestra Carta Magna?

Quiero aprovechar para agradecer a los reconocidos juristas: José Luis González Dubón, Luis Pedro Álvarez, Alejandro Baldizón, Marta Altolaguirre y José Francisco Alonzo, por sus sabios consejos y la manera decidida en la cual trabajan la parte legal de mi defensa. De alguna manera, en algún momento, tendré la oportunidad de corresponder a este acto noble y digno de acompañarme en esta parte de la batalla.

También quiero darles las gracias a los periodistas que, en lo individual, se han pronunciado sobre este caso que atenta contra uno de los derechos más importantes de los humanos: el derecho a la libre emisión del pensamiento. El derecho a la libre expresión, que no sólo es exclusivo del mundo de las palabras.

Por supuesto, si no fuera por el cariño y respaldo de mi familia, mis amigos y una incontable cantidad de personas que aún no conozco, pero siento muy cerca de mí, esos miles de lectores y oyentes, hombres y mujeres libres de mi país, las circunstancias serían menos llevaderas. Gracias a todos. Desde lo más profundo de mi corazón.

Y, como he repetido hasta el cansancio, sostengo hasta la última palabra (incluidos los adjetivos, cuya utilización es justificada), coma y punto que dieron vida a “El beso de Espada”. Por cierto, quisiera conocer cuál es la opinión de Carlos Castresana en lo que respecta a los hechos mencionados en mi artículo citado. ¿Algún aguerrido periodista del área de investigación se anima a preguntarle?

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de septiembre de 2009. La imágen la bajé de la Internet. No encontré quién es el autor.

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