Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

10.16.2017

Las noticias son noticia



Y no son buenas noticias. Todo lo contrario. En casi todo el mundo se cuestiona cómo se presentan en los medios de comunicación al público los hechos que son relevantes para el ser humano. Hechos que describen nuestro presente y configuran nuestro futuro. Esta crítica, justificada en la mayoría de los casos, ha llevado a muchos a recurrir a otros medios ajenos a los tradicionales que, gracias a la Internet, facilitan el acceso a la información. Sin embargo, en muchos casos, los datos que encontramos en estos medios alternativos son menos fiables que aquellos que encontramos en los mismos medios organizados que hoy son cuestionados.

¿Quién va a llenar el vacío que dejan los periodistas que han olvidado la misión de nuestro oficio? Es una pregunta que todos debemos hacernos: desde quienes reportan los hechos, pasando por aquellos que los analizamos, hasta quienes consumimos la información que, al final, somos todos. De lo contrario, corremos el riesgo de que ese vacío lo terminen llenando los gobernantes, y es aquí donde debemos recordar la advertencia que nos hace George Orwell en “1984”.

La misión del periodismo y, por tanto, la misión del periodista, es la búsqueda de la verdad de los hechos. Para esto, nos gusten o no los resultados de nuestra búsqueda, debemos ser leales a esos hechos. No debemos falsear la realidad. Debemos ser objetivos. Lamentablemente, con excusas burdas y argumentos falaces que no son sostenibles cuando se cuestionan, durante ya décadas, los profesores de periodismo han convencido a los estudiantes y futuros buscadores de la verdad, de que esto es imposible. Y, casi sin discusión, esta mentira, contradictoriamente, ha sido aceptada por la mayoría como una verdad.

Pero no sólo son responsables los periodistas. También son culpables de esta situación la mayoría de los consumidores de noticias que son incapaces de diferenciar entre la realidad y la ficción y fácilmente son manipulados por aquellos que, o no reportan verazmente los hechos o, simplemente, mienten descaradamente y con conocimiento de causa para alcanzar sus fines o avanzar los intereses de los grupos de presión buscadores de privilegios con los cuales simpatizan.

Esta era de la desconfianza casi generalizada en la que vivimos, les ha facilitado a demagogos y oportunistas acercarse al ejercicio del poder. Esa desconfianza tanto a la mayoría de los políticos como a los miembros de las supuestas élites (convertidas en grupos de presión) y a los periodistas en los medios tradicionales, ha beneficiado a los peores representantes de nuestras sociedades que, por medio de sus discursos que apelan a las emociones de los electores y no a su razón, terminan ejerciendo el poder con pocas limitaciones en muchos casos. En fin, en río revuelto ganancia de malhechores, como bien me gusta parafrasear el célebre refrán.

¿Cómo cambiar el estado actual de las cosas en el mundo del periodismo? Cuestionándonos. Y la primera pregunta que debemos hacernos es por qué creemos lo que creemos. Mejor aún, le pregunto, ¿por qué cree usted lo que cree?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 16 de octubre de 2017.

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12.21.2015

Santa Brother



Santa es algo más que un gran hermano. Es ese anciano bonachón que vive en el Polo Norte, rodeado de duendes y acompañado por venados de nariz roja, que te espía día a día con el objetivo de que te portes bien. “Big daddy is waching”, advierte Ella Fitzgerald mientras anuncia que Santa Claus is coming to town. Más te vale obedecer, de lo contrario, Santa no te va a favorecer.

“You better watch out, you better not cry, you better not pout”, si no vas a recibir un pedazo de carbón en lugar de hermosos regalos. Aunque si te portas muy mal, según los parámetros estipulados por Santa, a lo mejor te trae una bolsa completa que te podría servir para preparar un riquísimo churrasco en compañía de otros que hayan recibido la misma sorpresa bajo el árbol. Sería una divertida manera de terminar el ciclo: celebrando con los amigos.
                                           
Hay una parte en particular de la pegajosa canción mencionada que me recuerda al malévolo personaje omnipotente de “1984”, la famosa distopía de George Orwell: “He sees when you are sleeping, he knows when you're awake, he knows if you been good or bad, so be good for goodness sake.” Sin duda, es una figura menos apreciada que aquel Santa Baby al cual le cantó Eartha Kitt. ¿Qué hubiera sido de la célebre obra de Orwell si el papel del Big Brother hubiera sido representado por Santa?

Por cierto, no sé cómo le hace Santa, pero es capaz de bajar por chimeneas a pesar de la barriga que adorna su cintura. Pero lo más extraño de todo es que, a pesar de la suciedad que debe de haber en los conductos por los cuales se desliza, su traje rojo y blanco se mantiene impecable. ¿Qué pasaría si uno de tantos niños a los cuales acecha hiciera algo similar? ¿Cómo quedaría su ropa? ¿Se enojarían los padres de la criatura en cuestión? ¿Afectaría la calificación que le daría el querido Santa Claus?

Con el pasar del tiempo, aprendí que portarse bien significa no violentar los derechos individuales de los demás y hacer el esfuerzo mental por aclararme las ideas para formar juicios verdaderos que me permitan alcanzar y conservar mis valores: ganarme honradamente la vida y merecer lo que posea. Aprendí que me debo portar bien por mi propio bienestar en el largo plazo, no por la amenaza de que alguien que me está vigilando me vaya a premiar o a castigar.

Desde siempre ésta ha sido mi época favorita del año. Tengo la costumbre de hacer el balance del período que termina y, al menos hasta hoy, el resultado de este ejercicio me ha sido favorable. Por supuesto, he llorado, pero al final he reído aún más. Y más de una de las lágrimas que derramé fueron de felicidad. He aprendido tanto de mis aciertos como de mis errores, y mi conocimiento aumenta año con año: es un objetivo mío aprender algo nuevo todos los días. He tenido fracasos, no obstante mis éxitos han sido mayores. He sido productiva, respetuosa y responsable. He amado y he sabido cuidar de mis valores, en especial de mis seres queridos. Soy feliz, muy pero muy feliz. Felices fiestas, apreciable lector.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de diciembre de 2015.

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2.25.2014

Izquierdas y Derechas

"El lenguaje político está diseñado para hacer pasar las verdades por mentiras y el asesinato como algo respetable", George Orwell.


Ambos son términos relativos y simplemente como tales deben ser usados. En el debate de las ideas solo sirven para confundir al despistado que no está dispuesto a hacer el esfuerzo mental necesario para encontrar las premisas a partir de las cuales ha formado ¿o nomás repetido? juicios, y confrontarlas con la realidad para verificar si estas son falsas o verdaderas.

Política, económica y filosóficamente son vocablos de poco contenido intelectual, casi vacíos. Pueden representar cualquier cosa, según los intereses de quien los usa. Más aún, durante el sanguinario gobierno de Maximiliano Robespierre, sumo sacerdote de la Revolución Francesa de 1789 que terminó sus días como tantos miles a quienes mandó a cortar la cabeza, sólo representaban el lugar en el cual se sentaban los miembros de los principales grupos de presión que se disputaban el ejercicio del poder.

Hoy, en pleno siglo veintiuno, su anacrónico uso solo ha contribuido para perpetuar sistemas económicos y políticos cuyos hilos conductores en ambos casos, izquierda y derecha, son el estatismo y el intervencionismo, distrayendo a la mayoría de la discusión prioritaria que va más allá, ¡mucho más allá! de un supuesto enfrentamiento de extremos. Por cierto una falacia que les encanta repetir a quienes más pereza les da pensar y ni siquiera tienen la valentía de tomar partido por una escala de valores definida: aquellos que se ubican en el centro de la pueril discusión de izquierda y derecha.

Debemos discutir sobre los sistemas políticos que han sido elaborados y puestos en práctica durante nuestra historia. Sobre las premisas de los que han fracasado y los que han mostrado que funcionan para asegurar el progreso de todos en el largo plazo, aún de los menos productivos. Debatir entre personas intelectualmente honestas cuyo objetivo es encontrar la verdad, que aceptan que el árbitro final es la realidad y no las opiniones de la gente. Aquellos a quienes nos preocupa el presente en el cual vivimos y deseamos un futuro mejor para todos.

Debemos aceptar que necesitamos un fundamento filosófico objetivo, adoptado conscientemente, que nos lleve a tomar las decisiones moralmente correctas que se adecuan a nuestra naturaleza tal cual es, no como algunos quisieran que fuera. Tener juicio propio porque, como dicen que dijo Voltaire, “aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”.

Es vital entender el significado real (no el manipulado y menos el distorsionado) de socialismo, de liberalismo, de mercantilismo, de capitalismo… de las ideas que pueden cambiar, para bien o para mal, nuestro destino. Es relevante para todo ser humano que quiere vivir en libertad, dentro de una sociedad pacífica basada en el respeto mutuo a los derechos individuales de todos, reconocer que podemos actuar de manera contradictoria e irracional, pero, si decidimos actuar de ese modo, entendamos de una vez por todas que no podremos evitar las trágicas consecuencias de falsear la realidad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de febrero de 2014.

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10.07.2013

Mente burócrata servil



Hace unas semanas escuché a la viceministra de Finanzas, María Castro, tratar de justificar falazmente el Presupuesto de malgasto y despilfarro de los gobernantes propuesto para el año 2014. Como es conocido, gran parte de nuestros impuestos están destinados a pagar los sueldos de quienes ¿trabajan? en el aparato estatal, y abonar a la deuda adquirida por los gobernantes. Fue lamentable escuchar al entrevistador justificar lo anterior como un compromiso del Estado que no admite discusión. Por supuesto, es fácil mantener esta posición cuando el dinero para cumplir tales compromisos sale del bolsillo de otros.

Si no alcanza lo recaudado, entonces ¿por qué siguen aumentando el número de burócratas, creando nuevos Ministerios, más secretarías y otros entes que van a necesitar personal para hacer quién sabe qué? ¿Acaso beneficia esa estructura a los obligados a mantenerla? ¿O es solo para alimentar al voraz clientelismo político? ¿Para acomodar a familiares, amigos y miembros del partido? Bien dijo George Orwell: "El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable".

El mismo argumento es aplicable a la mal llamada deuda pública. ¿Por qué siguen comprometiendo al tributario adquiriendo más préstamos que no contribuyen en nada a al progreso sostenido en el largo plazo de los habitantes de nuestro país? Cada vez más parece que trabajamos primordialmente para pagar las deudas y las necesidades de otros. “Mientras más gasta el gobierno, menos puede gastar el ciudadano. Las obras públicas no se hacen con el poder milagroso de una varita mágica. Son pagadas con fondos arrancados a los ciudadanos”, Ludwig von Mises.

Otro ejemplo de la mente servil que suele tener un burócrata, es la respuesta que dio Carlos Vega, analista de ASIES, a una de las preguntas que le hicieron en la entrevista publicada el sábado 28 de septiembre en Prensa Libre: “En todo el mundo todo está registrado. No sé por qué los celulares no estaban registrados aquí”. Un ejemplo de lo dicho por Lew Rockwell: “No es una coincidencia que los Estados deseen educar a los niños. La educación del Estado, por su parte, se supone que es evidencia de la bondad del Estado y su preocupación por nuestro bienestar. La explicación real es menos halagadora. Si la propaganda del gobierno puede echar raíces mientras los niños crecen, los niños no serán una amenaza para el aparato estatal. Ellos sujetaran las cadenas a sus propios tobillos”.

Quien no se atreve a razonar, a buscar sus premisas y contrastarlas con la realidad para determinar si estas son verdaderas o falsas es esclavo de quienes piensan por él, sin importar si es el vecino, el gobernante o el resentido líder social. Quien no se atreve a cuestionarse a sí mismo, termina siendo como aquellos a quienes sigue como borrego. No es solo la ignorancia de la gente la principal causa por la cual los poderosos hacen lo que se les antoje: también lo es la ciega obediencia a preceptos falsos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de octubre de 2013.

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