Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

4.20.2015

CICIG y SAT: corrupción y extorsión



Antes de cualquier otro comentario, quiero expresar mi alegría al saber que ¡finalmente! parece que se van a perseguir a los miembros más importantes de la mafia estatal que actualmente extorsiona a quienes intentan comercializar con personas o empresas cuyas operaciones se encuentran más allá de nuestras fronteras. Una red de corruptos que se han aprovechado del poder casi ilimitado que, lamentablemente, les han entregado a los gobernantes aquellos que han caído en la trampa del Estado Benefactor/Mercantilista.

Sin embargo, coincido con quienes han hecho ver que los capturados apenas representan la punta del iceberg: una pequeña mancha al tigre. Espero que la valiente acción dirigida por la Fiscal General, Thelma Aldana, sea sólo el principio de una estrategia que también lleve a la cárcel, y obligue a devolver lo que han robado, a los meros mandamases de la pandilla: al presidente Otto Pérez Molina y la vicepresidente Roxana Baldetti. De ser posible, que se juzgue a funcionarios de gobiernos anteriores, incluidos presidentes y demás miembros de sus respectivos gabinetes.

Ahora, me surgen varias dudas en lo que respecta a la operación planificada por el MP, apoyado por la CICIG. Primero, es vox populi desde hace años que al frente de esta organización de criminales está la mismísima vicepresidente, Roxana Baldetti. ¿Por qué no aparece entre los señalados? ¿Cuándo inicia el proceso de antejuicio para presentarla ante la justicia? Conociendo la cercanía de la mencionada con el Presidente, Otto Pérez Molina, ¿está también él bajo investigación? ¿Cuándo vamos a tener más información en lo que respecta a los responsables del Organismo Ejecutivo? Porque, espero que no pretendan los funcionarios del gobierno, del MP y la CICIG vernos la cara de tontos y crean que nos vamos a tragar el cuento de que Pérez Molina y Baldetti no sabían nada de lo que hacían los tipos que ellos mismos pusieron al frente de la SAT y las aduanas. No se diga el caso de Juan Carlos Monzón que ocupa el cargo de Secretario PRIVADO de Baldetti.

Por cierto, llama mi atención el que hayan aprovechado a llevar a cabo este operativo precisamente cuando Monzón se encuentra fuera de Guatemala. Él y Baldetti. Total, ya han esperado tantos años para apresarlos que unos días más no eran trascendentales. ¿Por qué hacen las capturas cuando el supuesto cabecilla está de viaje en el exterior? No tiene sentido, a menos que el rumor, cada vez más fuerte, de que los señores de la CICIG negociaron la impunidad de los mencionados a cambio de que se renueve, nuevamente, su inconstitucional mandato.

Si acaso en los próximos días no empiezan las acciones en contra de los jefes de los capturados, sin lugar a duda y lamentablemente, confirmaré mi sospecha externada en el párrafo anterior, apoyada por la explicación que circula a sotto voce, a nivel nacional e internacional, de que este espectáculo tuvo como objetivo asegurarle el trabajo a los burócratas de la CICIG por unos años más.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 20 de abril de 2015.

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4.13.2015

Terrorismo gubernamental



Terror solo pueden infundirlo quienes tienen el poder de hacer daño: que poseen las herramientas necesarias para violentar la vida, la libertad o la propiedad de otros. Lo pueden hacer las bandas terroristas propiamente hablando aunque suene redundante, tal es el caso de los grupos guerrilleros y los fundamentalistas armados de cualquier índole como lo son el Estado Islámico y Boko Haram. También lo pueden provocar las organizaciones criminales de los narcotraficantes y los mareros. Y, finalmente, los gobiernos totalitarios y dictatoriales. Sin embargo, gracias al avance tecnológico, hoy los ciudadanos nos podemos defender, al menos de estos últimos, denunciando atropellos y abusos del poder, lo que ha llevado a los mencionados a intentar confundir a la gente utilizando anticonceptos como el incoherente terrorismo mediático.

Un señor de nombre Alfredo Oliva que escribe en una página que defiende a la dictadura venezolana (Aporrea), intenta definir el terrorismo mediático como: “El protocolo o acción previamente diseñada en la que se utilizan los medios de comunicación nacionales e internacionales (prensa, radio, televisión, cine, Internet, redes sociales, celulares, vallas, etc.) para crear atmósferas y/o sembrar miedo, odio y terror en la población con el propósito de desestabilizar y/o derrocar gobiernos, destruir su economía, destruir liderazgos, horadar apoyos populares, provocar confrontaciones violentas entre la población, guerras civiles, etcétera”. Casi solo le faltó agregar a la lista de barbaridades el cambio climático.

Según el citado analista de medios, como lo identifica el noticiario “teleSUR”, todo aquel que cuestiona a los gobernantes, en particular a Nicolás Maduro y a quienes representan al socialismo del siglo veintiuno (sea un periodista o cualquier ciudadano), ejerce el tal terrorismo mediático. El susodicho propone que es una especie de conspiración masiva en la cual, de alguna manera que no se puede explicar, criticamos a los gobernantes porque acordamos derrocarlos.

Además, supone que los que participan en la conjuración son muy bien remunerados por gobiernos imperialistas y los mercantilistas: “Los medios de comunicación que participan en un ataque de terrorismo mediático conjugan, comparten objetivos e intereses políticos, económicos y bélicos… con las fuerzas retrógradas locales y foráneas que intentan desestabilizar y/o derrocar un gobierno, destruir su economía, etcétera”. Ni Pinky y Cerebro podrían complotar de mejor manera. Todo lo anterior, por supuesto, para justificar la violencia terrorista de los dictadores: “El gobierno venezolano tiene todo el derecho y obligación a defenderse”.

Escribir artículos ad hominem y/o falaces no es lo mismo que ejercer el dominio por medio del terror. No se deje engañar: detrás de todo este absurdo discurso lo que hay es un nuevo intento por acabar con la libertad de expresión, necesaria para la defensa de nuestros derechos individuales.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de abril de 2015.

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4.06.2015

El hábito de la justicia



El clamor por justicia es sin duda el reclamo humano que hoy más solemos escuchar en todos lados. Sin embargo, ¿conocemos el significado del término justicia? ¿Sabemos qué significa ser justos? ¿Practicamos este necesario hábito para alcanzar nuestros valores y convivir en armonía con los demás?

Ayn Rand consideraba la justicia como una necesidad práctica para la vida humana. Siempre hay que juzgar a los otros porque “no se puede falsificar el carácter de los hombres, así como no se puede falsificar el carácter de la naturaleza”. Tratar a los demás como lo merecen a partir de una evaluación racional y objetiva de su carácter y acciones es respetar la ley de la causalidad. “Una recompensa es un valor dado en reconocimiento de la virtud o logro de una persona; un castigo es un desvalor pagado por un vicio o una culpa”.

La justicia es la aplicación de la virtud de la racionalidad al proceso de evaluar y tratar según esa evaluación a los otros. Es la virtud de juzgar objetivamente el carácter y la conducta de otra persona y actuar de acuerdo a dicho juicio, dándole aquello que se merece. Es interpretar correctamente los mensajes profundos que los incidentes nos revelan sobre un determinado individuo. El propósito de tal hábito es la identificación de la naturaleza básica de un individuo para poder proyectar su conducta futura.

La suma de la conducta y el carácter es el producto integrado de sus acciones a través del tiempo. Es por medio de sus actos que una persona forma su carácter, y es su carácter el que a la vez va a influenciar su conducta. Ambos revelan y muestran en qué consiste su naturaleza individual. El carácter nos da la información que nos interesa sobre la conducta. Debemos evaluar las acciones particulares y los principios que las guían: el carácter. La justicia es la muestra de la honestidad y la racionalidad: atiende todo y solo lo que la evidencia muestra, tanto para evaluar personas como cualquier otra cosa. Tratar a otros como se lo merecen, significa responder a su conducta buena con recompensas y a su conducta mala con castigos. Culpa es una falta que se comete voluntariamente, meritoria de castigo.

Es por nuestro propio interés que debemos ser justos. Falsear las acciones y el carácter de otros no cambia en nada la realidad de la naturaleza de estos ni los efectos potenciales que tengan en nosotros. La justicia es un medio vital para proteger y promover los valores propios. Por la felicidad propia debemos preocuparnos del efecto probable que tengan las acciones de los demás en nuestras vidas. Evaluar a los otros objetivamente y tratarlos de tal manera que sirvan a nuestros valores, apoyando a quienes contribuyen a nuestro florecimiento y alejándonos de quienes nos dañen son condiciones sine qua non para alcanzar nuestra felicidad. Ser justos es necesario tanto en nuestra esfera privada como en la pública. Una sociedad justa depende de cuán justos sean sus miembros.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 6 de abril de 2015.

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3.30.2015

Tras la areté



¿Hace cuánto tiempo dejó de ser considerada una virtud la aspiración de los griegos clásicos a la búsqueda de la excelencia? ¿Cuándo el deseo del ser humano de cultivar la areté, de ser orgulloso y de aspirar a la perfección moral pasó a ser condenado como un mal, en lugar de ser reconocido como el hábito necesario para ser feliz? ¿Quiénes, maliciosamente, confundieron y trastocaron el sentido verdadero del orgullo sustituyéndolo por el de la arrogancia? Los únicos que han salido victoriosos, hasta cierto punto, con este engaño han sido los mediocres y los saqueadores que pretenden obtener lo que no se han ganado a costa de aquellos que sí se han esforzado y han merecido lo que tienen.

No se equivoque: quien practica la virtud del orgullo no es el vanidoso que presume ser quien no es. Ser orgulloso implica trabajar en uno mismo para lograr la perfección moral, la cual sólo se alcanza por medio del inviolable compromiso de usar siempre nuestra razón para identificar e integrar cabalmente la información que nos proveen nuestros sentidos sobre la realidad: aplicar la virtud de la racionalidad para adquirir y crear los valores de carácter que lo hacen a uno merecedor de florecer.

Según Ayn Rand, es la persecución sistemática de la propia realización y del mejoramiento constante con respecto a las metas personales, ya que la supervivencia demanda un compromiso ambicioso de guiarnos por principios morales: “Uno debe ganarse el derecho de tenerse como su valor máximo”.

El orgullo es el hábito de adquirir y crear los valores de carácter que lo hacen a uno merecedor de florecer,  sentirnos dignos de vivir y tenernos en gran estima: valorarnos a nosotros mismos. No permitirnos ser menos que excelente. Exigirnos ser llenos de virtudes y no cometer actos vergonzosos. Nunca aceptar una culpa inmerecida. Corregir los agravios y errores cometidos. No permitir ser tratados como menos que persona. No aceptar el papel de animal de sacrificio, ni de esclavo, ni de objeto. Fijarnos estándares altos y conscientemente tratar de alcanzarlos. Dedicarnos a hacer que nuestro mejor sea aún mejor.

Es una virtud introvertida: se enfoca en nuestro interior. Conseguir dentro de nosotros el mejor carácter posible: sin manchas, sin ser presumidos, fanfarrones, ostentosos. Sin pretender impresionar a otros o convertir nuestra vida en una competencia cuyo objetivo es alardear de la supuesta superioridad de uno sobre los demás.

No permitirnos ser menos de lo mejor que podemos ser es necesario para nuestra autoestima, sin la cual es imposible la vida humana productiva y satisfactoria. La autoestima es la apreciación moral fundamental positiva de uno mismo. Del proceso por el cual uno vive. De la persona que uno crea por medio de sus acciones. La convicción de que uno es capaz de vivir: de que uno merece vivir. Nuestra vida y nuestra felicidad dependen de que las conclusiones y las elecciones que hagamos sean las correctas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 30 de marzo de 2015.

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3.23.2015

Baldizón NO promueve el empleo



Todo lo contrario: con sus promesas populistas y demagogas lo único que va a lograr es que cada vez sea más difícil prosperar. Sus propuestas, la mayoría basadas en la idea de cargar con más costos y gastos a los empresarios que operan formalmente en nuestro país -una especie en vías de extinción-, van a ahuyentar a quienes podrían arriesgarse a invertir. En lugar de atraer el capital productivo que urgentemente necesitamos para transformar los recursos en riqueza y mejorar los ingresos reales de todos aquellos que trabajamos honestamente y respetamos los derechos individuales de los demás, va a espantar a los emprendedores que podrían crear el empleo que tantos necesitan en nuestro terruño. 

Nada bueno podemos esperar de un individuo que confunde la riqueza con los recursos naturales y sostiene que estos últimos no son escasos. Alguien que cree que el problema de los países subdesarrollados es “la falta de una administración estratégica de sus riquezas”. Un personaje que descaradamente acusa de corruptos a aquellos con los cuales se ha asociado para aprobar nuevos privilegios y más legislación que facilitan el robo de nuestros impuestos. Todas las anteriores, reglas que obstaculizan aún más el progreso de quienes todavía optamos por seguir viviendo en Guatemala.

La propuesta contradictoria de Manuel Baldizón, sin sentido e incoherente, es una revoltijo de lo mismo de siempre con alguna idea descabellada que por casualidad se topó buscando frases célebres en Internet, lo que le facilitó hacer un copy/paste: plagios por los que hoy es célebre más allá de nuestras fronteras el candidato mencionado. ¡En cuántas ocasiones ha sido el hazmerreír, no sólo de los círculos académicos e ilustrados, sino en todos lados! En fin, independientemente de la poca capacidad intelectual de Baldizón, lo más peligroso, si acaso llega a ocupar el cargo de Presidente del Ejecutivo, es su baja autoestima, la cual se refleja en su megalomanía.

No solo lo que dice, escribe y publica es en gran parte un fraude: el mismo es una farsa como persona. El delirio que lo consume lo lleva hasta a referirse a sí mismo en tercera persona: un personaje ficticio, producto de su imaginación, con el que pretende sustituir al sujeto real. De sobra se sabe que detrás de esa aparente grandeza, lo que se esconde es un complejo de inferioridad, lo que conduce a quienes lo sufren a obsesionarse con el ejercicio del poder en un intento fallido por convencerse de su valía y de que merecen más de lo que se les reconoce. Si alguien lo aprecia de verdad, le haría un bien aconsejándole que visite a un buen sicólogo.

Podemos describir a Manuel Baldizón con una sola palabra: deshonesto. Casi todo en él es una impostura. Sería terrible que un tipo como él llegara a gobernar nuestro país. Pero, al final, debemos entender que Baldizón es solo una consecuencia más del sistema de incentivos perversos dentro del cual vivimos. Un sistema que atrae a los peores representantes de nuestra sociedad.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 23 de marzo de 2015.

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3.16.2015

Privados de razón



Si hay algo que me parece repugnante, es esa costumbre políticamente correcta, esa actitud hipócrita de quienes se solidarizan con los criminales y se dedican a buscar maneras de aliviar las cargas que les representan las penas impuestas por sus crímenes. Desde el uso tergiversado del lenguaje hasta el absurdo de que no se les puede obligar a trabajar para que paguen sus deudas, compensen a sus víctimas y se hagan cargo de sus vidas y las de sus familiares que dependen de ellos. Algo que usted y yo hacemos TODOS los días: trabajar para satisfacer nuestras necesidades, cumplir con nuestras responsabilidades y velar por nuestros seres queridos que hemos elegido apoyar para conservarlos como valores que son para nosotros en lo particular.

Para estos defensores de malhechores, quienes debemos hacernos cargo del bienvivir de los criminales presos somos nosotros. Creen que debemos pagar impuestos para que no les falte comida tres veces al día, tengan un techo que los cubra, vestido que los proteja y todo el tiempo del mundo para andar de vagos y continuar desde la prisión cometiendo crímenes y delitos, poniendo en riesgo la existencia de gente inocente que en la mayoría de los casos son escogidas al azar como objetivos de las acciones delincuenciales de los mencionados mantenidos.

Una de las más recientes tonterías que parece haber sido acogida por los medios de comunicación, un agravio más para aquellos que han sido lesionados por los nombrados antisociales, es la de llamar privados de libertad a los secuestradores, a los asesinos, a los violadores, a los ladrones, a los extorsionadores… que se encuentran encarcelados. Un eufemismo que a los únicos que causa risa es a los maleantes que han violentado la vida, la libertad y la propiedad de otros. Al resto de personas que NO somos indiferentes ante las injusticias, nos causa coraje escucharlo y a unos pocos nos disgusta tanto que somos capaces de verbalizar esa indignación con la esperanza de que más se unan a condenar esa innoble manera de proceder de unos cuantos que, además, se engañan a sí mismos pensando que hacen un bien profundizando el sistema de incentivos perversos dentro del cual vivimos.

Nuestro apoyo debe ser para las víctimas. Nuestra compasión para aquellos que han sido lastimados por personas cuyo código de valores es contrario a la moral objetiva que promueve la coexistencia pacífica entre los miembros de nuestra especie. Nuestras acciones deben ir encaminadas a construir un Estado de Derecho donde todos seamos iguales ante la ley. Pelear por un sistema político que solo otorgue poder a los gobernantes para que los antisociales que violentan los derechos individuales de otros sean los menos posibles, y cuando la violación no se haya podido evitar, que el responsable del delito pague las consecuencias de sus acciones y compense a sus víctimas. Gobernantes que se aseguren que de verdad se haga justicia y que se respete la vida, la libertad y la propiedad de los respetuosos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 16 de marzo de 2015.

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3.09.2015

Las peticiones de Joe Biden



En su reciente viaje a Centro América, el vicepresidente de Estados Unidos se reunió con los presidentes de El Salvador, Honduras y Guatemala. Es su segunda visita oficial a nuestro país. En ambas ocasiones, las verdaderas intenciones del vicegobernante estadounidense fueron desconocidas por aquellos que nos vamos a ver perjudicados por su injerencia en asuntos que no le corresponden. La ironía es que es más probable que conmuevan a los gobernantes de nuestras naciones las demandas de Biden, que las justas exigencias que tenemos los ciudadanos de esta región permanentemente vestida de luto por los muertos producto de la guerra perdida contra las drogas.

Por cierto, aunque el mismo vicepresidente de EE. UU. pida que se frene la violencia y el crimen, es poco probable, por no decir imposible, que esto suceda. Total, esta es la parte políticamente correcta del discurso de todo funcionario que se precie de ser un burócrata estatista de cuello blanco. Es una de esas frases de cajón, ideales para ser reproducida por los medios de comunicación que, en lugar de preguntar sobre las medidas que piensan tomar para que tal reclamo (que es el nuestro de todos los días) se convierta en realidad, simplemente la utilizan para sus portadas, convirtiéndose en cajas de resonancia de los poderosos. ¡Cuán lejos están de la misión del periodismo: la búsqueda de la verdad!

Los mandatarios asistieron ilusionados a la reunión con el segundo de a bordo del gobierno del otrora ejemplar país de las oportunidades. Llegaron con la esperanza de cachar una tajada del millardo de dólares que Biden promete conseguir. Un caso interesante de estudio: un político haciendo promesas a otros políticos, como si se encontrara en campaña. Me parece que los votantes de estos lares ya sabemos cómo terminan tales ofrecimientos: incumplidos. Y ojalá así sea, porque si acaso algo de lo prometido fuera cumplido, sin duda sería a base de préstamos que nosotros los tributarios tendremos que pagar, mientras los gobernantes de nuestros países los van a malgastar, embolsándose gran parte de ese dinero.

En “Todo a Pulmón”, programa radial que conduzco en Libertópolis, me atreví a proyectar cuáles eran los principales motivos del periplo de Biden: asegurar que Otto Pérez solicita una nueva prórroga de la corrupta e ineficiente CICIG, recordarles a los presidentes que no pueden descriminalizar la producción, distribución y consumo de las sustancias prohibidas por el gobierno gringo y, finalmente, que vean cómo se las arreglan para que no llegue más gente de nuestros países a la nación que, irónicamente, fue construida por inmigrantes. Después de leer las declaraciones del enviado de Obama, confirmé lo cierto de mi pronóstico. No necesité hacer un gran esfuerzo mental para llegar a estas conclusiones. Todos podemos visualizarlo. Basta con que usemos nuestra razón y no falseemos la realidad. Basta con reconocer y aceptar la fascinación por el poder de ciertos miembros impresentables de nuestra especie.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 9 de marzo de 2015. La imagen la bajé de Internet.

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