Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

5.15.2017

¿Discusión o imposición de reforma?




Sé que muchos, al menos del diente al labio, opinan que sí hay una discusión de los cambios constitucionales impulsados por Iván Velásquez, Thelma Aldana y Jorge De León. Por cierto, el origen de la propuesta de cambios fue reconocido la semana pasada en el pleno del Congreso por la diputada Nineth Montenegro. Si Aldana y De León, como ciudadanos quieren presentar una propuesta y logran convencer a cinco mil ciudadanos más, están en todo su derecho de hacerlo, pero aprovecharse de sus cargos para presentar modificaciones a la Constitución es un abuso de poder. En el caso de Velásquez está claro que se está extralimitando en lo que a su mandato como Comisionado de la CICIG trata.

Sin embargo, lo más trascendente no es quién los presentó, sino qué se pretende cambiar y cuáles son las consecuencias de tales cambios. Por eso considero de vital importancia que éstos sean discutidos de manera objetiva, racional y prudente, y no falazmente como ha sido hasta hoy. Pero… más aún, en la realidad, ¿hay discusión o imposición? Por lo que hasta la fecha hemos visto, más parece que lo que se pretende es forzar los cambios al mejor estilo del contradictorio Maximiliene Robespierre, que se consideraba incorruptible y por tanto creía que todo aquel que se atrevía a discutir sus decisiones era un corrupto. ¿Les suena familiar?

Argumentos objetivos sobre el porqué se debe profundizar de manera responsable en la discusión de las reformas constitucionales abundan, por ese motivo sólo voy a mencionar brevemente algunos de estos: la concentración del poder en pocas manos va a facilitar la corrupción y el abuso de ese poder; los cambios sólo trasladan el problema de las Comisiones de Postulación al Consejo de Administración Judicial y no resuelven los conflictos de intereses entre los jueces y quienes los designan; violan los principios constitucionales en cuanto a cómo debe ser electo un funcionario; hay cambios que se pueden hacer por medio de legislación ordinaria; el pluralismo jurídico genera confusión y nos aleja de la igualdad de todos ante la ley; que los actuales diputados no son las personas idóneas para hacer los cambios constitucionales necesarios… En fin, razones válidas sobran.

La discusión entre personas intelectualmente honestas nos enriquece a todos: tanto a quienes participan activamente en éstas como en quiénes las observan y reflexionan sobre lo que leen o escuchan. Necesitamos cambios que obliguen a los gobernantes a cumplir con sus funciones primordiales, las cuales son: primero, asegurar que se respeten los derechos individuales de TODOS los miembros de la sociedad; y segundo que aquellos antisociales que los violen compensen a sus víctimas pagando las consecuencias de sus acciones. Vaya, en pocas palabras, que haya seguridad y justicia. Por eso, las reformas deben ser integrales y coherentes con la realidad, y no un montón de cambios cuyo objetivo sea satisfacer a grupos de presión, fingir ser políticamente correctos y facilitar la corrupción en el largo plazo con la excusa de buscar justicia.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 15 de mayo de 2017.

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6.13.2016

El sistema



El origen de nuestros problemas ES el sistema político que impera en Guatemala desde hace más de siete décadas. El que era el sistema de moda por aquellos tiempos, el cual fue impuesto con la Constitución promulgada en 1945. Un sistema que las siguientes Constituciones han ratificado y profundizado. Un sistema que aún en los países en los cuales previamente habían creado riqueza terminó fracasando con el tiempo. Un sistema que hoy han dejado atrás en gran parte. El sistema que ha obstaculizado el progreso de la mayoría, forzando a millones a emigrar en búsqueda de mejorar su calidad de vida y la de sus seres queridos. Un sistema de inspiración socialista light conocido como Estado Benefactor/Mercantilista.

Por lo anterior, en principio estoy de acuerdo con el hashtag que impulsaron para la recién pasada manifestación del sábado 11 de junio del presente año: #EsElSistema. No obstante, es importante aclarar con detalles y probar con evidencia contundente cuál es ese sistema. Sistema al cual hago mención en el primer párrafo, el cual es intervencionista y estatista. Un sistema de incentivos perversos: promueve la corrupción y el parasitismo. Digo lo anterior ya que hay quienes que, desde el siglo pasado, han fracasado en su objetivo de llegar al ejercicio del poder, y hoy ven una oportunidad de hacerse con éste aprovechándose de algunos jóvenes universitarios bienintencionados que desean cambiar la miserable situación en la cual viven muchos en Guatemala. Intención con la cual me identifico.

Desde mediados de 1998, fecha en la cual comencé a trabajar en medios de comunicación, y siguiendo el ejemplo de personas admirables que iniciaron la discusión cuarenta años antes que yo, hice énfasis en la necesidad del cambio RADICAL del sistema. Casi todos los artículos que he escrito desde 2005 los encuentran en mi blog (www.martayolanda.com) el cual les invito a visitar y corroborar qué he dicho y cuándo lo dije. Aquellos intelectualmente honestos, que buscan emitir juicios verdaderos, encontrarán la evidencia que les ayudará a desenmascarar a los mentirosos que buscan utilizarlos para alcanzar sus espurios fines personales. Recuerden: hay muchos buitres revoloteando en el actual río revuelto de la política nacional. Como buenos pepenadores que son, pretenden aprovecharse de la basura que está siendo expuesta y de la indignación que la corrupción genera en la mayoría de la población.

Quienes estamos preocupados por nuestro país e interesados en que las cosas mejoren para bien de todos, debemos estar enfocados, atentos a los cambios que inevitablemente se van a dar. Los cambios pueden ser para el bienestar de todos en el largo plazo o para empeorar la situación actual. La única forma que tenemos de evitar que nos vean la cara de babosos y nos receten más de lo mismo que ha sido probado hasta el cansancio que sólo beneficia a quienes llegan al ejercicio del poder y a su círculo cercano, es que no nos dejemos llevar por la emoción. Que prevalezca el uso de la razón.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de junio de 2016.

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8.03.2015

¿Quiere mantener más diputados?



Y no solo mantenerlos, ¡pagarles su propaganda electoral! A ellos y a todos los miembros de sus partidos que deseen un hueso en el Congreso o en cualquier otro lado de la corrupta burocracia del abstracto Estado. Yo, como lo enfaticé en mi artículo de la semana pasada, me opongo ROTUNDAMENTE a que me obliguen a pagar las campañas publicitarias de los partidos por medio de cambios a la Legislación Electorera y de Pandillas Politiqueras (LEPP).
                                  
Rechazo la intención de los magistrados del Tribunal Supremo Electoral (TSE), de Iván Velásquez de la CICIG, y de los actuales diputados de que NOSOTROS, los ya agobiados tributarios, seamos obligados a financiar las campañas publicitarias de gente que en su mayoría despreciamos por mentirosos, holgazanes y ladrones. Reformas que le pidió Otto Pérez Molina a sus diputados que aprobaran con carácter de urgencia ¿Por qué?

Los cambios propuestos no sólo van a seguir atrayendo a embusteros, a saqueadores y a gorrones, sino también a más oportunistas que les da igual llegar o no al ejercicio del poder, ya que se conforman con vivir cómodamente de ser los eternos candidatos: vivirán de las campañas pagadas por usted y yo. Las reformas propuestas por el TSE que ya fueron aprobadas en segunda lectura (aunque bajo un procedimiento cuestionado) sólo les facilitan a los politiqueros llegar al ejercicio del poder utilizando NUESTRO dinero (los impuestos que nos son expoliados) pero NO cambian los motivos por los cuáles estas joyitas quieren llegar al ejercicio del poder. El sistema de incentivos perversos (intervencionista, colectivista) que atrae a los peores representantes de nuestra sociedad continúa vigente y fortalecido.

Con las #ReformasMañosas, además de recetarse por lo menos Q150 millones de nuestros impuestos sólo para pagar su publicidad durante las elecciones, aumentan el número de diputados a 160, permiten el transfuguismo en el año electoral, mantienen la elección de diputados por listados, proponen cuotas de poder para mujeres e indígenas que solo van a fomentar el nepotismo y el clientelismo y consolidan el cartel de las pandillas politiqueras que sin duda se van a multiplicar por medio de la creación de comités cívicos, solo para mencionar los más nefastos cambios que pretenden aprobar ilegalmente los congresistas. Por cierto, Velásquez mintió al declarar en CNN que estas reformas fueron consensuadas. ¿Consensuadas por quiénes? ¿Por aquellos que ha acusado de corruptos? ¿Por grupos de presión?

Necesitamos cambios en nuestro sistema político actual (Estado Benefactor/Mercantilista). Pero no se trata de hacer cambios por hacerlos. Debemos hacer las reformas radicales que nos permitan acabar de raíz con el origen de la corrupción, que es el sistema de incentivos perversos, inmoral e injusto, que prevalece en Guatemala y, lamentablemente, la mayoría de las reformas propuestas a la LEPP que están discutiendo los diputados, en lugar de acabarlo, lo refuerza en beneficio de los saqueadores que llegan al poder.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de agosto de 2015.

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2.03.2014

Secuestrados




Después de que la mayoría de diputados cedieron al chantaje de los gobernantes apoyados por los delincuentes del STEG, sentí que violaron mis más elementales derechos: que fui secuestrada por una banda a la cual mis conciudadanos le entregaron el poder de decidir sobre mi vida, mi libertad y mi propiedad. El contubernio entre Otto Pérez Molina y los malhechores que bloqueron las carreteras quedó claro ante la ausencia de las fuerzas de seguridad, responsables de velar porque se respeten los derechos de todos, incluido el derecho a la libre locomoción. ¿Dónde estaba Mauricio López Bonilla, el inútil Ministro de Gobernación? ¿Escondido debajo de su escritorio?

También es despreciable la actitud de los congresistas que, cual cobardes sabandijas, capitularon frente a las hordas de Joviel Acevedo, el más famoso perro de ataque de los gobiernos de turno en el presente siglo. ¿Cuánto dinero se irá a embolsar el mencionado criminal que actúa impunemente en Guatemala? ¿Qué ganaron los diputados con aprobar la ampliación presupuestaria por 1500 millones de quetzales? Dinero que usted sabe que saldrá de nuestros bolsillos: de nosotros, los explotados tributarios.

Pero, lo más importante es entender el origen del problema, el por qué; y reconocer que el poder que hoy gozan los gobernantes lo han adquirido a lo largo de los años. Lamentablemente los constituyentes de 1985 desperdiciaron la oportunidad que tuvieron de legar a los guatemaltecos un sistema político justo, republicano, que asegurara la igualdad de todos ante la Ley y limitara el ejercicio del poder. En lugar de eso, nos decretaron una Constitución complaciente con los grupos de presión, los cuales a la fecha se han multiplicado bajo el abrigo del Estado Benefactor/Mercantilista por el cual se decantaron nuestros más recientes padres y madres de la Patria.

Los designados a la trascendental tarea de decidir las normas bajo las cuales íbamos a vivir, imbuidos por ardores ideológicos, más preocupados en satisfacer intereses de sectores, faltos de una filosofía objetiva, optaron por aprobar un fiambre de reglas que abrieron las puertas no solo a la confusión (por las contradicciones en las que cayeron) sino que allanó el camino que permite la corrupción que corroe todos los entes estatales, ya sean centrales o locales. Como era de esperarse, esa carencia de virtudes de unos, y la incoherencia en otros, contadas las excepciones, dieron vida al sistema de incentivos perversos dentro del cual vivimos hoy, los cuales han promovido el olvido de muchos de los principios fundamentales que aseguran la convivencia pacífica en una sociedad. Y sin esa paz basada en el respeto mutuo, no podemos progresar.

Nos hemos dejado secuestrar. Unos por fantasear con una vida parasitaria. Otros por no hacer el esfuerzo mental de separar sus premisas falsas de las verdaderas, y los demás por no tener la valentía de participar en la batalla más importante de todo ser humano que se precie de serlo: la batalla de las ideas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de febrero de 2014. La fotografía la bajé de la Internet.

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10.22.2012

¿Cuándo murió la República de Guatemala?




No lo sé. Más aún, pienso que nunca existió más que en los sueños de algunos ilusos que, o negociaron principios o no entendieron qué es una República. Lo que sí sé con certeza es que hoy no existe, aunque en papel así haya quedado escrito. Como bien reza el refrán: “Del dicho al hecho hay un gran trecho”. Creer que un fiambre de legislación positivista va a constituir una República, solo porque así se le nombre, es un error. Lo único que esto refleja son los caprichos arbitrarios de quien legisla y de aquellos a quienes pretende privilegiar. Y todavía hay quienes, ingenuamente, se engañan y tratan de engañar a otros repitiendo que Guatemala es una República porque está decretado en el título de nuestra Constitución. Absurdo. Guatemala es una democracia donde prevalece la tiranía de la mayoría ejercida por una minoría que al final es la única beneficiada.

Lo lamentable es que los gobernantes actuales pueden hacer lo que se les antoje porque muchos votaron en línea: votaron por Otto Pérez Molina para Presidente y votaron por los diputados propuestos por el Partido Patriota para el Congreso. ¿Por qué le cuesta a tantos entender lo importante que es DIVIDIR el poder? Sobre todo en el modelo benefactor/mercantilista que prevalece en nuestro país. "El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente", sabias palabras de Lord Acton.

¿Cómo es posible que Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, Presidente y Vicepresidente del Organismo Ejecutivo, decidan quiénes van a integrar la directiva del Organismo Legislativo? ¿Qué pasó con la independencia de poderes del Estado, condición sine qua non para la existencia de una República? Lo irónico es que la mayoría de periodistas y analistas solo están preocupados por quién llega a la Presidencia del Congreso, y  no por la forma en que llega.

Por cierto, considero que el próximo Presidente del Congreso, NO es un empresario. Es un mercantilista. Y la diferencia entre ambos conceptos es ABISMAL. La diferencia es vital. ¿Será Pedro Muadi tan destructivo y dañino como lo ha sido Godofredo Rivera? No lo sé. Lo sabremos hasta cuando asuma su cargo. Lo que sé hasta hoy es que para que él llegara a la Presidencia del Congreso, además de violentarse el sistema de pesos y contrapesos necesario para la protección de los derechos individuales de todos, también se autorizó el robo descarado de por lo menos 70 millones de dólares por medio de dos préstamos para comprar aviones y radares brasileños.

Además, acordaron aprobar la irracional propuesta de Presupuesto de malgasto y despilfarro del Gobierno y sus organismos adjuntos (Legislativo y Judicial) para el año 2013. Y circula el rumor de que parte del precio que pagó el sector organizado mercantilista para que nombraran a Muadi incluye la aprobación de la consulta popular para la reforma Constitucional impulsada por Otto Pérez Molina. Si así son las vísperas ¿cómo serán las fiestas?


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de octubre de 2012.

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7.16.2012

Carta a Marta




El martes pasado, 10 de julio, a pocas horas de haber regresado a Guatemala después de un viaje de 10 días, me encuentro al leer los matutinos nacionales con la columna de Marta Altolaguirre titulada “Reformas Constitucionales II”. Aclaro que leo a pocos columnistas de mi país: puedo contarlos con las manos y me sobran dedos al hacerlo. Lo digo sin pena. Elijo leer a aquellos que considero parten de premisas verdaderas y contribuyen a mi proceso de aclararme las ideas. Marta forma parte de este grupo. No siempre coincidimos en nuestras valoraciones, pero hoy aparentemente nos encontramos en puntos totalmente opuestos, hecho que me sorprendió.

Tampoco suelo meterme a discusiones interminables en los espacios de opinión. Más aún, en cualquier campo solo dialogo con personas que son intelectualmente honestas: aquellas cuyo objetivo es encontrar la verdad (concordancia de lo que se piensa con la realidad). Todos nos equivocamos, y la única forma de encontrar el origen de nuestro error es identificando nuestras premisas y determinando cuál o cuáles son falsas. La discusión entre gente que elige usar su razón (facultad que nos permite identificar la realidad) nos facilita el proceso y su fin: emitir nuevos juicios sustentados con evidencia y argumentos verificables.

Creo que Marta es una intelectual y académica honesta, profesional y bien intencionada, por eso he decidido comentar su artículo, por ser yo una de las personas que públicamente ha rechazado el “Proyecto de Reforma a la Constitución Política de la República de Guatemala” presentado por el actual Presidente, Otto Pérez Molina, decisión que sigo sosteniendo. Lamento que Marta haya caído en la falacia de la generalización a la hora de criticarnos. Pienso que los motivos por los cuales me opongo han sido sustentados con argumentos y evidencia objetiva.

Sí, algunos cambios pueden ser positivos (por ejemplo, la eliminación del artículo 160). Pero el problema, Marta, es que el proyecto es uno y como un todo quiere Pérez Molina que sea aprobado, como lo ha declarado en varias ocasiones. Y los cambios propuestos, cuando se analizan como un todo, apuntan a un fin específico: fortalecer el sistema presidencialista, aumentar el poder del Presidente del Organismo Ejecutivo que, por cierto, dejaría de ser mandatario del pueblo de Guatemala (modificación al artículo 182). ¿Considera que esto contribuye a alcanzar el objetivo del “fortalecimiento de los pesos y contrapesos y no el ejercicio prepotente y abusivo de ninguno de los Organismos del Estado”? (elPeriódico, 3 de julio de 2012, pág. 21).

Muchas cosas más tengo que decir, pero el espacio se me acaba. Espero tener la oportunidad de compartirlas con usted personalmente en una próxima oportunidad. Pero por hoy, quiero terminar recordándole el sabio refrán que hace ver que “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. No muerda el anzuelo. No caiga en la trampa.


El presente artículo fue publicado el lunes 16 de julio de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé del  blog “El diario de Chaucer”.

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7.09.2012

Reforma sin forma




Es lo que va a presentar el presidente Otto Pérez Molina al Congreso. Una propuesta que hará más ecléctica a nuestra desarrollada y contradictoria Constitución. Un contrato social producto de los intereses, las frustraciones y las convicciones erradas de un grupo de personas cuya filosofía se ubica en las antípodas del pensamiento político y económico que permite el progreso de los habitantes de una nación. De los principios que deben regir en una sociedad: que hacen la diferencia entre un conjunto de normas para asegurar la convivencia pacífica entre hombres libres o las reglas para legalizar la servidumbre entre esclavos.

Muchas cosas más puedo agregar a las escritas en mi artículo del pasado lunes sobre el tema de llamado “Fortalecimiento del sistema político”, pero lo único que quiero recalcar es que el título correcto de esa parte de la propuesta debió ser: “Fortalecimiento del sistema presidencialista”, y debió terminar con un “Ave, Caesar, morituri te salutant”. ¡Ah! Estoy de acuerdo con la eliminación del artículo 160  que autoriza a los diputados para desempeñar otros cargos públicos.

En el área del “Fortalecimiento del sistema fiscal y financiero”, quiero repetir lo que otros han dicho sobre las modificaciones al artículo 125: es una expropiación disfrazada de “participación patrimonial”. ¿Cómo van a adquirir hasta el 40 por ciento de las empresas que explotan recursos naturales? ¿Van a comprar acciones con dinero de los tributarios? ¿Tendrán la capacidad de intervenir cualquier explotación de recursos naturales ya que obvian el “no renovables”? ¿Pretenden crear, de nuevo, empresas estatales: los futuros peores antros de corrupción, como lo fueron en el pasado? El podrá de hoy, es el será de mañana… ¡Qué maña!

Con las modificaciones al artículo 171, el Congreso pierde la facultad de APROBAR el Presupuesto General de la Nación. Sólo lo puede “improbar”. De nuevo, fortalece al Presidente y debilita al ciudadano al debilitar al Congreso. Y me parece una ironía agregar al artículo 238 (Transferencias y equilibrio fiscal) que “Preferentemente se observará el principio del equilibrio presupuestario”. O sea, seguirán gastando más de lo que les ingresa, y endeudando al tributario.

Me ofende que crean que en Guatemala no hay gente inteligente que entienda las intenciones verdaderas de su absurda propuesta. Las reformas deben ser integrales y coherentes con la realidad, y no un montón de cambios para satisfacer a grupos de presión, ser políticamente correctos y facilitar la corrupción con la excusa de buscar la transparencia. No deben propiciar un retorno al pasado, a prácticas fracasadas como la de pretender que los gobernantes (el Estado es solo una abstracción) se conviertan en empresarios. Y que además lo hagan con el dinero de nosotros, los tributarios, que no nos vamos a ver beneficiados con tales inversiones que vamos a tener que financiar. Veni, vidi, vici.


El presente artículo fue publicado el lunes 9 de julio de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de la Internet.

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7.02.2012

Dictadura Constitucional




Después de leer y analizar detenidamente el proyecto de reforma a la Constitución Política de la República de Guatemala, conocido popularmente como el paquetazo constitucional, presentado por Otto Pérez Molina, presidente del Organismo Ejecutivo, y sus asesores, puedo asegurar que el fin último del mismo es fortalecer el sistema presidencialista y casi desaparecer las pocas instituciones republicanas de nuestro actual sistema de normas. Además de intentar, de nuevo, formalizar las fracasadas reformas acordadas por los signatarios de los mal llamados acuerdos de paz de 1996, las que fueron rechazadas en la Consulta Popular de 1999.

Uno de los mejores cuestionamientos que he leído a las intenciones del todavía MANDATARIO, es el hecho por el dirigente sindical Victoriano Zacarías, el cual fue publicado en el diario Prensa Libre del pasado 28 de junio: “¿Qué beneficio tenemos los trabajadores y ciudadanos? ¿Se va a terminar la delincuencia, el alto costo de la vida, el desempleo? ¿Habrá agua en algunas colonias donde pasan más de 8 días y no hay? Es lo que nos van a preguntar los compañeros”. Y son las preguntas básicas que debemos hacernos todos los todavía MANDANTES.

Hago énfasis en la calidad de mandatario del Presidente (en buen chapín, el primer mandadero de la nación), y la facultad de mandante del ciudadano (el que manda al mandadero) porque en la parte del llamado “Fortalecimiento del sistema político”, incluyen una modificación al artículo 182, la cual deja de reconocer que el Presidente del Organismo Ejecutivo ejerce sus funciones por mandato del pueblo y lo convierte en Jefe de Estado y Jefe del Organismo Ejecutivo, cuál émulo de Hugo Chávez y todo aspirante a dictador.

Para rematar la intención de los ponentes de convertir al Presidente del Organismo Ejecutivo en soberano de la nación, incluyen cambios a varios artículos que van desde transformar en un monstruo de dos cabezas al Organismo Judicial (que al final dependerían del Ejecutivo) hasta eliminar el derecho de los ciudadanos a decidir bajo qué normas vamos a vivir, tal y como queda expresado en la modificación al artículo 279: “Para cualquier reforma constitucional se deberá convocar a una Asamblea Nacional Constituyente”. Eliminan la consulta popular. Le quitan el poder de decisión al mandante: al ciudadano, al pueblo.

Y las anteriores reflexiones son apenas las primeras que comparto con ustedes. Hoy quisiera tener al menos diez cuartillas de espacio para detallar, artículo por artículo, el porqué el proyecto de reformas a la Constitución del gobierno debe ser rechazado por el bien de todos en el largo plazo. Nuestro presente contrato social, para llegar a ser verdaderamente una Constitución Republicana, necesita ser modificado. Pero no cualquier cambio nos va a permitir vivir dentro de un Estado de Derecho que nos proteja de los abusos de los gobernantes, de los delincuentes y de los criminales.


El presente artículo fue publicado el lunes 2 de julio de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de Internet.

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6.11.2007

Defensa obligada


“Bang, bang. ¡Corre Cafecito, corre!”, gritaron. Sin embargo, no lo hizo: permaneció junto al cadáver del criminal que atentó contra su vida y sus bienes, los de su familia y los de aquellos que viajaban en la camioneta que piloteaba el 4 de septiembre de 2006, en la ruta entre Villa Hermosa y Boca del Monte. Según Cafecito, “quien nada debe, nada teme”. ¿Qué problemas podría acarrearle hacer uso de su derecho legítimo a la defensa personal? Qué ingenuo: en sólo unas horas se encontraba en un juzgado diciendo: “Mi nombre es José Natividad Trejo. Estatus actual: preso”. Acusado de asesinar a quien puso en peligro su vida y la de muchos más.

"El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive." Escribió el célebre escritor ruso Fedor Dostoyevski. ¿Para qué vivimos, si no podemos proteger nuestra vida? Hoy me veo obligada a hablar en favor de nuestro derecho básico a defendernos, más aún cuando aquellos responsables de esa tarea, los gobernantes, la han olvidado, la han relegado a la última de sus prioridades. A la distribución del Presupuesto General de la abstracta Nación me remito como prueba definitiva.

El gobierno es una organización que agrupa a quienes hemos trasladado nuestro personal y legítimo derecho de defensa, confiriéndoles para ello autoridad y poder para ejercer el monopolio de la coerción. El Estado es el aparato de coacción que obliga a la gente a respetar las reglas de la vida en sociedad, y es justificado por la existencia de antisociales. En Guatemala tenemos Estado y gobierno de papel: en el discurso interesado de unos cuantos ignorantes de la realidad del resto. Individuos cuya primordial ambición es ejercer el poder.

Nunca he cruzado palabra con Trejo. No voy a idealizar a alguien que ni siquiera conozco. A quien sí conocí es a su compañera de hogar, madre de sus hijos y principal vocera de su causa. Una mujer joven, valerosa e inteligente, de estudios formales inconclusos pero poseedora de un sentido común despierto. Una ciudadana que reclama sus derechos y los de su pareja, enfrentándose casi sola a las mafias imperantes en nuestro mal llamado sistema de justicia.

“¡Ley pervertida! ¡Ley… desviada de su objetivo legítimo y dirigida a otro totalmente contrario!… ¡Ley hacedora de iniquidad, cuando su misión era castigar la iniquidad!… Ley es justicia. Y bajo la ley de justicia, bajo el régimen del derecho, bajo la influencia de la libertad, de la seguridad, de la estabilidad y de la responsabilidad cada persona logrará todo su valor, toda la dignidad de su ser, y la humanidad alcanzará, con orden y calma, lentamente, sin duda, pero con certeza, el progreso que es su destino”. Amén, Frédéric Bastiat.

Liberémonos de la criminalidad, las injusticias y el régimen de incentivos perversos. La reforma radical no puede esperar más. Depende de nosotros, los gobernados, y no de los políticos, que sólo pueden ser presionados.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de junio de 2007.

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6.04.2007

Tocar fondo


¿Quién no ha caído a un abismo particular? ¿Ese que sólo uno puede tocar porque es el fondo de nuestras miserias individuales? ¿Ese que, por ser el nuestro, nosotros determinamos cuál va a ser su profundidad? Tocar fondo. ¿Podemos plantear un símil entre esta experiencia personal y la situación que experimentamos en la otra esfera de nuestras vidas, la esfera pública? Creería que sí, mencionando algunas de las diferencias obvias. Al tocar fondo en la esfera íntima, quien cae paga las consecuencias de la caída. Por el contrario, en la pública, unos resbalan desde el ejercicio del poder, y otros sufren las consecuencias del resbalón.

Caer bajo, arrastrarnos en nuestra escoria, puede ser un hecho condenable, pero no imperdonable. De nosotros en lo individual depende decir “hasta aquí llegue”. Entonces, ¿por qué no podemos tomar la misma decisión en lo que respecta a nuestra vida en sociedad y las leyes que la rigen? ¿Por qué no podemos decir “ya no más”? ¿Acaso la autoridad no descansa precisamente en nosotros, los gobernados? ¿No es hora de que ejerzamos esa autoridad promoviendo un cambio radical en nuestro sistema?

Ahora, toda decisión, y su consecuente acción, implican un costo de oportunidad. Doloroso sin duda. Pero más doloroso sería continuar en la situación presente: un proceso, aparentemente eterno, de frustración y desencanto. Viviendo de ilusiones, de fantasías, de utopías. Construyendo castillos en el aire. Desgarra matar la esperanza. Renunciar al sueño irrealizable implica, sin duda, sangre, sudor y lágrimas. Muchas lágrimas. Pero en el largo plazo, el resultado puede llegar a ser mejor que lo soñado. La vida se hace del día a día.

En la introducción de Dero A. Saunders a la obra de Edward Gibbon, “Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano”, el mencionado editor presenta un interesante poema, aparentemente anónimo, que dice: “El rey Jorge, ante la idea de que Gibbon escribir pueda, la historia de la decadencia de Inglaterra, pensó que el mejor modo, de contar con su apoyo, era darle un buen empleo. Pero la cautela es en vano, la maldición de su reinado es que jamás triunfen sus planes; aunque no escribió una línea, la decadencia se inicia con el ejemplo del autor. Su libro bien describe cómo el soborno y la corrupción, con el gran Imperio de Roma terminaron...”

Y lo peor es que nosotros ni siquiera llegamos a ser jamás un Imperio. Apenas empezamos a remontar el vuelo, nos cargamos a los hombros un pesado concepto de Estado benefactor (unido en un matrimonio de conveniencia con el sistema económico mercantilista) que nos hizo colapsar y caer sin haber siquiera subido a alturas, sino envidiables, al menos deseables. ¿Ya tocamos fondo o estamos cerca de éste? Espero que sí, para al fin, resurgir de las cenizas, cual Ave Fénix, y empezar a caminar la senda del progreso y la mejora constante en la calidad de vida de todos los habitantes de Guatemala.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 4 de junio de 2007.

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