Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

9.21.2015

El poder ilimitado sirve a pocos



Por eso es importante limitar el poder político, de lo contrario termina siendo el arma por medio del cual unos pocos viven a costa de los demás. Los políticos adquieren el poder por medio de las leyes pervertidas: aquella legislación antojadiza, injusta, que privilegia a unos cuantos en detrimento de los derechos de los demás. Las mal llamadas leyes que se aprueban bajo la excusa de cumplir con lo ofrecido por el destructor de riqueza y de progreso que es al final el Estado benefactor.

Recordemos a Voltaire y la siguiente frase que se le atribuye: “Aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”. Cuando apoyamos la inmoral idea de que unos tienen derecho sobre la vida, la libertad y la propiedad de otros, las leyes en lugar de ser iguales para todos, terminan favoreciendo a unos y sacrificando a los demás. La ironía es que muchos las aprueban porque falsean la realidad: se engañan a sí mismos creyendo que el abstracto Estado se va a encargar de ellos y de sus necesidades.

Es un error decir que “el dinero corrompe el sistema”. Es falso. Es el sistema que otorga un poder casi ilimitado el que atrae a los corruptos: a los peores representantes de nuestra sociedad. Y parte de su interés es, precisamente, robar nuestro dinero: el dinero que es expoliado a los tributarios.

El poder está al servicio de una minoría, con el consentimiento de la mayoría. Es fácil engañar a quienes falsean la realidad. Solo es cuestión de ofrecerles una vida placentera sin necesidad de trabajar o con poco esfuerzo y brincan de felicidad votando por políticos y sistemas que lo único que logran en el largo plazo es condenar a casi todos a vidas mediocres, fracasadas y amargadas.

Lamentablemente, rara vez reconocen que cosecharon lo que sembraron. Se engañan toda la vida creyendo que el problema son las personas y creen que lo resuelven cambiándolas, aunque se dan cuenta que los únicos que mejoran sustancialmente su calidad de vida son quienes llegan al ejercicio del poder:  delincuentes, criminales que acumulan fortunas mal habidas con la excusa de darles oportunidades a los más pobres.

La corrupción en el colectivizado sector privado solo es posible porque hay quién tiene el poder de hacer lo que se le antoje. Si no tienen el poder los gobernantes y los funcionarios públicos, da igual los negocios que otros quisieran hacer: no habría poder que les pudiera conceder sus deseos. ¿Cuál es el origen de los privilegios y la corrupción? El poder y la legislación que lo otorga.

¿Queremos acabar con esta situación que sólo puede empeorar dentro del contexto actual? Asumamos, de una vez por todas, nuestra posición de mandantes, reconozcamos que los responsables de velar por la satisfacción de nuestras necesidades somos nosotros y no les demos a nuestros mandatarios más poder que el necesario para que cumplan con sus funciones: velar porque haya paz, respeto, seguridad y justicia.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de septiembre de 2015.

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