Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

2.27.2017

¿Quién gana con más caos?



¿Quién gana, en el corto plazo, con la creciente incertidumbre, el aumento de la criminalidad y la falsa información que circula? Y no me refiero solamente al mal llamado debate en el tema de los cambios constitucionales impulsados por Iván Velásquez, en particular en lo que al inexistente derecho indígena trata: la incertidumbre y la desinformación se multiplican en muchos temas más en nuestro país, en algunos casos propiciada desde las redes sociales virtuales y en otros, lamentablemente, desde los mismos medios de comunicación.

Pero, ¿quién gana con el estado actual del ánimo de muchos que, en los casos extremos, raya en la paranoia? ¿Quién gana con el hecho de que crece el miedo, a veces con fundamento y otras veces no? Por supuesto, quiero enfatizar que, en el largo plazo perdemos todos de una u otra manera. Pero hoy, ¿quiénes se benefician? A primera vista es fácil responder que esta situación es bienvenida por los delincuentes y criminales comunes, ya sea organizados o desorganizados. Sin duda, los pandilleros, los extorsionistas y los asesinos ocasionales o seriales (los sicarios) pueden festejar el pánico creciente en la sociedad guatemalteca.

Pero, más allá de los obvios ganadores momentáneos, ¿quiénes son los que ganan con el terror que ya invade a tantos? Tampoco es difícil suponer que sacan ventaja los narcotraficantes que apuestan a que no serán importunados por las fuerzas de seguridad (ya sea para detenerlos o robarles la mercadería), lo que les permite operar con toda la tranquilidad del mundo y con menos riesgos de los propios de su actividad al margen de la, al fin inexistente al menos en la práctica, ley.

También ganan los miembros de los grupos de presión, muchos de los cuales, sin ninguna duda, son promotores de las medidas de hecho recientes que violentan los derechos individuales de la mayoría y sólo contribuyen a generalizar la ya de por sí reinante anarquía. Y, finalmente, me atrevo a asegurar que en el último plano pueden celebrar la inseguridad en que vivimos aquellos creyentes en las teorías de la conspiración que ven una oportunidad irrepetible para que avancen sus planes de llegar al ejercicio del poder sin tener que pasar por un proceso eleccionario.

Debemos tener presente que, en río revuelto, ganancia de pepenadores, más que de pescadores. Sin embargo, también debemos recordar el refrán que dice que, en guerra avisada, no existen muertos. No se deje engañar ni manipular. Conserve los pies en la tierra. Toda información que reciba confirme que sea cierta. Manténgase alerta, use su razón y sea objetivo. No contribuya a difundir información falsa. Es precisamente en los tiempos más complicados y de mayor escepticismo e incertidumbre, cuando más prudentes debemos ser. No perdamos de vista el horizonte y tengamos presente que la violencia sólo puede engendrar más violencia. Enfoquémonos en la batalla correcta, la que nos permita en algún día cercano, convivir en paz.


El presente artículo fue publicado el lunes 27 de febrero de 2017 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno.

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12.14.2015

“Te voy a violar, te voy a matar”



Y a pesar de la advertencia que le hizo Jordy Ernesto Cabrera Diéguez (22 años), Melody Valesca López García (17 años) decidió continuar viéndolo: decidió seguir siendo su amiga. Jordy Ernesto cumplió su amenaza a principios de octubre: el 4 del mencionado mes, fue localizado el cadáver de Melody, junto con el de Mildred Alejandra Álvarez (18 años), en la 18 avenida y 25 calle de la Colonia La Palmita en la zona 5, no muy lejos de donde vive Cabrera, quien fue apresado en su hogar el pasado miércoles 9 de diciembre. Según el Inacif, las colegialas fueron estranguladas con un torniquete.

Cabrera se hizo amigo de López y de Álvarez por Facebook, un medio que, como cualquier otra herramienta creada por el ser humano, puede servir para construir o destruir: todo depende de quién la use, con qué objetivo y qué decida hacer con ésta. Después de leer sobre este caso real de una mente criminal y otra mente irracional, confirmo una vez más lo cierta que es la afirmación de Ayn Rand de que el ser humano puede falsear la realidad, pero no puede evitar las consecuencias de falsearla.

¿Por qué creyó Melody que la amenaza era una broma? ¿A quién se le puede ocurrir que amenazar a alguien de violarle y asesinarle es chistoso? ¿Cuál es el estado mental de un tipo que fríamente le advierte a otra persona de que va a acabar con su vida después de violarla? Sin duda, un psicópata. Pero, lo que más me impacta es que haya gente tan… voy a decir ingenua por respeto a los familiares de las víctimas, que le sigan el juego a semejantes individuos que por lo menos deberían estar encerrados en un manicomio para que no representen un peligro para los demás. Al final, el resultado de la mala decisión de Melody y Mildred, son dos cadáveres, los de ellas mismas. Not funny.

Como en otras ocasiones, llego a la conclusión de que el principal problema no son los delincuentes y criminales: los mentirosos, los ladrones, los estafadores, los extorsionistas, los violadores, los secuestradores y los asesinos. El principal problema son los incautos que se dejan de los antisociales que violan sus derechos individuales o se sientan a ver apaciblemente, como si fuera una película, cómo esos depravados violan la vida, la libertad y la propiedad de los demás, creyendo cándidamente que a ellos nunca les va a pasar nada. Hasta que su decisión de falsear la realidad les cobra la factura. Lo anterior es aplicable a otras esferas de la acción humana, principalmente la política.

Es el ámbito moral donde el sistema de incentivos perversos dentro del cual vivimos ha causado el mayor daño. La mayoría ha olvidado que el ser humano cosecha lo que siembra. Que debemos ser responsables a la hora de tomar las decisiones a partir de las cuales vamos a actuar. Que toda decisión que tomamos, unas más que otras pero todas de alguna manera, van a afectar nuestra vida en el largo plazo. De cada uno de nosotros depende que no terminemos como Melody y Mildred: en el fondo de un barranco. 


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de diciembre de 2015. La fotografía de Jordy Ernesto Cabrera la tomó Domingo Tercero para "Siglo Veintiuno".

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2.23.2015

La Guatemala feudal



La Guatemala en la cual las condiciones de vida de la mayoría dependen de caudillos, autoproclamados defensores de los pobladores, más temidos por estos últimos que respetados, gente que aplica a su antojo una supuesta justicia totalmente ajena al debido proceso que suele prestarse para cometer injusticias. Un estilo de vida preindustrial que no es cosa del pasado: está presente y es vigente entre nosotros, aunque gran parte de los capitalinos y aquellos que viven en los municipios aledaños a la ciudad ignoren esta realidad.

Una Guatemala donde cualquiera puede ser condenado a muerte en cualquier momento: una pena que se ejecuta inmediatamente impuesta, se haya o no probado que el acusado es culpable de lo que se le imputa, independientemente de si el delito o crimen del que se le hace responsable amerite semejante castigo fatal.

Una Guatemala donde los pobladores de dos municipios vecinos se enfrentaron por una escuela, cuyo resultado final fue la destrucción del bien que los involucrados en la trifulca anhelaban. ¿Dónde quedó la justicia salomónica? Todos perdieron. Una Guatemala donde prevalece la voluntad del más fuerte, donde millones viven en las antípodas de un Estado de Derecho, donde la violencia es el primer recurso que muchos emplean para alcanzar sus objetivos.

Una Guatemala donde el poder local es ejercido por reconocidos delincuentes que apaciguan ¿narcotizan? a los habitantes del área que controlan con medidas populistas, imitando a los políticos corruptos que gobiernan desde las más altas esferas. Políticas a las cuales también recurren aquellos que se encuentran en campaña con el objetivo de ocupar algún cargo importante dentro de la ineficiente burocracia estatal, ya sea por medio del  voto o asociándose con alguien que haya logrado el objetivo mencionado o que tenga posibilidades de alcanzarlo.

Un feudalismo contemporáneo que surge por los mismo motivos que nació en la Edad Media en Europa: por la inseguridad e inestabilidad en la cual nos ha sumido el estatismo, colectivista e intervencionista, que ha predominado desde tiempo atrás como sistema político en nuestro país, sin importar quiénes lo impongan o que se declaren de izquierda o de derecha. Un feudalismo más que pareciera aún más castrante que aquel que imperó entre los siglos IX y XV en el viejo continente. Al menos en ese tiempo los vasallos firmaban un contrato sinalagmático con el señor, un compromiso que en muchas ocasiones era cumplido.

Sé que la mayoría de la población urbana, en especial aquellos que pertenecen a grupos donde la situación no es crítica, eligen ignorar o falsear la realidad. Creen, tontamente, que al desentenderse de los problemas que enfrentamos como miembros de una misma sociedad estos desaparecerán ¿por arte de magia? ¡Qué ilusos! Por no utilizar otros adjetivos que describirían mejor su actitud. El resultado de esa irresponsabilidad ha sido, es y será trágico para todos, incluidos los ignorantes por elección.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 23 de febrero de 2015.

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5.26.2014

Chipolice



El Ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, anunció la semana pasada que piensa adquirir por excepción equipamiento policial, el cual incluye equipo táctico, antidisturbios, antitrauma, uniformes y botas tipo comando con nuevo diseño y estilo, “lo que permitirá un cambio de imagen y un mejor control de los agentes de la Policía Nacional Civil”. La compra multimillonaria contempla, además, 90 mil uniformes con un chip incorporado que contiene la información del oficial responsable del traje.

Vaya, ¡cuántas cosas que comentar al respecto! Primero, recordar a mis lectores la conocida costumbre de López Bonilla de gastar cualquier cantidad de millones de quetzales de los tributarios casi sin ningún control. A su antojo y al costo que él quiera. Sospechoso. Los medios más usados para facilitar la corrupción son los fideicomisos y las compras por excepción. Por supuesto que la excusa para recurrir a estos procedimientos será siempre la misma: la urgencia por adquirir lo más pronto posible los bienes y/o los servicios necesarios para servir a los habitantes de Guatemala. ¡Si pues! ¿Quién les cree todavía?

Segundo, mencionar la agotada estrategia de los gobernantes de turno que creen que con cambiar el color de los uniformes de los policías va a cambiar la imagen de delincuentes que tenemos de la mayoría de ellos: reputación que se han ganado justamente formando parte de organizaciones criminales; violentando los derechos de las personas a quienes, irónicamente, deberían proteger y no agredir; mostrando cada vez que pueden su vulgaridad y, para finalizar, huyendo cobardemente cuando de casualidad se topan con antisociales a quienes temen hasta el extremo de orinarse en sus calzoncillos. Lo anterior no va a cambiar sólo porque cambien el uniforme negro por uno azul.

Tercero, la obvia necesidad de controlar a los agentes es un claro reconocimiento al hecho de que ni el mismo Ministro confía en ellos lo que confirma lo aseverado por mí en el párrafo anterior. Lo que me lleva a preguntarme, ¿por qué en lugar de crear una nueva policía con los agentes que se gradúan cada año, insisten en integrarlos a un ente corrompido hasta sus mismas entrañas? Bien dice el sabio refrán popular que “una manzana podrida, pudre a las demás”. Y en el caso de la PNC, reconociendo que existen unas pocas excepciones, la mayoría de frutos están más que putrefactos. ¿A cuántos de los jóvenes recién graduados ya contaminaron?

Cuarto, si según López Bonilla va a evitar que se roben los uniformes ¡insólito! y va a controlar a los policías con un chip, ¿funcionaría también con los ladrones comunes, con los violadores, con los extorsionadores, con los secuestradores, con los asesinos, con los narcotraficantes…? ¿Con los politiqueros? ¿Con los gobernantes y los funcionarios corruptos? A lo mejor logra que se cree un Registro de Antisociales y que estos carguen su DCI: documento criminal de identificación. ¿Por qué no? Sería algo creíble en el fantasioso mundo del partido gobernante.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 26 de mayo de 2014. La imagen la bajé de la Internet.

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1.06.2014

2014



Empecé este ciclo haciendo un balance de los hechos que más me impactaron, para bien o para mal, en el año 2013, tanto en mi esfera íntima como en la pública. En lo personal, el balance de la etapa recién terminada es positivo. A pesar de los retos que me tocó enfrentar en diversos ámbitos (familiar, empresarial, profesional, emocional, intelectual…) puedo decir con satisfacción que no olvido el año viejo porque me dejó mucho más que una cabra, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra, recordando la célebre composición del colombiano Crescencio Salcedo. Lamentablemente, no puedo decir lo mismo en lo que respecta a los asuntos públicos de nuestro país.

El 2013 fue el año en que se generalizó el descontento de la población con el actual gobierno. Fue un año de constantes denuncias de corrupción, abusos de poder y nepotismo, entre otras cosas. En lo particular, no me sorprendió. Bien lo he afirmado en múltiples ocasiones que el actual sistema político atrae a los peores representantes de nuestra sociedad. Es un imán para aquellos que quieren pasar a mejor vida sin trabajar: para los mentirosos, los ladrones, los parásitos… que suelen pulular en el ambiente político de Guatemala. Y, por supuesto, en todos aquellos lares en los cuales prevalece el Estado Benefactor/Mercantilista por encima de la verdadera República y el Estado de Derecho.

Ahora, ¿Qué nos depara el año 2014? En lo que respecta al área personal, dependerá de las decisiones que tomemos cada uno de nosotros para alcanzar las metas que nos hayamos fijado. En el área política nos espera un año complicado. Por un lado, será un año de elecciones en las cuales no podemos participar de forma directa, pero sí indirecta participando en discusiones en las redes sociales, enviando correos de los lectores a los diarios y llamando a los programas radiales que promueven el debate intelectualmente honesto y la búsqueda de la verdad.

Elegirán los diputados a nuevos magistrados para el Tribunal Supremo Electoral, para la Corte Suprema de Justicia y para la Corte de Apelaciones. También van a elegir al próximo Fiscal General y a quién ocupará en el siguiente período el cargo de Contralor General de Cuentas. Por lo demás, podemos esperar algo similar al año pasado, solo que incrementado: más corrupción, más abusos de poder, aumento de la criminalidad, que se intensifique la campaña política con miras a las elecciones generales de 2015… En fin, las cosas van a empeorar, así que nosotros a actuar inteligentemente para sobrevivir el temporal que se nos avecina.

No obstante, soy optimista y abrigo la esperanza de que en el futuro, aunque tal vez no sea en el cercano, las cosas van a mejorar para la gente responsable, respetuosa y productiva que, creo, es la mayoría. Por eso termino con lo expresado por el director de cine Diego Quemada: “El sueño americano ya no existe, pero el sueño de una vida mejor es universal y eso no va a cambiar. Dónde y cómo cada uno lo tiene que ir descubriendo”.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 6 de enero de 2014. La imagen fue creada por Luis Tuchán.

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8.19.2013

Chaleco arcoíris



Ni solo color esperanza ni solo color naranja. Imagínense a todos los motociclistas con un chaleco que llevara los siete colores del arcoíris: desde el rojo hasta el violeta, pasando por el naranja, el amarillo, el verde, el azul y el añil. Una bella imagen, permanente, que nos haría recordar diariamente ese hermoso fenómeno óptico y meteorológico producido por los rayos del Sol cuando atraviesan pequeñas gotas de agua contenidas en la atmósfera terrestre, cuyo resultado visible es un espectro de frecuencias de luz continuo en el cielo. Nos haría suspirar a muchos… menos a los pobres individuos que tendrán que portarlo. Eso sí, no habría discriminación: todos los colores de los partidos estarían representados.

De todas formas hoy deben de portar un fúnebre chaleco negro impuesto por Álvaro Colom, y que por disposición del Presidente del Ejecutivo, Otto Pérez Molina y el Ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, deberán reemplazar casi ipso facto por uno color naranja. Aquel que para el 16 de septiembre no haya cambiado al color que identifica al Partido Patriota deberá atenerse a las consecuencias por semejante desfachatez.

Por supuesto que la excusa que dan es que el otrora conocido como anaranjado simboliza la seguridad… sí, principalmente la seguridad INDUSTRIAL. ¿Qué tiene que ver con el abuso de uniformar a todos aquellos que circulan en una motocicleta? Por cierto, quienes se han tragado el cuento de los gobernantes olvidan que el uniforme naranja también lo portan los presos. ¿Cuál de todos los significados del naranja vamos a considerar correcto? Quedará a discreción de cada uno decidirlo. A lo mejor a alguien le entretiene hacer un estudio semiótico sobre el naranja y lo que este color simboliza para la mayoría de los guatemaltecos.

Pero, al final, lo más importante a discutir no es el color del chaleco, sino la obligación de portarlo. ¿En qué contribuye a que haya más seguridad? ¿Qué sucede si un ladrón roba el chaleco de un motorista? ¿Qué pasará con aquellos que asaltan a pie a los conductores de los vehículos parados (motoristas incluidos) por el tránsito cada día más pesado? ¿También deberemos portar al caminar por las calles un chaleco que nos identifique? ¿Qué número debiera ser visible (que no legible) en nuestro chaleco de caminantes? ¿El del DPI? ¿Y si tengo problemas para sacar la nueva identificación en el RENAP? Si llevo una gorra en la cabeza, ¿debe ser visible mi número de identificación? Absurdo. Un cambio de color en el chaleco de los motoristas no nos brinda seguridad. Es una decisión prejuiciosa que viola derechos individuales y clasifica a los motoristas como delincuentes.

Al menos con el Acuerdo Gubernativo 289-2013 eliminaron la prohibición de que circule más de una persona en una motocicleta. Pero si hubieran querido enmendar el error del gobierno anterior, simplemente debieron derogar el acuerdo de Colom, no emitir uno nuevo. Otra decisión de Otto Pérez Molina y su gente que nace muerta. Fracasada.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de agosto de 2013. El collage lo elaboré con imágenes que bajé de la Internet.

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2.25.2013

En defensa propia




Sobre la muerte de Edward Giovanni Cifuentes Pérez el pasado miércoles 20 de febrero circulan varias versiones. En lo que coincidieron muchos de quienes comentaron ese día el hecho, es que el fallecido había asaltado a alguien que se encontraba detenido por el tránsito de esa zona, conocida por los constantes robos a quienes recorren el área. Por cierto, si es comentado todo a pulmón, más que a sotto voce, y desde hace tiempo que por ese lugar atracan ¿por qué no hay policías atentos a detener a los asaltantes? ¿Son los maleantes socios de los agentes a cargo de ese sector?

La mayoría de testigos que en su momento se pronunciaron (testigos que hoy aparentemente desaparecieron, cosa entendible) contaron que una persona que se encontraba dentro de un vehículo detenido por un semáforo fue amenazada por un ladrón que, se presume, era Cifuentes. El criminal se transportaba en moto. La víctima del robo al defenderse e intentar recuperar sus bienes disparó a Cifuentes provocando que estallara el tanque de la moto, lo que le costó la vida. ¿Qué pasó? A ciencia cierta, no lo sé. ¿Llegaremos a conocer algún día la verdad? Tampoco lo sé. Esa es responsabilidad del Ministro de Gobernación, de la Fiscal General y del equipo que con ellos trabaja.

Lo que considero importante, suponiendo que los testimonios iniciales son ciertos (lo cual creo probable), es que un ciudadano cansado, como lo estamos tantos, de la situación de indefensión en la que nos encontramos, decidió ejercer su legítimo derecho a la defensa personal, y al ejercer ese derecho perdió la vida el malhechor que había puesto en peligro su vida. ¿Acaso la amenaza no es el celular o la vida? ¿Habrá quién cree que un criminal usa un arma para hacer reír a sus víctimas? El hombre agredido disparó. Una de las balas hizo estallar la moto. Si era el ladrón, murió a consecuencia de sus decisiones. De lo contrario, murió por la inseguridad en que vivimos. No me alegro de su muerte. Quisiera que las cosas fueran diferentes en mi país. Pero la realidad es otra.

Lamento que el Procurador de los Derecho Humanos, Jorge De León Duque, haya confundido un acto de legítima defensa con algo tan delicado como es la justicia por cuenta propia, la que se presta a muchas injusticias, tal es el caso de los linchamientos. Toda persona tiene  el derecho de defenderse, defender a sus seres queridos y a sus bienes. Esa es la verdadera defensa de los derechos individuales, y la misión olvidada por los funcionarios públicos.

Como bien lo explicó Frédéric Bastiat, el Estado no debería ser un instrumento de opresión y de expoliación recíproca entre los ciudadanos, sino la fuerza común instituida para garantizar a cada uno lo suyo y hacer reinar la justicia y la seguridad. Cuando el gobernante falla en cumplir con su tarea, los ciudadanos tienen el derecho legítimo de defenderse. Y lo anterior, lamentablemente es lo que está sucediendo en Guatemala.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 25 de febrero de 2013. La imagen la bajé de Facebook. No se identifica el creador.

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9.24.2012

Una hora con la policía




“¡Diecinueve!… ¡Diecinueve compañeros que de un solo fueron enviados al bote!” Gritó el jefe Segura en la decimotercera comisaría. “Aunque”, agregó recobrando la tranquilidad, “les será muy difícil atrapar a todos. Se quedarían con muy pocos agentes”. Un compa estalló en carcajadas. Segura no. Segura se mantuvo con el rostro impávido. No le provocaba risa el reconocimiento de una verdad que profundizaba su amargura. Sabía que se encontraba muy lejos de ser feliz, a pesar de la licencia para delinquir con la que contaban él y el resto de los elementos de la policía. “¿Qué te pasa Segura?”, se reprochó.

“Una hora con la policía”, era el nombre de un programa del gobierno anterior con el cual pretendían recobrar la confianza de los ciudadanos en el ente encargado de la seguridad pública. Segura sabía que era tiempo perdido. Estaba convencido de que era imposible recuperar algo que nunca habían tenido. Lo que sí se han ganado, pensó, es la reputación de criminales. A la gente común le sobran motivos para temer a los policías. Una hora con ellos puede representar cualquier cosa. Recordó las historias con las que se vanaglorian muchos de los compas que se sienten muy machos al violar a mujeres que ingenuamente circulan a altas horas de la noche por las calles de la ciudad oscura. Una hora temida con la policía.

También recordó al señorón que lloró pidiendo clemencia cuando lo detuvieron un miércoles por la noche. El sujeto regresaba de trabajar en su empresa, la que tanto le costaba mantener a flote con el montón de trabas burocráticas y el reciente aumento de impuestos, según les contó. Paró su vehículo, a pesar de lo extraño que le pareció la señal de la patrulla. Lo primero que hizo al verlos fue preguntar cuál era el motivo por el que le habían hecho el alto. Tenía razón el viejo al preguntar: no había hecho nada malo.

Era una de esas noches en la cual la necesidad del guaro y la falta de dinero para comprarlo, los hizo buscar a un idiota que circulara cerca de ellos. Un tonto que mejor se debió quedar callado y aceptar las ordenes de la autoridad. "Por maricón recibió lo que merecía en ese barracón abandonado". Un espacio contaminado con mierda de los animales que lo habitaron y los orines del miserable que luego dejaron tirado en algún lado.

“¡Cuántos más no han pasado una hora con la policía!” O más, o menos, da igual. Minutos eternos que nunca olvidaran. Tarde o temprano más de una de las víctimas se iba a rebelar. Alguien iba a presentar las pruebas necesarias para que no les quedara de otra a los jefesones más que detener a algunos compas. A diecinueve. “¿Un video? ¿Atrapados por una cámara? ¡Qué mulada!” A lo mejor ya era hora de que pensara en su retiro. Antes de que lo agarraran a él. O, todavía peor, que un grupo de indios resentidos intentaran lincharlo, lo que ya les ha pasado a varios cuates que han sido destinados a algún pueblo despreciable en el interior.

Continuará…


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de septiembre de 2012. La imagen la bajé del sitio de Prensa Libre.

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6.06.2011

Pasados lo quince minutos


Mientras veía caminar a Pérez Gabriel hacia su auto, sin tener claro el porqué, recordó al controversial escritor francés, antisemita y simpatizante de Hitler, Louis Ferdinand Céline. Recordó que de su obra más conocida lo que le gustó fue el título: “Viaje al fin de la noche”. Sintió que en esa frontera se podría encontrar en unos momentos. Entre las sombras veía pasar sus miedos que le hacían creer que podría perderse por siempre en esa oscuridad sin luna.

¿Acaso no había escuchado repetir hasta el cansancio que la realidad suele rebasar en muchas ocasiones a la ficción? ¿Puede existir la ficción sin referentes en la realidad aunque estos sean distorsionados al antojo del autor? ¿Era el creador accidental, o solo protagonista, de una historia que sería leída por otros? ¿Gente que nunca conocería y reiría con su tragedia? Sacudió la cabeza. Reconoció que tal vez estaba sobredimensionando la situación. Entendió que necesitaba recobrar la calma en segundos y asumir una actitud fría, calmada y segura frente al agente que se acercaba.

Total, todos estamos embarcados en un viaje al final de nuestras vidas. Por eso lo importante en el trayecto son las escalas previas que escogemos hacer antes de llegar a nuestro destino último, donde todos nos encontraremos algún día. ¡Oh no! Tantas paradas que aún le hacían falta hacer. No puede ser que por esta parada inesperada que le hizo un policía con planta de corrupto, fuera a llegar antes de tiempo. Al menos el tiempo que tenía previsto. Relax, se dijo. Relax.

A tiempo llegó el consejo. Pérez Gabriel ya se encontraba a su lado. Notó que se encontraba irritado, nervioso, incómodo. Eso le dio tranquilidad. Confirmó que su amigo se encontraba del otro lado de la línea telefónica y le preguntó de nuevo al sujeto que lo retaba desde la ventana de su carro: “Explíqueme ¿por qué me detiene? A mi entender no he infringido ninguna ley. No he cometido ningún delito - ¡Cállese! ¿Ya viene su abogado? Queremos que se cerciore de que no le hemos hecho nada. Ustedes, los periodistas, son los culpables de todo. Yo solo cumplo con mi deber”.

¿Deber de qué? En fin, armándose de paciencia y valor, con el rostro hierático, le responde: “No lo cuestiona un periodista, le reclamo en el pleno ejercicio de mis derechos ciudadanos, ¿por qué me detiene? Respóndame, cumpla con su obligación”. Al ver la cara morena encendida de la cólera pensó que hasta ahí había llegado su periplo existencial.

De repente, sin darle ninguna explicación, Pérez Gabriel le arroja sus documentos al tiempo que le dice, casi gritando: “lárguese antes de que lleguen mis compañeros”. Sin perder el tiempo acató la orden. No se lo tuvo que repetir. Cuando se alejaba observó por el retrovisor la llegada de otra patrulla. Vio cómo al bajar quienes en ésta se conducían rodeaban a Pérez Gabriel. Fue testigo del inició de otra discusión al fin de la noche de la cual espera nunca conocer el final.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 6 de junio de 2011. La fotografía la tomé en junio de 2007 para un curso de fotografía. La elegí para acompañar hoy a mi artículo porque, ¿será que sólo nos queda ponerle una veladora al dios de nuestro antojo pidiéndole que nos proteja de quienes deberían protegernos?

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1.17.2011

Trigedia



Guatemala, viernes 14 de enero de 2011. Se cumplen tres años del gobierno encabezado en el poder Ejecutivo por Álvaro Colom. Ese poder que debe limitarse para que no sigan usándolo para violar los derechos individuales de los soberanos: los ciudadanos. Los tributarios. Esa frontera que sólo puede ser limitada desde el Congreso de la que aún no es una República: Guatemala.

Después de tres años del actual gobierno, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que los resultados del trabajo de los mencionados en el primer párrafo han sido trágicos para toda la población honrada y respetuosa de nuestro país. Las estadísticas hablan por sí mismas. Según una nota del diario Siglo Veintiuno del pasado jueves 13 de enero del presente año, las víctimas de la criminalidad han aumentado en un 25 por ciento en los dos últimos. ¡En sólo dos años!

La más reciente encuesta ciudadana del matutino Prensa Libre confirma lo que muchos intuíamos: que una inmensa mayoría de personas (alrededor del 71 por ciento) desconfía de los partidos políticos. Una forma eufemística de decir que los habitantes de Guatemala desconfían de los políticos, que más bien deberíamos llamar politiqueros. Se lo merecen: eso y mucho más. Se lo han ganado a base de mentiras descaradas, robos disfrazados de acciones solidarias y una crasa ignorancia de cuáles son sus funciones primordiales.

La misma medición mencionada con anterioridad refleja que alrededor del 78 por ciento de la gente está preocupada por su seguridad. Nosotros sí tenemos claras cuales deben ser la prioridades de los gobernantes. Y sobran los sondeos que muestran que casi todos sabemos que no existe justicia en nuestro terruño. Está a la venta y la compra el mejor postor. Y ahora sobran antisociales bañados en dinero: desde narcotraficantes, pasando por secuestradores y terminando con politiqueros que ejercen el poder y se enriquecieron cuando ocuparon un cargo público. Al fin, podemos resumir que todos son lobos de la misma loma y se tapan con la misma chamarra. ¡Ah! Y se alimentan de los mismos borregos. Omito nombrar a estos últimos.

Y aún no menciono el casi inexistente capital (que en lugar de venir se va), necesario para transformar recursos en riqueza. Ausencia debida a la expoliación, el ataque constante al agonizante derecho a la propiedad privada y la falta de respeto al debido proceso y a las normas. Además de la reciente pérdida de miles de empleos que dejaron de ser productivos por la decisión populista del presidente (con minúscula) Colom de aumentar el salario mínimo sin ninguna base y un total desconocimiento de cómo mejoran los ingresos REALES de las personas en el largo plazo. Total, el panorama descrito es consecuencia de un sistema de incentivos perversos que prevalece en Guatemala desde hace 65 años: el Estado Benefactor/mercantilista. Es hora de cambiarlo por un verdadero Estado de Derecho. Es hora de fundar la República de Guatemala.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de enero de 2011. La imagen la bajé de la Internet.

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9.21.2010

Mall Alert


El miércoles pasado, como si viera una película jolybudense de tercera categoría, viví junto con miles de televidentes el drama que otros sufrían en el centro comercial Tikal Futura. Un enfrentamiento armado entre narcotraficantes y policías ¿o entre narcos y narcos? que puso en peligro la existencia de cientos de personas que visitaban el mol o trabajaban en una empresa ubicada en el mismo.

Era 15 de septiembre. Día en el cual conmemoramos el 189 aniversario del cambio de reyes. Sé que muchos, incluidos amigos preciados, celebran la independencia de una ficción de otra ficción. La independencia de Guatemala de España. Lamentablemente a la presente fecha, los habitantes de la primera aún no logramos que nuestros actuales gobernantes, llamados presidentes, entiendan que ellos no son reyes ni nosotros sus súbditos.

Una cosa es vegetar en una nación independiente, como le sucede a los cubanos, y otra cosa es SER ciudadanos libres. Reconocer lo anterior no implica que no quiera a mi terruño. Aunque reconozco que el mío, que comparte territorio y leyes con el suyo, difiere en contenido, ya que éste se lo damos cada uno de nosotros con nuestras vivencias únicas e irrepetibles. Las memorias de lo pasado y los sueños a realizar en el futuro… que espero no sean truncados en una balacera como la mencionada. Sin embargo, ¿quién, a menos que sea funcionario público, está fuera de peligro en ese espacio que compartimos sin conocernos?

Lo sucedido la semana pasada es un claro ejemplo de que hasta la seguridad que muchos sentíamos en los centros comerciales se ha perdido de alguna manera. No faltará quien crea necesario, a la hora de visitarlos, tener más cuidado del que se tenía antes, tal y como le pide una madre a su retoño en el chiste que circula en las redes sociales virtuales: “-Mamá, mamá, me voy al mol. -Ok, hijo. ¿Llevas tu chaleco antibalas?”

Lo que a mí me indigna de la creciente criminalidad en nuestro país (además de ver a gente inocente tirada en el piso, como si fueran antisociales de la peor calaña, mientras son amenazados por la policía con armas de alto calibre) es que la mayor parte del aumento en el riesgo de vivir en Guatemala es consecuencia de la irracional e ilegítima guerra del gobierno gringo contra las drogas. Y hago énfasis en el hecho de que es una decisión estatal, ya que admiro a muchos estadounidenses, comenzando con los padres fundadores que supieron elegir las normas que les permitieron convertirse en la sociedad más rica de todos los tiempos.

La única manera de terminar con este inútil desangramiento es eliminando de raíz el problema: acabando con la prohibición de producir, comercializar y consumir droga. Por supuesto, aquellos que además se han dedicado a extorsionar, secuestrar, asesinar… deben ser perseguidos, encarcelados, enjuiciados y castigados como merecen. Al fin, la razón de ser de esa construcción llamada Estado, es velar por que haya justicia y seguridad. Y así poder vivir en paz.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 20 de septiembre de 2010. La fotografía es del diario guatemalteco elPeriódico, publicada el 16 de septiembre de 2010.

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4.12.2010

Phílippos


Es para mí inevitable pensar, ordenar mis ideas, calmar mis emociones intensas a la hora de bañarme. Inspirarme. Probablemente el roce del agua con mi piel me remonta a los tiempos ancestrales de nuestros antepasados más lejanos que habitaban los océanos, cuando aún estos cuerpos acuíferos cubrían casi toda la Tierra y no habían sido nombrados como hoy los conocemos.

Este viernes 9 de abril que escribo no es la excepción. El agua me sirvió de inspiración. Hoy, un día después del intento de robo del vehículo de mi colega Felipe Valenzuela. Asalto en el cual Felipe resultó herido. Producto de una constante creciente en nuestro país: la delincuencia y la criminalidad. Muchos especulan sobre un posible atentado. Sin embargo, creo que si esa hubiese sido la intención, hoy estaríamos llorando a alguien apreciado a pesar de lo poco que hemos compartido fuera de las actividades públicas en las cuales nos hemos topado. Presentando un libro o en algún foro de discusión. Ya sea como homenajeados o felices invitados que no hacen más que departir y reír.

Estimo a Felipe aunque no coincidamos en muchos temas, en especial aquellos puntos que tienen que ver con el por qué vivimos en Guatemala como vivimos. O intentamos sobrevivir. Le tomé cariño desde mis inicios en Siglo Veintiuno, hace ya casi 12 años, cuando él ocupaba el cargo de Director de Culturales y luego fue ascendido a Subdirector del diario. Yo empezaba mi apasionante carrera de periodista de reflexión, como me gusta llamar a mi tarea semanal de escribir “Principios”. Hoy, Felipe y yo somos compañeros columnistas que compartimos deadlines y día de publicación. Hoy, a menos que Felipe haya enviado con anticipación su artículo, extrañaré al "El demente ágil". Ojalá pronto lo leamos de nuevo.

Todavía no he ido a visitarlo al hospital. Tal vez lo haga después, cuando mi visita sea ajena al alboroto mediático que el ataque a un personaje público acarrea. Tal vez lo visite cuando pueda sonreírme. Sin duda no interpreto el papel que algunos quisieran que hiciera. El papel que exige del actor características que yo no poseo. No obstante, Felipe sabe que cuenta conmigo en lo que le pueda servir.

Por cierto, es muy probable que Felipe y yo coincidamos en por qué fue de nuevo víctima de antisociales: por la falta de cumplimiento de las autoridades de su responsabilidad primordial de dar seguridad a los miembros de nuestra sociedad. Algún día espero sentarme a dialogar con él y poder explicarle por qué la solución a esta lamentable situación que enfrentamos todos es ProReforma.

Felipe viene del griego Phílippos, que significa literalmente “a quien le gustan los caballos”. Yo amo a estos cuadrúpedos que han sido parte de mi vida familiar, y con ello no ofendo a ningún pariente. Yo respeto a un profesional de la talla de Felipe, que no sé si hace honor a su nombre, pero sé que ama su vida, ama a su familia y ama su oficio. Santé amigo.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 12 de abril de 2010. La imagen pertenece al archivo del diario guatemalteco elPeriódico.

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2.13.2010

Dudas razonables: cuarto capítulo


Hoy, contrario a mi plan original, no voy a terminar esta serie de sueltos en los cuales intento hacer una aproximación, montada en las dudas que me provoca, a la hipótesis de Carlos Castresana (CICIG) sobre el asesinato de Rodrigo Rosenberg.

Quiero recalcar que el hecho de abordar estos crímenes, no significa que desprecie los homicidios de tantos inocentes que quedan en el olvido. Poco importan los grupos sociales, el volumen de la cuenta bancaria, ganada o heredada, y los apellidos rimbombantes con olor a rancio, compuestos, con sonido extranjero o los de pura cepa guatemalense. En nuestro país día a día son violados los derechos de miles de personas, más allá de su extracción, debido a la falta de acción de los gobernantes. Por la vil ignorancia de quienes ejercen el poder, de sus responsabilidades primordiales. Por ser la seguridad y la justicia las cenicientas del Estado Benefactor/mercantilista.

El principal motivo de abordar los casos de Rosenberg y Khalil y Marjorie Musa son las circunstancias especiales que los rodean, principalmente quiénes se sospecha están detrás de éstos. Independientemente de las buenas relaciones públicas de Castresana, a la mayoría de los habitantes de Guatemala no los convenció la conveniente verdad interina de la CICIG. Por cierto, un error lógico y una obvia contradicción conceptual. Sólo por este lamentable comentario debió ser puesta en duda, no alabada.

Si usted está preparando su asesinato, ¿involucraría a dos amigos que aprecia y confía en ellos desde niño, sabiendo los riesgos que correrían? Si usted cree que su vida está peligro, ¿buscaría ayuda y protección entre sus conocidos? ¿Pondría en orden sus pendientes por medio de un testamento? ¿Hablaría con sus seres queridos? Si está planificando el crimen perfecto, ¿por qué va a dejar tantas pistas absurdas que lleven fácilmente a los investigadores a usted? ¿Puede cualquiera comprar un producto “x”, un par de teléfonos por ejemplo, y solicitar la factura a su nombre? ¿Lo puede hacer alguien a quien no conoce? Si no quiere que quede rastro de la compra ¿la incluiría en su contabilidad?

Y para acabar esta inconclusa narración, la semana pasada Manuel de Jesús Cardona al fin decidió colaborar más eficazmente con la fiscalía y los jueces, al ampliar su testimonio anterior, ya que su ¿primera? declaración no coincidía con los datos presentados por Castresana: necesitaban que Cardona dijera que habían cobrado Q300 mil. Según Siglo Veintiuno del jueves 4 de febrero, Cardona reveló que el “jefe de seguridad de los hermanos… Valdés se quedó con Q50 mil… a él le pagaron Q25 mil y desconoce cómo se distribuyeron los otros Q250 mil”. Conveniente, pero ¿creíble?

Por cierto, si usted es sicario profesional ¿usaría su vehículo y su teléfono móvil para cometer el crimen? En fin, todo con tal de que lo dejen libre para seguir ganándose el pan de cada día: matando por contrato a creyentes e incrédulos. Usted, ¿con quienes se identifica?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de febrero de 2010.

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12.21.2009

Ruta 1


Viernes 18 de diciembre de 2009. 7:38 de la mañana. Primer Sudoku del día. “Aquí va un cuatro, nueve, uno…” Ring, ring, ring. “Ya voy. ¿Es usted Carmen? Buenos días, mire, por favor… ¿Qué le pasó?” Llanto. “¡Ay Licenciada! ¡Ay, Licenciada!”.

Jueves 17 de diciembre. 3:47 de la tarde. “¿Ya vendrá la camioneta? ¡Ay Padrecito! ¡Ahí viene, ahí viene la uno!” Sube. “Córrase pa’ atrás. Faltan diez len”. Suspiro. “Siéntese señora”. Sorpresa. “¿Un caballero? Padre nuestro que estás en el cielo. La cruz del Papa, ¡cuánto tiempo ya! Santificado sea tu nombre. Cuida a mi papá. Pobre mi mamá. ¿Estará ya más tranquila?” Una sombra pasa. Un hombre camina al frente del autobús. “¿Dónde me quedé? Santificado sea tu nombre, vénganos tu reino. ¿Me alcanzarán los ochocientos cincuenta?” Suspiro. “Ni pensar si no llevo las medicinas. Hágase tu voluntad”. Un grito agudo. Voz de mujer. Voz de hombre: “Seguí manejando cabrón o te mato”. Son cuatro hombres, relativamente bien vestidos. Tres morenos y uno blanco. Sus edades oscilan entre 25 y 35 años.

Martes 15 de diciembre. Casi medianoche. “¡Qué cansancio! Pero valió la pena. Noche llena, eso es lo que considero una verdadera nochebuena. ¡Cuántos platos salieron hoy! Mañana tengo que ir temprano al mercado”. Sirenas. “¿Un accidente? ¿Un asalto? ¿Delincuentes?” Se hace a un lado. Pasan dos motocicletas. Detrás dos pickups doble cabina. Radiopatrullas. “Pero si me hice a un lado, ¿qué hago aquí? ¿Qué pasa? ¿Qué es esto?” Cinco Patroles cuatro por cuatro, grises, polarizadas, de modelo reciente, rodean al Peugeot 205, hatchback, de hace algunos años, también polarizado. Desde los vehículos lo amenazan. Se acerca un pickup lleno de soldados armados. Le apuntan. Lo orillan. Casi lo sacan del bulevar. Una de la Patroles ostenta la placa número uno. Circulan en contravía de la Ruta 1. “Ya pasó”. Respira profundo. Sí, ya pasó el Presidente.

Jueves 17 de diciembre. 3:53 de la tarde. “Dame tu bolsa". Angustia. "No traigo". Hastío. "Dame tu dinero, necia”. Levanta el brazo, le golpea la cara. Le hiere el rostro con las uñas. Le toca los pechos. “¿Dónde tenés el dinero? No traigo nada. ¿Qué cargas en la mano? La receta de mi papá”. El hombre blanco, vestido con pantalón negro y camisa gris, toma la pequeña bolsa negra de plástico. Adentro van los ochocientos cincuenta quetzales. “Hija de la gran puta, ¿verdá que sí tenés pisto?” Le pega de nuevo y continúa su ruta dentro de la camioneta. 3:59 de la tarde, cerca del Campo Marte. “Pará, aquí nos bajamos”. 4:04 de la misma tarde. “Bájense, me siento mal, no puedo continuar”. Para en la 12 avenida, cerca de Formosa. Voz de un joven: “Vos sos cómplice, vas a regresar”. Abandonados. Convertidos en una isla desierta, rodeados de gente y muertos de miedo.

La Ruta 1 en vías opuestas. Camionetas con destinos diferentes. Con distintos pasajeros. Para unos la ruta de la desesperación, del dolor y la cólera. Para otros, la ruta segura a su casa. La ruta del abuso. Viernes 18 de diciembre. 10:42 de la mañana.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de diciembre de 2009. La fotografía la tomé el domingo 17 de mayo de 2009 en la Plaza Italia, durante la primera manifestación masiva después del asesinato de Rodrigo Rosenberg.

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4.28.2009

Motocidio


¿O cómo nombrar, llamar, al más reciente disparate del Presidente Álvaro Colom? ¿Criminalizar un acto humano que no violenta los derechos de otros? Me refiero a la decisión libre, voluntaria, de una persona de llevar un pasajero en su vehículo. Sea este un carro, una moto o una bicicleta, da igual. ¿Cuál es el crimen? ¿Existe algún delito? Sólo otro derechocidio más a la lista de crímenes solidarios del sin gobierno del mencionado Colom.

Por supuesto, como demagogos mediocres que son, tanto los gobernantes como sus asesores en todos las áreas de acción política, desde los responsables de diseñar las estrategias de seguridad hasta los encargados de la comunicación social (qué pleonasmo innecesario), pretenden de nuevo vernos las caras de idiotas al resto de los habitantes de Gotimala, haciéndonos creer que el sacrificio de algunos miserables, a su parecer, nos va a beneficiar a todos porque de esa manera los sicarios ya no van a poder cumplir con sus compromisos, van a decidir guardar sus herramientas de trabajo (cualquier objeto que se pueda utilizar como un arma para terminar con la existencia de otro, no sólo pistolas, ametralladoras y cuchillos) y se van a dedicar a curas, pastores y redentores de almas. Qué tontería.

Y quiero resaltar el punto de la inmolación de otros, de los demás, de las pobres, ¡pero bien pobres! ovejas en el altar de sacrificios, no de los burócratas que tuvieron semejante ocurrencia. Personajes que son transportados a cuerpo de rey y reinas, en vehículos comprados con el dinero de los siempre sacrificados, los tributarios, y personal a su servicio pagado también por aquellos que van como mansas reses a depositar todos los meses a la SAT los impuestos que sirven para satisfacer cualquier calentura de los poderosos (por definición: quienes ejercen el poder), y no reciben nada a cambio más que insultos y más transgresiones descaradas a sus derechos elementales, primigenios.

Tristemente, todavía muchas personas, desesperadas y angustiadas ante una situación cada vez más conflictiva y peligrosa, deciden cerrar los ojos a la flagrante violación de los derechos individuales de todos (los de ellos incluidos) y pensar que un absurdo, como lo es convertir en un delito penado con multas altísimas el soberano derecho de todo individuo a decidir cómo utilizar su propiedad, les va a brindar alguna tranquilidad.

Al menos, según los sondeos, ya son una minoría los creyentes de estas medidas, lo que nos indica que de alguna manera más personas, poco a poco, van despertando de la pesadilla positivista de que todo se arregla con más legislación alejada de toda razón. ¿Será esta una señal de que sí podemos cambiar el sistema de incentivos perverso actual, padre de la impunidad e irresponsabilidad que corrompe nuestra sociedad, por un sistema de incentivos correcto? Al fin, recuerde que la raíz, la génesis de toda guerra, es la falta de respeto a los derechos individuales.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 20 de abril de 2009. La fotografía la tomé recientemente desde mi vehículo con mi celular. Una imagen que muestra que las leyes violatorias de los derechos individuales, que criminalizan acciones que no dañan a otros, son incumplibles. En esta imagen se muestran dos de un sólo: el pasajero de la moto que va fumando.

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4.05.2009

Gotimala


Era un día caótico, como cualquier otro en Gotimala: una ciudad que tiene mucho de gótica. Comenzando por el oscuro y profundo hoyo negro donde se dilapidan los tributos de la población arriesgada y creadora. ¿Cómo le llaman? ¿Cojesión social? En fin, asesinatos por doquier, quema de buses, robos de todo tipo: desde celulares hasta vehículos, pasando por la virginidad de algunas y algunos: los criminales no discriminan. Obstaculización de vías públicas, marchas de gente exigiendo dinero de otros, tiroteos, secuestros express y a la carta. Linchamientos… Un día demasiado común en la vida de los habitantes de una urbe subhumana. Fiel reflejo de lo que acontece en casi todos los rincones de nuestro complejo terruño.

“El responsable es el Smiley”, gritó a los cuatro vientos el nombrado Salvador, para que lo escucharan todos los habitantes de Gotimala, y la acusación resonara más allá de las fronteras del país de la eterna balacera. Un guasón chapín, cuyo apodo nos recuerda el bilingüismo que impera en muchos ámbitos de nuestro espacio nacional. ¿Será el sobrenombre un resultado más de la mezcla de las remesas? ¿O será simplemente una metáfora del bilingüismo que dificulta la comunicación entre los gobernantes y los gobernados? Ya que espero que cada día sean menos quienes niegan que hablamos idiomas distintos.

Probablemente, la dificultad de entendernos radica en que ellos, los gobernantes, viven una realidad ajena a la suya, a la mía y a la del resto. La realidad de quienes los mantenemos. Ellos viven rodeados de guardaespaldas, viajando sin cesar, libando hasta el cansancio, engrosando sus cuentas monetarias a pesar de la manipulada crisis financiera mundial. Y nosotros, mientras, nos encontramos inmersos en la constante agonía de no saber si este será nuestro último día. Al menos en este mundo: el único del cuál tenemos plena evidencia de su existencia.

“¡Cáspita, Gandaraman! ¡Recorcholis, Sandrúbela! ¿Y ahora, quién podrá defendernos?”, balbucea en secreto un ave que se cree gavilán, pero más recuerda a un indefenso y casi siempre desorientado Robin. El petirrojo centroamericano, que se la pasa cantando en las ramas, de las cuales rara vez baja. El émulo del Chapulín Colorado, que anuncia una tragedia, enfrentada dialécticamente a la comedia de Chespirito. Un payaso que provoca llanto. Y a veces risas: “Es un complot, un plan para desestabilizar mi gobierno”. ¿Cuál gobierno?

Un extraño pájaro que vive en las nubes, junto con su segundo de abordo. El dúo dinámico que a pesar de contar con un arma blanca que aún no ha sido prohibida, Espada, no da pie con bola en lo que respecta a las acciones urgentes para alcanzar la paz en Gotimala. Menos conocen sus obligaciones primordiales: velar porque haya justicia y seguridad: el ansiado respeto a los bienes de todos, comenzando por el más preciado: la vida misma. El esperado respeto a nuestras decisiones libres. Y el olvidado respeto a nuestro intelecto.

Nota: Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 30 de marzo de 2009. La fotografía la tomé el domingo 22 de febrero de 2009, en Antigua Guatemala. Se aprecia, a oscuras, la Ermita de la Santa Cruz.

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4.14.2008

Una bala perdida


O pudo ser una bala dirigida. Quién sabe. Una bala muy similar a tantas otras que han acabado con la vida de miles de personas en nuestro país. Sin embargo, independientemente de la situación general, los familiares de las víctimas escogidas por el azar, a quien lloran es al ser querido muerto por la inseguridad que campea en Guatemala. Hasta ese instante trágico, entienden a otros que han pasado por una experiencia parecida.

Creo que compartir con ustedes un caso del cual tengo conocimiento, nos puede ayudar a quienes no hemos pasado por semejante perdida, a ser solidarios con aquellos que han sido apartados de un ser querido por antisociales que se consideran ajenos a todo castigo: impunes. Tal vez porque varios de esos antisociales se esconden detrás de la insignia de policías. ¿Otra ironía más? ¿Tendrán fin las contradicciones?

Según sé, el pasado 14 de marzo, viernes de Dolores, una pareja de esposos muy queridos por un importante grupo de nuestra sociedad, se dirigían después de asistir al cine, a recoger a su hijo menor quien se encontraba en una reunión con compañeros del colegio. Pero antes de llegar al que era su destino, a la altura del kilómetro 19 Carretera a El Salvador, una bala mortal acabó con la vida de la mujer que venía en el asiento del copiloto. La madre del joven que disfrutaba de una alegre velada. La esposa del hombre angustiado que corrió a un sanatorio en la zona 15, con la esperanza de salvar a su compañera. La amiga de muchos que hoy la extrañan, la lloran y se preguntan ¿por qué?

Lamentablemente, la tragedia no termina ahí. Unos agentes de la Policía Nacional Civil, quienes al parecer se encontraban sospechosamente cerca, demasiado cerca del lugar donde voló la bala perdida, siguieron al desesperado esposo que intentaba salvar la vida de su amada. Al llegar al hospital, y mientras los enfermeros y doctores que se encontraban de turno auxiliaban a la víctima mortal, afuera los guardianes de nuestra seguridad amedrentaron y amenazaron al atormentado hombre que lo único que deseaba es que nada de todo lo vivido en la última hora fuera cierto. Probablemente rogaba al cielo despertar de esa pesadilla mientras los criminales con licencia para intimidar lo tenían de rodillas en el piso. Pero no despertó: lo vivido era una cruel realidad.

Sobra decir que los policías le robaron todo lo que pudieron, además de advertirle que bajo ninguna circunstancia se atreviera a denunciarlos. ¿Fueron estos mismos canallas quienes dispararon la bala que acabó con las ilusiones de una mujer llena de alegría? No sé… tal vez es cierto que esta es la nueva estrategia de asalto de esos malhechores. Cuídese, apreciable lector, estimada lectora.

Al final, esta triste historia parece ser una metáfora de nuestro mismo gobierno: una bala perdida que apunta a cualquier lado, menos hacia el cumplimiento de sus funciones esenciales: seguridad y justicia.

Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de abril de 2008. La foto la tomé a principios de febrero de 2007, un sábado por la noche, cuando un operativo de las fuerzas de inseguridad, que involucró al menos 10 patrullas (con todo y policías, por supuesto) interrumpió la fiesta de un grupo de estudiantes de una Universidad que celebraban su elección como miembros del Consejo Estudiantil de su facultad.

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2.11.2008

Área roja


Billy, un amigo mío que estudia medicina, me contó que, en las emergencias de los hospitales, el código de área roja se utiliza cuando llegan heridos de gravedad, casi al borde de la muerte o vivos por milagro. La mayoría de ellos se encuentran a escasos minutos de aspirar por última vez. A punto de expirar.

También me comentó que, en las últimas semanas, las atenciones área roja en el San Juan de Dios, donde él hace sus prácticas, han aumentado sustancialmente, al extremo de que hace pocos días se dieron 14 casos en un sólo turno. Una noche solitaria en la que se mancharon el cielo negro y la luna blanca con el rojo de la sangre. Relatos de horror, no producto de la imaginación de un prolífico escritor de novelas policíacas, sino de la realidad actual de un país invadido de peligros que se multiplican ante el estupor de sus habitantes, tan desamparados como los huérfanos violados por la ley antiadopción.

La diferencia entre los infantes y nosotros, los adultos, es que los mayores de edad todavía contamos con los medios para defendernos de los antisociales que atentan contra nuestra vida y nuestros bienes. Los abandonados dependen de otros que nos hemos esforzado por aclararnos las ideas (base de toda vida moral, según Blaise Pascal), y hemos combatido los pajaritos que habitan la mente de aquellos que promovieron la absurda idea de estatizar, centralizar y ahogar el proceso de adopción; monopolizándolo y dejándolo bajo el control de los cuestionados políticos y burócratas, desoyendo todo aprendizaje de los errores cometidos en el pasado, y condenando a miles de niños y niñas a una vida sin padres. Todo para mediatizar sus falsos pruritos y satisfacer sus prejuicios.

En fin, regreso al tema del incremento de la criminalidad, en especial en la última semana que dejó, entre otros, más de diez muertos sólo entre quienes se dedican a la riesgosa actividad de conducir una camioneta. Peligrosa, al menos, en Guatemala. Muchos son los rumores que circulan acerca de quiénes podrían estar detrás de estos hechos y cuáles son los motivos que los impulsan. Que si son miembros de los distintos grupos del partido oficial peleando por cuotas de poder en el gobierno. Que si son un grupo de policías destituidos, animados por el deseo de venganza. Que si son oficiales del ejercito amenazados con ser dados de baja o, en el mejor de los casos, declarados en “disponibilidad”. Que si son narcotraficantes y contrabandistas marcando su territorio. O mareros molestos ante una posible merma de sus ingresos, si acaso se les dificultara el cobro de impuestos al cual han obligado bajo intimidaciones propias de terroristas (como si fueran la SAT) a quienes utilizan el transporte público…

Total, la ficción se queda corta en busca de una explicación. Lo único seguro es que hoy la seguridad y la justicia brillan por su ausencia, dejando nuestro terruño, otrora multicolor, transformado en una gran área roja.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno, el lunes 11 de febrero de 2008.

La fotografía la tomé el 23 de abril de 2007 en Taipei, Taiwán, en una venta de artesanías. Me pareció ideal para acompañar a mi artículo de hoy, no sólo porque me recuerda al anterior gobernante, el “Conejo” Berger, sino porque parece que las actuales autoridades siguen la misma estrategia que el ex Presidente: “no veo, no escucho y no hablo”. Claro, me refiero al tema de la seguridad sin inteligencia ni presencia. De igual manera, podría agregar: “y no hago nada”.

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