Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

3.18.2019

¿Política y noticias o entretenimiento?




Hoy iniciamos la campaña electoral más incierta de todo lo que va del presente siglo. Más aún, me atrevo a aseverar que en el tiempo que ha regido la Constitución Política actual, estas son las elecciones más complejas que hemos enfrentado los guatemaltecos. Por ese motivo, es de capital importancia abordar la influencia que tiene la prensa en cualquier sociedad y, más aún en nuestros tiempos, la presión que ejercen las redes sociales en las decisiones individuales y cómo, dentro de tanta información con la que aparentemente contamos, podemos diferenciar los hechos falsos de los verdaderos. En particular los que son de vital interés para nuestro progreso y la búsqueda de nuestra felicidad.

Alexis de Tocqueville, en su obra más conocida, “Democracia en América” en el tercer capítulo de la segunda parte del primer tomo, aborda la trascendencia que tiene la libertad de prensa en el mundo político. Más allá del error epistemológico de llamar “democracia” a la república estadounidense, Tocqueville describe en su obra puntos relevantes en lo que respecta a las características propias de la forma de gobierno republicana, que han permitido a los habitantes del mencionado país una mejora en su calidad de vida como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad.

En lo que respecta al tema que quiero abordar en este escrito, Tocqueville considera que “la libertad de prensa no sólo deja sentir su poder sobre las opiniones políticas, sino también sobre todas las opiniones de los hombres. No modifica únicamente las leyes, sino a la vez las costumbres… “La amo” declara Tocqueville “por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta”.

Más adelante, afirma que “en un país en el que reina ostensiblemente el dogma de la soberanía del pueblo, la censura no solamente constituye un peligro, sino también un gran absurdo. Cuando se concede a cada ciudadano el derecho de gobernar la sociedad, es preciso reconocerle una capacidad de elección entre las distintas opiniones que agitan a sus contemporáneos, y permitirle apreciar los diferentes hechos cuyo conocimiento puede guiarle. La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son, pues, dos cosas enteramente correlativas; la censura y el sufragio universal son por el contrario dos cosas que se contradicen”.

Gran parte de lo que hoy nos presentan como noticias, son hechos irrelevantes y superficiales.
Considero que es nuestra responsabilidad cívica conocer los asuntos de actualidad importantes, tanto locales como internacionales, si es que queremos ser ciudadanos responsables y mandantes informados. Sin embargo, es una ironía que cada vez tenemos más información a nuestro alcance, pero conocemos menos sobre la realidad. En los tiempos actuales, el problema es resolver cuáles noticias son ciertas y cuáles son falsas, tarea a la cual me dedicaré en los próximos artículos. Por ahora, termino dejando claro que la responsabilidad primera de hacer esta diferenciación es del ciudadano que busca la información, porque los resultados de sus acciones dependerán de las premisas a partir de las cuales actuó.


Artículo publicado en el diario digital guatemalteco “El Siglo”, el lunes 18 de marzo de 2019.

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8.13.2018

La realidad guatemalteca




Según he leído en algunos medios y redes, parece que en Guatemala no sólo Jimmy Morales vive en la Luna. Por ese motivo, decidí hacer un breve recuento de algunos de los muchos hechos que nos muestran la realidad en la que vivimos: una verdadera crisis que se agudiza.

Uno de los casos más dramáticos es el de la Mina San Rafael, que ya cumplió más de 400 días sin operar, a un costo diario para nuestra economía de 5.1 millones de quetzales, una pérdida acumulada de más de 2 mil millones. Pero lo más trágico es que a la fecha se calcula que alrededor de 6 mil personas se han quedado sin ingresos debido a esta situación. ¿Quiénes son los principales responsables de  estos hechos deplorables? Los magistrados de la Corte de Constitucionalidad (CC), que maliciosamente han retardado su decisión, por lo cual deben ser juzgados y pagar las consecuencias de su malevolencia: la ley establece que la CC debe dar una resolución cinco días después de la vista pública, la cual se dio hace casi 300 días.

Según funcionarios del Banco de Guatemala, las exportaciones cayeron aproximadamente un 2.7 por ciento en los primeros seis meses del año y la Inversión Extranjera Directa (IED) se contrajo 6.5 por ciento de enero a marzo, comparadas con el mismo período del 2017. La IED ha decaído en los últimos tres años. En julio el Índice de Confianza de la Actividad Económica retrocedió a 31.25 puntos, la más baja del año. El 92 por ciento de los encuestados consideró que la economía está peor que hace un año y el 75 por ciento descartó que la situación mejore en los siguientes seis meses.

Los conflictos sociales en las comunidades preocupan hasta a los directivos de las Cámaras de Comercio Binacionales de Guatemala, quienes demandaron garantías para la inversión. Se prevé que los conflictos van a aumentar, principalmente en el interior del país. Parte del problema es la tolerancia de las autoridades a las medidas de hecho de los grupos de presión, tales como las invasiones de fincas, los secuestros y los bloqueos. Conflictos que empeoran por la falta de empleo productivo que lleva a muchos a emigrar o a emprender en lo que puedan, aceptando que serán extorsionados por los pandilleros de su área. Todo lo anterior sumado a la multiplicación de las “patrullas de seguridad locales”, ante el incumplimiento del gobierno de su función primordial: velar porque no se violen los derechos individuales de los ciudadanos.

Si agregamos a la falta de certeza jurídica, los obstáculos que hay en nuestro país a todo nivel para emprender, comerciar y producir, es creíble el aumento de la pobreza que presentó la semana pasada el gobierno de Guatemala en Perú, durante la III Conferencia de Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, convocada por la  Organización de Naciones Unidas. El porcentaje de pobres se calcula en 59.3 por ciento de la población, lo que representa un aumento de más de ocho puntos porcentuales con relación a 2006.

Se me acabó el espacio, pero no las evidencias de que la realidad de la mayoría es peor de lo que imagina la minoría, a la cual le caería bien poner los pies en la Tierra y dejar de falsear la realidad. Si no cambiamos el sistema político (estatista e intervencionista), estamos condenados a vivir, más que en una eterna primavera, en una eterna agonía.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “El Siglo”, el lunes 13 de agosto de 2018.

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5.14.2018

¿En quién creer?




Las declaraciones de Juan Carlos Monzón contra varios miembros de la prensa, han agudizado la crisis de confianza en las instituciones que enfrentamos en la actualidad. También contribuye a la pérdida de confianza en los medios de comunicación, particularmente los vistos como tradicionales, el exitoso cabildeo de varias de las facciones interesadas en el ejercicio del poder (que no necesariamente involucra sobornar a alguien por medio de la llamada fafa), al igual que el poco cuestionamiento al intervencionismo promovido tanto por burócratas nacionales como internacionales.

Por cierto, el testigo estrella de la CICIG es ya de por sí un personaje poco confiable que, como aquellos a los que acusa, debe pagar las consecuencias de sus acciones. Y por esa poca confiabilidad que inspira un criminal confeso como Monzón, espero que las pruebas científicas y documentales que aporten al proceso citado, al igual que a otras causas justificadas como la del Transurbano, sean suficientes para condenar sin lugar a dudas a corruptos que, como Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, salta a la vista la fortuna que acumularon abusando del poder que se les delegó como gobernantes.

Ahora, ¿quiénes son los principales responsables de la crisis de confianza que crece en nuestro país? ¿Cuáles son las consecuencias esperadas de esta crisis de confianza que empeora? ¿Cuándo y qué debemos de creer a los colaboradores eficaces? ¿A los medios de comunicación? ¿A los comentaristas y/o analistas? ¿Qué hacer con los rumores? Y aún más importante, ¿cuál es la realidad de la mayoría en Guatemala? ¿La que se refleja en los medios, en las redes o en la calle? O, ¿es esa realidad una mezcla de las tres?

Precisamente, entre los principales responsables de la creciente desconfianza se encuentra el grupo de analistas mencionados, ya sea que estén a sueldo de intereses de terceros o por simple conveniencia personal, que opinan desconectados de la señalada realidad, elevando sus oraciones al Divino Estado como responsable de proveer todo lo que el pueblo demande, ya sea una necesidad o un capricho. Un Divino Estado fracasado, convertido en violador de los derechos individuales de la mayoría, fuente de desilusiones y origen de la corrupción. ¿Por qué promueven medidas que sólo facilitan la corrupción?

¿En quién creer? Primero que todo, en nosotros mismos. En fin, de cada uno de nosotros depende hacer una evaluación justa y verdadera para determinar qué es cierto y qué es falso. Segundo, podemos confiar en quien emita juicios basados en los hechos de la realidad, que contextualice los hechos que describe o analiza y aporte la evidencia que demuestre la verdad de las afirmaciones que sostiene. O sea, quien tenga los pelos de la burra en la mano para decir de qué color es. Y, por supuesto, no debemos caer en la falacia de la generalización apresurada: no todo en el mundo del periodismo está podrido. Depende de usted como lector, espectador u oyente objetivo, diferenciar el trigo de la paja y apoyar a quienes, les guste o no los resultados de su trabajo, cumplen con su misión: la búsqueda de la verdad de los hechos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “El Siglo”, el lunes 14 de mayo de 2018.

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10.16.2017

Las noticias son noticia



Y no son buenas noticias. Todo lo contrario. En casi todo el mundo se cuestiona cómo se presentan en los medios de comunicación al público los hechos que son relevantes para el ser humano. Hechos que describen nuestro presente y configuran nuestro futuro. Esta crítica, justificada en la mayoría de los casos, ha llevado a muchos a recurrir a otros medios ajenos a los tradicionales que, gracias a la Internet, facilitan el acceso a la información. Sin embargo, en muchos casos, los datos que encontramos en estos medios alternativos son menos fiables que aquellos que encontramos en los mismos medios organizados que hoy son cuestionados.

¿Quién va a llenar el vacío que dejan los periodistas que han olvidado la misión de nuestro oficio? Es una pregunta que todos debemos hacernos: desde quienes reportan los hechos, pasando por aquellos que los analizamos, hasta quienes consumimos la información que, al final, somos todos. De lo contrario, corremos el riesgo de que ese vacío lo terminen llenando los gobernantes, y es aquí donde debemos recordar la advertencia que nos hace George Orwell en “1984”.

La misión del periodismo y, por tanto, la misión del periodista, es la búsqueda de la verdad de los hechos. Para esto, nos gusten o no los resultados de nuestra búsqueda, debemos ser leales a esos hechos. No debemos falsear la realidad. Debemos ser objetivos. Lamentablemente, con excusas burdas y argumentos falaces que no son sostenibles cuando se cuestionan, durante ya décadas, los profesores de periodismo han convencido a los estudiantes y futuros buscadores de la verdad, de que esto es imposible. Y, casi sin discusión, esta mentira, contradictoriamente, ha sido aceptada por la mayoría como una verdad.

Pero no sólo son responsables los periodistas. También son culpables de esta situación la mayoría de los consumidores de noticias que son incapaces de diferenciar entre la realidad y la ficción y fácilmente son manipulados por aquellos que, o no reportan verazmente los hechos o, simplemente, mienten descaradamente y con conocimiento de causa para alcanzar sus fines o avanzar los intereses de los grupos de presión buscadores de privilegios con los cuales simpatizan.

Esta era de la desconfianza casi generalizada en la que vivimos, les ha facilitado a demagogos y oportunistas acercarse al ejercicio del poder. Esa desconfianza tanto a la mayoría de los políticos como a los miembros de las supuestas élites (convertidas en grupos de presión) y a los periodistas en los medios tradicionales, ha beneficiado a los peores representantes de nuestras sociedades que, por medio de sus discursos que apelan a las emociones de los electores y no a su razón, terminan ejerciendo el poder con pocas limitaciones en muchos casos. En fin, en río revuelto ganancia de malhechores, como bien me gusta parafrasear el célebre refrán.

¿Cómo cambiar el estado actual de las cosas en el mundo del periodismo? Cuestionándonos. Y la primera pregunta que debemos hacernos es por qué creemos lo que creemos. Mejor aún, le pregunto, ¿por qué cree usted lo que cree?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 16 de octubre de 2017.

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5.29.2017

El poder de las ideas



Es el mayor de los poderes. Es un poder propio de la naturaleza del ser humano. Puede utilizarse para el bien o para el mal. Lamentablemente, sólo una minoría es consciente del poder de las ideas. Dentro de esa minoría, hay quienes deseamos fervientemente que la mayoría se dé cuenta del significado trascendental que tienen en sus vidas las ideas. Sin embargo, hay otros que prefieren que esa mayoría permanezca ajena a la importancia de éstas. Ignorancia que les facilita manipular a quienes renuncian a pensar por sí mismos.

Somos la única especie capaz de abstraer, de integrar a nuestro conocimiento conceptos de índole superior que nos han permitido crear bienes y servicios que, en particular en los últimos doscientos años, han mejorado exponencialmente nuestra calidad de vida, además de permitir nuestra reproducción por miles de millones, sin agotar los recursos con los que se cuentan. Más aún, contrario a la falsa creencia popular de que estamos acabando con éstos, el esfuerzo mental y físico de muchos nos ha permitido multiplicarlos.

Para poder progresar y vivir la mejor vida posible, las ideas a partir de las cuales vamos a actuar deben estar basadas en juicios verdaderos: juicios basados en hechos de la realidad, y no en opiniones, creencias o deseos sin evidencia que pruebe su veracidad.

Dentro del sistema de normas prevaleciente, hay quienes consideran que es peligroso buscar la verdad, ya que ésta no es conveniente para quienes ejercen el poder político y los grupos de presión privilegiados, ya que mantienen ese poder y sus prebendas gracias al apoyo de la mayoría confundida. Pero, aún peor que el peligro que implica buscar y decir la verdad, son las consecuencias de ignorar o falsear la realidad: esto equivale a un suicidio lento, doloroso y sostenido en el tiempo. Recuerde: el ser humano puede falsear la realidad, pero no puede evitar las consecuencias de falsearla.

Parte del proceso implica identificar a aquellos que lo engañan y cómo logran su objetivo. Aprenda a identificar las falacias, lo que no es complicado de hacer una vez se conocen las más comunes: la falacia ad hominem, la falacia de la generalización apresurada y la falacia del hombre de paja. Es todavía más fácil de identificar a quiénes mienten descaradamente y ponen en boca de otros cosas que nunca han dicho: sólo pídales la evidencia de lo que sostienen, y su mentira caerá casi inmediatamente.

¿Qué implica el proceso de aclararnos las ideas y por qué es vital para todo ser humano cuyo propósito moral más alto es ser feliz? ¿Por qué es importante vencer nuestros miedos, independientemente de cuáles estos sean, y dar la cara y el nombre en la batalla de las ideas? ¿Por qué es importante superar el resentimiento, la frustración o la envidia que lo puedan invadir? La respuesta a estas preguntas, y a muchas más, es la misma: por su bien y el bien de sus seres queridos.

Las ideas no mueren. Las ideas tienen consecuencias. Las ideas son poderosas. Use correctamente su mente. Razone. Elija ser un #LiberHéroe.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 29 de mayo de 2017.

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12.12.2016

La ilusión de verdad



¿Por qué creemos lo que creemos? ¿Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, como repetía Joseph Goebbels? Esa ilusión que momentáneamente alivia a las almas afligidas, ¿les es beneficiosa en el largo plazo? O, por el contrario, ¿es el origen de las angustias crónicas de la mayoría? ¿Cuál ha sido el costo de creer sin confirmar que la creencia sea cierta? ¿Es  sostenible la felicidad que manifiestan aquellos que falsean la realidad con tal de no enfrentar sus contradicciones? ¿O es sólo una felicidad a medias? ¿Se conforman con esa ilusión antes de encarar sus miedos?

Las anteriores son algunas de las preguntas que me surgieron al leer un artículo escrito por Tom Stafford en “BBC Future”, en el cual pretende llegar al origen de ese mal hábito de tantos de engañarse a sí mismos. Según el autor, “Nuestras mentes están atrapadas por la ilusión del efecto de verdad, porque nuestro instinto es usar atajos al juzgar el grado de verosimilitud de algo”. Fuera de que considero la palabra instinto un término ambiguo que sirve al invocarlo para dar la apariencia de conocer el origen desconocido de reacciones de los seres vivos, me parece interesante la relación que hace Stafford con el impulso humano de alcanzar el máximo beneficio con el menor esfuerzo, propio de nuestra naturaleza.

Los seres humanos, racionales y volitivos, nos hacemos preguntas sobre la realidad en la que vivimos y de la cual somos parte. Nos preguntamos sobre nuestro papel y nuestros objetivos en el mundo en el cuál interactuamos con otros y, en especial, nos hacemos preguntas sobre nuestra propia existencia. Nos hacemos preguntas y nos exigimos respuestas. Lamentablemente, no todos nos exigimos que esas respuestas sean verdaderas, o sea, que coincidan con los hechos de la realidad como juicios que son.

La mayoría se conforma con las respuestas que les implican el menor esfuerzo mental. Respuestas que suelen darles otros que, como ellos, sólo les interesa una respuesta que les dé una aparente paz, sin importar que esa respuesta sea verdadera: repito, que coincida con los hechos de la realidad. Les es irrelevante que esta sea sólo una ilusión. Una comodidad que se paga en el largo plazo, cuando no alcanzan sus fines ni el propósito moral más alto de toda persona: ser feliz. Una comodidad que los termina amargando y resintiendo, en particular contra aquellos que sí logran alcanzar y conservar sus valores.

Stafford sugiere que, además de comprobar por qué creemos en lo que creemos, nos preguntemos si algo suena plausible porque realmente es cierto o porque nos lo han repetido en múltiples ocasiones desde que somos pequeños, para que así podamos “rastrear el origen de cualquier afirmación, en lugar de tener que tomarla como un acto de fe”. Tiene razón el columnista cuando dice que vivimos en un mundo donde los hechos importan y deben importarnos a todos. Y si repetimos cosas sin molestarnos en comprobar si son ciertas, estamos ayudando a construir un mundo donde la mentira y la verdad son más fáciles de confundir.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 12 de diciembre de 2016.

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11.07.2016

Más allá del Wutbürger



Los ciudadanos que decidimos actuar como mandantes, debemos superar al ciudadano rabioso, descrito por Mario Vargas Llosa en su artículo publicado el pasado 29 de octubre en el diario español “El País”. No concuerdo con el Nobel de Literatura de 2010 en varias de sus apreciaciones, pero sí llamó mi atención el término que, según el escritor, fue acuñado por el periodista alemán Dirk Kurbjuweit para referirse a quienes nos indignamos ante los abusos de poder de los gobernantes: Wutbürger.

Coincido con Vargas Llosa en que para acabar con los totalitarismos es preferible erradicar la rabia de la vida de las naciones y procurar que ella transcurra dentro de la racionalidad y la paz, pero no en que todas las decisiones se tomen por consenso y por medio del voto. Las decisiones de la mayoría deben ser limitadas por los derechos individuales de todos. Es este un error en el cual caen muchos de los intelectuales, tanto socialistas como varios que se identifican con alguna corriente liberal como el autor de marras, que defienden a capa y espada la democracia, sin profundizar en los resultados que con el pasar del tiempo deja esta forma de gobierno.

Curiosamente, el mismo literato explica a continuación uno de los motivos por los cuales la democracia fracasa en el largo plazo: “…la rabia cambia rápidamente de dirección y de bienintencionada y creativa puede volverse maligna y destructiva, si quienes asumen la dirección del movimiento popular son demagogos, sectarios e irresponsables”. ¿Podemos esperar de la democracia resultados diferentes a los obtenidos por los atenienses y denunciados por dos de los más respetados pensadores de todos los tiempos, Platón y Aristóteles? No, sería una locura que, como Albert Einstein señaló, "es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes".

Coincido en un principio con Vargas Llosa en que los enemigos a vencer son la pobreza y la riqueza mal habida. No obstante, en la realidad siempre van a haber pobres porque la pobreza es un término relativo, y porque siempre habrá quienes no quieran hacer el esfuerzo mental y físico por superarla. Sin embargo, lo anterior no impide que todos, aún los menos productivos, podamos mejorar nuestra calidad de vida. Para lograrlo, debemos superar al Wutbürger y rescatar al ciudadano racional: a quien elige usar su razón para identificar e integrar, sin contradicciones, los hechos de la realidad. Podemos llamarlo el Grundbürger.

Me gusta el término grund porque significa razón, pero también es sinónimo de fundamento y de causa. Decir que elegimos usar nuestra razón para pensar implica que las premisas a partir de las cuales vamos a emitir juicios deben estar basadas en hechos de la realidad. Definiendo claramente los términos, evitamos la confusión que se creó al identificar como racionalistas a pensadores de los siglos diecisiete y dieciocho, los cuales visualizaron mundos a partir del uso de su imaginación más que de su razón. Aspiremos a ser, efectivamente, seres racionales.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de noviembre de 2016.

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5.02.2016

¿Vivimos para pagar impuestos?


¿Trabajamos para mantener al Estado? ¿Qué es el Estado? ¿Quiénes son, bajo el argumento de que el Estado necesita ingresos, los que en verdad se benefician de nuestro trabajo? ¿Para qué vivimos en sociedad? ¿Para tener una mejor vida? ¿O para alimentar parásitos que viven del falaz discurso de que el Estado nos va a proveer de todas nuestras necesidades? ¿Vivimos para pagar impuestos al Estado, sin importar cómo el Estado malgaste, despilfarre y robe nuestro dinero?

Estas y muchas preguntas más quisiera hacerles todos los días a todos aquellos que vivimos en Guatemala. Preguntas que le podría hacer a cualquier persona alrededor del mundo. Al fin, el tal Estado no es más que una ficción, un ente de razón, una abstracción que le sirve de excusa a un montón de gente improductiva que vive parasitariamente de lo que otros producen. Lamentablemente, muchos de los que se dejan engañar con el discurso del necesitado Estado rara vez se atreven a cuestionarse a sí mismos y a cuestionar las premisas sobre las cuales se basa el falso juicio de que debemos de pagar impuestos por cualquier cosa que se les ocurra a quienes, precisamente, viven cómodamente de esos impuestos que nosotros pagamos.

¿Cuál es el objetivo de vivir en sociedad? ¿Mejorar nuestra calidad de vida o tributar al Estado? ¿Para qué recibe dinero el Estado? Para alimentar a una enorme, ineficiente y en la mayoría de los casos, innecesaria burocracia estatal (nacional e internacional), para satisfacer los deseos y los caprichos de los grupos de presión y para que los politiqueros corruptos que llegan al ejercicio del poder acumulen fortunas a costa de nosotros. ¿Qué recibimos a cambio? Poco positivo. Mucho negativo: malos tratos de los burócratas, extorsión de los gobernantes, programación a cambio de educación, muerte a cambio de salud, criminalidad a cambio de seguridad y violación a nuestros derechos individuales a cambio de justicia.

¿Para qué debemos pagar impuestos? ¿Bajo qué circunstancias, bajo qué sistema político nos conviene pagar impuestos y por qué? ¿Podemos dejar de ser tributarios de los caprichos de los gobernantes y de los grupos de presión privilegiados para pasar a ser contribuyentes del mantenimiento de mandatarios, con un uso limitado del poder, y los funcionarios estatales que sean necesarios?

“El peor enemigo del mundo no es la maldad sino la estupidez”, declaró Arturo Pérez-Reverte. Y no hay mayor estupidez que la de engañarnos a nosotros mismos. Al fin, aunque haya quién crea que las acciones no tienen consecuencias, la realidad es que la ley de la causalidad es inevitable. No depende de la voluntad de las personas. Simplemente es. Por supuesto, el ser humano, siendo primordialmente un ser volitivo, puede decidir actuar irracionalmente y falsear la realidad, pero, como bien explicó Ayn Rand, no puede evitar las consecuencias de falsearla. Si seguimos haciendo más de lo mismo y aceptando las imposiciones de los políticos y burócratas, nuestra vida en lugar de mejorar va a empeorar.

                                                                            

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de mayo de 2016.

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12.14.2015

“Te voy a violar, te voy a matar”



Y a pesar de la advertencia que le hizo Jordy Ernesto Cabrera Diéguez (22 años), Melody Valesca López García (17 años) decidió continuar viéndolo: decidió seguir siendo su amiga. Jordy Ernesto cumplió su amenaza a principios de octubre: el 4 del mencionado mes, fue localizado el cadáver de Melody, junto con el de Mildred Alejandra Álvarez (18 años), en la 18 avenida y 25 calle de la Colonia La Palmita en la zona 5, no muy lejos de donde vive Cabrera, quien fue apresado en su hogar el pasado miércoles 9 de diciembre. Según el Inacif, las colegialas fueron estranguladas con un torniquete.

Cabrera se hizo amigo de López y de Álvarez por Facebook, un medio que, como cualquier otra herramienta creada por el ser humano, puede servir para construir o destruir: todo depende de quién la use, con qué objetivo y qué decida hacer con ésta. Después de leer sobre este caso real de una mente criminal y otra mente irracional, confirmo una vez más lo cierta que es la afirmación de Ayn Rand de que el ser humano puede falsear la realidad, pero no puede evitar las consecuencias de falsearla.

¿Por qué creyó Melody que la amenaza era una broma? ¿A quién se le puede ocurrir que amenazar a alguien de violarle y asesinarle es chistoso? ¿Cuál es el estado mental de un tipo que fríamente le advierte a otra persona de que va a acabar con su vida después de violarla? Sin duda, un psicópata. Pero, lo que más me impacta es que haya gente tan… voy a decir ingenua por respeto a los familiares de las víctimas, que le sigan el juego a semejantes individuos que por lo menos deberían estar encerrados en un manicomio para que no representen un peligro para los demás. Al final, el resultado de la mala decisión de Melody y Mildred, son dos cadáveres, los de ellas mismas. Not funny.

Como en otras ocasiones, llego a la conclusión de que el principal problema no son los delincuentes y criminales: los mentirosos, los ladrones, los estafadores, los extorsionistas, los violadores, los secuestradores y los asesinos. El principal problema son los incautos que se dejan de los antisociales que violan sus derechos individuales o se sientan a ver apaciblemente, como si fuera una película, cómo esos depravados violan la vida, la libertad y la propiedad de los demás, creyendo cándidamente que a ellos nunca les va a pasar nada. Hasta que su decisión de falsear la realidad les cobra la factura. Lo anterior es aplicable a otras esferas de la acción humana, principalmente la política.

Es el ámbito moral donde el sistema de incentivos perversos dentro del cual vivimos ha causado el mayor daño. La mayoría ha olvidado que el ser humano cosecha lo que siembra. Que debemos ser responsables a la hora de tomar las decisiones a partir de las cuales vamos a actuar. Que toda decisión que tomamos, unas más que otras pero todas de alguna manera, van a afectar nuestra vida en el largo plazo. De cada uno de nosotros depende que no terminemos como Melody y Mildred: en el fondo de un barranco. 


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de diciembre de 2015. La fotografía de Jordy Ernesto Cabrera la tomó Domingo Tercero para "Siglo Veintiuno".

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3.03.2014

Veni, vidi, vici Venezuela




"Vine, vi y vencí" por los venezolanos que pelean por su futuro, sus bienes, su Libertad y sus seres queridos. Por mi país, Guatemala, que se encuentra caminando por la misma ruta que ellos emprendieron en la segunda mitad de los años 90 del siglo pasado. Por mí, por mi integración personal y mi constante búsqueda de coherencia entre lo que pienso, mis valores y mis actos. Por la imperiosa necesidad de probar la veracidad de mis juicios con la evidencia necesaria. Para sostener objetivamente mis juicios y comentarios, como suelo hacer, “con los pelos de la burra en la mano para decir de qué color es”.

La travesía que emprendí junto con Jorge Jacobs fue de tres días. De la mañana del viernes 21 a la noche del domingo 23 de febrero de este año. Nuestra estadía en Venezuela fue de poco más de 48 horas, extenuantes, que todavía me tienen agotada al momento de escribir estas líneas. Cansada física, intelectual y emocionalmente. Sobra decir que, si nos hubieran alcanzado los escasos recursos con los que contamos, nos hubiera gustado pasar más tiempo en el país y visitar la provincia, particularmente el Estado de Táchira, donde se iniciaron las protestas y donde hasta hoy se han registrado los más deleznables actos represivos por parte del gobierno.

Nuestro objetivo era cubrir las manifestaciones en contra de la crítica situación política y económica en que se encuentran viviendo. Protesta que ya es común a miembros de casi todos los grupos sociales del país, como pudimos constatar a la hora de los cacerolazos y la multitudinaria marcha del sábado 22 de febrero. Lamentamos no haber reportado al momento, pero el gobierno tumbó las comunicaciones, lo que nos dejó aislados por unas horas. Sin embargo, logramos recoger cualquier cantidad de testimonios, entrevistas, imágenes, reportes de los diarios locales… en fin, suficiente evidencia para conocer la grave situación que enfrentan los venezolanos. Gran parte de lo anterior lo encuentran en fb.com/mylibertas, fb.com/jjliber y fb.com/libertopoliscom

Para más detalles de lo que descubrimos y conocimos sobre la realidad que enfrentan en Venezuela, voy a escribir una crónica que aún no sé dónde voy a publicar, además de en mis redes sociales y en el sitio de Libertópolis. Pero que la escribo, la escribo. Necesito sacarlo de mí. Compartirlo con otros que, como yo, nos encontramos preocupados por la senda que andamos los guatemaltecos. Como declaró en alguna ocasión la española Lola Flores: "La verdad siempre sale a flote como la gota de aceite en el vaso de agua”. No hay que temerle, es mejor abrazarla.

Es lamentable la reducida visión de algunos pocos nacionalistas locales que no se dan cuenta de que si no aprendemos de los errores de los demás, parafraseando a George Santayana, estamos condenados a repetirlos. Lo esperanzador es que la mayoría de quienes comentan sí lo han entendido, lo cual me alegra porque no quiero terminar viviendo una tragedia similar a la que hoy enfrentan los venezolanos.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de marzo de 2014. La fotografía la tomó Jorge Jacobs el viernes 21 de febrero por la noche, cerca de la Plaza Altamira, uno de los principales puntos de protesta de los estudiantes.

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7.15.2013

A quién creer



En camino a la ciudad de los vientos leí en los diarios de mi país que ocho personas más brindaron su testimonio sobre las masacres cometidas, según ellos, por los militares en la zona ixil en los años 1981 y 1982. Los relatos de estos nuevos testigos son tan conmovedores como lo fueron los de quienes atestiguaron en contra de Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez. Es imposible no conmoverse con el dolor de otros cuando uno es honesto y desea el bien a los demás. Espera convivir con todos en paz. A una persona justa, de corazón noble, le indigna escuchar semejantes historias.

Sin embargo, cuando uno empieza a hurgar en búsqueda de la verdad, no queda más que dudar sobre la veracidad de las declaraciones de algunos de los testigos. ¿Nos cuentan los hechos tal cual fueron o tal como los convencieron que los contaran? ¿Qué datos relevantes no comparten? ¿Estaban ellos o sus familiares involucrados en el conflicto? En fin, solo sé que uno de los pocos puntos conocido en estos procesos es que son muchos los intereses, principalmente monetarios, detrás de estos. Y no estoy hablando de unos cuantos millones. Me refiero a miles de millones de quetzales, de dólares, de euros… tanto de nuestros impuestos como del dinero ofrecido por los burócratas de la cooperación internacional, el cual sale de los bolsillos de los tributarios de sus países.

Cómo no dudar, cuando en asuntos políticos son comunes las mentiras a la carta y de acuerdo al gusto de aquellos a quienes quieren convencer los que ansían el poder. Estos últimos son capaces de todo: de rasgarse las vestiduras y ofrecer cualquier cosa con tal de alcanzar sus objetivos. Entre los politiqueros y sus siervos todo se vale. Y no podemos negar el contexto político dentro del cual se están llevando a cabo estos juicios.

Un hecho lamentable, porque la mayoría queremos que haya justicia, pero no por eso vamos a pasar a formar parte del club de los engañados. No dudo de que hubiera militantes de ambos bandos, tanto del ejército como de la guerrilla, que cometieron abusos. Pienso que los responsables de estos crímenes deben pagar las consecuencias de sus acciones: compensar a sus víctimas o a sus deudos en caso de que los primeros hayan muerto. Pero no es lo mismo buscar a quién me la debe que a quién me la paga.

“La única verdad es la realidad”, nos enseñó correctamente Aristóteles. Descubrimiento que no conviene a los manipuladores que desde siempre se han aprovechado de la ingenuidad y la pereza intelectual de la gente. En el pasado esta indiferencia la explicaba la necesidad de trabajar alrededor de 18 horas al día, los 7 días de la semana, para intentar sobrevivir. Hoy, a partir de la revolución industrial capitalista, el panorama cambió para bien de la mayoría. No obstante, muchos optan por ser parte de la masa, fácil de manejar por medio de sus emociones. De la desidia intelectual de unos y del rencor de otros, se aprovechan los estafadores para alcanzar sus metas. Solo creo en la realidad.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 15 de julio de 2013.

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5.27.2013

Ixiles pro Ríos Montt




¿Por qué muchos ixiles se alegraron de que los magistrados de la Corte de Constitucionalidad hayan anulado todo lo actuado a partir del 19 de abril en el juicio por genocidio contra Efraín Ríos Montt? ¿Acaso no se han enterado de todas la barbaridades que, dicen, ordenó que se cometieran en contra de su etnia? ¿O será porque nosotros, los citadinos, no sabemos a ciencia cierta qué sucedió durante el conflicto armado? ¿Nos han vendido una historia manipulada que ha sido aceptada sin cuestionar su veracidad?

En Prensa Libre del miércoles 22 de mayo el alcalde de Nebaj de 1988 a 1991, Diego Rivera, opina que “la anulación de la sentencia tiene satisfechos a los habitantes de Nebaj… lo único que el exgolpista hizo fue darles paz, seguridad y amnistía en el momento más crítico de la guerra”. ¿Por qué Rivera no prestó declaración en el juicio? Es importante para que no quede duda razonable en lo que respecta al veredicto en el proceso contra Ríos Montt y Mauricio Rodríguez, que se escuche a más de los habitantes del área ya que la hipótesis del Ministerio Público (MP) es que el objetivo del Ejército era exterminarlos. Y, por lo visto, no todos los ixiles comparten la visión del MP. ¿Por qué?

Según Rivera: “En primer lugar, si Ríos Montt no hubiera venido, la guerrilla nos hubiera acabado. En segundo lugar, en la región ixil hubo muertos desde 1969 hasta 1996, y no es justo que se juzgue a un hombre por genocidio, porque insistimos que aquí no lo hubo… No agradecemos a la CC por anular la condena porque era obligación de los magistrados corregir a los jueces del Tribunal que, en vez de dictar sentencia en un mes, se hubieran tomado la molestia de visitar Nebaj, Chajul y Cotzal, para conocer a fondo la realidad de lo que vivimos”. Entonces, ¿los investigadores del MP no hicieron bien su trabajo y ni siquiera visitaron la zona donde supuestamente se dieron los hechos para confirmar su acusación?

Algo similar ocurrió hace 10 años para las elecciones de 2003. Como explica Jorge Jacobs en su columna en Prensa Libre del jueves 23 de mayo: “…el pueblo ixil votó a favor de Ríos Montt cuando fue candidato presidencial en 2003… Si sumamos los votos de los tres municipios de la región ixil…Ríos Montt obtuvo el 44.4 por ciento de los votos y el candidato de la URNG apenas el 3.9 por ciento.... Ríos Montt quedó en tercer lugar a nivel nacional; sin embargo, en la región ixil obtuvo el primer lugar”.

Como bien dice Ayn Rand: "Cuando estoy en desacuerdo con un hombre racional, dejo que la realidad sea nuestro árbitro final; si no me equivoco, mi interlocutor va a aprender; y si yo estoy equivocada, seré quien aprenda. Uno de nosotros va a ganar, pero ambos nos vamos a beneficiar". Todos los que vivimos en Guatemala nos vamos a beneficiar con la verdad, aún aquellos que desprecian la evidencia porque temen reconocer que se equivocaron. De esa manera se podrá hacer justicia: determinar los crímenes reales que se cometieron y juzgar a los responsables, sin importar quiénes sean.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 27 de mayo de 2013.

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11.26.2012

Un día tranquilo




¿Será un sueño imposible en Guatemala? Por supuesto, mi sueño completo es que ese día se repita la mayoría de veces posible, y no como es hoy la vida real en mi país. Son tantos los abusos, los crímenes, las miserias… que a veces parece que muchos se han acomodado al estado actual de las cosas y han dejado a un lado, abandonada, la esperanza de que la situación cambie para bien de todos. O, al menos para la mayoría que asume sus responsabilidades, comenzando por mantenerse a sí mismos y a las personas que libremente haya decidido apoyar.

Mientras hago ejercicios suelo ver, entre otras cosas, noticieros internacionales. Precisamente en esas me encontraba un día de la semana pasada cuando vi una nota sobre un hecho que había escandalizado a los londinenses: un hombre, sin explicación conocida, atacó a una adolescente por la espalda, golpeándola una sola vez en la cabeza. Tan fuerte fue el golpe que la joven perdió el conocimiento. Gracias a unas cámaras de seguridad lograron identificar al antisocial culpable de la agresión. ¡Qué diferente al contexto nuestro! Un caso similar en estos lares ni siquiera hubiera sido noticia, menos hubiera sido resuelto.

Muy diferente es la realidad por acá. Por ejemplo, la semana pasada una familia se destruyó debido a una granada que encontró uno de los niños en una mochila que llevó a su casa. No es esta la primera ocasión en la cual nos enteramos de lo fácil que es toparse con un arma mortal en cualquier esquina de la ciudad. Y en el interior la situación es la misma, o peor. ¿A cuántos indignó esta tragedia? A muy pocos, estando ya la mayoría acostumbrada a escuchar sobre hechos parecidos.

Quiero vivir un día tranquilo en el cual el Ministro de Gobernación de mi país, encargado de nuestra seguridad, no genere más incertidumbre de la que hay al suplicar amablemente, por sus cuentas públicas en las redes sociales, a una partida de delincuentes y criminales ¿o terroristas? que por favor le devuelvan los explosivos, junto con sus respectivos detonadores, que robaron de unos vehículos que previamente quemaron los mismos sujetos a quienes se dirige. Un día en el cual pueda caminar tranquila por cualquier espacio, donde quiera y pueda, sin miedo a quedar en medio de una balacera de narcos, sin temer a que en cualquier momento puedo pasar a formar parte de la estadística olvidada de las miles de víctimas de la llamada guerra contra las drogas.

Un día en el cual no me tope con una breve nota perdida entre los reclamos de algunos oportunistas, en la cual informan del hallazgo del cadáver de un recién nacido abandonado a su suerte que poco le sirvió en este mundo, otra víctima más, ahora de la ley antiadopciones que ha condenado a miles de criaturas no queridas por sus progenitores a una vida en el abandono y sin la posibilidad de crecer dentro del seno de una familia. Un día en el cual los saqueadores, los vividores, los mentirosos… ocupen su lugar.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 26 de noviembre de 2012. La foto del amanecer la tomé un día que esperaba fuera tranquilo. No importa la fecha.

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11.18.2012

¡Salú!




Y, si le sumamos a la salud el dinero necesario para satisfacer nuestras necesidades y alcanzar nuestros objetivos que, sin duda, incluyen todo aquello que anhelamos para ser felices; y si además hemos encontrado el amor, ese alguien único con quien compartir nuestra vida y que refleja nuestros valores más altos, habremos completado el conjunto de deseos comunes a la mayoría de seres humanos. Y me atrevería a apostar que ningún individuo se libra en la realidad de tales deseos. Aún aquel que se expresa despectivamente en contra de lo anterior, en lo más recóndito de su ser ansía la trilogía humana de la felicidad. En mi opinión, tal postura displicente es sólo una máscara que sirve para ocultar su miedo a fracasar en el intento de alcanzar la trinidad listada.

Por otro lado, hay muchos que, lamentablemente, en lugar de considerarse protagonistas de su vida, asumen un papel de víctimas cuyo guión asigna otros seres, reales o imaginarios, la culpa de sus fracasos. No tienen salud porque no se las da gratis el ficticio Estado. No tienen dinero porque los han explotado, aunque sea muy poco lo que hayan trabajado y producido en su vida. Y creen que el gobierno ha fallado en su deber de entregarles una parte de lo que otros han creado. Nadie los quiere porque nadie los entiende: es tal su grandeza que están fuera de toda probabilidad de ser comprendidos por cualquier simple mortal, por eso desprecian a los demás. Se engañan creyendo que alguien les envidia la amargura con la cual llenan su existencia. Si supieran que en el mejor de los casos provocan lástima, y en la mayoría de las veces, indiferencia. Al fin, cada quien cosecha lo que siembra.

Yo, vivo la vida con alegría. Pero no una alegría ingenua, que falsea la realidad, que es propia de aquellos cándidos volterianos que sólo atraen para sí mismos desgracias y luego, irracionalmente, las celebran y racionalizan. Mi alegría está fincada en el reconocimiento de lo que es y la búsqueda dentro de la realidad de los medios que me permitan alcanzar mis propósitos. Sí, la mía es una vida con propósitos que espero llevar a cabo en esta Tierra y en esta, mi única existencia. Pienso al igual que uno de mis héroes literarios, Francisco D’Anconia, que el ser humano más depravado es aquel que no tiene propósitos. Que desperdicia su bien más preciado: su propia vida. Si no vivimos, nada importa. Para valorar y actuar necesitamos vivir. Quien no se valora en la justa medida, quien no se cuida termina más pronto, y con menos logros, ese camino irrepetible que es más importante que su destino. El camino de la vida, que nos lleva a todos a la muerte.

Por supuesto que es más fácil decirlo que cumplirlo. Sobre todo en el principio, cuando empezamos a cuestionar los paradigmas a partir de los cuales actuamos, ya que hemos sido educados para creer que primero van los demás y después nosotros. ¡Cuántos no temen decir que se quieren y quieren ser felices! ¡Cuántos sienten vergüenza sólo de pensarlo y nunca se van a atrever a expresarlo! ¡Cuántos desperdician su valor más importante: su propia vida! Cuántos ignoran que para poder valorar, actuar, amar… y ser felices, primero necesitan estar vivos.

Hoy que escribo estas líneas me tuve que bañar con agua fría. Mi calentador se arruinó ayer. Pude calentar agua en la estufa para bañarme, pero decidí retarme y opté por sentir correr por mi cuerpo el líquido frío. Fue una experiencia memorable. Experiencia que espero no tener que repetir pronto. Pero la aprecié porque, primero, superé el reto; y segundo, terminé sintiéndome revitalizada, con más energía y más lúcida que otros días. Pensé que para millones escuchar que tienen derecho a buscar su felicidad en el presente, en esta vida, será como ese baño de agua fría que los despierta de la pesadilla en que han vivido. ¿Se anima al helado despertar? Salú.

Artículo publicado en la Edición 34 de la revista "NuChef", del bimestre febrero-marzo 2012.

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6.11.2012

El problema del engañado




El pasado martes 5 de junio, publiqué en las redes sociales que frecuento (Facebook y Twitter) una idea que hace tiempo habita en mi cabeza. Compartí con otros cibernautas lo siguiente: “El problema no son los mentirosos. El problema son aquellos que les creen. Aquellos que por miedo a vivir plenamente se acomodan y se dejan engañar”. Pese a que el pensamiento y el orden de las palabras son míos, casi inmediatamente empecé a recibir comentarios sobre una canción de Ricardo Arjona que decía algo similar.

Mi respuesta a quienes me informaron sobre lo escrito por nuestro compatriota fue la misma en todos los casos: que no conocía la canción de Arjona. Reconozco sus logros y la tenacidad con la cual ha buscado sus sueños y los ha hecho realidad. Una actitud loable. No obstante, su música, en la mayoría de los casos, no es de mi agrado. Bien dijeron los escolásticos: “los gustos no son discutibles”. Agregué en mi respuesta que el contexto en el cual ambos habíamos identificado un problema era distinto. Yo me refería al ámbito político, y él al ámbito sentimental. Además, podría asegurar que no somos los únicos que hemos dicho algo similar.

Sin embargo, curiosa como soy, después de responder a las personas que amablemente se habían comunicado conmigo, volé a YouTube a buscar la canción de Arjona, en la cual encontré otras afirmaciones que, pienso, podemos aplicar igualmente a nuestra esfera pública, no solo la privada: “El problema no es que mientas, el problema es que te creo… El problema no es cambiarte, el problema es que no quiero… El problema no es que duela, el problema es que me gusta… El problema no es lo que haces, el problema es que lo olvido… El problema no es qué digas, el problema es lo que callas”. ¿Necesito explicar por qué lo anterior también describe en gran parte la relación entre los políticos y muchos de los ciudadanos? ¿El autoengaño del gobernado que acepta las mentiras del gobernante?

"Puedes ignorar la realidad, pero no las consecuencias de ignorarla" escribió Ayn Rand. Por eso, la condena del engañado es vivir desencantado. Vivir con temor y a la espera de un cambio que no vendrá. Culpando a otros de su fracaso. Renegando de quienes lo engañaron en el pasado, pero cayendo en las mismas trampas en el presente. Total, cree que es más fácil que otros se encarguen de satisfacer sus necesidades. Que se responsabilicen los demás de su existencia.

La verdad del engañado es que se engaña a sí mismo. Quiere ser engañado. Sus motivos son variados. Le gusta ser engañado por desidia, porque desea que otros se encarguen de sus necesidades. Le gusta ser engañado por miedo a asumir las consecuencias de sus acciones: por miedo a ser responsable. Le gusta ser engañado por envidia, por sentirse incapaz de lograr sus objetivos y de alcanzar los éxitos que otros han conseguido, ya sea en el ámbito material o en el mundo intelectual. El engañado es masoquista: le gusta ser engañado. No se engañe.


El presente artículo fue publicado el lunes 11 de junio de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de la página de “Libertad Uruguay” en Facebook.

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8.29.2011

La verdad del mentiroso




“Verdad” es la coherencia, la congruencia de lo que pienso (y declaro) con la realidad: con el estado actual de las cosas. Y es una realidad indiscutible que en Guatemala, y en casi todo el mundo, las circunstancias en las que estamos viviendo se acercan peligrosamente a un caos que pareciera no tener solución. Eso a pesar de los impresionantes avances que se dan en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

Lo anterior, a mi entender, se da por la crisis conceptual en la que vivimos y por haber aceptado muchos un código moral ajeno a la naturaleza humana. Un código imposible de cumplir que lleva a la mayoría a vivir en una constante contradicción y a falsear la realidad. A ser deshonestos con ellos mismos y con los demás.

Una de las más claras evidencias de esto lo encontramos en la política. Motivo por el cual me sorprendió el descaro con el cual recientemente declaró Manuel Baldizón que “Los políticos siempre ofrecen cosas que no pueden cumplir. El problema es que usted les crea”. Un candidato presidencial a quien considero uno de los más mentirosos que he conocido. Sin embargo, en esta ocasión, reconoció una vital verdad.

La que sí confundió el problema hace unos días es Rigoberta Menchú cuando dijo a Siglo Veintiuno que “La beneficencia genera dependencia crónica”. Lo que genera dependencia es el paternalismo del abstracto Estado que promueven los gobernantes con el dinero de los tributarios. Error que lleva a ideas como la expresada por un columnista que cree que “…la gente no sólo quiere que la apaleen, sino que también que de vez en cuando le den de comer”. ¿Acaso las personas son animalitos de granja para que les den de comer sus propietarios?

Todos queremos satisfacer nuestras necesidades: un anhelo legítimo. Lo injusto es que haya quienes quieren hacerlo a costa de otros. Pero, como bien escribió Martha Gellhorn: “La gente está más dispuesta a tragarse la mentira que la verdad…”. Prefieren morir engañados.

El hombre que actúa de mala fe (que miente, que se engaña a sí mismo y a los otros), según Jean-Paul Sartre en “El ser y la nada”, se explica porque la persona no es lo que es y pretende ser lo que no es para evitar la angustia de tomar decisiones. Para evitar esa condena a ser libres de la que escribió el filósofo existencialista mencionado. Y, agrego yo, evitar asumir la responsabilidad de sus vidas y las consecuencias de sus acciones.

Cito textualmente a Sartre en la obra mencionada: “…en la mala fe somos-la-angustia-para-huirla en la unidad de una misma conciencia”. ¿Será posible, al final, huir de nuestra propia voz interior que nos advierte del engaño de los otros, engaño que aceptamos para engañarnos a nosotros mismos? No lo creo. Quienes aceptan las mentiras con las que otros pretenden alcanzar sus objetivos, en este caso llegar al ejercicio del poder, saben que pagaran los costos de esa decisión. Pero, al menos creen que pueden culpar a otros de su fracaso.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 29 de agosto de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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7.11.2011

Contigo en la distancia



Aunque no tan cerca. A pesar de que por medio de internet me mantengo informada sobre lo que sucede en Guatemala, la lejanía me hace evaluar los hechos recientes en mi país de manera diferente. Al final, nuestra apreciación de la realidad, siendo nosotros parte de esta, depende del contexto en el cual nos encontremos. Eso no quiere decir que la realidad cambie: la realidad es lo que es. Pero sí es diferente cómo la valoramos si la vivimos de cerca o si la observamos de lejos, la que es mi particular circunstancia hoy que escribo mi artículo semanal que se publica en Siglo Veintiuno.

Por supuesto, imagino que en épocas pasadas no quedaba más que atenerse a lo que se lograba conocer, en un principio del siglo pasado, por medio de la radio y luego por la televisión. No pienso remontarme a los siglos anteriores al veinte, donde la comunicación dependía de las cartas que tardaban hasta meses en llegar antes de la invención del telégrafo. Sin embargo en el caso guatemalteco, que sigue siendo un país poco importante en el mundo, es difícil que se mencione en los medios tradicionales lo que sucede, a menos que decapiten a 20 personas en cualquier rincón olvidado en el campo de batalla de la más trágica guerra de hoy: la guerra (perdida) contra las drogas prohibidas. Y eso que no me encuentro del otro lado del mundo. Apenas estoy a unas horas en avión de la que es mi nación.

No obstante, gracias a las redes sociales virtuales como Twitter y Facebook, conozco las noticias más relevantes de esta semana en mi terruño. Sé de la reciente violación al derecho a la libre locomoción de la mayoría, por una minoría de delincuentes manipulados por la gente del Presidente Álvaro Colom para presionar a los diputados a que aprueben las últimas (espero) locuras del mencionado que en unos meses va a entregar el poder a alguien que, como van las cosas, no va a ser su exesposa, Sandra Torres, cuyo reciente amparo no va a cambiar el desenlace esperado.

Probablemente tampoco lo sea el protestante (porque el Registro de Ciudadanos rechazó su candidatura), supuestamente expastor, Harold Caballeros que, por no dejar su negocio religioso (¿quién cree que Caballeros no influye sobre las decisiones que toma su esposa, actual líder de su iglesia?), tampoco fue inscrito como candidato a la Presidencia.

A lo mejor se cumple lo presentado por las encuestas y el próximo Presidente será un general retirado. Que, por cierto, espero que también haya retirado sus armas (y las de uno de los guardaespaldas de su hija) y no pretenda usarlas para amedrentar a aquellos que no nos cuadramos ante nadie y vamos a cuestionar las acciones de los gobernantes siempre que estos abusen del poder, violenten los derechos de los mandantes (quienes mandan) y no cumplan con sus obligaciones de mandatarios (los que obedecen el mandato). Por cierto, los primeros, los mandantes, somos nosotros, los taxpayers. Los ciudadanos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de julio de 2011. La fotografía la tomé el lunes 4 de julio de 2011 en las playas de Ft. Lauderdale, Fl. EE. UU.

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11.29.2010

CICIG



Crisis de Identidad Conceptual Institucional Generalizada: CICIG. Sé que más de uno, pudo confundir las siglas que sirven de título a mi artículo con las de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, aparato burocrático creado por los dirigentes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para supuestamente combatir a grupos del llamado crimen organizado.


Hoy me dedico a pensar si hay algo rescatable del experimento mencionado. Hoy que somos testigos de la debacle anunciada por algunos, entre ellos yo, hace casi siete años cuando aún pensaban llamarlo “CICIACS”. Hoy, después de haberme presentado el jueves 25 de noviembre de 2010 al Ministerio Público para aclarar la falsedad de las acusaciones en mi contra de ser parte de una campaña de desprestigio contra la impune y poderosa entidad citada. Hoy que es vital rescatar el concepto de justicia. Justicia, que no es encontrar quién la paga, sino quién la debe y compensar a la víctima.

No es el objetivo de los ciudadanos guatemaltecos “apoyar a la CICIG”, como lo dijo recientemente una académica guatemalteca, según nota de Prensa Libre del pasado viernes. El fin es que haya justicia: que se le de a cada quién lo que le corresponda. Que los antisociales, que violenten los derechos individuales de otros, reciban el castigo que merecen y paguen las consecuencias de sus acciones. Y, por supuesto, lo más importante es, repito, que se compense a la víctima. Pero me refiero a la víctima real, no al ficticio Estado, que termina siendo la excusa para que aquellos que detentan el poder, terminen lucrando y beneficiándose de los dictámenes de los tribunales.

Una de las peores CICIG en nuestro país es la que impera en los medios de comunicación. Por ejemplo, llamar a la iniciativa que pretende acabar con el derecho de propiedad y la presunción de inocencia (la Ley de Extinción de Dominio) ley antinarco, no sólo es ingenuo, sino es una manera de desinformar y confundir. Algo que debería ser señalado y evitado. Más si sabemos que el fin del periodismo es la búsqueda de la verdad de los hechos. Lo que hace necesario reconocer que existe la verdad: la realidad, única, de la cual somos parte. Por supuesto, nadie conoce toda esa realidad: el conocimiento no sólo está disperso, sino hay más cosas de la realidad que desconocemos que las que conocemos. Pero lo anterior no es excusa para falsearla y pretender que no se puede conocer.

La confusión conceptual en algunos casos, en otros la crasa ignorancia, sin olvidar al sofista falsificador y distorsionador de los conceptos, son el origen de las malas decisiones políticas y el fracaso de las estrategias adoptadas a la fecha. En fin, sobre este tema espero elaborar más en futuras entregas. Hoy escribo sólo para reconocer ese ¡ajá moment! como le llamaría Albert Loan. O, como lo hemos chapinizado sus estudiantes con un sencillo ¡sí pues! Algo es rescatable de la CICIG para enfrentar a la raíz de nuestros problemas: sus siglas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 29 de noviembre de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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10.05.2010

The big picture


Ambicioso fin el mío.

Bueno, al menos quisiera cavilar sobre la parte del big picture que yo puedo conocer. En algunos casos mi saber es más profundo que en otros así que, sin duda, harán falta piezas para completar el rompecabezas. Además del breve espacio con el que cuento para reflexionar sobre un tema inconmensurable. Tal vez mañana le de prioridad a la escritura por encima de la lectura, lo cual me permitiría abordar tan crucial asunto como pienso que debe ser abordado. Por ahora, me conformo con invitarlo a que no sólo nos preocupemos por el árbol que tenemos enfrente, sino que nos percatemos del bosque al cual pertenece.

Al fin, para entender la actualidad, tenemos que conocer el contexto en el cual transcurre. Identificar la realidad ES la condición sine qua non para encontrar los medios idóneos, correctos, para cambiar aquello que podemos cambiar y aceptar lo que va más allá de nuestra capacidad, tanto en lo individual como en lo que nos concierne como especie. No podemos cambiar nuestra naturaleza. Sólo podemos reconocerla y promover normas que vayan de acuerdo con ésta. Reglas que faciliten la cooperación e intercambio entre nosotros, seres teleológicos.

El tiempo que compartimos es un tiempo plagado de contradicciones. Probablemente así fue en gran medida en los tiempos de nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos… Y la principal diferencia sea que hoy contamos con infinitamente más bienes y conocimientos para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Lo anterior gracias a la Revolución Industrial, la cual se pudo haber llevado a cabo desde la época de los griegos.

¿Dónde estaríamos en nuestro siglo veintiuno si no hubiera sido por la ignorancia, superstición y temor infundado de algunos personajes poderosos a la razón y los consiguientes descubrimientos e inventos producto de su uso? Por supuesto, no me refiero a quienes confundieron tan vital facultad humana con la imaginación desbordada que los llevó a alejarse del objetivo del uso de la razón: distinguir la realidad de la ficción. Aunque algunos de ellos sean considerados filósofos por los temas que abordaron y los sistemas que crearon.

Es importante apuntar que, a pesar de todos esos avances, continuamos insatisfechos. Hecho que considero una bendición, ya que el día que no tengamos un aliciente para actuar, ese día, nuestra vida terminó. Y no sólo la propia. La de todo homo sapiens que no tenga incentivos que lo motiven a actuar, ya que es el ánimo de pasar de un estado de insatisfacción, a uno de menor insatisfacción después de breves instantes de realización, parafraseando a Ludwig von Mises, lo que movió, nos mueve y moverá a progresar.

Veo el reloj. Me acerco al mediodía de otro enriquecedor viernes. En poco más de media hora estaré pensando en voz alta y “Todo a Pulmón” con mis oyentes. Espero que al llegar el atardecer, las Hespérides guarden las manzanas, que espero sean de oro, que hoy haya producido. Me retiro.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 4 de octubre de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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5.02.2010

Evasión virtual


Hoy me enfrento a la hoja en blanco con pocas ganas de escribir. Ya sé, ya sé… ya sé que en realidad tengo enfrente una pantalla y un teclado de computadora el cual se niegan a tocar mis dedos. O les cuesta mucho hacerlo, si no ¿cómo hubiera escrito lo que usté lee en este momento? No hay de otra: tengo que usar las extremidades superiores, porque si uso las inferiores, rápidamente se darían cuenta que escribí con los pies: los extremos que, es sabido, muchos han usado para alejarse de lo que “ocurre verdaderamente” en Guatemala y otros países de Latinoamérica.

Me gusta imaginar que tengo una pluma en la mano, que la mojo en el tintero y al apoyarla en el papel una extraña fuerza mueve mis manos. Mis manos convertidas en simples instrumentos para escribir, parafraseando a Pablo Neruda, los versos más graciosos esta mañana. Aunque sea el primer verso: me falta mucho para llegar al veinte. A lo mejor, ya que no los haré reflexionar, al menos los hago reír. Más si en lugar de pluma uso un cálamo. ¡Cuántos lapsus cálami cometería!

No sé si no deseo escribir sobre la realidad concreta o simplemente no sé por dónde empezar de tantos temas que hay que abordar. ¡Cómo si fuera una obligación de la presente escribidora sin inspiración! Total, tanto en la esfera pública de todos como en la esfera privada mía, restringida y nunca agotada, me sobran issues vitales que suelen casi siempre intrigarme, inquietarme a veces y ocuparme la mayor parte del tiempo.

Para agarrar aviada (¿es este un localismo de nuestro país, un chapinísmo?) me sumerjo en la realidad virtual de las redes sociales en la Internet. ¿Será que lo hago para evadir el “estado actual de las cosas”? Y no me refiero a mi status en Facebook. Al final creo que me lleva a ese espacio creado por los mind freaks (los Gates, los Von Ahn, los Zuckerberg) el ánimo de compartir con otras personas. Lo extraño es que a la mayoría de los miles de internaútas con los que me topo no los conozco, pero siento su presencia.

Por cierto, no es la primera vez que me encuentro con más ganas de leer que de escribir. O divagar en lugar de concentrarme o afanarme en cambiar el mundo. Aclaro: nunca conquistarlo Pinky. En fin, en otras ocasiones me sucede lo contrario: muero por escribir y lo hago en lo que tenga cerca: una servilleta, un libro o mi misma mano. Y lo enfatizo: me refiero al deseo de escribir. Porque cambiar el mundo ¡es imposible! Al menos para una persona que actúe en solitario, cual llanero más perdido que el hijo de la Llorona en el día de las madres. Aunque, me pregunto ¿no es la única constante, el constante cambio?

Probablemente, muchos individuos, juntos pero no revueltos, partiendo de las ideas correctas… Puede ser… Tal vez podríamos influir para bien en el progreso humano tanto en el presente como en el largo plazo. Pero para que esto sea una verdad indiscutible, muchos habrán de superar el irreal postmodernismo y sus creencias falaces. ¿Se atreverán a pensar fuera del mainstream?
Hasta la próxima y btw: BAZZINGA.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de mayo de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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