Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

12.28.2015

Inocentes



El 28 de diciembre de cada año, es el día en el cual los cristianos occidentales decidieron, arbitrariamente, conmemorar la supuesta matanza de niños menores de 2 años ordenada, según el Evangelio de Mateo, por Herodes I, apodado El Grande. Como es el caso en la mayoría de creencias y celebraciones místicas y religiosas, no existe ninguna evidencia histórica ni arqueológica que sustente este crimen como un hecho que realmente se haya dado en la realidad. A lo más que han llegado algunos que han estudiado este tema es a decir que este asesinato en masa de infantes encajaría con el carácter brutal de Herodes I. Pero nada más, no hay ninguna evidencia que sustente el relato de Mateo.

A mí en lo particular, si acaso se hubiera dado este infanticidio colectivo, me parece algo horrendo conmemorarlo. A lo sumo pienso que habría que recordarlo para que aprendamos que, desde siempre, el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente, como afirmó Lord Acton. Y que por eso el poder del cual gozan los mandatarios (todavía conocidos como gobernantes) se debe restringir al cuidado de los derechos individuales de todos los miembros inocentes de la sociedad de la cual recibieron el mandato.

El juez Hugo L. Black, uno de los miembros más respetados de la Corte Suprema de Justicia de EE. UU., en su obra titulada “The bill of rights” (1960) apuntó lo siguiente: “El mal uso del poder del gobierno, sobre todo en momentos de estrés, ha traído sufrimiento a la humanidad en todos los tiempos, sobre los cuales tenemos historia auténtica. Algunos de los hombres más nobles y más importantes del mundo han sufrido la ignominia y la muerte sin haber cometido un crimen... Incluso en la iluminada Atenas hubo víctimas inocentes, como es el caso de Sócrates… Las llamas de las inquisiciones en todo el mundo nos han advertido que los gobernantes dotados de poder ilimitado, incluso los hombres bienintencionados… son peligrosos”. Coincido plenamente con el juez Black en lo aseverado en el párrafo citado.

Y, precisamente para asegurar el respeto a los derechos individuales de los inocentes (aquellas personas que respetan la vida, la libertad y la propiedad de los demás y asumen las obligaciones que les corresponde para reclamar el respeto de los propios), debemos reducir el poder que les otorgamos a los mandatarios al estrictamente necesario para que cumplan con sus funciones primordiales: dar seguridad y velar por que haya justicia.

Cualquier otra función que se les otorgue en nombre del abstracto Estado, por más loable que sea, solo abre la oportunidad para que aquellos que lleguen al ejercicio del poder violenten los derechos de quienes se lo otorgaron. Es darles el permiso legal para que cometan injusticias, sin importar en nombre de quién o de qué lo hagan. Bien dicen que la legalidad es una cuestión de poder más que de justicia, lo que ha permitido a lo largo abominaciones como la esclavitud. ¿Queremos vivir en paz? Limitemos el poder político.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 28 de diciembre de 2015.

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9.21.2015

El poder ilimitado sirve a pocos



Por eso es importante limitar el poder político, de lo contrario termina siendo el arma por medio del cual unos pocos viven a costa de los demás. Los políticos adquieren el poder por medio de las leyes pervertidas: aquella legislación antojadiza, injusta, que privilegia a unos cuantos en detrimento de los derechos de los demás. Las mal llamadas leyes que se aprueban bajo la excusa de cumplir con lo ofrecido por el destructor de riqueza y de progreso que es al final el Estado benefactor.

Recordemos a Voltaire y la siguiente frase que se le atribuye: “Aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”. Cuando apoyamos la inmoral idea de que unos tienen derecho sobre la vida, la libertad y la propiedad de otros, las leyes en lugar de ser iguales para todos, terminan favoreciendo a unos y sacrificando a los demás. La ironía es que muchos las aprueban porque falsean la realidad: se engañan a sí mismos creyendo que el abstracto Estado se va a encargar de ellos y de sus necesidades.

Es un error decir que “el dinero corrompe el sistema”. Es falso. Es el sistema que otorga un poder casi ilimitado el que atrae a los corruptos: a los peores representantes de nuestra sociedad. Y parte de su interés es, precisamente, robar nuestro dinero: el dinero que es expoliado a los tributarios.

El poder está al servicio de una minoría, con el consentimiento de la mayoría. Es fácil engañar a quienes falsean la realidad. Solo es cuestión de ofrecerles una vida placentera sin necesidad de trabajar o con poco esfuerzo y brincan de felicidad votando por políticos y sistemas que lo único que logran en el largo plazo es condenar a casi todos a vidas mediocres, fracasadas y amargadas.

Lamentablemente, rara vez reconocen que cosecharon lo que sembraron. Se engañan toda la vida creyendo que el problema son las personas y creen que lo resuelven cambiándolas, aunque se dan cuenta que los únicos que mejoran sustancialmente su calidad de vida son quienes llegan al ejercicio del poder:  delincuentes, criminales que acumulan fortunas mal habidas con la excusa de darles oportunidades a los más pobres.

La corrupción en el colectivizado sector privado solo es posible porque hay quién tiene el poder de hacer lo que se le antoje. Si no tienen el poder los gobernantes y los funcionarios públicos, da igual los negocios que otros quisieran hacer: no habría poder que les pudiera conceder sus deseos. ¿Cuál es el origen de los privilegios y la corrupción? El poder y la legislación que lo otorga.

¿Queremos acabar con esta situación que sólo puede empeorar dentro del contexto actual? Asumamos, de una vez por todas, nuestra posición de mandantes, reconozcamos que los responsables de velar por la satisfacción de nuestras necesidades somos nosotros y no les demos a nuestros mandatarios más poder que el necesario para que cumplan con sus funciones: velar porque haya paz, respeto, seguridad y justicia.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de septiembre de 2015.

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8.11.2014

La prepotencia de Emetra



O, para ser exacta, la prepotencia de los agentes de Emetra la cual refleja la actitud de sus jefes. Gente que cree que manda, olvidando que los mandantes somos nosotros. Lamentablemente esta actitud intolerable de parte de aquellos que viven a nuestras costillas, que viven de nuestros impuestos, ha sido consentida por muchos que han olvidado el papel que representan en un Estado moderno, el papel de la autoridad, y bajan la cabeza cada vez que un servidor público los trata como siervos.

La arbitrariedad con la que actúan estos familiares de los buitres, abusando del poder y violentando los derechos individuales de los ciudadanos respetuosos de las normas, los acerca cada vez más a los corruptos agentes de la Policía Nacional Civil. Total, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. De nada les sirven sus vistosos uniformes si en lugar de detener a quienes infringen la ley de tránsito, detienen a quien nada debe, solo porque se les antojó. Lo que a mí precisamente me sucedió el 4 de agosto de este año.

En esta ocasión al menos, estaban parando a quienes nos conducíamos en vehículos de modelo reciente. ¿Lo harían creyendo que podrían exprimirnos más dinero imponiendo multas inconstitucionales por si acaso no habíamos pagado el impuesto de circulación? Pues conmigo les salió el tiro por la culata. No solo estaban mis papeles en orden, sino había pagado en tiempo el tributo mencionado y no tenía NINGUNA multa pendiente de pago. Y, lo más importante, no había cometido ninguna infracción que les autorizara a detenerme y registrarme, lo cual fue reconocido por el agente Alberto Ortega.

El artículo 25 de la Constitución nos protege de abusos como los que cometieron contra mí y muchos más el pasado lunes. Artículo que reza: “Registro de personas y vehículos. El registro de las personas y de los vehículos, SÓLO podrá efectuarse por elementos de las fuerzas de seguridad cuando se establezca CAUSA JUSTIFICADA para ello. Para ese efecto, los elementos de las fuerzas de seguridad DEBERÁN presentarse debidamente uniformados y pertenecer al mismo sexo de los requisados, debiendo guardarse el respeto a la dignidad, intimidad y decoro de las personas”. Imperativo, pero bajo ningún punto de vista facultativo. Por cierto, los agentes que me detuvieron eran hombres: otra violación a mis derechos.

Hoy ocupa un lugar preferencial en mi camioneta una Constitución que recién me regaló un apreciado amigo, abogado de profesión, para que la próxima vez que enfrente una situación similar les recuerde, con la Ley en la mano, que si no he cometido una infracción NO tienen el poder para detenerme. Además, mantengo mi teléfono a la mano y la cámara de video fácil de activar, junto con la grabadora y el número de mi abogado, porque si vuelven a violar mis derechos, no solo me voy a expresar públicamente: los voy a demandar. Lo que todos deberíamos de hacer. El abuso de los gobernantes, centrales y locales, sólo va a terminar hasta que nosotros digamos ¡BASTA!


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de agosto de 2014. La fotografía del agente Alberto Ortega la tomé el lunes 4 de agosto de 2014.

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1.13.2014

Desestabilizadores



Hay un tema muy importante que debemos enfrentar este año: la amenaza gubernamental a la libertad de expresión, la cual parece rebasar los límites a los que se habían atrevido a llegar otros gobernantes. Es un común denominador en los aspirantes a dictadores con un ego frágil, considerar sus enemigos a todos aquellos que nos atrevemos a cuestionarlos, no nos plegamos a sus deseos y les recordamos que en los Estados contemporáneos los mandantes (los que mandamos) somos los ciudadanos y los mandatarios (los que obedecen) son los gobernantes.

Parte de esta idea quedó plasmada, entre otros, en el artículo 35 de nuestra Constitución, en especial en el segundo párrafo que reza: “No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos”. Cargos que ocupan desde el momento que toman posesión hasta el instante en el que entregan el poder a su sucesor, sin licencias en horas inhábiles, fines de semana, asuetos y feriados. Por tanto, deben aguantar estoicamente la crítica que se les haga, les guste o no lo que de ellos se diga, quién lo diga y cómo lo diga.

Los derechos civiles son reconocidos por las constituciones republicanas para que los ciudadanos se puedan defender del abuso del poder por parte de los gobernantes, y no al revés. Es absurdo, ilegal e ilegítimo que los gobernantes pretendan usar la carta de ciudadanos cuando se encuentran en el ejercicio del poder, e intenten acusar a quienes los critican de desestabilizar el sistema corrupto en el cual vivimos. Un sistema que solo los beneficia a ellos y al pequeño círculo de familiares, amigos y líderes de grupos de presión que los rodean.

Es lamentable la actitud servil del editorialista de Prensa Libre del 8 de enero pasado, que en lugar de defender el derecho fundamental a la libre expresión por el cual derramaron su sangre los fundadores de ese medio, busca quedar bien con dios y el diablo al mismo tiempo aunque eso signifique manipular la Constitución y negociar principios. La ley se debe cumplir al pie de la letra, y no según la caprichosa voluntad de quien la interprete, lo que ha sido, precisamente, uno de los problemas en Guatemala. Y, ¡qué ironía! es esto lo que propone el autor de marras: más arbitrariedad y menos objetividad. Por otro lado, me alegró leer al día siguiente en el Editorial del mismo medio la posición contraria a la del miércoles citado. Al parecer no todo “está podrido en el Estado de Dinamarca”, parafraseando a Shakespeare.

Muchos consideramos el ataque ad hóminen una manera equivocada y despreciable de expresar nuestra opinión. Sin embargo, por el bien en el largo plazo de todos, debemos respetar el derecho de quién así decide manifestarse. Recordemos que es el respeto irrestricto a la libertad individual lo que permite que circule la verdad. Ya dependerá de quien la escucha, y de si es o no intelectualmente honesto, diferenciarla de la mentira.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de enero de 2014.

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9.10.2012

Políticos Propiedad Privada




Se prohíbe invadirlos. Ya tienen dueños con registro de propiedad debidamente escriturado. Quien aún no tenga uno de estos ejemplares que se encargue de velar por sus intereses, sin importar que pase por encima de los derechos de los demás, busque uno en los clasificados de los desocupados. O en la cantina de la esquina. También es posible que encuentre a un clásico miembro de la especie mencionada en el prostíbulo del pueblo. Que es fácil localizarlos no hay duda: son aquellos que a falta de méritos propios se dedican a vivir de los otros.

Por supuesto, no espere que le sean leales. ¡Mucho menos fieles! Se venden al mejor postor y en el momento menos esperado, una vez llegan el ejercicio del poder, lo más probable es que lo dejen a usted, que financió su carrera, al costado del camino. Con suerte no lo van a meter a la cárcel cuando necesiten de un chivo expiatorio para distraer al público de los desmanes en los que andan envueltos y las transas en las cuales se han involucrado con los que ahora creen que son sus dueños. Al final, todos, menos los avezados pícaros que tienen la sartén, perdón, la ley por el mango, son unos ingenuos, por no repetir un adjetivo vulgar que se suele utilizar en estos casos.

Aquellos que se sienten (o se creen, que es todavía peor) los dueños de los actuales gobernantes, aquellos que en un intento fracasado de defender los errores garrafales que han cometido los hoy todopoderosos del país se atreven a decir “¡No sean tan malos! ¡No los critiquen tanto! Si estos son los nuestros…” quiero aclararles que al menos yo NO estoy interesada en poseer ni la más mínima parte del  ácido desoxirribonucleico de ninguno de los animales ¡bien vivos! que se dedican a ejercer la alguna vez considerada noble tarea política.

Hace ya muchos años, y sin necesidad de que decretaran una ley antiadopciones que promueve la orfandad, decidí de manera libre, soberana e independiente, como dicen que es Guatemala, declararme huérfana de padres de la patria. Yo estoy segura de que esa gente no es mi progenitora política, ya que a excepción de dos o tres (lo cual puede ser una exageración), no comparto con ellos valores ni considero que individuos de semejante calaña tengan la capacidad, el deseo y el conocimiento de decidir qué es lo mejor para mí y mis compatriotas que, como lo hago yo, trabajan, se arriesgan y se esfuerzan por crear riqueza y vivir del producto de su mente.

Se pueden quedar con todos ellos enteritos. Los pueden arropar con su manto protector y cuidarlos con amor. Pueden imaginar un paraíso redentor a su lado por toda la eternidad, que a mí me da igual. No derramaré una sola lágrima cuando los traicionen y los cambien por otros a quienes consideren más fáciles de manipular. Seguiré como hasta hoy cuestionando el abuso del poder, la corrupción y las mentiras descaradas de la minoría que gobierna y se cree propietaria de los habitantes, de los mandantes de mi país.


El presente artículo fue publicado el lunes 10 de septiembre de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno.

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3.26.2012

La semana del equinoccio primaveral



Pasados los idus de marzo, se celebra en muchos países la llegada de la primavera anunciada por el equinoccio. Para nosotros, es la primavera la estación en la que eternamente vivimos. Sí, hay variaciones, como las hay en toda estación. A veces, la temperatura sube a calores casi insoportables para los habitantes de Guatemala, consentidos por el clima. En otras ocasiones, baja a niveles que nos invitan a sacar los abrigos del closet y arropar nuestro cuello en una bufanda. Otras, sacamos el paraguas para no terminar hechos una sopa. Sin embargo, el verano, el otoño y el invierno que viven en otras latitudes nos son ajenos.

Los que no nos pasan inadvertidos, son los llamados conflictos sociales que, no sé por qué motivo, suelen incrementarse por estas fechas. Recién estrenamos gobierno hace poco más de dos meses, y ya el descontento con la situación de la mayoría, y la mayoría de decisiones que ha tomado el nuevo presidente, Otto Pérez Molina, se hace sentir en la esfera pública. Y eso a pesar de que todo comenzó con una intensa luna de miel entre el partido gobernante y muchas de las otras facciones políticas que llegaron al Congreso de la nación que aspira a ser la República de Guatemala. Ese amor condicional (qué me das si me amas), les permitió a los gobernantes aprobar más legislación que solo beneficia a unos pocos, a costillas del resto. Entre estas leyes se encuentra el aumento de impuestos y varios privilegios que benefician a algunos grupos de presión.

Por cierto, privilegios son los que esperan conseguir los organizadores de la marcha de los mal llamados campesinos que se dirige a la capital. Con las mismas excusas manipuladoras de otras oportunidades esperan conseguir, entre otras cosas, tierras sin costo alguno, que se les exonere del pago de los préstamos que adquirieron y, de paso, más dinero para mantener el estilo de vida que eligieron sus dirigentes. Porque, al final, los únicos que salen beneficiados son estos últimos. El resto, son títeres mal pagados que, ante la miseria en la cual viven, no les importa promover más de las medidas que les han impedido progresar.

Uno que esperaba beneficiarse con su posición, es el hijo del Presidente, el hoy alcalde de Mixco, Otto Pérez Leal. Por medio de un acta del concejo municipal, intentó duplicar sus ingresos. No obstante, al enterarse la población de la intención del vástago presidencial, gracias al trabajo periodístico de Siglo Veintiuno, el mencionado tuvo que dar marcha atrás en sus pretensiones. Al menos, por el momento. Los que sí festejan su aumento, son los empleados del Organismo Judicial (los magistrados de la Corte Suprema incluidos) y los salubristas que fueron premiados (no sé por qué) por Pérez Molina.

En fin, yo termino en clave de poesía, recordando a Pepe Batres Montúfar y sus Falsas Apariencias: “digo que lo que dicen es mentira / aunque la vista así lo represente: / ¿Por qué? Porque el discurso lo desmiente”.


El presente artículo fue publicado el lunes 23 de marzo de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La fotografía es de James Rodríguez.

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5.23.2011

Pasaditas las once



Circulaba de norte a sur sobre la quinta avenida de Guanjatan. Recién había pasado una venta de artículos para la cocina, ubicada en la doce calle, cuando se percató de la patrulla que le hacía luces para que parara. ¡Qué casualidad! Era noche cerrada a pesar de la luna casi llena y el área por el que transitaba estaba oscura, a oscuras, como el alma de aquellos que venían detrás con, seguro, oscuras intenciones. Se recordó del jefe Segura. Seguro trabajaban con él.

Ante el escenario, peligroso en todos los sentidos, decidió continuar su marcha haciendo caso omiso de las luces inquietantes que le ordenaban detenerse. Tendría que estar al borde de la locura o bajo efectos de alguna droga para hacerlo. Sabía que si lo hacía en el espacio oscuro, como las intenciones de quienes le seguían, era probable que en lugar de recibir un premio Pulitzer algún día, serían sus padres quienes recibirían su acta de defunción después de unos días de una misteriosa desaparición.

Por supuesto, los pescadores de incautos, los delincuentes uniformados, para ese momento ya hacían sonar la sirena del vehículo. Eran cada vez más insistentes en que se hiciera a un lado y se detuviera. Sin aparentemente inmutarse logró llegar al final de una larga, demasiado larga, cuadra. Respiró profundo: había suficiente luz, además de encontrarse enfrente de una cafetería donde, probablemente, además de un guardia privado podía haber una cámara que grabara lo sucedido.

Sin perder un minuto, antes de que llegaran los gendarmes tropicales, tomó su celular y llamó a los amigos que apenas hacía un rato había dejado en su casa, después de disfrutar como niños, encaramados en las sillas, en el concierto de un conocido cantante de música popular. ¡Quién le hubiera profetizado cómo iba a terminar la noche! En fin, para cuando el agente se asomó a la ventanilla de su carro, ya tenía en línea y avisado de la situación a uno de sus avispados amigos.

Después del correspondiente saludo, le pidió unos instantes a Pérez Gabriel para darle sus datos a quien grababa la conversación del otro lado. “El uniforme lo identifica como Pérez Gabriel y el número al lado izquierdo del mismo es el 14878 P. ¿Tomaste nota? Me encuentro al final de la quinta avenida, topando con la 16 calle” – “Dígame agente, ¿por qué me detiene? A mi entender no he infringido ninguna ley. No he cometido ningún delito”. Intencionalmente dejó que el patrullero viera su carné de periodista, sabiendo que podía ser un arma de doble filo.

14878 P, sin darle explicaciones ni responder a su pregunta, se llevó los papeles del carro y su licencia de conducir que a regañadientes le entrego. Quince minutos pasaron. Eternos quince minutos estuvo sin tener noticias de los policías a pesar de los reclamos que hacía. Solo los veía discutir por el retrovisor. Finalmente, Pérez Gabriel regresó, molesto y retador. Sus gestos anunciaban una difícil conversación…


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 23 de mayo de 2011. La fotografía la tomé el sábado 19 de marzo de 2011, el día de la Supermoon.

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12.21.2009

Ruta 1


Viernes 18 de diciembre de 2009. 7:38 de la mañana. Primer Sudoku del día. “Aquí va un cuatro, nueve, uno…” Ring, ring, ring. “Ya voy. ¿Es usted Carmen? Buenos días, mire, por favor… ¿Qué le pasó?” Llanto. “¡Ay Licenciada! ¡Ay, Licenciada!”.

Jueves 17 de diciembre. 3:47 de la tarde. “¿Ya vendrá la camioneta? ¡Ay Padrecito! ¡Ahí viene, ahí viene la uno!” Sube. “Córrase pa’ atrás. Faltan diez len”. Suspiro. “Siéntese señora”. Sorpresa. “¿Un caballero? Padre nuestro que estás en el cielo. La cruz del Papa, ¡cuánto tiempo ya! Santificado sea tu nombre. Cuida a mi papá. Pobre mi mamá. ¿Estará ya más tranquila?” Una sombra pasa. Un hombre camina al frente del autobús. “¿Dónde me quedé? Santificado sea tu nombre, vénganos tu reino. ¿Me alcanzarán los ochocientos cincuenta?” Suspiro. “Ni pensar si no llevo las medicinas. Hágase tu voluntad”. Un grito agudo. Voz de mujer. Voz de hombre: “Seguí manejando cabrón o te mato”. Son cuatro hombres, relativamente bien vestidos. Tres morenos y uno blanco. Sus edades oscilan entre 25 y 35 años.

Martes 15 de diciembre. Casi medianoche. “¡Qué cansancio! Pero valió la pena. Noche llena, eso es lo que considero una verdadera nochebuena. ¡Cuántos platos salieron hoy! Mañana tengo que ir temprano al mercado”. Sirenas. “¿Un accidente? ¿Un asalto? ¿Delincuentes?” Se hace a un lado. Pasan dos motocicletas. Detrás dos pickups doble cabina. Radiopatrullas. “Pero si me hice a un lado, ¿qué hago aquí? ¿Qué pasa? ¿Qué es esto?” Cinco Patroles cuatro por cuatro, grises, polarizadas, de modelo reciente, rodean al Peugeot 205, hatchback, de hace algunos años, también polarizado. Desde los vehículos lo amenazan. Se acerca un pickup lleno de soldados armados. Le apuntan. Lo orillan. Casi lo sacan del bulevar. Una de la Patroles ostenta la placa número uno. Circulan en contravía de la Ruta 1. “Ya pasó”. Respira profundo. Sí, ya pasó el Presidente.

Jueves 17 de diciembre. 3:53 de la tarde. “Dame tu bolsa". Angustia. "No traigo". Hastío. "Dame tu dinero, necia”. Levanta el brazo, le golpea la cara. Le hiere el rostro con las uñas. Le toca los pechos. “¿Dónde tenés el dinero? No traigo nada. ¿Qué cargas en la mano? La receta de mi papá”. El hombre blanco, vestido con pantalón negro y camisa gris, toma la pequeña bolsa negra de plástico. Adentro van los ochocientos cincuenta quetzales. “Hija de la gran puta, ¿verdá que sí tenés pisto?” Le pega de nuevo y continúa su ruta dentro de la camioneta. 3:59 de la tarde, cerca del Campo Marte. “Pará, aquí nos bajamos”. 4:04 de la misma tarde. “Bájense, me siento mal, no puedo continuar”. Para en la 12 avenida, cerca de Formosa. Voz de un joven: “Vos sos cómplice, vas a regresar”. Abandonados. Convertidos en una isla desierta, rodeados de gente y muertos de miedo.

La Ruta 1 en vías opuestas. Camionetas con destinos diferentes. Con distintos pasajeros. Para unos la ruta de la desesperación, del dolor y la cólera. Para otros, la ruta segura a su casa. La ruta del abuso. Viernes 18 de diciembre. 10:42 de la mañana.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de diciembre de 2009. La fotografía la tomé el domingo 17 de mayo de 2009 en la Plaza Italia, durante la primera manifestación masiva después del asesinato de Rodrigo Rosenberg.

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9.01.2008

Resaca


Es un resultado inevitable, al día siguiente de una noche de bebida sin justa medida. ¿O será la secuela de los más de sesenta años después de que nuestros antepasados se embriagaron con el dañino elíxir del Estado Benefactor/Mercantilista? Qué cosa: ellos lo bebieron entusiasmados y nosotros sufrimos la resaca, ese malestar que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso, que en este caso es un exceso de buenas intenciones, sin sustento objetivo, que empedraron el camino a la miseria de millones.

Lo ojos rojos de tanto llorar a los familiares que emigraron, el penetrante dolor de cabeza provocado por tanta corrupción, la sed intensa de un cambio radical de normas, la debilidad de las casi inexistentes instituciones a pesar de la legislorrea imperante, son señales inequívocas de un largo penar a punto de llegar al extremo de convulsionar. Situación que nos podría llevar a un estado de coma del cual no sabemos si podríamos despertar.

Ese constante machacar el estribillo del Estado débil, muletilla preferida de los estatistas, sean burócratas o supuestos analistas, nacionales o extranjeros, marea tanto como el aliento a fracaso de aquellos que pasan por la administración de ese Estado. Total, ¿acaso no es débil porque “quién mucho abarca poco aprieta”?

Y la cura de esta cruda, comienza con la urgente eliminación de los impuestos directos que castigan a los exitosos y ahuyentan el capital necesario para que salgamos de pobres. Sin embargo, los gobernantes, asesorados por gente como el Ministro de Finanzas, Juan Alberto Fuentes Knight, consideran que “quitar impuestos no es conveniente”. ¿No es conveniente para ellos que viven de la producción y el trabajo de otros?

Al menos hoy, después del más reciente escándalo en el Congrueso, se les acabó la farsa del supuesto agujero fiscal. Queda claro que el único y más importante agujero es el de los bolsillos de los gobernados que han sido expoliados. Algunos de ellos, cada vez menos, son tributarios. Los demás se encuentran en franca rebeldía, en la economía paralela, riendo de la ironía del discurso vacío de que “el cambio en las reglas fiscales de Guatemala servirá para proveer a la población más desposeída de los servicios vitales necesarios para un ser humano”.

En fin, la tragedia de los que vivimos la resaca no es el cambio climático, las abundantes lluvias o la eterna sequía, como algunos a conveniencia pregonan. Ni siquiera es una tragedia el abuso de poder de aquellos que llegan a ejercerlo: este abuso es sólo una consecuencia más del error primigenio de la década de los años cuarenta del siglo pasado. La verdadera tragedia de nuestra sociedad es que las ideas paternalistas de unos pocos, con mucha influencia, han sido compradas por una gran parte de la población. Y esas ideas paternalistas son precisamente las que nos han obstaculizado el proceso de creación de riqueza, única forma de combatir la pobreza.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 23 de junio de 2008. La imagen la tomé para un curso de fotografía con Ennio Pagurut en el año 2007.

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3.10.2008

El policía violador


De los cuales hay más de uno entre las fuerzas de inseguridad. Recientemente he escuchado historias espeluznantes acerca de los abusos cometidos por policías. ¿De qué sirvió agregarle a la “Policía Nacional” el adjetivo “Civil”, si quienes la integran no tienen nada de civilizados? Muchos de ellos son una partida de degenerados que sólo en el papel muerto de la legislación positivista velan por nosotros. Son otro grupo más de antisociales que aterrorizan amparados por una ilegítima autoridad, cobijados bajo el corrupto sistema político vigente. Criminales con licencia para delinquir.

Uno de los cuentos de terror que más me indignó fue el de una joven de aproximadamente 21 años, que fue detenida ilegalmente al salir de un conocido restaurante de la zona 10, obligada a abordar el vehículo oficial, llevada a un terreno baldío y violada repetidamente por varios agentes de… ¿qué? ¿Del infierno en la tierra? Desgraciados.

Una joven que ya le había tocado enfrentar eventos sumamente dolorosos, incluida la muerte de sus padres. Una joven a quien deseo que encuentre en sí el espíritu heroico que en todo humano vive, ese que nos insta a tomar decisiones correctas ante las circunstancias adversas que vamos a encontrar en nuestro camino único y personal. Ella y todos aquellos que hayan pasado por una experiencia similar, además de mi solidaridad, cuentan con mi apoyo en la denuncia de estas atrocidades a las cuales muchos quisieran cerrar sus ojos: una actitud equivocada, porque así no vamos a lograr cambiar la situación tensa que vivimos. Me refiero, por supuesto, a cambiarla para mejorar: para el bienestar general que exige respeto y paz.

Las víctimas preferidas de estos malhechores son adolescentes a quienes, imagino, consideran más fáciles de atemorizar que un adulto. Las estrategias más comunes son: amenazarlos con plantarles una bolsa de plástico con marihuana, bañarlos en alcohol o asustarlos con una supuesta infracción de tránsito. Los dos primeros casos ya son conocidos por los jueces de paz, razón por la cual rara vez les van a dar validez. Es por eso que los chontes prefieren arreglar la situación en privado con los jóvenes o sus padres. A veces, hasta el jefe de la subestación es parte del negocio. No se deje engañar. Y recuerde: por infracciones de tránsito SÓLO lo pueden parar agentes municipales.

Cuando sea abordado por un policía, llame inmediatamente a alguien de confianza y dele los datos de la patrulla y su ubicación. Mantenga abierta la comunicación: que la persona del otro lado del teléfono escuche la conversación. No apague su vehículo. Cargue SIEMPRE una identificación y una Constitución: son claves los artículos 6, 11 y 25. No se meta, bajo ninguna excusa, en la patrulla. Si fuera necesario, pida que lo consignen con un juez. Muestre que, independientemente de su edad, conoce sus derechos. No se deje intimidar y denuncie el hecho. Cuidémonos.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 10 de marzo de 2008. La fotografía la tomé el domingo 11 de febrero de 2007, con mi celular, precisamente en un sector de la llamada “Zona Viva”.

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4.02.2007

Más filosofía de la Libertad


Hoy concluyo la reflexión de Ken Schoolland sobre la libertad (www.isil.org/resources/introduction-spanish.html). Medítenla.

“Hay veces que la gente utiliza la fuerza o el fraude para tomar cosas de otros sin el consentimiento de los dueños. El uso de la fuerza o el fraude para quitar la vida es asesinato, para quitar la libertad es esclavitud y para quitar la propiedad es robo.
Da igual si estas acciones son de una persona, de muchas contra unas pocas o de los gobernantes.

Tienes el derecho de proteger tu vida, tu libertad y tu propiedad de la agresión física de otros. Y puedes pedir ayuda a otros para defenderte. Pero no tienes el derecho de iniciar la fuerza contra la vida, libertad o propiedad de otros. Por lo tanto, no tienes derecho a designar a otra persona para usar la fuerza contra otros en tu nombre.

Tienes el derecho para escoger líderes para ti, pero no tienes derecho para imponer dictadores a otros. Más allá de cómo sean electas, quienes ejercen la autoridad son, como tú, seres humanos y no tienen derechos superiores a cualquier otra persona cuales quiera sean las creativas justificaciones a sus acciones, o la cantidad de gente que los apoye.

Los gobernantes no tienen derecho a asesinar, esclavizar o robar. No puedes entregar al gobierno derechos que tú mismo no tienes. Como eres el dueño de tu propia vida eres responsable por tu vida. No entregas tu vida a otros que exigen tu obediencia, ni eres esclavo de otros que reclaman tu sacrificio. Tú escoges tus propios fines, basado en tus valores. Al escoger te puedes equivocar, pero el éxito y el fracaso son incentivos necesarios para aprender y crecer.

Tus acciones en representación de otros, o las acciones de otros en tu nombre, solamente son virtuosas cuando se derivan de un acuerdo mutuo y voluntario: la virtud existe cuando hay libertad. Esta es la base de una sociedad verdaderamente libre, y no es solamente la base más práctica y humanitaria, sino la más apegada a la ética.

Los problemas mundiales que surgen del uso de la fuerza por los gobernantes tienen solución. La solución es que la gente deje de solicitar a los gobernantes el uso de la fuerza en su nombre para imponer sus valores y decisiones a los otros. La maldad no viene sólo de la gente realmente malvada, sino también de buenas personas que toleran el uso de la fuerza como un medio para alcanzar sus propios fines. Así es como, a través de la historia, las buenas personas le han dado poder a la gente malvada.

Tener confianza en una sociedad libre es encauzar el proceso de descubrimiento en valores que surgen libremente en vez de enfocarlo en alguna visión o meta impuesta. Usar la fuerza del Estado para imponer a otros una visión es pereza intelectual lo que, normalmente, resulta en consecuencias no deseadas y perversas. Lograr una sociedad libre requiere valor para pensar, hablar y actuar. Especialmente cuando es más fácil no hacer nada”.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de abril de 2007.

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3.11.2007

Men in shorts



Caminar los domingos por la mañana, desde mi apartamento al final de la Avenida de Las Américas hasta la zona 10 buscando dónde comer, es uno de mis placeres semanales irrenunciables.

Una de la razones que me llevan afuera de mi espacio es la diversidad que suelo encontrar al caminar. Diversidad matizada por rostros y voces identificables, al menos para mí. Esas personas que, de tanto encontrarlas domingo a domingo, sin haber cruzado con ellas una palabra, ya me son familiares.

Sin embargo, hoy me topé con un escenario algo confuso y sospechosamente plagado de unos extraños turistas con corte de cabello al raso y shorts color beige. Deambulaban a lo largo de la avenida de la Reforma, protegidos sus ojos por lentes oscuros que ocultaban su mirada. Parece ser que cambiaron sus severos trajes color negro por pantalones cortos color arena. Tal vez creían pasar inadvertidos: otros paseantes más, como cualquiera de los que circulábamos, cuándo aún se podía, por la zona viva.

A pesar del coraje que me inspira la violación flagrante a nuestro derecho a la libre locomoción que impunemente cometen los gobernantes con tal de facilitar la visita de George W. Bush, no pude evitar sonreírme, sin necesidad de ningún químico estimulante, al pensar en la ingenuidad de los duchos miembros del servicio secreto estadounidense, quienes creían pasar desapercibidos en un país donde el individuo promedio no es, precisamente, un hombre blanco, musculoso, de estatura arriba del 1.80 metros y rubio. No obstante, ellos se sentían un paisano cualquiera. Qué risa.

Aunque, yendo al grano, lo que me dan ganas es protestar, pero no enfrente de la Embajada de Estados Unidos, sino levantar mi voz en contra del abuso del poder que, con tal de complacer a un mandatario de otra nación, nos veda el acceso a varias áreas claves de nuestra ciudad: la zona 1, la Avenida Hincapié y el centro neurálgico de los negocios en Guatemala: la zona 10. Como si nos pudiéramos dar el lujo de perder un día laboral. Sin mencionar el daño que significa el cierre del aeropuerto y parte de la carretera Interamericana. Uf...

Total, mañana, lluevan, truenen o relampagueen los men in shorts, yo, a como de lugar, voy a estar al mediodía enfrente de los micrófonos, transmitiendo desde las torres gemelas chapinas, y abriendo los teléfonos para que todos los que quieran expresen por medio de “Todo a pulmón” su molestia por una violación más a nuestros derechos individuales. Ni Osama Bin Laden nos detiene.

Es un reto. Es una promesa.

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