Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

5.13.2019

Reto a Sandra Torres

Imagen propiedad del diario guatemalteco "elPeriódico".


La candidata presidencial de la UNE, Sandra Torres, mostró de nuevo su tendencia al autoritarismo, como lo dejó ver cuando ejerció impunemente el poder durante la presidencia de Álvaro Colom. Primero, denunciando a los fiscales del Ministerio Público que están investigando sus vínculos con financistas que se sospecha que son narcotraficantes o fondos cuyo origen es corrupto. Y ahora, intentando amordazar al diario elPeriódico para que no publiquen noticias de ella, tanto las periodísticas como las amarillistas, utilizando en ambos casos la Ley de Femicidio.

Es un común denominador en los aspirantes a dictadores con un ego frágil, considerar sus enemigos a quienes los cuestionan, no se pliegan a sus deseos y les recuerdan que en el marco de una República, los que mandamos somos los ciudadanos y los que obedecen son los gobernantes. Ninguno de los procesos mencionados es justificable, y los jueces que la apoyaron deben ser investigados: tanto los integrantes de la Sala Segunda de Apelaciones, Rafael Morales Solares, Franc Armando Martínez Díaz y Fredy López Contreras; como la juez Susan Sabrina Salazar que le otorgó medidas en contra de Juan Francisco Sandoval y Andrei González de la FECI.

Estos casos son una muestra más de cómo se tergiversan las leyes, desnudando la corrupción que también corroe al Organismo Judicial.  Debemos fiscalizar el proceso de selección de los próximos magistrados de la Corte Suprema de Justicia y las Cortes de Apelaciones, para evitar la manipulación de esas elecciones. Más aún, tomando en cuenta el poder que tiene la bancada de la UNE en el actual Congreso.

La molestia que tenga Torres con elpeladero, la sección de chismes anónimos de elPeriódico, no justifica utilizar la ley, cualquiera que esta sea, para violentar la libertad de expresión de nadie. Si acaso considera que la ofendieron y mintieron en lo que a ella respecta, debe recurrir a los Tribunales de Honor (Código Penal, artículo 159 –calumnia–, artículo 161 –injuria- o 164 –difamación) o a los Tribunales de Imprenta, dependiendo al que corresponda la supuesta ofensa, como bien lo aclaró la Corte de Constitucionalidad.

Dice el Artículo 35 de la Constitución Política de la República de Guatemala que “Es libre la emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión, sin censura ni licencia previa. Este derecho constitucional no podrá ser restringido por ley o disposición gubernamental alguna. Quien en uso de esta libertad faltare al respeto a la vida privada o a la moral, será responsable conforme a la ley. Quienes se creyeren ofendidos tienen derechos a la publicación de sus defensas, aclaraciones y rectificaciones. No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos”.

Creo en promover una cultura que favorezca la discusión y que fomente la empatía, el respeto y la benevolencia, todo lo anterior en pro de la búsqueda de la verdad. Y considero que el ataque ad hominen es una forma equivocada y despreciable de expresión. Sin embargo, por el bien de todos, debemos respetar el derecho de quién así se expresa. Ese es el costo que debemos pagar para vivir en libertad. El derecho a la libertad de expresión es la principal defensa que tenemos los ciudadanos contra las dictaduras. Es el respeto irrestricto a la libertad individual lo que permite que circule la verdad. Reto a Sandra Torres a que se atreva a demandarme: a mí y al 50 por ciento de los electores que nunca votaríamos por ella.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “El Siglo”, el lunes 13 de mayo de 2019.

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3.05.2018

¿Magistrados o dictadores de la CC?




El frágil sistema de pesos y contrapesos propuesto por los constituyentes en 1985 ya no funciona. O, tal vez nunca funcionó, porque la falla del sistema es de raíz. El problema se origina en las premisas a partir de las cuales acordaron las normas que nos iban a regir en la que, efectivamente, es la era democrática; en la cual la mayoría (de la minoría que es la que generalmente vota) elige emocionalmente, motivada por ofertas incumplibles pero que alimentan la falaz y cómoda idea de que alguien más se va hacer cargo de nuestras vidas.

La ironía del caso es que al final, quiénes se han convertido en los dioses de nuestra democracia son cinco personas que integran la Corte de Constitucionalidad (CC), quienes ni siquiera son electos por los ciudadanos, sino son designados a dedo, dependiendo de qué grupo de presión es el más influyente en un momento determinado. Por cierto, esos mismos grupos de interés son también un resultado del sistema de incentivos perversos que actualmente impera en nuestro país, en el cual en última instancia prevalece la voluntad de los magistrados de la Corte mencionada. En otras palabras, son ellos quienes están gobernando sin límites e importándoles poco la Constitución, la justicia y el bienestar de los guatemaltecos. Un  ejemplo de lo anterior es el caso del cierre de operaciones de la Mina San Rafael.

Leslie Stephen, en “The Science of Ethics” (1882), reconoce que “los abogados tienden a hablar como si la legislatura fuera omnipotente, ya que no se ven precisados a ir más allá de sus decisiones… pueden hacer cualquier ley que les plazca y en cuanto una ley significa cualquier norma establecida por la legislatura”. Y, aunque Stephen considera que “desde el punto de vista científico, el poder de la legislación está estrictamente limitado... desde dentro porque la legislatura es el producto de una cierta condición social… que determina la sociedad… [Por medio de] la Constitución… y desde fuera, porque el poder de imponer leyes depende del instinto de subordinación, que en sí mismo tiene sus límites”, en nuestra triste realidad, los legisladores podrían decidir que había que “matar a todos los niños de ojos azules”, probando la locura que los invade, y, peor aún, la mayoría de los ciudadanos mostrarían que se han convertido en “súbditos idiotas” sometidos a una legislación absurda, exigiendo que ésta se cumpla.

¿Cómo serán recordados los magistrados de la CC?  ¿Cómo personas honestas, respetuosas de la ley y conscientes de su responsabilidad? ¿O cómo oportunistas vendidos a la voluntad destructora de CALAS? ¿Cuántos se quedaran sin trabajo si cierra definitivamente la Mina San Rafael? ¿Quiénes se benefician del cierre y por qué se benefician? ¿Qué podemos hacer? ¿Nos encontramos indefensos ante las decisiones de la CC? ¿Sólo nos queda esperar que, casi por milagro, los dictadores de la mencionada corte cumplan con su función de defender el orden constitucional, según dicta el artículo 268 de la Constitución?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de marzo de 2018.

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12.11.2017

¿Cómo limitar el poder?



Es la pregunta más importante que nos debemos hacer, si queremos vivir en una sociedad donde todos, a partir de nuestros objetivos personales y esfuerzo propio, podamos prosperar. Sólo limitando el poder que gozan quienes lo ejercen, a las funciones que son propias de la naturaleza del gobierno podemos acabar con la corrupción. Sólo limitando el poder podemos convivir en paz con los demás y progresar.

Es irónico que en Guatemala el gobierno sea débil en el cumplimiento de sus obligaciones, dar seguridad y velar porque haya justicia; pero inmensamente poderoso en funciones que no le corresponden, lo que facilita el abuso del poder. El estatismo intervencionista, que otorga más poder discrecional a los gobernantes, es el origen de la corrupción. No es el gobernante responsable, ni debe serlo actuando en nombre del abstracto Estado, de satisfacer los gustos, deseos y demandas de los individuos y los grupos de presión. Que algunos quieran que alguien más les provea sus necesidades, no hace de ésta exigencia una obligación de los gobernantes.

¿Cómo lograr que aquellos que detentan el poder lo limiten? ¿Cómo quitarles el poder innecesario que les hemos otorgado? Exigiendo al Congreso la desregulación: la eliminación de todos aquellos decretos que les han permitido a los gobernantes adquirir más poder discrecional y arbitrario. Si queremos vivir en una sociedad donde imperen la paz, el respeto y la justicia, en la cual podamos convivir, compartir e intercambiar sin la intervención caprichosa de terceros, exijamos a los diputados que legislen menos y fiscalicen más.

Como bien lo explicó el político estadounidense James F. Byrnes (quien ejerció como diputado, senador, juez de la Corte Suprema de Justicia, Secretario de Estado y gobernador) al describir lo que le sucede a la mayoría de quienes gobiernan con pocos límites: “El poder intoxica a los hombres. Cuando un hombre está intoxicado por el alcohol, puede recuperarse, pero cuando está intoxicado por el poder, rara vez se recupera”.

¿Por qué es importante que el ejercicio del poder sea temporal, y ese tiempo racional y prudentemente limitado? Por el peligro de que aquellos que ejercen el poder terminen enamorándose de este y convirtiéndose en dictadores, una amenaza permanente, en particular en países donde los atributos de una república son pocos y prevalece, por otro lado, la democracia, como es el caso de muchos naciones latinoamericanas.

Recordemos el sabio consejo que dio John Adams en Notes for an Oration at Braintree en la primavera de 1772: “Hay un peligro de todos los hombres. La única máxima de un gobierno libre debería ser no confiar en ningún hombre que viva con poder para poner en peligro la libertad pública”. El límite al poder del gobernante debe ser el respeto irrestricto a los derechos individuales de todos, con excepción de aquellos que violenten los derechos de otros y al iniciar el uso de la fuerza contra alguien más, renuncian a sus propios derechos.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de diciembre de 2017.

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12.05.2016

El traidor de la revolución



El pasado 25 de noviembre murió el traidor de la verdadera revolución cubana, la que buscaba acabar con el gobierno del dictador golpista, Fulgencio Batista. La revolución de hombres y mujeres que querían progresar en libertad. Murió Fidel Castro Ruz, el impostor. Se fue de noche, una noche oscura, como oscura ha sido la vida de quienes soñaron con vivir libres de dictadores, el motivo por el cual lucharon contra la dictadura de Batista. La razón por la cual muchos murieron, no sólo durante el conflicto, también después de haber vencido: muertos por orden del entronizado Castro.

Una revolución que terminó cuando el fallecido dictador acabó con las esperanzas de muchos. Una quimera basada en mitos. Mantenida por una mala educación, que lo correcto es llamarla programación e ideologización, fracasada en la mayoría de los casos confirmados en el largo plazo. Sustentada por un sistema de salud mediocre para el pueblo, cuyas estadísticas son falseadas por los funcionarios estatales. ¡Qué diferente sería la vida de los cubanos si el progreso previo a la dictadura de Castro no hubiera sido interrumpido!

Para 1955, Cuba era el segundo país de Latinoamérica con menor mortalidad infantil: 33.4 por cada mil nacidos. En 1956 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció a Cuba como el segundo país de Iberoamérica con los más bajos índices de analfabetismo: 23.6 por ciento. Para esa fecha, Haití tenía un 90 por ciento de analfabetismo y España, El Salvador, Bolivia, Venezuela, Brasil, Perú, Guatemala y República Dominicana, el 50 por ciento. En 1957 la ONU reconoció a Cuba como el mejor país de Iberoamérica en número de médicos per cápita (1 por cada 957 habitantes), con el mayor porcentaje de viviendas con electricidad (82.9 por ciento) y viviendas con baño propio (79.9 por ciento). También reconoció en 1957 a Cuba como el segundo país de Iberoamérica, después de Uruguay, en el consumo calórico per cápita diario: 2870.

¿Cuál sería la calidad de vida de los cubanos en la isla sin el socialismo de Castro y sus seguidores? ¿Cómo sería su existencia si hubieran adoptado un gobierno republicano dentro de un sistema capitalista basado en el respeto irrestricto a los derechos individuales de todos? ¿Cuáles son las ideas que predominan en la mente de los cubanos? ¿A quiénes admiran los isleños? ¿A gente violenta de corta visión que impone sus decisiones a puro balazo? ¿O a personas pacíficas que buscan el cambio por medio de la discusión honesta basada en juicios verdaderos, en hechos de la realidad y con visión de largo plazo? ¿En gente autoritaria, egocéntrica, manipuladora, megalómana? ¿O en personas racionales, objetivas y honestas?

De las respuestas a las anteriores preguntas, entre otras cosas, depende el futuro de los cubanos después de la muerte de Fidel Castro, a quien la historia NO va a absolver, tal y como ya lo dijo Carlos Alberto Montaner. Ojalá los cubanos superen el miedo en el que viven y se unan para vencer a los herederos de la dictadura.
                                                                       

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de diciembre de 2016.

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8.24.2015

Estatistas, altruistas y déspotas



Creen en el sacrificio… de otros, por supuesto, no del propio. Creen que los cubre un manto divino que los autoriza a quitarles a unos lo que les pertenece por derecho para dárselo a otros que ellos arbitrariamente han escogido como los beneficiarios del esfuerzo mental y físico de los despojados. Tal acto despótico lo justifican alegando que sus elegidos necesitan más los bienes expropiados que los legítimos propietarios.

Unos pretenden cometer tal injusticia por medio de leyes pervertidas “¡Ley hacedora de iniquidad, cuando su misión era castigar la iniquidad!”, como sentenció Frédéric Bastiat. Otros por medio de medidas de hecho. Ambos se imponen a la fuerza: los primeros utilizan el monopolio de ésta que ejercen los gobernantes en nombre del abstracto Estado y los otros simplemente recurren a la fuerza bruta.

Entre quienes promueven el estatismo encontramos varios grupos. Por un lado están los socialistas de salón, la gauche caviar: cómodos burgueses que se dedican a pontificar sobre las bondades de su ideología y su pretendida superioridad moral. Durante sus opíparos banquetes se convierten en una especie de exégetas, capaces de decidir por los demás qué es lo que les conviene, ya que por algún motivo desconocido al resto nos es imposible escoger qué queremos en nuestras vidas.

Dentro de este colectivo hay quienes pueden llegar a experimentar un éxtasis casi orgásmico al discurrir sobre el sistema injusto e inmoral que alaban. Total, lo hacen plácidamente sentados desde sus pupitres académicos, sus escritorios de burócratas de organismos internacionales o en el cóctel en la casa en La Cañada de algún embajador, mientras degustan de los exquisitos manjares y vinos pagados por los impuestos de otros.

Luego, encontramos a los violentos, a los más irracionales de todos. A aquellos que recurren a la intimidación y amenazan con actos terroristas si no se cumple con sus exigencias. Antisociales que dañan principalmente al pobre ciudadano productivo que ve como violan sus derechos impunemente y se encuentra sin posibilidades de defenderse de estos delincuentes. Gente frustrada, fracasada: desean ardientemente que el resto no sea feliz, que no haya creación de riqueza y que la prosperidad sólo sea un sueño inalcanzable.

Los socialistas de penthouse, promueven más intervención por parte del gobierno por medio de más privilegios y más impuestos. Así logran que prevalezca el sistema de incentivos perversos basado en la violación de los derechos individuales de la mayoría. Estos influyentes personajes, políticamente correctos, ansían llegar al ejercicio del poder sin esfuerzo: esperan que los poderosos representantes de otros países y los directores de los organismos burocráticos supranacionales los nombren salvadores de los pobres. Los segundos están dispuestos a arrebatar ese poder a la fuerza. Unos se consideran brillantes y refinados. Los otros son burdos y vulgares, pero todos buscan lo mismo: imponer su voluntad al resto y vivir a costa de los demás.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de agosto de 2015.

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2.17.2014

Mueren por vivir en Libertad



La semana pasada fue trágica en Venezuela. Por lo menos seis personas fueron asesinadas por esbirros del gobierno de Nicolás Maduro, y centenares fueron detenidos ilegalmente. De muchos de ellos aún se desconoce su paradero. Entre los muertos se encuentran estudiantes universitarios de los que convocaron a la población para expresar pacíficamente su malestar con el deterioro de la vida de los habitantes de su país. Un territorio en el cual se encuentra una de las mayores reservas petroleras del mundo, sin embargo, para la mayoría es un calvario encontrar productos diarios básicos, como por ejemplo el papel de baño, la leche, los huevos, la carne… En fin, el socialismo del siglo veintiuno los ha regresado a condiciones propias del siglo dieciocho.

Hace más de 15 años (2 de febrero de 1999) cuando Hugo Chávez llegó al ejercicio del poder, los venezolanos esperaban que el cambio de sistema que les había ofrecido el ungido les permitiría vivir mejor. La mayoría que democráticamente voto por él y su propuesta, se engañó a sí misma creyendo que el cambio que les ofrecía era el que necesitaban para progresar.

Estaban mal, no me cabe duda. El Estado Benefactor/Mercantilista bajo el cual vivían (y vivimos nosotros) es un fracaso y sus consecuencias en el largo plazo son nefastas: fomenta la proliferación de grupos de presión que buscan privilegios, facilita la corrupción y promueve el parasitismo y la mendicidad en tantos que se acostumbran a existir de manera mediocre, mantenidos por otros. No obstante, el socialismo pleno que les ofreció Chávez era aún peor: solo profundizó los males del sistema anterior pues, al fin, sus premisas son muy similares. Además, acabó con la poca Libertad que aún tenían.

Como bien escribió Luis Figueroa en su blog “Carpe Diem” (www.luisfi61.com): "Aquellas dictaduras no llegan ahí solitas. Hay quienes las llevan y las cultivan. Se cultivan entre la decepción ciudadana frente a políticos corruptos e ineptos. Se cultivan con la complicidad de élites clientelares, pancistas, ajenas a los principios, acomodaticias, serviles y codiciosas. Se cultivan entre ciudadanos que creen que pueden evitar las consecuencias de eludir la realidad y que no se involucran en la cosa pública por prudencia, o por cobardía. Se cultivan entre intelectuales que celebran las dictaduras en las vecindades. A las dictaduras hay que detenerlas antes de que se consoliden”.

En Guatemala necesitamos que más personas participen cívicamente antes de que lleguemos a una situación parecida a la descrita. Aprendamos de los errores de ellos. Ignorando la realidad lo único que hacemos es facilitar el camino de los dictadores que terminan convirtiendo en siervos suyos a los otrora mandantes. Si queremos algún día vivir en paz, dentro de una sociedad donde nos respetemos los unos a los otros, donde todos seamos iguales ante la Ley y los gobernantes no puedan utilizar el poder para violentar nuestros derechos, debemos involucrarnos en la batalla de las ideas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de febrero de 2014.

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1.13.2014

Desestabilizadores



Hay un tema muy importante que debemos enfrentar este año: la amenaza gubernamental a la libertad de expresión, la cual parece rebasar los límites a los que se habían atrevido a llegar otros gobernantes. Es un común denominador en los aspirantes a dictadores con un ego frágil, considerar sus enemigos a todos aquellos que nos atrevemos a cuestionarlos, no nos plegamos a sus deseos y les recordamos que en los Estados contemporáneos los mandantes (los que mandamos) somos los ciudadanos y los mandatarios (los que obedecen) son los gobernantes.

Parte de esta idea quedó plasmada, entre otros, en el artículo 35 de nuestra Constitución, en especial en el segundo párrafo que reza: “No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos”. Cargos que ocupan desde el momento que toman posesión hasta el instante en el que entregan el poder a su sucesor, sin licencias en horas inhábiles, fines de semana, asuetos y feriados. Por tanto, deben aguantar estoicamente la crítica que se les haga, les guste o no lo que de ellos se diga, quién lo diga y cómo lo diga.

Los derechos civiles son reconocidos por las constituciones republicanas para que los ciudadanos se puedan defender del abuso del poder por parte de los gobernantes, y no al revés. Es absurdo, ilegal e ilegítimo que los gobernantes pretendan usar la carta de ciudadanos cuando se encuentran en el ejercicio del poder, e intenten acusar a quienes los critican de desestabilizar el sistema corrupto en el cual vivimos. Un sistema que solo los beneficia a ellos y al pequeño círculo de familiares, amigos y líderes de grupos de presión que los rodean.

Es lamentable la actitud servil del editorialista de Prensa Libre del 8 de enero pasado, que en lugar de defender el derecho fundamental a la libre expresión por el cual derramaron su sangre los fundadores de ese medio, busca quedar bien con dios y el diablo al mismo tiempo aunque eso signifique manipular la Constitución y negociar principios. La ley se debe cumplir al pie de la letra, y no según la caprichosa voluntad de quien la interprete, lo que ha sido, precisamente, uno de los problemas en Guatemala. Y, ¡qué ironía! es esto lo que propone el autor de marras: más arbitrariedad y menos objetividad. Por otro lado, me alegró leer al día siguiente en el Editorial del mismo medio la posición contraria a la del miércoles citado. Al parecer no todo “está podrido en el Estado de Dinamarca”, parafraseando a Shakespeare.

Muchos consideramos el ataque ad hóminen una manera equivocada y despreciable de expresar nuestra opinión. Sin embargo, por el bien en el largo plazo de todos, debemos respetar el derecho de quién así decide manifestarse. Recordemos que es el respeto irrestricto a la libertad individual lo que permite que circule la verdad. Ya dependerá de quien la escucha, y de si es o no intelectualmente honesto, diferenciarla de la mentira.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de enero de 2014.

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12.03.2012

El regalo de Otto




El Sr. Presidente, Otto Pérez Molina, al mejor estilo de los dictadores del siglo diecinueve y del siglo veinte, pidió a los diputados que de regalo de cumpleaños aprobaran la mal llamada iniciativa de ley de desarrollo rural integral, que tal y como varios ya lo han mencionado, más debería de llamarse de subdesarrollo y yo le agrego el apellido de general, ya que no solo va a afectar a quienes viven en las áreas rurales, sino a todos los habitantes de Guatemala, a excepción de los saqueadores y los oportunistas que sueñan con los miles de millones de quetzales de los tributarios que van a circular (no será bloqueado su libre tránsito) por el nuevo Ministerio que piensan crear.

Lo anterior confirma, una vez más, mi convicción de que el actual Presidente, como los anteriores, no tiene ni la menor idea de lo que es gobernar hoy en el siglo veintiuno, cuando somos muchos (cada vez más) los que estamos claros en lo que respecta a nuestro papel en una República Liberal, como la que aspira a ser Guatemala. Nosotros somos los mandantes y el Presidente del Ejecutivo el mandatario. Nosotros ordenamos y él obedece un mandato específico. Ahora ¿cuál es ese mandato específico? ¿Por qué se da? ¿Para qué sirve?:

Escribe Ayn Rand en el ensayo titulado “La naturaleza del gobierno”: “Una sociedad que le roba al individuo el producto de sus esfuerzos, lo esclaviza o intenta limitar la libertad de su mente, o lo compele a actuar contra su propio juicio racional, una sociedad que crea un conflicto entre sus dictámenes y los requerimientos de la naturaleza humana, no es, estrictamente hablando, una sociedad sino una turba que se mantiene unida bajo el poder de un grupo dedicado al pandillaje político institucionalizado. Una sociedad así destruye todos los valores de la coexistencia humana, no tiene justificación posible y no representa una fuente de beneficios, sino la más mortal de las amenazas para la supervivencia humana…

“Si una sociedad no proporcionara a sus integrantes una protección organizada contra la fuerza, obligaría a todo ciudadano a estar permanentemente armado, a convertir su hogar en una fortaleza…

“Para excluir la violencia de las relaciones sociales se necesita una institución que se encargue de la tarea de proteger los derechos de los hombres de acuerdo con un código de reglas objetivo. Ésta es la misión de un gobierno (de un gobierno justo), su misión básica; es su única justificación moral y la razón por la cual los hombres necesitan un gobierno. Un gobierno es el medio para mantener el uso de la fuerza física represiva bajo un control objetivo, es decir, bajo leyes objetivamente definidas”.

Tómese el presente artículo como mi regalo para el Presidente y todos aquellos que ansían llegar al ejercicio del poder. Tómese como marco de acción para aquellos que los vamos a elegir y queremos vivir dentro de una sociedad basada en el respeto mutuo. En una sociedad de personas libres, de personas responsables.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de diciembre de 2012. La imagen es de Luis Soto para “elPeriódico”.

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7.02.2012

Dictadura Constitucional




Después de leer y analizar detenidamente el proyecto de reforma a la Constitución Política de la República de Guatemala, conocido popularmente como el paquetazo constitucional, presentado por Otto Pérez Molina, presidente del Organismo Ejecutivo, y sus asesores, puedo asegurar que el fin último del mismo es fortalecer el sistema presidencialista y casi desaparecer las pocas instituciones republicanas de nuestro actual sistema de normas. Además de intentar, de nuevo, formalizar las fracasadas reformas acordadas por los signatarios de los mal llamados acuerdos de paz de 1996, las que fueron rechazadas en la Consulta Popular de 1999.

Uno de los mejores cuestionamientos que he leído a las intenciones del todavía MANDATARIO, es el hecho por el dirigente sindical Victoriano Zacarías, el cual fue publicado en el diario Prensa Libre del pasado 28 de junio: “¿Qué beneficio tenemos los trabajadores y ciudadanos? ¿Se va a terminar la delincuencia, el alto costo de la vida, el desempleo? ¿Habrá agua en algunas colonias donde pasan más de 8 días y no hay? Es lo que nos van a preguntar los compañeros”. Y son las preguntas básicas que debemos hacernos todos los todavía MANDANTES.

Hago énfasis en la calidad de mandatario del Presidente (en buen chapín, el primer mandadero de la nación), y la facultad de mandante del ciudadano (el que manda al mandadero) porque en la parte del llamado “Fortalecimiento del sistema político”, incluyen una modificación al artículo 182, la cual deja de reconocer que el Presidente del Organismo Ejecutivo ejerce sus funciones por mandato del pueblo y lo convierte en Jefe de Estado y Jefe del Organismo Ejecutivo, cuál émulo de Hugo Chávez y todo aspirante a dictador.

Para rematar la intención de los ponentes de convertir al Presidente del Organismo Ejecutivo en soberano de la nación, incluyen cambios a varios artículos que van desde transformar en un monstruo de dos cabezas al Organismo Judicial (que al final dependerían del Ejecutivo) hasta eliminar el derecho de los ciudadanos a decidir bajo qué normas vamos a vivir, tal y como queda expresado en la modificación al artículo 279: “Para cualquier reforma constitucional se deberá convocar a una Asamblea Nacional Constituyente”. Eliminan la consulta popular. Le quitan el poder de decisión al mandante: al ciudadano, al pueblo.

Y las anteriores reflexiones son apenas las primeras que comparto con ustedes. Hoy quisiera tener al menos diez cuartillas de espacio para detallar, artículo por artículo, el porqué el proyecto de reformas a la Constitución del gobierno debe ser rechazado por el bien de todos en el largo plazo. Nuestro presente contrato social, para llegar a ser verdaderamente una Constitución Republicana, necesita ser modificado. Pero no cualquier cambio nos va a permitir vivir dentro de un Estado de Derecho que nos proteja de los abusos de los gobernantes, de los delincuentes y de los criminales.


El presente artículo fue publicado el lunes 2 de julio de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de Internet.

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2.07.2011

Fruta robada, pan esfumado



El intentar alcanzar metas falseando la realidad es imposible. Si se parte de premisas falsas no se alcanza el objetivo buscado por más buenas intenciones que haya detrás del intento. Se termina eligiendo medios incorrectos para alcanzar los fines deseados y, generalmente, logrando lo opuesto a lo que se buscaba. Recuerden la máxima ancestral que dice: “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

Como ejemplo, comparto con ustedes las historias de dos personas que se convirtieron en los detonantes de dos revoluciones políticas en el mundo árabe del oriente próximo. Historias que leí el pasado domingo 30 de enero en el Portal Digital de El País. La primera de ellas narra el fin de Mohamed Bouazizi, quien pasó gran parte de su vida trabajando en una calle mugrienta y estrecha de Sidi Bouzid en Túnez. Bouazizi vivía en una casa de tres habitaciones con un patio de concreto. A los 26 años, como vendedor de frutas en el mercado informal, logró ganar el suficiente dinero para, mal que bien, alimentar a su familia. Soñaba con comprar una camioneta para ampliar su negocio. Su sueño nunca se hizo realidad.

La mañana del 17 de diciembre de 2010, la inspectora municipal Faida Hamdy confiscó la fruta de Bouazizi. Cuando Bouazizi se defendió y trató de recuperar su propiedad, Hamdy lo abofeteó, y con el apoyo de dos compañeros, quienes también lo golpearon, se llevaron su mercadería y una de sus principales herramientas de trabajo: la balanza. Una historia muy similar a tantas que se dan todos los días en la ciudad de Guatemala.

Bouazizi caminó hasta el edificio del ayuntamiento, donde exigió su propiedad y, como respuesta a su solicitud, fue agredido de nuevo por los inspectores municipales. Bouazizi decidió ir a la oficina del gobernador, donde demandó una audiencia que le fue negada. “Cerca del medio día, en la calle de dos carriles, frente a la enorme reja del gobernador, el vendedor se empapó con solvente para pintura y se prendió fuego”, cuentan los testigos. Después de una agonía de varios días, Bouazizi murió el 4 de enero de este año. El 14 de enero, el presidente de Túnez, Zine el Abidine Ben Ali, abandonó el país.

Abdo Abdel Moneim Hamadah, era propietario de una tienda de sándwiches en Ismailia. El pan lo obtenía subsidiado por el Estado, hasta que este fue tan escaso que la burocracia gubernamental no pudo cumplir con lo prometido. Un funcionario acordó darle el pan, no porque tuviera derecho a éste, sino por caridad. "Le hablaron como si fuera un mendigo", declaró un familiar. Se mató, cuentan, porque se sintió humillado.

Un hombre se inmola porque una empleada municipal le roba su propiedad. Un hombre se inmola por la falta de pan subsidiado que le había ofrecido el gobernante de turno. Tanto el sistema de incentivos perversos, el Estado benefactor/mercantilista, como los politiqueros oportunistas que lo administran, están quemados, como quemados terminaron sus vidas Mohamed Bouazizi y Abdo Abdel-Moneim Hamadah.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de febrero de 2011. La imagen la bajé de la Internet.

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3.16.2008

Un mundo controlable



Hace unas semanas, leí en el suplemento “elacordeón” del matutino “elPeriódico”, una entrevista hecha por Marta Sandoval a tres escritores radicados en España. De los tres, tengo el gusto de conocer personalmente a dos: Eduardo Halfon y Santiago Roncagliolo. Y es precisamente la respuesta de Santiago a la pregunta “¿Por qué empiezan a escribir?” la que me motivó a escribir este artículo. Para Roncagliolo, escribir es crear un mundo que puedas controlar. Sueño, sin duda, sólo posible en la imaginación de una persona. Fantasía transformada en ficción, en ocasiones creíble, pero sólo ficción. Por eso, probablemente, Santa Teresa de Jesús dijo que la imaginación es la loca de la casa.

Es imposible controlar el mundo real en el cuál vivimos. Sin embargo, a lo largo de la historia, ¿cuántos no lo han tratado, sacrificando a cientos de millones de personas en el intento fallido? Y lo que es peor, a pesar de la abundante y contundente evidencia acumulada sobre qué funciona y qué no funciona para progresar y mejorar la vida de todos, ¿cuántos no aprenden de los errores del pasado? Y, al repetirlos, ¿a cuántos más van a condenar a una vida miserable y a una muerte despreciable? Lo más irónico del asunto es: ¿cuántos de esos condenados no firmaron ellos mismos su sentencia al caer en la trampa de las utopías contrarias a nuestra naturaleza o, simplemente, forma de SER?

A veces, para entender el mundo en el cual vivimos y disfrutar el papel que en este hemos decidido representar, necesitamos hacer un ejercicio mental de separación. Imaginar que observamos la realidad de forma ajena e independiente a nosotros, e intentar, de una forma objetiva, juzgarla. Necesitamos dejar a un lado nuestros sentimientos que, dicen, “nublan la razón”. Por cierto, ¿quién lo dijo? Por supuesto que, dentro de esa simulación, debemos recordar que esa realidad que vamos a observar nos incluye. ¿Podemos adentrarnos en nosotros y juzgarnos equilibradamente? ¿Nos sirve esta prueba para entender a los otros y, más aún, cómo y por qué actuamos?

En ese mundo real en el cual transcurre nuestra existencia, compartimos espacio con miles de millones de individuos. Cada uno de ellos único e irrepetible. Cada quien con sus metas propias. Cada cual tomando decisiones particulares ante las circunstancias que le toque enfrentar. En fin, todos somos arquitectos, constructores y albañiles de nuestro destino personal.

Y son precisamente las acciones de todos, impulsadas por lo planteado con anterioridad, las que van transformado el mundo en el cual vivimos. Por tal motivo, nadie puede controlarlo a su antojo. Debemos el progreso de nuestra civilización al conocimiento disperso entre los que vivimos, las decisiones que cada uno toma a partir de esa parte del conocimiento que posee, y los fines que desee alcanzar. En fin, el secreto de la felicidad esta en el respeto a la libertad y la convivencia en paz.



Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de marzo de 2008. La fotografía la tomé en el museo de inmigrantes de Ellis Island, Nueva York, el 28 de noviembre de 2007.

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2.02.2007

De democracia a dictadura


Friedrich A. von Hayek, en un ensayo de 1939, titulado “La libertad y el sistema económico”, escribió: “Si un pueblo demócrata llega a ser dominado por un credo anticapitalista, querrá decir que la democracia se destruirá a si misma de manera inevitable…La creación e imposición del credo común y de la creencia en la sabiduría suprema del gobernante se convierte en un instrumento indispensable para el sistema planeado… No es accidental que el gobierno que pretenda planear la vida económica sostenga su carácter totalitario: no puede hacer otra cosa si desea permanecer fiel a la intención de planear”.

Sin duda, me recuerda a Venezuela y el recientemente elevado al cargo de dictador, Hugo Chávez.

¿Aprenderemos los guatemaltecos de los errores de los demás? Veremos que sucede en nuestra campaña 2007, ¿votaremos por reyes o por leyes?

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