Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

3.27.2017

La orfandad estatal



Una de las mayores tragedias que puede enfrentar un ser humano, es la de depender de los gobernantes que, en nombre del abstracto Estado, supuestamente asumen la responsabilidad de satisfacer sus necesidades y velar por su bienestar. Una responsabilidad que no es propia de la naturaleza de un gobierno. Pero es aún más trágico cuando esa dependencia es propiciada, esperada y aprobada por el mismo individuo, el cual termina viviendo insatisfactoriamente en la miseria: personas que son víctimas del engaño basado en el falso argumento de que la función del Estado es asegurarle todo aquello que considere necesario para vivir bien.

Sin embargo, dentro del contexto anterior, la peor de las tragedias es aquella a la cual adultos bien intencionados, pero totalmente equivocados, condenan a los niños a vivir bajo la tutela de los gobernantes que, repito, son quienes actúan en nombre del abstracto Estado. Niños, niñas, algunos recién nacidos, otros que ya han crecido bajo la tortura de vivir con padres que los maltratan y abusan de ellos. Criaturas indefensas y malqueridas que en muchos casos terminan reaccionando violentamente ante las circunstancias que les tocó vivir, llegando en ocasiones a cometer con otros los crímenes que fueron cometidos con ellos. Un círculo vicioso que es difícil de romper. Y más difícil es cuando los burócratas que quedan a cargo de ellos son peores que los familiares irresponsables de los cuales han sido apartados.

Antes de que fuera aprobada en el año 2007 la ley antiadopciones, varios miles de huérfanos tenían la expectativa de encontrar quién los adoptara, y que el proceso de sanar las heridas que desde pequeños les habían sido provocadas, se diera dentro de un ambiente familiar amoroso que les permitiera llegar a vivir vidas plenas y felices. No obstante, gracias a la exitosa campaña negra en contra de las adopciones, dirigida desde la misma UNICEF, esa esperanza se perdió.

Es cierto que hubo algunas denuncias (menos del uno por ciento de las adopciones), que debieron ser investigadas. Pero eso no justificaba que se condenara al noventa y nueve por ciento restante a vivir bajo la tutela de los gobernantes. Tampoco que se responsabilizara al tributario de los gastos de las ahora casi inexistentes adopciones, cuando antes estos gastos corrían a cargo de quienes quería adoptar. La ironía mayor es que, al final, no sólo no investigaron y menos se resolvieron las pocas denuncias reales, sino que ahora el costo de las contadas adopciones que hay es multimillonario y la única que se vio favorecida en el largo plazo con la estatización de las adopciones es la corrupción.

Hoy tenemos la oportunidad de corregir ese tremendo error que se cometió hace 10 años. Pero el éxito de este emprendimiento dependerá de la cantidad de gente que se involucre. Ojalá entre estos se incluyan quienes apoyaron este crimen hace una década. Tienen la oportunidad de enmendar sus errores y evitar más tragedias como la del “Hogar ‘inseguro’ de la Virgen de la Asunción”. Exijamos que se derogue, urgentemente, la ley antiadopciones.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 20 de marzo de 2017.

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3.13.2017

El refugio inseguro



El refugio inseguro es el Estado visto como una especie de ser inmaterial, capaz de satisfacer todas nuestras necesidades. Una especie de padre imaginario todopoderoso, una contradicción aceptada por muchos. Y más peligroso es aún, cuando se pretende que los gobernantes, en nombre de tal abstracción, se hagan cargo de las demandas de la mayoría, que rara vez son satisfechas, ya que tales obligaciones son contrarias a la naturaleza del gobierno. Todavía peor, son contrarias a la propia naturaleza del hombre.

Es por eso que, en lugar de vivir mejor cada día de manera sostenida, entre más intervienen los gobernantes en nuestras vidas, mayores son las miserias que encontramos en el camino. Es por eso que ese Estado Benefactor atrae a los peores representantes de nuestra sociedad. Es por eso que los gobernantes terminan aliándose con los grupos de presión que proliferan en ese Estado, una alianza que termina violentando los derechos individuales del resto.

Un ejemplo tremendo de lo anterior es la tragedia del miércoles pasado en el mal llamado hogar seguro, en el cual habían muerto al momento que escribo estas líneas 37 jóvenes mujeres cuya vida, desde que nacieron, fue más difícil que para muchos. Abandonadas y/o violentadas por sus padres y, para colmo de males, condenadas por burócratas nacionales e internacionales a existir precariamente bajo la tutela del Estado. Sí, condenadas a no ser adoptadas por aquellos que podrían haberles brindado un hogar amoroso en el cual se hubieran podido desarrollar. Condenadas a vivir en un infierno y morir en la hoguera por quienes no escucharon que el camino que lleva a tal destino está empedrado de buenas intenciones.

El origen de esta tragedia en particular es fácil de encontrar: la ley antiadopciones que se aprobó hace una década durante el gobierno de Óscar Berger. El, la gente que la promovió y los diputados que la aprobaron deben de ser señalados como responsables. Pero también los son todos aquellos que aplaudieron una medida que, con un poco de esfuerzo mental que hubieran hecho por aclararse las ideas, habrían previsto las consecuencias en el largo plazo de otorgar más poder a los gobernantes, hacer las adopciones casi imposibles e institucionalizar a los huérfanos. Se preocuparon más por lo que podrían ganar algunos de los involucrados, que por el bienestar de los niños abandonados y/o maltratados.

Lamento haber estado en lo correcto hace 10 años cuando escribí lo siguiente: “¿Cómo puede alguien creer, conociendo la ineptitud de los gobernantes en cumplir con sus funciones primordiales, que estos van a saber qué es mejor para los huérfanos? ¿Gente que sólo le interesa robar nuestros impuestos?... Si entran en vigencia las leyes que centralizan la adopción, en lugar de poner un alto a los supuestos actos criminales denunciados, los multiplicarán, junto con la corrupción que va a acarrear la discrecionalidad que le otorguen a los burócratas a cargo”. Llegó la hora de corregir de raíz el error. La ley antiadopciones debe ser derogada.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de marzo de 2017.

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11.26.2012

Un día tranquilo




¿Será un sueño imposible en Guatemala? Por supuesto, mi sueño completo es que ese día se repita la mayoría de veces posible, y no como es hoy la vida real en mi país. Son tantos los abusos, los crímenes, las miserias… que a veces parece que muchos se han acomodado al estado actual de las cosas y han dejado a un lado, abandonada, la esperanza de que la situación cambie para bien de todos. O, al menos para la mayoría que asume sus responsabilidades, comenzando por mantenerse a sí mismos y a las personas que libremente haya decidido apoyar.

Mientras hago ejercicios suelo ver, entre otras cosas, noticieros internacionales. Precisamente en esas me encontraba un día de la semana pasada cuando vi una nota sobre un hecho que había escandalizado a los londinenses: un hombre, sin explicación conocida, atacó a una adolescente por la espalda, golpeándola una sola vez en la cabeza. Tan fuerte fue el golpe que la joven perdió el conocimiento. Gracias a unas cámaras de seguridad lograron identificar al antisocial culpable de la agresión. ¡Qué diferente al contexto nuestro! Un caso similar en estos lares ni siquiera hubiera sido noticia, menos hubiera sido resuelto.

Muy diferente es la realidad por acá. Por ejemplo, la semana pasada una familia se destruyó debido a una granada que encontró uno de los niños en una mochila que llevó a su casa. No es esta la primera ocasión en la cual nos enteramos de lo fácil que es toparse con un arma mortal en cualquier esquina de la ciudad. Y en el interior la situación es la misma, o peor. ¿A cuántos indignó esta tragedia? A muy pocos, estando ya la mayoría acostumbrada a escuchar sobre hechos parecidos.

Quiero vivir un día tranquilo en el cual el Ministro de Gobernación de mi país, encargado de nuestra seguridad, no genere más incertidumbre de la que hay al suplicar amablemente, por sus cuentas públicas en las redes sociales, a una partida de delincuentes y criminales ¿o terroristas? que por favor le devuelvan los explosivos, junto con sus respectivos detonadores, que robaron de unos vehículos que previamente quemaron los mismos sujetos a quienes se dirige. Un día en el cual pueda caminar tranquila por cualquier espacio, donde quiera y pueda, sin miedo a quedar en medio de una balacera de narcos, sin temer a que en cualquier momento puedo pasar a formar parte de la estadística olvidada de las miles de víctimas de la llamada guerra contra las drogas.

Un día en el cual no me tope con una breve nota perdida entre los reclamos de algunos oportunistas, en la cual informan del hallazgo del cadáver de un recién nacido abandonado a su suerte que poco le sirvió en este mundo, otra víctima más, ahora de la ley antiadopciones que ha condenado a miles de criaturas no queridas por sus progenitores a una vida en el abandono y sin la posibilidad de crecer dentro del seno de una familia. Un día en el cual los saqueadores, los vividores, los mentirosos… ocupen su lugar.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 26 de noviembre de 2012. La foto del amanecer la tomé un día que esperaba fuera tranquilo. No importa la fecha.

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12.13.2010

Liberleaks @mydda


Como afirmaba en mi artículo pasado, me fascina vivir en la época mía. Un tiempo de cambios tan rápidos que para muchos pasan desapercibidos y, casi sin sentirlo, sin darse cuenta, se quedan varados en el olvido del pasado.

Del presente, una de las opciones de comunicación que frecuento es Twitter. A mí, el ser parte de esta red social virtual me ha permitido intercambiar de una manera más cercana con lectores de mis columnas y oyentes de mis programas. Mis amigos invisibles, pero siempre presentes. Y, claro, inevitablemente, un par de supuestos enemigos, masoquistas ellos, quienes me divierten con sus comentarios infantiles y sus irracionales acciones, comenzando por su decisión de seguirme.

Por lo general suelo estar muy activa por la mañana, desde muy temprano, cuando aprovecho a tomar un capuchino cuádruple, leer los diarios y consultar medios internacionales para enterarme de la evolución de los hechos trascendentes y, por supuesto, de las nuevas noticias que recién se empiezan a gestar.

Después de desearles “libertarios días” y de tuitear la temperatura que impera en la frontera sureste de Guajantan, procedo a compartir con mis followers mis primeras impresiones de lo leído. Y algunos de esos tuits quiero compartir con ustedes hoy, porque creo que nos pueden ayudar a aclarar nuestras ideas: a separar lo falso de lo verdadero para que tomemos mejores decisiones, tanto en nuestra esfera privada como en la pública. Omití por seguridad y respeto a la intimidad de mis interlocutores sus nombres y agrupé los mensajes por tema. Es lo siguiente nomás una pequeña muestra de un solo día:

“@xx La información no es libre. Libre es el ser humano. La información es poder. ¿Cómo vamos a usar la información con la que hoy contamos gracias a Wikileaks? Información que muestra la esencia de la política y quiénes son verdaderamente los que ejercen el poder, no sólo los gobernantes de USA. Wikileaks es mucho más que simplemente libertad de expresión. Es la posibilidad de fiscalizar y limitar el ejercicio del poder”.

“Es lamentable la ignorancia de varios columnistas de la era del performance que se alegran, como lo hace Rafael Espada, de la aprobación de la LED (Ley de extinción de dominio). Los mismos columnistas que apoyaron la ley antiadopciones que hoy se evidenció como una condena para los huérfanos en Guatemala. La mentira siempre es despreciable. Es lamentable que se confunda el respeto a los derechos individuales con aceptar la mentira. No es sólo cuestión de ‘querer hacer el bien’. Es cuestión de saber qué ES el bien”.

“@xx Respeto la vida, la libertad y la propiedad de todos. Pero desprecio y denuncio la mentira y la farsa. Lamentablemente por el miedo al qué dirán muchos se callan y se dejan manipular. Un motivo más por lo que vamos de mal en peor. Ningún tinte amarillista. Es la verdad sin adornos que sin duda molesta. Si seguimos falseando la realidad, ¿dónde vamos a acabar?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de diciembre de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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1.04.2009

A la farsa, por el cuerno


Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco "Siglo Veinituno", el lunes 2 de junio de 2008. La fotografia la tomé a mediados del año 2008, en el Hogar Rafael Ayau



Los miembros de la cúpula políticamente correcta creen que todo lo arregla el abstracto Estado. Sus respuestas a los retos que enfrentamos en la esfera pública o privada, las dirigen casi siempre a lo mismo que, irónicamente, siempre es el origen de los problemas. Desean que casi toda acción humana sea controlada por los políticos en el ejercicio del poder. Paradójicamente, terminan burocratizando, centralizando y monopolizando nuestras actividades en individuos irresponsables que no pagan las consecuencias de sus errores.

Uno de los ejemplos recientes es la Adopción. Por cierto, a mí me da igual lo que ganen o dejen de ganar los notarios. Me preocupan y ocupan los huérfanos. A diferencia de los encopetados burócratas e ingenuos útiles que pareciera sólo les interesa avanzar legalmente sus prejuicios ideológicos. Y, por supuesto, alcanzar su objetivo de vivir a costillas de los explotados tributarios.

No me importa cuestionar a los intocables de la dirección periodística nacional, del periodismo de opinión o del reportaje de investigación. Total, a quien le venga el guante, que se lo plante. Y que digan misa de mi persona. Repito: me da igual. No mantengo ninguna relación amistosa o laboral con “ellos y ellas”. No los necesito para vivir y ser feliz. Sé que no soy santa de su devoción y, sin duda, varios de “ellos y ellas” celebrarían por todo lo alto que vetaran a los liberales clásicos y a los libertarios en los medios de comunicación.

Aclaro que respeto la propiedad, la libertad y la vida de todos sin distinción de ningún tipo. Lo que probablemente la mayoría de ellos no haría. Al menos, aquellos que promueven el robo institucionalizado por medio de la legislación. Defiendo, como lo dijo Voltaire, su libertad de expresarse. Lo que no quiere decir que respete opiniones erradas: nunca un argumento falaz, por más bien intencionado que sea, y mucho menos una mentira, van a tener el mismo valor que una verdad. Falsedades y mentiras que hasta la fecha pocas veces han sido cuestionadas de frente, sin la hipocresía característica de la última década.

Pienso que muchas veces los mueve solamente el interés de creerse dueños de esa verdad que luego niegan que exista, influenciados por un postmodernismo relativista, y sin que les importe las consecuencias de su arrogancia. Qué ironía: hecho del cual nos acusan a nosotros, que defendemos la libertad de cada uno de buscar su felicidad a partir de sus fines propios, y nunca hemos pretendido imponer los nuestros a los demás.


¿Por qué dejamos que monstruosidades, cubiertas de supuestas bondades, prosperen en nuestro país? ¿Por qué tanta gente poderosa le teme a la realidad, a los hechos sustentables con evidencia? ¿Por qué deciden a partir de las excepciones, convirtiéndolas en regla? ¿Por qué si saben quiénes delinquen en el país no los denuncian y persiguen? ¿Por qué condenar a los abandonados que no se pueden defender?

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Adoptillismo


Nota: este articulo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de mayo de 2008. La fotografía la tomé en el Hogar Rafael Ayau en septiembre de 2008.


El ataque rastrero contra una de las más nobles Instituciones, la milenaria Adopción, está desbordado. ¿Por qué supuestos defensores de los derechos humanos, políticos y periodistas se han ensañado contra un proceso que permite pasar a formar parte de una familia a un infante que ha sido maltratado, abusado o abandonado? ¿Niños, niñas, que no son apreciados por quienes los procrearon? ¿Qué atractivo tienen los premios de UNICEF que hacen a los periodistas olvidar su misión? ¿Por qué no investigan qué pasó en los países que adoptaron la legislación impuesta por los burócratas que los recompensan?

En fin, sigo sin escribir sobre los temas que ofrecí hace dos semanas. Qué cosa nuestra Guatemala, en la cual el eterno Estado de emergencia del interminable hoy, nos aleja de lo importante del inalcanzable mañana.

Pertenezco, a mucha honra, al reducido grupo de personas a quienes los premios nos importan poco, y menos nos interesa congraciarnos con los burócratas que han encontrado en este tipo de concursos una forma exitosa de promover las agendas de los grupos de presión que representan. Por eso afirmo sin temor que la mayoría de los ataques en contra de los huérfanos están basados en manipulaciones, presunciones y exageraciones. Les recuerdo que cada expediente que se detiene representa a una criatura que anhela a un padre, a una madre o, en el mejor de los casos, a ambos.

Según la Procuraduría General de la Nación, alrededor del 95 por ciento de los niños adoptados son entregados a estadounidenses. De estos últimos, el 95 por ciento presentan dos pruebas de ADN previo a la autorización de la adopción, y el restante 5 por ciento son niños abandonados, de padres desconocidos, los cuales, después de cumplir con el proceso, son otorgados a quienes cumplieron con los requisitos solicitados. Estos datos, verificables, hacen poco creíble el gran negocio del robo de niños que tanto cacarean.


Por supuesto, como he dicho en infinidad de ocasiones, hay que corregir los abusos que algunos hayan cometido en el digno proceso de la Adopción. Pero cumplir esta tarea clave del ámbito de la justicia, no implica enterrar la esperanza de los desamparados. En lugar de estatizar, monopolizar, burocratizar y pasarle el costo del trámite a los tributarios, se debió fortalecer la persecución y condena de aquellos que hubieran incurrido en actos criminales.

Si tanto les preocupa lo que ganan los notarios, en lugar de aumentar los trámites y las regulaciones, debieron eliminarlas y reducir el proceso a un contrato privado entre los padres biológicos que dan a sus hijos en adopción y quienes desean adoptarlos. En el caso de los niños abandonados lo ideal es que se encarguen de su proceso los hogares privados que son mantenidos voluntariamente por gente solidaria. Urgen adopciones y no legislación que las entorpezcan ni amarillismo periodístico que las enloden. Por el bien de los niños.

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2.11.2008

Área roja


Billy, un amigo mío que estudia medicina, me contó que, en las emergencias de los hospitales, el código de área roja se utiliza cuando llegan heridos de gravedad, casi al borde de la muerte o vivos por milagro. La mayoría de ellos se encuentran a escasos minutos de aspirar por última vez. A punto de expirar.

También me comentó que, en las últimas semanas, las atenciones área roja en el San Juan de Dios, donde él hace sus prácticas, han aumentado sustancialmente, al extremo de que hace pocos días se dieron 14 casos en un sólo turno. Una noche solitaria en la que se mancharon el cielo negro y la luna blanca con el rojo de la sangre. Relatos de horror, no producto de la imaginación de un prolífico escritor de novelas policíacas, sino de la realidad actual de un país invadido de peligros que se multiplican ante el estupor de sus habitantes, tan desamparados como los huérfanos violados por la ley antiadopción.

La diferencia entre los infantes y nosotros, los adultos, es que los mayores de edad todavía contamos con los medios para defendernos de los antisociales que atentan contra nuestra vida y nuestros bienes. Los abandonados dependen de otros que nos hemos esforzado por aclararnos las ideas (base de toda vida moral, según Blaise Pascal), y hemos combatido los pajaritos que habitan la mente de aquellos que promovieron la absurda idea de estatizar, centralizar y ahogar el proceso de adopción; monopolizándolo y dejándolo bajo el control de los cuestionados políticos y burócratas, desoyendo todo aprendizaje de los errores cometidos en el pasado, y condenando a miles de niños y niñas a una vida sin padres. Todo para mediatizar sus falsos pruritos y satisfacer sus prejuicios.

En fin, regreso al tema del incremento de la criminalidad, en especial en la última semana que dejó, entre otros, más de diez muertos sólo entre quienes se dedican a la riesgosa actividad de conducir una camioneta. Peligrosa, al menos, en Guatemala. Muchos son los rumores que circulan acerca de quiénes podrían estar detrás de estos hechos y cuáles son los motivos que los impulsan. Que si son miembros de los distintos grupos del partido oficial peleando por cuotas de poder en el gobierno. Que si son un grupo de policías destituidos, animados por el deseo de venganza. Que si son oficiales del ejercito amenazados con ser dados de baja o, en el mejor de los casos, declarados en “disponibilidad”. Que si son narcotraficantes y contrabandistas marcando su territorio. O mareros molestos ante una posible merma de sus ingresos, si acaso se les dificultara el cobro de impuestos al cual han obligado bajo intimidaciones propias de terroristas (como si fueran la SAT) a quienes utilizan el transporte público…

Total, la ficción se queda corta en busca de una explicación. Lo único seguro es que hoy la seguridad y la justicia brillan por su ausencia, dejando nuestro terruño, otrora multicolor, transformado en una gran área roja.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno, el lunes 11 de febrero de 2008.

La fotografía la tomé el 23 de abril de 2007 en Taipei, Taiwán, en una venta de artesanías. Me pareció ideal para acompañar a mi artículo de hoy, no sólo porque me recuerda al anterior gobernante, el “Conejo” Berger, sino porque parece que las actuales autoridades siguen la misma estrategia que el ex Presidente: “no veo, no escucho y no hablo”. Claro, me refiero al tema de la seguridad sin inteligencia ni presencia. De igual manera, podría agregar: “y no hago nada”.

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1.28.2008

Lo siento


Siento mucho, muchísimo, darme cuenta de que, más rápido de lo que había pensado, esa farsa de ley que se vendió como la panacea de los infantes desamparados, abandonados, maltratados, abusados… tantas veces por sus familiares, incluidos sus padres… se cae en pedazos, al salir a luz las verdaderas razones que guiaron a varios de quienes se rasgaban las vestiduras, amenazaban con inmolarse o, al menos, cortarse las venas con pan sándwich (digo, no vaya a ser que se lastimaran al utilizar otro objeto) si no era aprobada.

¿Cuáles son algunas de esas razones? La búsqueda de poder, dinero, fama. Un cómodo puesto en la burocracia estatal que les asegure altos ingresos a cambio de nada. ¿Acaso se les puede exigir el cumplimiento de sus labores? Los podemos criticar, despreciar, recordarles a su madrecita (por suerte ellos sí la tuvieron), decirles hasta de qué se van a morir que, total, a la gente de su especie les da igual. Han llegado a desarrollar tal cuero aceitoso que todo les resbala.

Probablemente hay motivos de índole sicológica que, sin duda, no creo tener la suficiente información como para emitir un diagnóstico y menos sugerir un tratamiento. El resentimiento, la envidia, la frustración, sentirse fracasado, independientemente del éxito alcanzado, son obstáculos que sólo se pueden vencer cuando el individuo reconoce que los padece, y existe un compromiso real del sujeto de tratarse, buscar las raíces de sus males y tomar cartas en el asunto para superarlos. En fin, un problema de quien así siente, así vive y así consume su escaso e irrecuperable tiempo.

Por supuesto que hay que corregir los abusos que algunos hayan cometido en tan noble proceso como es el de la adopción. Pero de eso a sepultar la esperanza de los huérfanos, hay un gran trecho. En lugar de estatizar, monopolizar, burocratizar y pasarle el costo del trámite de las adopciones a los tributarios, se debió fortalecer la persecución y condena de aquellos que hubieran incurrido en actos criminales.

Quienes me hacen el honor de leer lo que escribo, o escuchar “Todo a pulmón” (100.9FM, al mediodía), saben cómo este tema me ha tocado en lo personal. Conocen de mi amistad con un grupo de cariñosos niños que, a pesar de lo queridos que son (yo soy sólo una más entre tantos que daríamos casi cualquier cosa por verlos dichosos e integrados a una familia), anhelan ser adoptados. Seres bellos que desean disfrutar del amor exclusivo de un padre o una madre. Qué mejor si ambos. Pero, al menos con uno de ellos que los ame, los proteja y se dedique por entero, como lo hacen muchos, a brindarles una vida plena de oportunidades, es suficiente.

Se puede enmendar el error. Se puede revertir por medio del activismo jurídico y la indignación de la población consciente. Pero todo ello implica, además del decir, la acción. No debemos quedarnos de brazos cruzados. Todos podemos hacer algo. Por favor, hágalo.

Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 28 de enero de 2008.

La fotografía de Rodolfo la tomé el sábado 26 de enero de 2008, en el Hogar Rafael Ayau.

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12.16.2007

Mi familia



Yo sí tengo familia. Papá, mamá, hermanos, sobrinos, tíos, primos… Gozo de la dicha de que una de mis abuelas vive. Y durante muchos años disfruté del cariño y sabiduría de los padres de mi padre, hoy, espero, amándose eternamente en un mundo ajeno a nosotros, los que vivimos.

Con todo y sus aciertos y errores, como cualquier ser humano, mis padres hicieron un trabajo extraordinario al criar a sus cinco hijos, únicos e irrepetibles. Nobles y, a veces, demasiado ingenuos. Ubicados en ocasiones en las antípodas de la actividad humana, pero siempre coincidiendo en principios y valores heredados de nuestros antepasados.

Es para mi motivo de orgullo ser nieta de José Maria Díaz-Durán, reconocido ginecólogo, entre otras muchas actividades a las cuales se dedicó mi abuelo. Soy la orgullosa tataranieta de Joaquín Díaz-Durán, más conocido como el “Chancle” por sus compañeros: liberal decimonónico, revolucionario idealista, intelectual cosmopolita. Y así, podría listar a mujeres y hombres probos, productivos y respetuosos, cuyo ejemplo sigo.

He tenido muchas oportunidades en la vida que he procurado aprovechar. Por supuesto que me he equivocado en muchas ocasiones. Equivocaciones que he reconocido y cuyas consecuencias he asumido responsablemente.

Sin duda, el hecho de ser parte de una familia ha facilitado muchas cosas en mi vida. Como puede ser también su caso, apreciado lector o lectora. No nos causa mayor daño la recientemente aprobada “Ley de adopciones”. Tal vez nos provoca dolor y tristeza por todas las criaturas frágiles que ahora miran cada vez más lejos la posibilidad de ser parte, como usted y como yo, de un hogar donde gocen del amor y protección que otorgan unos padres. Pero no nos causa más perjuicio que aquel que nos provoque en el bolsillo el hecho de que, según esta norma, lo que antes financiaban las personas interesadas en adoptar un niño o una niña, ahora lo vamos a pagar los tributarios, la presa preferida de los políticos.

A quienes complica aún más la vida, es a aquellos infantes abandonados y maltratados. Qué cosa: al segmento más débil de toda sociedad. Muchos de los cuales no pueden ni siquiera expresar lo que sienten, porque todavía no han aprendido las herramientas del lenguaje. Herramientas que muchos de ellos ni siquiera van a llegar a conocer. Víctimas perfectas de quienes lucran de la miseria ajena con la excusa de aliviarla.

“Roxana Morales, presidenta de la Sala de Apelaciones de la Niñez y la Adolescencia, informó ayer que a los tribunales llegan a diario unos 50 casos de menores por abandono de los padres, maltrato, abuso y explotación sexual, pero a la vez, los hogares de protección están saturados”. Prensa Libre, 27 de octubre de 2007, por Alberto Ramírez. Más de quince mil niños que, según Karla Mata, quien entiendo colabora con Wendy de Berger, no existen. En fin, ¿en qué país viven quienes apoyan la monopolización estatal de la adopción?

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de diciembre de 2007.

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12.04.2007

Patria sin potestad


Pensar es un acto volitivo. No se puede pensar sin un objetivo. Pensar conlleva un esfuerzo por aclararse las ideas. Todo lo demás es divagar. Por ese denuedo, muchos, ante la faena a emprender sin resultados predecibles, prefieren dejar en manos de otros la ardua tarea de pensar. Luego se conforman, sin cuestionar, con los paradigmas generalmente dados por ciertos. Y la mayoría de esos paradigmas están basados más en tergiversaciones de la verdad que en hechos evidentes, verificables. Pura manipulación emocional alejada de la realidad objetiva. Un engaño, generalmente, con un fin político o ideológico.

Y ese, tristemente, es el caso, entre otros, de las adopciones, en el cual, a partir de situaciones condenables que deben ser esclarecidas, como es el caso de algunos secuestros de niños, maliciosamente llamados “robos” (¿quiénes equiparan a los infantes con una propiedad material?) que, sin suficiente evidencia, pretenden relacionar con tan importante Institución. Entonces, fácilmente logran que personas bien intencionadas e ingenuas, con poco tiempo para reflexionar sobre el tema, generalice de la siguiente forma: sustracción de menores ergo adopciones. Concluyendo, de esa manera, que hay que penalizar uno de los actos más benevolentes que han existido: el de dar una criatura a padres que no lo procrearon, pero desean criarlo.

Y así, se les allana el camino a quienes desean acabar con el derecho a la patria potestad, estatizando la adopción, creando burocracia (como todo el entramado de los gobiernos) ineficiente, inefectiva y cara, pagada con el trabajo, riesgo y producción de los tributarios, que han sido privados de una gran parte del fruto de su laboriosidad.

¿Cómo puede alguien creer, conociendo la ineptitud del Estado, en cumplir con sus funciones primordiales de dar seguridad y justicia, que aquellos que decidieron construir la cárcel de máxima seguridad “El Boquerón” al lado de una casa hogar para niñas, van a saber que es mejor para los huérfanos? ¿Gente que sólo corre avorazada a hincarle los dientes a nuestros impuestos? ¿Individuos que ya piñatizaron y se repartieron lo que aún no han ni siquiera recaudado? (Léase: Presupuesto General de la Nación 2008). Y sin duda, no me alcanzan 2900 caracteres para listar las linduras conocidas de los susodichos personajes.

Si entran en vigencia las leyes que centralizan la adopción, en lugar de poner un alto a supuestos actos criminales, los multiplicarían, junto con la corrupción que acarrearía la discrecionalidad otorgada a los burócratas.


Y al final, no sólo acabarían con la libertad de los padres de dar a sus hijos en adopción, sino que dañarían enormemente el derecho a la patria potestad de todos. ¿No me cree? Investigue, conozca, lea las propuestas y pregúntese: ¿si usted llegará a faltar, confiaría en que el gobernante de turno decidiera quienes se encargarían de velar por sus hijos? Pensemos.



Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo Veintiuno", el lunes 3 de diciembre de 2007.

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10.22.2007

En el gobierno roban niños


No falla. Ya se mira venir el ataque. Primero, la primera plana en uno de los diarios de más circulación, que incluye la frase sensacionalista: “robo de niños”. Cuando los términos correctos serían sustracción de menores o secuestro. Sin duda, el primero de los anteriores me parece eufemístico, pero la utilización de “robo”, es manipulador.
Por cierto, un medio donde uno de los propietarios/directores pertenece a la actual familia presidencial. Sospechoso.

Sin embargo, en la más reciente arremetida contra la Adopción, la desesperación de algunos miembros del gobierno de que no se apruebe el proyecto consentido de la Primera Dama, los hizo cometer un error garrafal: en este caso, el robo de niños que pretenden vincular con las adopciones sucedió, ni más ni menos que… ¡enfrente de sus narices! Sí, ahora resulta que son los mismos empleados públicos, en este ejemplo trabajadoras sociales que laboran en el Hospital Roosevelt, quienes se apropiaron de niños de otros.

Para seguir regándola, al día siguiente publican una nota sobre las adopciones de la época de la guerra civil, centrada en aquellas hechas a principios de la década de los ochenta del siglo pasado. Pero algo importante se le pasó al poco objetivo reportero: las descentralización del proceso de adopciones, la cual hoy se quiere revertir, se dio a mediados de la… ¡siguiente década! Información falsa o verdades a medias, de esas que abundan, utilizadas para manipular a la gente y presionar el avance de agendas políticas de algunos burócratas internacionales a quienes, lo que menos les interesa, es el bienestar de los niños mal queridos por sus progenitores.

En fin, los abusos y excesos, los crímenes que se cometen contra los niños abandonados por sus padres, no se van a reducir creando más burocracia estatal, centralizando en políticos las decisiones que tienen que ver con el hoy y el mañana de miles de niños y trasladándole la cuenta, de nuevo, al tributario.

El mal uso de su libertad que hacen algunos, sólo se corrige con más libertad. Que, aclaro, no es lo mismo que libertinaje. Ser libre implica ser responsable. Y ser responsable es asumir las consecuencias (en el corto, mediano y largo plazo) que traigan consigo nuestras acciones. Sean estas consecuencias buenas o malas. Evidentemente, si alguien elige correctamente y, por tanto, es exitoso, será premiado al alcanzar sus objetivos. Si alguien elige convertirse en delincuente o criminal, deberá ser castigado como consecuencia de sus elecciones erradas y violatorias de los derechos de otros.

¿Quiénes de ustedes entregarían las vidas de sus hijos a esos politiqueros que nos tienen cansados de tanta mentira, abusos y verdaderos robos descarados que hacen del fruto de nuestro trabajo, producción y creatividad? ¿Por qué, entonces, vamos a permitir que se les entregue el futuro de los huérfanos que claman por un destino diferente al que el azar les dictó al nacer?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de octubre de 2007.

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10.08.2007

Ni padre ni madre


Los políticos saqueadores, todo aquello que consideran un problema, pretenden solucionarlo con más de lo mismo: burocracia e intervención gubernamental. Todo en nombre de un abstracto Estado. Irónicamente, las raíces del mal, las causas de la enfermedad son, precisamente, la burocracia y la intervención de los políticos en nuestra esfera privada. Se meten impunemente a nuestras camas, disponen de nuestros bienes y deciden por nosotros a partir de sus fines, irrespetando los nuestros. Nos ordenan cómo vivir nuestras vidas y para quiénes debemos vivirla.

¿Lo hacen porque les interesa un indefinido bien común? ¿Un bien común que se adapta a los intereses de aquellos que gobiernan sin límites? ¿Un bien común dictado por las voces políticamente correctas de los grupos de presión? ¿Un bien común que termina siendo el bien particular de unos cuantos, obtenido a costa del mal generalizado del resto?

Sin embargo, a pesar de los obstáculos encontrados en el camino de la prosperidad, hemos logrado avanzar gracias a las creaciones de mentes intransigentes que no ceden ante los absurdos relativistas de aquellos irresponsables que pretenden vivir de la producción y el trabajo de otros. A pesar de las incongruencias de mucha gente industriosa que ha sucumbido ante la culpa que le hacen sentir los hombres que resienten el éxito de otros. En fin, los adultos que decidimos sobre nuestras vidas, nos las arreglamos para sortear las dificultades que se nos presentan al actuar en la búsqueda de nuestras metas. Obstáculos colocados por tanta idea bien intencionada, pero ajena a la realidad objetiva del ser humano.

No obstante, hay muchos que aún no pueden defenderse por sí mismos. Me refiero a los infantes, a los niños, a las niñas. Muchos que, desde su nacimiento, han sido sujetos de vejámenes innombrables, en la mayoría de los casos causados por sus propios progenitores que no merecen el título de padre o madre. Para estas criaturas de mirada melancólica, de existencias grises, hay una opción: la adopción. Pero hoy, desgraciadamente, en Guatemala, como ya sucedió en otros países, asistimos al entierro de esta milenaria Institución. Y para colmo de males, una gran cantidad acuden creyendo que de esa manera benefician a los menores abandonados o abusados.

Hombres y mujeres de nobles sentimientos que se han tragado los cuentos sin respaldo, sin evidencia sustentable, que han propagado tantos interesados en quedarse con lo que consideran un negoción. O, tal vez sólo pretenden avanzar sus agendas políticas, sin importarles a quiénes se llevan entre las patas al momento de actuar.

Aprobar esas leyes va a condenar a miles de pequeños a una vida de dolor y abandono. ¿Qué hacer cuando son pocos los Davides, demasiado pocos, que se atreven a enfrentar a los Goliats de la mafia estatal internacional? Seguir desafiando racionalmente a los poderosos prejuiciosos, sin padre y sin madre que nombrarles.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de octubre de 2007.

La fotografía fue tomada por María Dolores Arias, el sábado 6 de octubre de 2007, en el Hogar Rafael Ayau. La responsable del retoque soy yo. En la imagen aparezco junto con Vanesa Díaz, la niña de ojos tristes, sonriendo en este breve instante en el cual, de nuevo, cautivo mi corazón… En fin, ¿el de quién no?

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8.13.2007

Un hogar en el centro


Donde viven, con la espada de Damocles de la intervención sobre sus cabezas, alrededor de cien criaturas cuyas vidas han sido intervenidas miserablemente por sus padres, parientes, amigos o desconocidos, desde muy temprana edad. Qué suerte tuvo el recién nacido que llegó con apenas un día de respiro. Cuánto dolor le ahorró el abandono.

El sábado 4 de agosto de 2007, cuatro ingenuos visitamos el Hogar Rafael Ayau que cobija una familia con tres Madres y un ciento de hijos. Prole de otros, cuidada por tres ángeles blancos, vestidos de negro. Un Hogar de Misericordia creado en 1857, hoy de nuevo privado (como fue la intención de su fundador), que durante varias décadas del siglo pasado estuvo a cargo del abstracto Estado. ¿Cuál fue el resultado de semejante experimento que algunos quisieran repetir? Miseria, abusos, violaciones, corrupción, muertes.

En 1996, durante el gobierno de Álvaro Arzú, fue entregado a la Iglesia Ortodoxa lo que quedaba del otrora renombrado hospicio, con todo y sus casi 105 empleados en planilla, alrededor de 30 trabajadores presentes en el Hogar y apenas 12 huérfanos por atender. Entrega que incluyó aquellos indescriptibles e inenarrables descubrimientos que hicieron las Madres en los intestinos del edificio a punto de colapsar. Drenajes que contenían restos, entre otras cosas que desconozco, de los cuales ni siquiera quisieron hablar.

Gracias a la valentía de tres mujeres que asumieron la conducción del Hogar, cambió el rumbo de la vida de los niños y de las niñas que llegaron después de ellas. Infantes que encontraron un lugar en el cielo, en lugar de ser condenados al infierno de la administración estatal. Lamentablemente, poco podía hacerse por quienes encontraron a su arribo al centro.

En el infierno supuestamente benefactor no importan las buenas intenciones de los gobernantes. No cambia la realidad el hecho de que reine una magnánima Wendy de Berger acompañada de su corte de amables doñitas. El fuego es avivado por el sistema.

Lástima que como seres limitados que somos todos, la capacidad de las Madres, muchas veces desbordada ante el deseo de hacer el bien, no les permite, humanamente, asumir la responsabilidad de más infantes indefensos ante los antisociales. Criminales que tantas veces son sus propios papás, sus propias mamás. Lástima que los procesos burocráticos que actualmente contempla nuestra legislación, han impedido que muchos sean adoptados por gente que desea asumir la responsabilidad de criarlos, aunque no hayan pasado por el proceso de engendrarlos.

¿Qué hacer para evitar que triunfen quienes abogan por el regreso al pasado controlado por los burócratas, basados en argumentos falaces, mentiras descaradas y encubrimiento de verdades? En fin, sólo sé que llevo en mí esas historias de dolor pasado, alegría presente y esperanza futura, que albergan personitas de pocos años de existir. Y sí, ladrones de corazones, la vida es bella.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de agosto de 2007.

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2.17.2007

Las adopciones, ¿un tema ideológico?


Ideología: qué fácil es reducir a tan manipulada palabra, utilizada por la gente, lo sepan o no, influenciada por el pensamiento marxista de la confrontación: de clases, etnias, sexos… Simple enfrentamiento. Cuando lo que precisamente promueve el liberalismo es totalmente lo contrario: cooperación pacífica.

Ahora, pretenden estirar esta visión del mundo hasta el mismo tema de las adopciones, en donde ponen en juego el bienestar de miles de niños. Y todo, por la envidia. Si tanto les preocupa lo que ganan los notarios, en lugar de aumentar los trámites y las regulaciones, deberían eliminarlas y, simplemente, dejar el proceso en lo que debería de ser: un contrato privado entre los padres biológicos que dan en adopción y los que desean hacer suyos los hijos que otros tuvieron. Niños cuyos padres no los quieren o, por el contrario, los quieren tanto que consideran que van a tener mejores oportunidades en otro hogar.

Caso excepcional serían los niños abandonados con padres desconocidos. Sin embargo, en ese caso, lo ideal sería que se encargaran de ellos casa hogares privadas, mantenidas de forma voluntaria por tanta gente solidaria que hay en todas las sociedades.

¿Cuáles serán las verdaderas razones que mueven esa campaña que acabará con la institución formal de la adopción en Guatemala?

Lástima que entre los mismos reporteros y periodistas de nuestro país existen tantos prejuicios y resentimiento que no les permite ser objetivos e investigar qué ha pasado en los países que adoptaron la legislación que promueven los burócratas de UNICEF. Descubrirían a quiénes les arruinó la vida.

La ironía es que las peores manos en las que pueden estar estos niños (las del abstracto Estado, que al final termina siendo un burócrata cualquiera, desmotivado y sin incentivos), son en las que pretenden los bienintencionados tramitadores de UNICEF, poner el destino de tantas criaturas que podrían vivir bajo condiciones envidiables por los habitantes de países tercermundistas como el nuestro.

Y luego pretenden que les creamos que es por el bien de los infantes. Mentirosos.

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