Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

10.02.2017

La burguesía socialista



Los socialistas democráticos, en la mayoría de los casos burgueses acomodados, recurren al intervencionista Estado Benefactor el cual privilegia a unos en detrimento de los derechos de otros para alcanzar la que denominan justicia social por medio de la supuesta igualdad de oportunidades que lo que busca es la equidad de resultados, independientemente de que esos resultados correspondan justamente al esfuerzo, mental y físico, que cada quien haya hecho o el riesgo que cada quien haya tomado.

A diferencia de los comunistas, proponen alcanzar sus objetivos sin nacionalizar todos los medios de producción ni planificar de manera totalmente centralizada toda la actividad económica de la sociedad. En otras palabras, promueven un sistema mercantilista donde el gobernante, en nombre del abstracto Estado, tiene la última palabra en lo que respecta a los privilegios que se otorgan y cuándo éstos terminan. Al final, es una especie de concesión y una ilusión de propiedad privada. Un dominio temporal de los medios de producción por aquel que se cree propietario.

El socialista actual, que no se atreve a declararse como tal y recurre a los términos ambiguos de progresista o izquierdista, exige que el gobierno intervenga la actividad empresarial regulando, ordenando, restringiendo, fiscalizando, gravando y dirigiendo casi todos los aspectos propios de la empresa y la competencia, bajo la creencia de que más de alguien puede aprovechar los incentivos y las innovaciones que mejoren las condiciones materiales de la vida de un sector de la sociedad. La dirección, la forma y la medida en que los emprendedores tendrán PERMISO para ser productivos se limitarán y restringirán dentro de las vías que sirven a los supuestos valores superiores, no lucrativos de la indeterminada sociedad civil, que igual pueden llamar el pueblo o cualquier otro colectivo supuestamente desposeído y explotado.

El Estado benefactor no es otra cosa más que el Estado distribuidor. Un sistema contradictorio, basado en premisas falsas, que en el largo plazo acaba con la posibilidad de progresar de la mayoría. Un ejemplo de lo anterior es el actual sistema político de Guatemala, el cual Vilfredo Pareto llamaría socialismo burgués: un sistema de regulación gubernamental, de redistribución de favores y de privilegios que benefician a los mercantilistas y a los líderes de los grupos de presión sociales, en lugar de un socialismo proletario que solo propone trasladar dinero de los ricos a los pobres.

La agenda de equidad e igualdad de oportunidades de los socialistas, además de injusta y violadora de los derechos individuales, facilita y promueve la corrupción en todos los sentidos. La corrupción tanto de aquel que llega al ejercicio del poder como de aquellos que se corrompen moralmente y se acomodan a vivir vidas infelices, mediocres y parasitarias. Es una agenda basada en el absurdo, que falsea la realidad y propone medidas contrarias a la naturaleza humana. Por eso siempre fracasan en el largo plazo.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de octubre de 2017.

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12.05.2016

El traidor de la revolución



El pasado 25 de noviembre murió el traidor de la verdadera revolución cubana, la que buscaba acabar con el gobierno del dictador golpista, Fulgencio Batista. La revolución de hombres y mujeres que querían progresar en libertad. Murió Fidel Castro Ruz, el impostor. Se fue de noche, una noche oscura, como oscura ha sido la vida de quienes soñaron con vivir libres de dictadores, el motivo por el cual lucharon contra la dictadura de Batista. La razón por la cual muchos murieron, no sólo durante el conflicto, también después de haber vencido: muertos por orden del entronizado Castro.

Una revolución que terminó cuando el fallecido dictador acabó con las esperanzas de muchos. Una quimera basada en mitos. Mantenida por una mala educación, que lo correcto es llamarla programación e ideologización, fracasada en la mayoría de los casos confirmados en el largo plazo. Sustentada por un sistema de salud mediocre para el pueblo, cuyas estadísticas son falseadas por los funcionarios estatales. ¡Qué diferente sería la vida de los cubanos si el progreso previo a la dictadura de Castro no hubiera sido interrumpido!

Para 1955, Cuba era el segundo país de Latinoamérica con menor mortalidad infantil: 33.4 por cada mil nacidos. En 1956 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció a Cuba como el segundo país de Iberoamérica con los más bajos índices de analfabetismo: 23.6 por ciento. Para esa fecha, Haití tenía un 90 por ciento de analfabetismo y España, El Salvador, Bolivia, Venezuela, Brasil, Perú, Guatemala y República Dominicana, el 50 por ciento. En 1957 la ONU reconoció a Cuba como el mejor país de Iberoamérica en número de médicos per cápita (1 por cada 957 habitantes), con el mayor porcentaje de viviendas con electricidad (82.9 por ciento) y viviendas con baño propio (79.9 por ciento). También reconoció en 1957 a Cuba como el segundo país de Iberoamérica, después de Uruguay, en el consumo calórico per cápita diario: 2870.

¿Cuál sería la calidad de vida de los cubanos en la isla sin el socialismo de Castro y sus seguidores? ¿Cómo sería su existencia si hubieran adoptado un gobierno republicano dentro de un sistema capitalista basado en el respeto irrestricto a los derechos individuales de todos? ¿Cuáles son las ideas que predominan en la mente de los cubanos? ¿A quiénes admiran los isleños? ¿A gente violenta de corta visión que impone sus decisiones a puro balazo? ¿O a personas pacíficas que buscan el cambio por medio de la discusión honesta basada en juicios verdaderos, en hechos de la realidad y con visión de largo plazo? ¿En gente autoritaria, egocéntrica, manipuladora, megalómana? ¿O en personas racionales, objetivas y honestas?

De las respuestas a las anteriores preguntas, entre otras cosas, depende el futuro de los cubanos después de la muerte de Fidel Castro, a quien la historia NO va a absolver, tal y como ya lo dijo Carlos Alberto Montaner. Ojalá los cubanos superen el miedo en el que viven y se unan para vencer a los herederos de la dictadura.
                                                                       

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de diciembre de 2016.

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10.31.2016

Payasos terroríficos



De niña los payasos me eran indiferentes. Ni me provocaban risa ni me daban miedo. Si mucho me hacían sonreír de vez en cuando. Al crecer, me di cuenta de que había ciertas similitudes entre los payasos y la mayor parte de los que buscan llegar al ejercicio del poder. Ambos pretenden entretener a un público cuya mayoría no tiene interés en pensar y mucho menos cuestionar la veracidad de lo que presentan en sus shows. Al menos en el primer caso, si nos aburría la presentación, nos podíamos ir a jugar a otro lado. En el caso de los segundos, todos pagamos los errores de quienes les aplauden y votan por ellos.

Por supuesto, mi sentimiento en lo que corresponde a quienes han convertido la política en un circo es diferente a la indiferencia que me producen los payasos en general. Los farsantes que terminan de gobernantes me indignan, ya que la terrorífica actuación de los payasos en el ejercicio del poder se convierte en la realidad, más allá de la comedia, en una tragedia de la cual nadie tiene escape. Hay algunos a los que les va peor que a otros, pero nadie se salva de estos bufones que, irónicamente, se ríen de nosotros en la cara, sin importar si votamos por ellos o no.

¿Cuánta gente, de la que nunca nos vamos a enterar, ha muerto a consecuencia de esos payasos terroríficos, que pueden ser desde directores de tercera categoría en entes estatales hasta presidentes de organizaciones supranacionales, pasando por los presidentes del país? Una pregunta que, a pesar de que nunca vamos a saber la respuesta exacta, vale la pena plantear para que quienes queremos vivir en condiciones diferentes a las presentes reaccionemos.

Son los politiqueros los que provocan terror, y no las personas que se disfrazan en Halloween o en carnaval para tratar de evadir la realidad o, simplemente, pasar un rato feliz riendo y compartiendo con amigos. Sin embargo, a pesar del miedo, debemos dar las batallas que sean necesarias para cambiar las cosas en el bienestar de todos aquellos que queremos convivir en paz, que queremos cooperar e intercambiar con los demás en pos de nuestros objetivos personales. En beneficio de todos aquellos que hacemos el esfuerzo mental y físico por vivir la mejor vida posible sin violentar la vida, la libertad y la propiedad de los otros. Debemos enfrentar nuestros temores, ya que como bien respondió David Bowie en el cuestionario de Marcel Proust, vivir con miedo es la más baja de las miserias.

Cuando el estándar para diferenciar el bien del mal es el bienestar de las personas en el largo plazo, el cual se refleja en la mejora de las condiciones de vida sostenidas en el tiempo, los sistemas que propician la destrucción de la vida humana son la máxima expresión de la maldad. Y malvados son todos aquellos, payasos o no, que promueven medidas que la destruyen o le impiden al ser humano florecer. Y aún es peor cuando consiguen el apoyo para sus propuestas basados en una mentira, como es el caso del socialismo y su derivado, el Estado Benefactor/Mercantilista.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 31 de octubre de 2016.

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7.25.2016

El origen de la tragedia venezolana



El origen de la tragedia venezolana es el mismo de la mayoría de tragedias. Un origen que viene del olvido de algunos, de la negación de muchos o del desconocimiento de otros de que las ideas tienen consecuencias. ¿Cuáles eran las ideas que predominaban en la mente de los venezolanos a finales del siglo pasado cuando decidieron apoyar el socialismo promovido por Hugo Chávez y su gente? ¿Cuáles creían que eran las obligaciones de los gobernantes? ¿Sabían que el Estado es sólo una ficción, un ente de razón, un término por medio del cual se identifica a un conjunto de personas, que viven dentro de un mismo territorio y conviven bajo un mismo sistema de normas? ¿Que ese ente de razón, cuya existencia sólo es mental, no puede hacerse cargo de las necesidades de nadie?

¿Sabían los venezolanos a finales del siglo pasado que quienes actúan en nombre del abstracto Estado son aquellos que llegan al ejercicio del poder? Políticos que, en la mayoría de los casos, la gente desprecia por mentirosos, corruptos y ladrones. Políticos que son el producto del sistema de incentivos perversos que fue impuesto en casi todo el mundo en la primera mitad del siglo veinte. En el caso de Guatemala, ese sistema fue adoptado en 1945. Un sistema que proclamó a los cuatro vientos sus buenas intenciones pero que, al final, terminó empedrando el camino al infierno para millones que no lograron superar los obstáculos que pone en el camino para la creación de riqueza y superación de la pobreza.

Más allá de las etiquetas que algunos usan de muletillas, ante la falta de argumentos y evidencias para sostener sus juicios obviamente falsos, lo que aquellos que buscamos la verdad (y entendemos que ésta es una cualidad de los juicios mentales que emitimos, los cuales serán verdaderos si concuerdan con los hechos de la realidad) debemos hacer es enfocarnos en cuáles son las características del sistema dentro del cual convivimos.

El sistema será injusto y de incentivos perversos, independientemente de cómo lo llamen, si el sistema es intervencionista (otorga poder a los gobernantes para inmiscuirse en muchas o todas las actividades humanas y las distintas facetas de la vida de todo individuo), es estatista (los gobernantes, en nombre del Estado, se supone que se hacen cargo de la mayoría o todas las necesidades de la población) y colectivista (se privilegian las demandas de los grupos de presión por encima de los derechos de los individuos).

Los venezolanos de finales del siglo pasado, no se aclararon las ideas ante el fracaso del Estado Benefactor/Mercantilista en su país. Y en lugar de hacer un cambio radical, optaron por radicalizar el intervencionismo, el estatismo paternalista y el colectivismo, apoyando el socialismo impulsado por Chávez. He ahí el origen de la tragedia que hoy los ha llevado a una situación en la cual no tienen ni qué comer. ¿Cuántos hoy en Venezuela entienden el origen de su problema? ¿Cuántos en Guatemala entendemos que caminamos una senda tan peligrosa como la de los venezolanos?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 25 de julio de 2016.

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6.13.2016

El sistema



El origen de nuestros problemas ES el sistema político que impera en Guatemala desde hace más de siete décadas. El que era el sistema de moda por aquellos tiempos, el cual fue impuesto con la Constitución promulgada en 1945. Un sistema que las siguientes Constituciones han ratificado y profundizado. Un sistema que aún en los países en los cuales previamente habían creado riqueza terminó fracasando con el tiempo. Un sistema que hoy han dejado atrás en gran parte. El sistema que ha obstaculizado el progreso de la mayoría, forzando a millones a emigrar en búsqueda de mejorar su calidad de vida y la de sus seres queridos. Un sistema de inspiración socialista light conocido como Estado Benefactor/Mercantilista.

Por lo anterior, en principio estoy de acuerdo con el hashtag que impulsaron para la recién pasada manifestación del sábado 11 de junio del presente año: #EsElSistema. No obstante, es importante aclarar con detalles y probar con evidencia contundente cuál es ese sistema. Sistema al cual hago mención en el primer párrafo, el cual es intervencionista y estatista. Un sistema de incentivos perversos: promueve la corrupción y el parasitismo. Digo lo anterior ya que hay quienes que, desde el siglo pasado, han fracasado en su objetivo de llegar al ejercicio del poder, y hoy ven una oportunidad de hacerse con éste aprovechándose de algunos jóvenes universitarios bienintencionados que desean cambiar la miserable situación en la cual viven muchos en Guatemala. Intención con la cual me identifico.

Desde mediados de 1998, fecha en la cual comencé a trabajar en medios de comunicación, y siguiendo el ejemplo de personas admirables que iniciaron la discusión cuarenta años antes que yo, hice énfasis en la necesidad del cambio RADICAL del sistema. Casi todos los artículos que he escrito desde 2005 los encuentran en mi blog (www.martayolanda.com) el cual les invito a visitar y corroborar qué he dicho y cuándo lo dije. Aquellos intelectualmente honestos, que buscan emitir juicios verdaderos, encontrarán la evidencia que les ayudará a desenmascarar a los mentirosos que buscan utilizarlos para alcanzar sus espurios fines personales. Recuerden: hay muchos buitres revoloteando en el actual río revuelto de la política nacional. Como buenos pepenadores que son, pretenden aprovecharse de la basura que está siendo expuesta y de la indignación que la corrupción genera en la mayoría de la población.

Quienes estamos preocupados por nuestro país e interesados en que las cosas mejoren para bien de todos, debemos estar enfocados, atentos a los cambios que inevitablemente se van a dar. Los cambios pueden ser para el bienestar de todos en el largo plazo o para empeorar la situación actual. La única forma que tenemos de evitar que nos vean la cara de babosos y nos receten más de lo mismo que ha sido probado hasta el cansancio que sólo beneficia a quienes llegan al ejercicio del poder y a su círculo cercano, es que no nos dejemos llevar por la emoción. Que prevalezca el uso de la razón.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de junio de 2016.

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8.24.2015

Estatistas, altruistas y déspotas



Creen en el sacrificio… de otros, por supuesto, no del propio. Creen que los cubre un manto divino que los autoriza a quitarles a unos lo que les pertenece por derecho para dárselo a otros que ellos arbitrariamente han escogido como los beneficiarios del esfuerzo mental y físico de los despojados. Tal acto despótico lo justifican alegando que sus elegidos necesitan más los bienes expropiados que los legítimos propietarios.

Unos pretenden cometer tal injusticia por medio de leyes pervertidas “¡Ley hacedora de iniquidad, cuando su misión era castigar la iniquidad!”, como sentenció Frédéric Bastiat. Otros por medio de medidas de hecho. Ambos se imponen a la fuerza: los primeros utilizan el monopolio de ésta que ejercen los gobernantes en nombre del abstracto Estado y los otros simplemente recurren a la fuerza bruta.

Entre quienes promueven el estatismo encontramos varios grupos. Por un lado están los socialistas de salón, la gauche caviar: cómodos burgueses que se dedican a pontificar sobre las bondades de su ideología y su pretendida superioridad moral. Durante sus opíparos banquetes se convierten en una especie de exégetas, capaces de decidir por los demás qué es lo que les conviene, ya que por algún motivo desconocido al resto nos es imposible escoger qué queremos en nuestras vidas.

Dentro de este colectivo hay quienes pueden llegar a experimentar un éxtasis casi orgásmico al discurrir sobre el sistema injusto e inmoral que alaban. Total, lo hacen plácidamente sentados desde sus pupitres académicos, sus escritorios de burócratas de organismos internacionales o en el cóctel en la casa en La Cañada de algún embajador, mientras degustan de los exquisitos manjares y vinos pagados por los impuestos de otros.

Luego, encontramos a los violentos, a los más irracionales de todos. A aquellos que recurren a la intimidación y amenazan con actos terroristas si no se cumple con sus exigencias. Antisociales que dañan principalmente al pobre ciudadano productivo que ve como violan sus derechos impunemente y se encuentra sin posibilidades de defenderse de estos delincuentes. Gente frustrada, fracasada: desean ardientemente que el resto no sea feliz, que no haya creación de riqueza y que la prosperidad sólo sea un sueño inalcanzable.

Los socialistas de penthouse, promueven más intervención por parte del gobierno por medio de más privilegios y más impuestos. Así logran que prevalezca el sistema de incentivos perversos basado en la violación de los derechos individuales de la mayoría. Estos influyentes personajes, políticamente correctos, ansían llegar al ejercicio del poder sin esfuerzo: esperan que los poderosos representantes de otros países y los directores de los organismos burocráticos supranacionales los nombren salvadores de los pobres. Los segundos están dispuestos a arrebatar ese poder a la fuerza. Unos se consideran brillantes y refinados. Los otros son burdos y vulgares, pero todos buscan lo mismo: imponer su voluntad al resto y vivir a costa de los demás.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de agosto de 2015.

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2.09.2015

La necesidad de trabajar



Si elijo vivir necesito trabajar. Si no trabajo, no podré ni siquiera sobrevivir, no digamos mejorar mi calidad de vida. Nadie tiene el derecho moral de impedirme trabajar en lo que yo decida, una vez mi elección no violente la vida, la libertad y la propiedad de otros. Los otros, ciudadanos y gobernantes (burócratas estatales y de organismos internacionales), deben respetar mis decisiones en general, incluidas las condiciones que haya negociado con mi empleador. La única persona que sabe cuál es MI canasta básica, los bienes y los servicios mínimos que necesito para mi supervivencia, soy yo: yo decido qué incluyo en ésta y a qué me voy a dedicar para cubrirla.

Más aún, si decido trabajar a cambio de víveres, vivienda, vestido, educación, salud… y otras necesidades, sin importar lo que me den en efectivo, ES decisión mía. De nadie más. La obligación de los gobernantes es velar porque nadie violente mis derechos individuales. NO es obligación de los gobernantes protegerme de lo que ellos crean son malas decisiones en lo que respecta a cómo manejo mi vida y mis bienes. NO tienen el derecho de protegerme de mi misma, sólo porque ellos eligen de manera distinta.

Los bienintencionados, que generalmente poseen una bondadosa alma de dictadores, que creen que protegen a los trabajadores impidiéndoles trabajar, no solo son cómplices de los políticos que promueven leyes que violan nuestra libertad, sino que son responsables de la miseria en la cual muchos mueren de inanición ante la imposibilidad de conseguir empleo en las condiciones que, según los activistas sociales, son las ideales. No me canso de reconocer la sabiduría del refrán que dice: “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. El principal problema en la mayoría de los casos, tal vez por eso no aprenden los bienintencionados, es que quienes sufren las consecuencias de las acciones de los mencionados no son ellos, sino aquellos a quienes se suponen pretendían ayudar.

Trabajar no es un derecho: es una actividad necesaria para ejercer mi derecho a la vida. Trabajar corresponde al ámbito de mi libertad: ese es el derecho que violan todos aquellos que impulsan y aprueban legislación antiprogreso, como lo son los salarios mínimos y los impuestos directos que castigan a quienes son exitosos en la creación de riqueza. Todas son medidas que ahuyentan el capital que URGENTEMENTE necesitamos que venga a nuestro país para que todos podamos mejorar nuestros ingresos reales y, por tanto, sean pocos los que opten por emigrar.

Los colectivistas/socialistas, entre los que hay muchos resentidos y envidiosos, pueden decir cualquier tontería pero la realidad es que con sus acciones cuyo objetivo es promover la intervención de los gobernantes en nuestras vidas en nombre del abstracto Estado, dañan irremediablemente la existencia de la mayoría, en especial la de los más pobres a quienes no dejan más opciones que vivir al margen del sistema en la economía informal o buscar trabajo en otro país.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 9 de febrero de 2015.

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9.08.2014

El destruccionismo en Guatemala

"El SOCIALISMO: haciendo a todo el mundo igualmente POBRE desde 1917".


El destruccionismo es una enfermedad que carcome las entrañas de gran cantidad de naciones. Por supuesto, somos también muchos quienes desde distintos ámbitos de la acción humana peleamos contra esa tendencia aparentemente generalizada en casi la totalidad del mundo. Científicos, empresarios, intelectuales… seguimos trabajando cada uno desde nuestro campo para evitar el avance de aquellos que quisieran reinar sobre la humanidad y aquellos que quisieran verla destruida.

La raíz del problema está en el tipo de ética antinatural y las ideas políticas que lamentablemente han imperado desde finales del siglo diecinueve. Ideas irónicamente popularizadas no por sus ponentes ni por los supuestos beneficiarios de estas, sino por gente pudiente, en la mayoría de los casos herederos que nunca entendieron el origen de la riqueza de la cual ellos disfrutaron. Creyeron que todos, sin haber hecho el trabajo que hicieron sus antepasados, deberían disfrutar de los placeres que ellos se prodigaron con el dinero que les dejaron sus padres o abuelos, quienes fallaron a la hora de educar a sus descendientes.

Como bien explicó Ludwig von Mises en su libro “Socialismo: Análisis Económico y Sociológico”, publicado por primera vez en 1922: “Pueden dividirse en dos grupos los medios de que se vale la política socialista: por una lado, aquellos que tienden directamente a instaurar el socialismo en la sociedad, y, por otro, aquellos que conducen a tal fin indirectamente, mediante la destrucción de la economía basada en la propiedad privada de los medios de producción… Figuran en la primera categoría, por ejemplo, las nacionalizaciones y municipalizaciones de empresas privadas; y en la segunda, el sabotaje y la revolución… la destrucción es el resultado final de la política socialista que domina al mundo desde hace algunas décadas”.

Ambos casos se han dado en nuestro país. ¿Cuán estatizada e intervenida está la aparentemente vida libre en Guatemala? ¿En cuántas actividades económicas están metidos directa o indirectamente los gobernantes? ¿Cuánta gente se ha acomodado a vivir mediocremente de las limosnas que pomposamente les entregan los gobernantes? ¿Quiénes son, además de los politiqueros, los poderosos en Guatemala: los empresarios o los mercantilistas? ¿Cuántos hay que integran grupos de presión que subsisten por medio de prebendas que les otorgan los gobernantes? ¿Cuántos se dedican impunemente a destruir capital y obstaculizar la creación de riqueza, en algunos casos extorsionando a los gobernantes para que les concedan sus caprichos y en otras oportunidades apoyando a quienes ejercen el poder para facilitar la corrupción?

“La intervención del Estado en la economía, la pretendida política económica, sólo ha venido en realidad a destruir la economía. Las prohibiciones y regulaciones dictadas en su nombre son obstáculos que ha desarrollado el espíritu antieconómico”, Ludwig von Mises. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de septiembre de 2014.

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5.12.2014

Latinoamérica y La Bestia



No es la misma historia romántica de La Bella y La Bestia. No es un cuento de hadas europeo: es ante todo una realidad americana. Mucho menos es una novela rosa con final feliz para todos, al estilo de la famosísima Corín Tellado, la escritora española menos apreciada en los ambientes intelectuales pero, para la envidia de tantos, fue la amanuense que más libros del popular género mencionado vendió en gran parte del siglo veinte.

Lejos está la hermosa región nuestra de ser considerada bella, no porque sus paisajes no merezcan tal adjetivo, sino por la desdichadas condiciones en las cuales viven una enorme cantidad de sus habitantes. No existe por estos lares armonía entre las partes con las partes y las partes con el todo. No produce placer ver cómo a duras penas sobreviven algunos, mientras otros acumulan cuantiosas fortunas a base de engaños, corrupción y privilegios. No, tristemente Latinoamérica no es La Bella.

Del cuento citado han circulado varias versiones. En mi opinión la mejor de estas es la original, escrita en 1740 por Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, aunque sé que la más conocida es la adaptación de Jeanne Marie Leprince de Beaumont publicada en 1756. Ambas, al igual que las obras clásicas (incluido El asno de oro de Apuleyo) en las cuales se supone se inspiraron, las encuentran en Internet. Es una ironía que algo similar puedo decir de la historia de amor/odio entre La Bestia y los emigrantes: existen muchísimas versiones, una por cada hombre, una por cada mujer… que decidieron dejar su terruño a seguir viviendo en este en condiciones miserables y sin esperanzas reales de mejorar. Antes de convertirse en criminales prefirieron arriesgar su valor más preciado: su propia vida. Y muchas de estas historias también las encontramos en los medios virtuales, en las redes sociales, en las noticias diarias...

¡Cuántos coterráneos nuestros no esperan montar a La Bestia para hacer menos difícil su travesía en búsqueda del sueño de una vida mejor! En pos de una situación diferente a la de la pesadilla latinoamericana en la que viven. Tal vez el sueño no sea tan esplendido como se los han pintado o lo han imaginado. Pero es seguro que, para la mayoría, será mejor que la realidad que enfrentan día a día en la América latina ajena a la América inglesa de Estados Unidos.

Sin embargo, desde el 31 de marzo pasado esa opción fue prohibida para aquellos que decidieron iniciar tan azaroso viaje. Que corrían muchos riesgos y eran abusados en su marcha pocos lo cuestionan. No obstante, cuán malas serán sus otras alternativas para que La Bestia sea la menos terrible de todas. En fin, lo que no dudo es que miles seguirán optando por correr esos y otros peligros antes de continuar viviendo dentro de los sistemas mixtos locales (estatistas, intervencionistas) más cercanos al socialismo que al capitalismo, con contadas excepciones (Chile y tal vez Perú). En resumen, los Estados Benefactores, mercantilistas que predominan en La Bella Latinoamérica.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 12 de mayo de 2014. La imagen de "La Bestia" la bajé de Internet sin identificación de quién la tomó.

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4.28.2014

Entre Vargas y García, Paz



Me gusta la literatura de ambos y aprecio lo que he aprendido leyéndola. No he leído toda su obra, todavía, pero sí gran parte de esta. He leído los suficientes libros para tener mis preferidos de cada autor. De Gabriel García Márquez con mucho placer leería de nuevo “El amor en los tiempos del cólera”. De Mario Vargas Llosa quedé fascinada con “Conversación en la Catedral”: quería terminar de leerla de un tirón. Sin embargo, la serie de novelas suyas que más me ha entretenido es aquella en la que nos cuenta la historia de don Rigoberto, doña Lucrecia y Fonchito.

Cartas a un joven novelista. Crónica de una muerte anunciada. La tentación de lo imposible. Cómo se cuenta un cuento. La orgía perpetua. Noticias de un secuestro… Sólo para listar los libros que he leído de ellos y comentar qué me agradó de estos y qué no, tendría que escribir un ensayo y no un artículo. Lo que sí puedo asegurar en este breve espacio es que a los dos los considero parte del grupo de escritores gracias a los cuales yo aprendí, mal que bien, a escribir. Cómo manejan el lenguaje, el maridaje de palabras, la narración… me parecen geniales. Y por eso, los seguiré leyendo mientras pueda.

Ahora, en lo que a coherencia de ideas y acciones políticas trata, no tengo duda en afirmar que al único de los dos que admiro es a Vargas Llosa quien, a pesar del ostracismo al cual fue condenado por sus antiguos amigos y compañeros del mundo literario latinoamericano, tuvo la valentía de reconocer que se había equivocado y enmendar su error. Después de ser parte de los jóvenes ilusionados con la llegada de Fidel Castro al ejercicio del poder en Cuba, se convirtió en unos de sus principales críticos al darse cuenta de las miserias a las que condenan el socialismo y más aún el comunismo, a quienes viven bajo estos regímenes que solo pueden ser mantenidos a la fuerza.

García Márquez, por motivos conocidos por él, poco se atrevió a cuestionar públicamente la constante violación a los derechos humanos y la pobreza en la cual viven la mayoría de los cubanos. Tal vez, lo más que se atrevió a hacer es negarle su apoyo a Hugo Chávez, hijo putativo de los Castro, en su proyecto de adueñarse de Venezuela. Por lo anterior, como persona, García Márquez baja sensiblemente en mi apreciación. No obstante, esto no cambia un ápice la opinión que de él tengo como literato.

Como dijo Octavio Paz al aceptar el Premio Cervantes en 1981: “La libertad… es un acto a un tiempo irrevocable e instantáneo, que consiste en elegir una posibilidad entre otras… es la afirmación de aquello que, en cada uno de nosotros, es singular y particular, irreductible a toda generalización”. Las decisiones políticas tomadas por cualquiera de los tres ganadores del Premio Nobel de Literatura que cito son elecciones, equivocadas o correctas, únicas de ellos y solo ellos son responsables de sus consecuencias. Pero la obra que nos han legado puede ser un deleite para quienes vivimos enamorados de las palabras bellamente encadenadas.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de abril de 2014.

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3.03.2014

Veni, vidi, vici Venezuela




"Vine, vi y vencí" por los venezolanos que pelean por su futuro, sus bienes, su Libertad y sus seres queridos. Por mi país, Guatemala, que se encuentra caminando por la misma ruta que ellos emprendieron en la segunda mitad de los años 90 del siglo pasado. Por mí, por mi integración personal y mi constante búsqueda de coherencia entre lo que pienso, mis valores y mis actos. Por la imperiosa necesidad de probar la veracidad de mis juicios con la evidencia necesaria. Para sostener objetivamente mis juicios y comentarios, como suelo hacer, “con los pelos de la burra en la mano para decir de qué color es”.

La travesía que emprendí junto con Jorge Jacobs fue de tres días. De la mañana del viernes 21 a la noche del domingo 23 de febrero de este año. Nuestra estadía en Venezuela fue de poco más de 48 horas, extenuantes, que todavía me tienen agotada al momento de escribir estas líneas. Cansada física, intelectual y emocionalmente. Sobra decir que, si nos hubieran alcanzado los escasos recursos con los que contamos, nos hubiera gustado pasar más tiempo en el país y visitar la provincia, particularmente el Estado de Táchira, donde se iniciaron las protestas y donde hasta hoy se han registrado los más deleznables actos represivos por parte del gobierno.

Nuestro objetivo era cubrir las manifestaciones en contra de la crítica situación política y económica en que se encuentran viviendo. Protesta que ya es común a miembros de casi todos los grupos sociales del país, como pudimos constatar a la hora de los cacerolazos y la multitudinaria marcha del sábado 22 de febrero. Lamentamos no haber reportado al momento, pero el gobierno tumbó las comunicaciones, lo que nos dejó aislados por unas horas. Sin embargo, logramos recoger cualquier cantidad de testimonios, entrevistas, imágenes, reportes de los diarios locales… en fin, suficiente evidencia para conocer la grave situación que enfrentan los venezolanos. Gran parte de lo anterior lo encuentran en fb.com/mylibertas, fb.com/jjliber y fb.com/libertopoliscom

Para más detalles de lo que descubrimos y conocimos sobre la realidad que enfrentan en Venezuela, voy a escribir una crónica que aún no sé dónde voy a publicar, además de en mis redes sociales y en el sitio de Libertópolis. Pero que la escribo, la escribo. Necesito sacarlo de mí. Compartirlo con otros que, como yo, nos encontramos preocupados por la senda que andamos los guatemaltecos. Como declaró en alguna ocasión la española Lola Flores: "La verdad siempre sale a flote como la gota de aceite en el vaso de agua”. No hay que temerle, es mejor abrazarla.

Es lamentable la reducida visión de algunos pocos nacionalistas locales que no se dan cuenta de que si no aprendemos de los errores de los demás, parafraseando a George Santayana, estamos condenados a repetirlos. Lo esperanzador es que la mayoría de quienes comentan sí lo han entendido, lo cual me alegra porque no quiero terminar viviendo una tragedia similar a la que hoy enfrentan los venezolanos.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de marzo de 2014. La fotografía la tomó Jorge Jacobs el viernes 21 de febrero por la noche, cerca de la Plaza Altamira, uno de los principales puntos de protesta de los estudiantes.

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2.25.2014

Izquierdas y Derechas

"El lenguaje político está diseñado para hacer pasar las verdades por mentiras y el asesinato como algo respetable", George Orwell.


Ambos son términos relativos y simplemente como tales deben ser usados. En el debate de las ideas solo sirven para confundir al despistado que no está dispuesto a hacer el esfuerzo mental necesario para encontrar las premisas a partir de las cuales ha formado ¿o nomás repetido? juicios, y confrontarlas con la realidad para verificar si estas son falsas o verdaderas.

Política, económica y filosóficamente son vocablos de poco contenido intelectual, casi vacíos. Pueden representar cualquier cosa, según los intereses de quien los usa. Más aún, durante el sanguinario gobierno de Maximiliano Robespierre, sumo sacerdote de la Revolución Francesa de 1789 que terminó sus días como tantos miles a quienes mandó a cortar la cabeza, sólo representaban el lugar en el cual se sentaban los miembros de los principales grupos de presión que se disputaban el ejercicio del poder.

Hoy, en pleno siglo veintiuno, su anacrónico uso solo ha contribuido para perpetuar sistemas económicos y políticos cuyos hilos conductores en ambos casos, izquierda y derecha, son el estatismo y el intervencionismo, distrayendo a la mayoría de la discusión prioritaria que va más allá, ¡mucho más allá! de un supuesto enfrentamiento de extremos. Por cierto una falacia que les encanta repetir a quienes más pereza les da pensar y ni siquiera tienen la valentía de tomar partido por una escala de valores definida: aquellos que se ubican en el centro de la pueril discusión de izquierda y derecha.

Debemos discutir sobre los sistemas políticos que han sido elaborados y puestos en práctica durante nuestra historia. Sobre las premisas de los que han fracasado y los que han mostrado que funcionan para asegurar el progreso de todos en el largo plazo, aún de los menos productivos. Debatir entre personas intelectualmente honestas cuyo objetivo es encontrar la verdad, que aceptan que el árbitro final es la realidad y no las opiniones de la gente. Aquellos a quienes nos preocupa el presente en el cual vivimos y deseamos un futuro mejor para todos.

Debemos aceptar que necesitamos un fundamento filosófico objetivo, adoptado conscientemente, que nos lleve a tomar las decisiones moralmente correctas que se adecuan a nuestra naturaleza tal cual es, no como algunos quisieran que fuera. Tener juicio propio porque, como dicen que dijo Voltaire, “aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”.

Es vital entender el significado real (no el manipulado y menos el distorsionado) de socialismo, de liberalismo, de mercantilismo, de capitalismo… de las ideas que pueden cambiar, para bien o para mal, nuestro destino. Es relevante para todo ser humano que quiere vivir en libertad, dentro de una sociedad pacífica basada en el respeto mutuo a los derechos individuales de todos, reconocer que podemos actuar de manera contradictoria e irracional, pero, si decidimos actuar de ese modo, entendamos de una vez por todas que no podremos evitar las trágicas consecuencias de falsear la realidad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de febrero de 2014.

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2.17.2014

Mueren por vivir en Libertad



La semana pasada fue trágica en Venezuela. Por lo menos seis personas fueron asesinadas por esbirros del gobierno de Nicolás Maduro, y centenares fueron detenidos ilegalmente. De muchos de ellos aún se desconoce su paradero. Entre los muertos se encuentran estudiantes universitarios de los que convocaron a la población para expresar pacíficamente su malestar con el deterioro de la vida de los habitantes de su país. Un territorio en el cual se encuentra una de las mayores reservas petroleras del mundo, sin embargo, para la mayoría es un calvario encontrar productos diarios básicos, como por ejemplo el papel de baño, la leche, los huevos, la carne… En fin, el socialismo del siglo veintiuno los ha regresado a condiciones propias del siglo dieciocho.

Hace más de 15 años (2 de febrero de 1999) cuando Hugo Chávez llegó al ejercicio del poder, los venezolanos esperaban que el cambio de sistema que les había ofrecido el ungido les permitiría vivir mejor. La mayoría que democráticamente voto por él y su propuesta, se engañó a sí misma creyendo que el cambio que les ofrecía era el que necesitaban para progresar.

Estaban mal, no me cabe duda. El Estado Benefactor/Mercantilista bajo el cual vivían (y vivimos nosotros) es un fracaso y sus consecuencias en el largo plazo son nefastas: fomenta la proliferación de grupos de presión que buscan privilegios, facilita la corrupción y promueve el parasitismo y la mendicidad en tantos que se acostumbran a existir de manera mediocre, mantenidos por otros. No obstante, el socialismo pleno que les ofreció Chávez era aún peor: solo profundizó los males del sistema anterior pues, al fin, sus premisas son muy similares. Además, acabó con la poca Libertad que aún tenían.

Como bien escribió Luis Figueroa en su blog “Carpe Diem” (www.luisfi61.com): "Aquellas dictaduras no llegan ahí solitas. Hay quienes las llevan y las cultivan. Se cultivan entre la decepción ciudadana frente a políticos corruptos e ineptos. Se cultivan con la complicidad de élites clientelares, pancistas, ajenas a los principios, acomodaticias, serviles y codiciosas. Se cultivan entre ciudadanos que creen que pueden evitar las consecuencias de eludir la realidad y que no se involucran en la cosa pública por prudencia, o por cobardía. Se cultivan entre intelectuales que celebran las dictaduras en las vecindades. A las dictaduras hay que detenerlas antes de que se consoliden”.

En Guatemala necesitamos que más personas participen cívicamente antes de que lleguemos a una situación parecida a la descrita. Aprendamos de los errores de ellos. Ignorando la realidad lo único que hacemos es facilitar el camino de los dictadores que terminan convirtiendo en siervos suyos a los otrora mandantes. Si queremos algún día vivir en paz, dentro de una sociedad donde nos respetemos los unos a los otros, donde todos seamos iguales ante la Ley y los gobernantes no puedan utilizar el poder para violentar nuestros derechos, debemos involucrarnos en la batalla de las ideas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de febrero de 2014.

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10.11.2010

Blenocracia


O la gonorrea del poder ilimitado. Según la “Real Academia de la Cleptocracia”, la blenocracia (consecuencia del sistema mencionado), también llamada gonocracia es el “flujo mucoso ocasionado por la inflamación del poder, principalmente dentro de los sistemas socialistas. Se utiliza casi exclusivamente refiriéndose al uso del ser humano como medio, sacrificable, bajo la excusa de que el interés de la mayoría debe estar por encima de los derechos individuales”.

Los experimentos en guatemaltecos, llevados a cabo entre 1946 y 1948 bajo la responsabilidad del gobierno estadounidense del demócrata Harry S. Truman, deben ser condenados. Y todo aquel llevado a cabo en circunstancias similares en cualquier lugar. Aclaro: lo condenable no es la experimentación, la cual es necesaria para el avance de la civilización, sino la forma en la que se hicieron los experimentos citados. Primero, porque las prostitutas, presos, militares y enfermos mentales que fueron inoculados con sífilis, gonorrea y chancro, fueron engañados por los burócratas estadounidenses con la venia de empleados del gobierno de Guatemala. Y segundo, porque no existe justificación alguna para que unos hombres sacrifiquen a otros, por más nobles que sean las intenciones ni la cantidad de gente que se beneficie con este sacrificio.

Tanto Barack Obama, actual Presidente de Estados Unidos, como Hillary Clinton, Secretaria de Estado, se disculparon. El primero, políticamente correcto, con Álvaro Colom, Presidente de Guatemala. La segunda, correctamente, con las víctimas y sus familiares. Por supuesto, Colom al igual que otros politiqueros oportunistas y gorrones, no perdieron el tiempo en ver cómo sacan provecho de este lamentable hecho, solicitando una compensación para el abstracto Estado. Compensación que va a terminar en los bolsillos de quienes la administren.

Sin embargo, a quienes deben pedir perdón y resarcir los daños causados es a las víctimas. Y también deben pedir perdón los miembros del gobierno de Juan José Arévalo que todavía estén vivos por haber permitido tales experimentos. Por lo menos tres Ministerios, o sus equivalentes a la fecha, estuvieron involucrados: el de Salud, el de Gobernación y el de la Defensa. Por cierto, al frente de este último estaba Jacobo Arbenz. ¿Cómo es posible que haya quienes, ante tan contundente evidencia, pretenden negar que los estudios conducidos por los burócratas gringos hayan sido del conocimiento del Presidente Arévalo?

La investigadora que hace este aberrante descubrimiento, declaró que los experimentos se hicieron en Guatemala, ya que las condiciones legales de nuestro país los facilitaban. Fue una negociación entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Guatemala. Y hago énfasis en esto porque no guardo ningún sentimiento antiestadounidense. Al contrario, admiro a los padres fundadores y los creadores de riqueza de este país. Recordando a Ronald Reagan: “El gobierno no es la solución. El gobierno es el problema”.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de octubre de 2010. La imagen de “La Gloriosa Victoria” de Diego Rivera la bajé de la Internet.

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