Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

6.02.2008

¿Quién tiene la razón?


Hace algunas semanas, el alcalde de la Capital, Álvaro Arzú, declaró que la autoridad siempre tiene la razón, frente al cuestionamiento que le hacían varios reporteros por los abusos de la Policía Municipal de Tránsito (PMT). Organización que se ha convertido en una especie de guardia pretoriana en decadencia, bajo las órdenes indiscutibles de Arzú. Obviamente, nuestro confundido empleado público, se refería a los peemetes como la supuesta autoridad. Claro, después de él, quien obviamente se siente el supremo emperador.

En fin, el tema me pareció de una importancia capital desde el momento en que leí las declaraciones del funcionario nombrado en el párrafo anterior. Sin embargo, sé que en el breve espacio semanal que tengo para intercambiar ideas con ustedes, es difícil abordarlo con la propiedad del caso. Y la costumbre de algunos de publicar en capítulos me parece que, en general, no es conveniente para la sección de opinión de un diario.

No obstante, hay veces que es esa entrega de un escrito por partes, la mejor de las opciones para tratar temas trascendentales como lo son, en este caso, la “autoridad” y la “razón”. Conceptos a los cuales voy a agregar algunos como, por ejemplo, la definición de “fundamento” y otros más que me permitan compartir con mis lectores que tengan la paciencia de esperar por otros artículos, una visión centrada y objetiva del asunto a tratar.

Total, Arzú sólo oficializó lo que piensan muchos que ejercen uno de los dos oficios más viejos del mundo: la política. Y ese pensamiento ¿o convicción? es aquel que los hace creerse el rey, y que, por supuesto, su palabra es la ley. Creencia que los hace vernos y tratarnos al resto como súbditos, aunque pretendan engañarnos haciéndonos pensar que nos respetan como ciudadanos.

Pero, para colmo de males, es sumamente lamentable que haya quienes, dentro del grupo de los gobernados, también crean y repitan sin razonar esa falacia de que quien ejerce temporalmente el poder, el político de turno sentado en el supuesto trono, ES la autoridad. Creencia violatoria de los derechos individuales. Error que permite a los déspotas limitar cada vez más nuestra libertad. Crónica de una esclavitud anunciada que no sólo condena a quienes se rinden ante esa servidumbre, sino también nos sentencia a los demás a ser parte de un reino dominado por unos pocos, en detrimento de la vida y la felicidad de la mayoría en el largo plazo.

Los más recientes actos prepotentes y violentos de peemetes, de casi todos conocidos, me llevan a considerar urgente aclarar los temas planteados. Espero que lo dicho hasta este momento me sirva como prólogo a varias columnas (espero sean pocas) en las cuales deseo, al menos, sembrar la duda sobre las concepciones aprendidas, con escasa discusión, sobre la autoridad y la razón. Por cierto, el otro ancestral oficio humano al que me refiero es la prostitución. Qué interesante coincidencia, ¿no?

Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de mayo de 2008. La foto la tomé con mi celular el 16 de noviembre de 2007. Sobran las explicaciones.

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Cien años


“Pasaste a mi lado con gran indiferencia, tus ojos ni siguiera voltearon hacia mi. Te vi sin que me vieras, te hable sin que me oyeras, y toda mi amargura se ahogo dentro de mí. Me duele hasta la vida, saber que me olvidaste, pensar que ni desprecios merezca yo de ti. Y sin embargo sigues, unida a mi existencia, y si vivo cien años, cien años pienso en ti”.

Al llegar a los primeros cien días del gobierno de Álvaro Colom, recuerdo esta inmortal canción, interpretada originalmente por el célebre Pedro Infante, que en la década de los años 90 del siglo pasado, fue resucitada por Thalía, la conocida Timbiriche, hoy esposa del todopoderoso Tommy Mottola.

Total, pasarán más de cien, mil, un millón de días o años, que el Estado Benefactor/mercantilista y la socialdemocracia no van a facilitar el progreso, en el largo plazo, de todos los habitantes de Guatemala: el progreso de quienes están dispuestos a arriesgar, trabajar y producir, respetando la propiedad, libertad y vida de los demás. Lo que es peor, el Estado Benefactor/mercantilista obstaculiza el camino de aquellos dispuestos a invertir y transformar recursos en riqueza.

Hoy confirmamos lo que sabíamos muchos desde antes: que la propuesta de cambio en cien días de la UNE, no era más que una estrategia politiquera para enfrentar la campaña presidencial de la segunda vuelta electoral. Y fue el propio Colom quien confirmó lo que sospechaban algunos y otros simplemente se negaban a creer: que sólo era una estafa más.

Hecho confirmado con la presentación del fantasioso informe de los cien días, el cual reafirma la creencia de que en lugar de avanzar, hemos retrocedido. Sentir de tantos que observan como el crimen aumenta (sólo los secuestros se calcula que se triplicaron) y miran con asombro como regresan a la administración pública los pocos mafiosos que habían sido depurados en el gobierno anterior. Y qué decir de las negociaciones que ha cerrado el gobierno con personajes nefastos como Joviel Acevedo y sus cuarenta ladrones, escapados de la cueva bajo el mando de Enrique Torres, cuñado de Álvaro Colom, quien, para colmo de males, se declaró el Presidente de los pobres. ¿Y el resto no tenemos Presidente? ¿Será que debemos convocar a una nueva elección para decidir quién ocupa la vacante? ¿O acaso profetiza Colom que cuando termine su período todos vamos a ser pobres?

Aunque, el problema, como diría Arjona, no son sólo las mentiras de Álvaro Colom y sus seguidores, sino que tantos todavía las crean. Mentiras a las cuales, lamentablemente, nos han acostumbrado los políticos: populistas y demagogos en su mayoría. En fin, el meollo del asunto lo encontramos en la amargura que crece en el corazón de muchos en nuestro país, debida al declive en su calidad de vida y las perspectivas negativas del futuro cercano. Ojalá que después de más de 60 años con el mismo sistema fracasado, no necesitemos llegar a los cien para cambiarlo.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 28 de abril de 2008. La fotografía la tomé el sábado 19 de enero de 2008, en una visita a la casa de la familia de Warren Orbaugh.

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4.21.2008

Fumicidio


El gobierno de la socialdemocracia es una gran fumada. El sistema socialdemócrata es una fumada mayor. Y aparentemente los seguidores del mencionado pensamiento político se la pasan fumando alucinantes. Sino, ¿cómo explicar el regreso al pasado fracasado de los años 70 y 80 del siglo veinte? ¿Acaso atravesamos el túnel del tiempo sin darnos cuenta?

Sin siquiera haber asimilado la aprobación de la aberración jurídica conocida como “Ley contra el femicidio”, nos sale el presidente Álvaro Colom con las indefendibles propuestas de poner precios topes, gravar con otro tributo directo el servicio telefónico y aumentar los subsidios a ciertas actividades que consideren de primera necesidad. Pura arbitrariedad, nada más. Sólo justificable a los ojos del dañino populismo latinoamericano, encabezado por Hugo Chávez, y seguido de cerca por Daniel Ortega, Cristina Fernández, Rafael Correa y Evo Morales.

La esperpéntica ley que pretende favorecer a las mujeres crea otra discriminación legal en nuestra obtusa legislación de inspiración positivista: denuncia que no me canso de repetir, por ser ésta una de las principales raíces de nuestros males. Creer que la voluntad del legislador puede ser impuesta al resto, por más contradictoria que sea con la acción humana, es una locura propia de los políticos e intelectuales que arrogantemente creen que pueden dictarle a los demás cómo vivir su vida. Nos establecen metas y nos imponen las medidas que consideran idóneas para que nos sacrifiquemos con el objetivo de alcanzar los fines de ellos, no los nuestros. Nos desprecian como seres humanos pensantes, y nos reducen a simples siervos que siguen órdenes del iluminado de turno.

Por supuesto que me opongo fervientemente a todo acto criminal que violente la vida, la libertad y la propiedad de cualquiera (hombre o mujer, niño o anciano, guatemalteco o tibetano). Al fin, estos son los derechos individuales por excelencia, y no ese conjunto de necesidades que de forma interesada han sido políticamente elevadas a la categoría de derechos sin obligaciones para quienes supuestamente van a gozar de los beneficios de ese privilegio. Para lograr la reducción de abusos, lo que debemos hacer es buscar la igualdad ante la ley, independientemente de nuestras circunstancias particulares. Cambiar la desigualdad legal por el trato igual para todos. No decretar más diferencias.

En lo que respecta a las supuestas medidas para paliar la crisis económica, ¿qué más puedo decir, que no se haya dicho con anterioridad? Sin duda, el supuesto beneficio que puedan lograr algunos hoy, será pagado por todos en el mediano y largo plazo. Los actuales políticos en el ejercicio del poder, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, están cometiendo un crimen injustificable: el derechocidio. Decisiones de unos cuántos que nos alejan del primer paso que nos lleva a la solución de nuestros problemas: el Estado de Derecho.

Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de abril de 2008.

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4.14.2008

Una bala perdida


O pudo ser una bala dirigida. Quién sabe. Una bala muy similar a tantas otras que han acabado con la vida de miles de personas en nuestro país. Sin embargo, independientemente de la situación general, los familiares de las víctimas escogidas por el azar, a quien lloran es al ser querido muerto por la inseguridad que campea en Guatemala. Hasta ese instante trágico, entienden a otros que han pasado por una experiencia parecida.

Creo que compartir con ustedes un caso del cual tengo conocimiento, nos puede ayudar a quienes no hemos pasado por semejante perdida, a ser solidarios con aquellos que han sido apartados de un ser querido por antisociales que se consideran ajenos a todo castigo: impunes. Tal vez porque varios de esos antisociales se esconden detrás de la insignia de policías. ¿Otra ironía más? ¿Tendrán fin las contradicciones?

Según sé, el pasado 14 de marzo, viernes de Dolores, una pareja de esposos muy queridos por un importante grupo de nuestra sociedad, se dirigían después de asistir al cine, a recoger a su hijo menor quien se encontraba en una reunión con compañeros del colegio. Pero antes de llegar al que era su destino, a la altura del kilómetro 19 Carretera a El Salvador, una bala mortal acabó con la vida de la mujer que venía en el asiento del copiloto. La madre del joven que disfrutaba de una alegre velada. La esposa del hombre angustiado que corrió a un sanatorio en la zona 15, con la esperanza de salvar a su compañera. La amiga de muchos que hoy la extrañan, la lloran y se preguntan ¿por qué?

Lamentablemente, la tragedia no termina ahí. Unos agentes de la Policía Nacional Civil, quienes al parecer se encontraban sospechosamente cerca, demasiado cerca del lugar donde voló la bala perdida, siguieron al desesperado esposo que intentaba salvar la vida de su amada. Al llegar al hospital, y mientras los enfermeros y doctores que se encontraban de turno auxiliaban a la víctima mortal, afuera los guardianes de nuestra seguridad amedrentaron y amenazaron al atormentado hombre que lo único que deseaba es que nada de todo lo vivido en la última hora fuera cierto. Probablemente rogaba al cielo despertar de esa pesadilla mientras los criminales con licencia para intimidar lo tenían de rodillas en el piso. Pero no despertó: lo vivido era una cruel realidad.

Sobra decir que los policías le robaron todo lo que pudieron, además de advertirle que bajo ninguna circunstancia se atreviera a denunciarlos. ¿Fueron estos mismos canallas quienes dispararon la bala que acabó con las ilusiones de una mujer llena de alegría? No sé… tal vez es cierto que esta es la nueva estrategia de asalto de esos malhechores. Cuídese, apreciable lector, estimada lectora.

Al final, esta triste historia parece ser una metáfora de nuestro mismo gobierno: una bala perdida que apunta a cualquier lado, menos hacia el cumplimiento de sus funciones esenciales: seguridad y justicia.

Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de abril de 2008. La foto la tomé a principios de febrero de 2007, un sábado por la noche, cuando un operativo de las fuerzas de inseguridad, que involucró al menos 10 patrullas (con todo y policías, por supuesto) interrumpió la fiesta de un grupo de estudiantes de una Universidad que celebraban su elección como miembros del Consejo Estudiantil de su facultad.

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4.07.2008

Tributos cósmicos


Según noticias recientes, que reciclan discursos de siempre, un grupo de tecnócratas guatemaltecos halló un gran vacío tributario en las arcas públicas que, dicen, asciende a miles de millones de quetzales. Por cierto, parece que el vacío no contiene agujeros negros (ya resucitaron el IETAAP), anunció el equipo director del Ministerio de Finanzas.


Por otro lado, investigadores privados desde hace tiempo descubrieron y denunciaron que hay en nuestro país millones de personas viviendo con pocos recursos para llevar alimento a su boca y la de sus hijos. Un vacío mucho mayor al que muchos hubiesen podido imaginar. Un vacío enorme, como el de las almas en penitencia en el Congrueso. "Esto es mil veces más grande de lo que hubiésemos esperado", observó un profesor de historia que prefirió guardar el anonimato, ante las posibles represalias que pudiera enfrentar por parte de grupos de presión, interesados en mantener en la miseria a toda esta gente, ya que si se creara riqueza y lograran superar la pobreza, los líderes de tales grupos se quedarían sin trabajo e ingresos.

Sin embargo, y a pesar de la realidad de la mayoría de habitantes de Guatemala, Juan Alberto Fuentes, el caballero de los impuestos, y su fiel escudero, Carlos Barreda, ambos obedientes servidores de los dictados de los organismos financieros supranacionales (FMI, BID, BM, CEE…) consideran que es necesario aumentar la carga tributaria para llenar el supuesto vacío descubierto en las finanzas del abstracto Estado. Vacío que, opinan, les impide cumplir con sus obligaciones. ¿Cuáles obligaciones y en beneficio de quién?


Esa convicción del primero y el segundo a bordo del MINFIN de aumentar impuestos sin importar los costos que esta decisión conlleva, y los sacrificios sin sentido que implican para la sociedad en general, en especial para los más pobres de ésta, nos lleva de nuevo a una discusión que parece interminable. Por cierto, ¿acaso no es sospechoso que esa nave eternamente está a punto de hundirse y al final siempre sale a flote? Claro, a costa del hundimiento de otros, léase los tributarios.

En fin, para solucionar los problemas más sentidos ¿o acaso el vacío en el estomago no se siente? de los seres conscientes y concretos de nuestra sociedad, o sea, los humanos, por si no quedó claro, lo que se necesita es precisamente lo contrario a lo propuesto por Fuentes y Barreda. No necesitamos más impuestos, necesitamos más inversiones que creen fuentes de trabajo productivo para todos aquellos que estén dispuestos a trabajar y ser responsables. Listos a echarle ganas al chance porque desean mejorar su calidad de vida. Y para atraer esas inversiones lo que necesitamos es eliminar gravámenes directos que castigan el capital. Tributos empobrecedores para la mayoría, menos para los políticos, a quienes terminan engordando. ¿Perderán la razón, las evidencias y el sentido común esta batalla?



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 31 de marzo de 2008. La fotografía la tomé el 1 de noviembre de 2007 en el cementerio de Santiago Sacatepéquez, y me pareció ideal para el tema: que Dios nos libre de la plaga de los impuestos, que mata las posibilidades de progreso para millones de personas.

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3.16.2008

Un mundo controlable



Hace unas semanas, leí en el suplemento “elacordeón” del matutino “elPeriódico”, una entrevista hecha por Marta Sandoval a tres escritores radicados en España. De los tres, tengo el gusto de conocer personalmente a dos: Eduardo Halfon y Santiago Roncagliolo. Y es precisamente la respuesta de Santiago a la pregunta “¿Por qué empiezan a escribir?” la que me motivó a escribir este artículo. Para Roncagliolo, escribir es crear un mundo que puedas controlar. Sueño, sin duda, sólo posible en la imaginación de una persona. Fantasía transformada en ficción, en ocasiones creíble, pero sólo ficción. Por eso, probablemente, Santa Teresa de Jesús dijo que la imaginación es la loca de la casa.

Es imposible controlar el mundo real en el cuál vivimos. Sin embargo, a lo largo de la historia, ¿cuántos no lo han tratado, sacrificando a cientos de millones de personas en el intento fallido? Y lo que es peor, a pesar de la abundante y contundente evidencia acumulada sobre qué funciona y qué no funciona para progresar y mejorar la vida de todos, ¿cuántos no aprenden de los errores del pasado? Y, al repetirlos, ¿a cuántos más van a condenar a una vida miserable y a una muerte despreciable? Lo más irónico del asunto es: ¿cuántos de esos condenados no firmaron ellos mismos su sentencia al caer en la trampa de las utopías contrarias a nuestra naturaleza o, simplemente, forma de SER?

A veces, para entender el mundo en el cual vivimos y disfrutar el papel que en este hemos decidido representar, necesitamos hacer un ejercicio mental de separación. Imaginar que observamos la realidad de forma ajena e independiente a nosotros, e intentar, de una forma objetiva, juzgarla. Necesitamos dejar a un lado nuestros sentimientos que, dicen, “nublan la razón”. Por cierto, ¿quién lo dijo? Por supuesto que, dentro de esa simulación, debemos recordar que esa realidad que vamos a observar nos incluye. ¿Podemos adentrarnos en nosotros y juzgarnos equilibradamente? ¿Nos sirve esta prueba para entender a los otros y, más aún, cómo y por qué actuamos?

En ese mundo real en el cual transcurre nuestra existencia, compartimos espacio con miles de millones de individuos. Cada uno de ellos único e irrepetible. Cada quien con sus metas propias. Cada cual tomando decisiones particulares ante las circunstancias que le toque enfrentar. En fin, todos somos arquitectos, constructores y albañiles de nuestro destino personal.

Y son precisamente las acciones de todos, impulsadas por lo planteado con anterioridad, las que van transformado el mundo en el cual vivimos. Por tal motivo, nadie puede controlarlo a su antojo. Debemos el progreso de nuestra civilización al conocimiento disperso entre los que vivimos, las decisiones que cada uno toma a partir de esa parte del conocimiento que posee, y los fines que desee alcanzar. En fin, el secreto de la felicidad esta en el respeto a la libertad y la convivencia en paz.



Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de marzo de 2008. La fotografía la tomé en el museo de inmigrantes de Ellis Island, Nueva York, el 28 de noviembre de 2007.

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Página en blanco


Hoy, como tantas otras veces al sentarme frente al computador, me topo, como les sucede a otros, con una página en blanco en la cual voy a plasmar ideas, sentimientos, dudas… que luego usted me hará el honor de leer. Hoy, impulsada por el espíritu de la época, opto por alejarme de los inquietantes sucesos de la esfera pública para adentrarme, en la medida de lo posible, en esa vida cotidiana, llena de anhelos y ansiedades, que todos experimentamos a nuestra manera. Total, ¿acaso no es nuestra vida un pasar llenando páginas en blanco con nuestra historia personal, siendo esta última un producto real de nuestras acciones?

Hoy me levanté de madrugada a escribir. Comencé con una mañana gris, inusualmente fría para esta paradójica temporada de calor primaveral propia de mi terruño. Me asomé al balcón, como regularmente lo hago, y aspiré el aire todavía puro de Guanhatan. Sabía el reto que tenía para las primeras horas de mi día: pensar las líneas que llenarían este escrito. Una coincidencia planificada. ¿Será también una coincidencia el hecho de que a veces nos cuesta más ese proceso diario de levantarnos, con la dificultad que hoy encuentro para expresarme?

Me atrevo a aventurar que la dificultad nace de un cansancio acumulado que todos hemos experimentado en nuestras vidas. Cansancio que no sólo es físico. Puede ser también mental, espiritual o una combinación de los tres. Creo que en mi caso aplica la última opción. Motivo por el cual espero con ansia la llegada de la Semana Santa. ¿A usted le pasa algo similar?

Para mí, la vida es un presente casi eterno. Digo “casi” porque sé que, aunque yo no lo quiera, algún día moriré. Me encantaría vivir eternamente ESTA vida. Eso sí, rodeada de todo lo que me provoca placer y alegría. Y, lo más importante, en compañía de todos los que amo. Claro, sin imponerle a nadie ese deseo de inmortalidad. Más de uno dirá que después de esta hay otra vida mejor. Yo no lo sé. No existe evidencia objetiva de esa existencia. Sólo el deseo de muchos, basados en la Fe, de que así sea. Ojalá tengan Razón, a pesar de la evidente ironía de la contradicción que esto supondría.

Cuando usted lea estas líneas, yo estaré escribiendo otras a miles de kilómetros de mi hogar. Líneas que tal vez escribiré algún día para sacarlas de mí. O tal vez no. Probablemente serán leídas sólo por mí, como suele ser en la mayoría de los casos para la mayoría de las personas. Sé que suele decirse que por estas fechas lo correcto es la reflexión. Sin embargo, muchos se dedican exclusivamente a la diversión: sol, calor y arena. Yo preferí divertirme, reflexionando, lejos de las multitudes conocidas, para perderme en otras cuya realidad difiere de la mía.

El próximo equinoccio de primavera culmina otra parte de mi obra más importante. Y mientras, sin darme cuenta, llegué al final de esta primera página del capítulo que me toca vivir hoy. ¿Será así la vida misma?


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de marzo de 2008. La fotografía la tomé en noviembre del año 2006, en el restaurante “El Pedregal” en Santa Apolonia, Tecpán, Guatemala.

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3.10.2008

El policía violador


De los cuales hay más de uno entre las fuerzas de inseguridad. Recientemente he escuchado historias espeluznantes acerca de los abusos cometidos por policías. ¿De qué sirvió agregarle a la “Policía Nacional” el adjetivo “Civil”, si quienes la integran no tienen nada de civilizados? Muchos de ellos son una partida de degenerados que sólo en el papel muerto de la legislación positivista velan por nosotros. Son otro grupo más de antisociales que aterrorizan amparados por una ilegítima autoridad, cobijados bajo el corrupto sistema político vigente. Criminales con licencia para delinquir.

Uno de los cuentos de terror que más me indignó fue el de una joven de aproximadamente 21 años, que fue detenida ilegalmente al salir de un conocido restaurante de la zona 10, obligada a abordar el vehículo oficial, llevada a un terreno baldío y violada repetidamente por varios agentes de… ¿qué? ¿Del infierno en la tierra? Desgraciados.

Una joven que ya le había tocado enfrentar eventos sumamente dolorosos, incluida la muerte de sus padres. Una joven a quien deseo que encuentre en sí el espíritu heroico que en todo humano vive, ese que nos insta a tomar decisiones correctas ante las circunstancias adversas que vamos a encontrar en nuestro camino único y personal. Ella y todos aquellos que hayan pasado por una experiencia similar, además de mi solidaridad, cuentan con mi apoyo en la denuncia de estas atrocidades a las cuales muchos quisieran cerrar sus ojos: una actitud equivocada, porque así no vamos a lograr cambiar la situación tensa que vivimos. Me refiero, por supuesto, a cambiarla para mejorar: para el bienestar general que exige respeto y paz.

Las víctimas preferidas de estos malhechores son adolescentes a quienes, imagino, consideran más fáciles de atemorizar que un adulto. Las estrategias más comunes son: amenazarlos con plantarles una bolsa de plástico con marihuana, bañarlos en alcohol o asustarlos con una supuesta infracción de tránsito. Los dos primeros casos ya son conocidos por los jueces de paz, razón por la cual rara vez les van a dar validez. Es por eso que los chontes prefieren arreglar la situación en privado con los jóvenes o sus padres. A veces, hasta el jefe de la subestación es parte del negocio. No se deje engañar. Y recuerde: por infracciones de tránsito SÓLO lo pueden parar agentes municipales.

Cuando sea abordado por un policía, llame inmediatamente a alguien de confianza y dele los datos de la patrulla y su ubicación. Mantenga abierta la comunicación: que la persona del otro lado del teléfono escuche la conversación. No apague su vehículo. Cargue SIEMPRE una identificación y una Constitución: son claves los artículos 6, 11 y 25. No se meta, bajo ninguna excusa, en la patrulla. Si fuera necesario, pida que lo consignen con un juez. Muestre que, independientemente de su edad, conoce sus derechos. No se deje intimidar y denuncie el hecho. Cuidémonos.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 10 de marzo de 2008. La fotografía la tomé el domingo 11 de febrero de 2007, con mi celular, precisamente en un sector de la llamada “Zona Viva”.

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3.03.2008

¿Dónde está Manolito?


Puede ser que esté escondido en una montaña en Guatemala, o en un rascacielos en Nueva York. A lo mejor se encuentra en una playa en Varadero. O podría estar tomándose fotografías al pie de la Torre Eiffel. Dar con su paradero no es mi obligación. Ni de ustedes, apreciados lectores. Encontrarlo es responsabilidad de otros. De aquellos a quienes les hemos cedido, temporalmente, nuestro derecho a la legítima defensa: los gobernantes.

A veces pienso que algún chapín chispudo podría crear un juego de video, compatible con los últimos modelos de consolas digitales, incluidas la Play Station 3, Xbox 360 y la Wii, utilizando el sistema de Blue Ray, el que, por cierto, finalmente se impuso sobre el HD-DVD. Sería genial saber que en todo el mundo los viciosos de los juegos tecnológicos del siglo veintiuno, se apasionan tratando de encontrar al hasta hace pocos meses diputado del Congrueso de la mal llamada República de Guatemala, hoy alcalde electo de Jutiapa y prófugo de la justicia. Imagino a Castillo huyendo en su Hummer amarillo que le compró al sol de México, Luis Miguel. Bueno, al menos eso cuenta la leyenda urbana que narra los orígenes y las andanzas de Manolito.

Sin duda, habría que incluir entre los protagonistas, sin olvidar a los antagonistas, a sus compañeros de batalla, entre ellos al célebre Montaña 3. Me pregunto, ¿si capturaron al número 3, será que hay un número 2 o un número 1? Podría ser… Entonces, otro elemento importante que el patojo/a pilas que diseñe el juego debe tomar en cuenta. Un misterio más a resolver.

Además, la historia se hace aún más interesante y enrevesada al incluir en el menú de opciones la decisión de los concejales del municipio de Jutiapa de permitirle a Manuel Castillo tomar posesión como alcalde del lugar, aparentemente de forma ilegal, ignorando olímpicamente la orden de captura que emitieron los tribunales en su contra. Ya varios de ellos se encuentran presos, acusados de al menos dos delitos: encubrimiento y abuso de autoridad.

Qué ingenuos compatriotas que no midieron las consecuencias de sus acciones. ¿Habrá resbalado Manolito algunos euros o dólares a los concejales para que le hicieran semejante favor? Quién sabe. De nuevo, otra arista del tema que hace todavía más atractivo el juego que muchos podrían disfrutar desde la comodidad de su hogar, frente al televisor. Tal vez uno de nuestros amigos invisibles, por ejemplo el hacker que navega bajo el nombre de Leviatán, se anima a entrarle a esta ardua labor. Tal vez alguno de los aguerridos jugadores encuentra al susodicho y se gana la recompensa ofrecida por su captura.

En fin, dentro de la vorágine de hechos impensables que acontecen en nuestro país, si algo me preocupa es la inexistencia del Estado de Derecho, la violación flagrante a los derechos individuales de los habitantes de Guatemala y la debacle de las condiciones de vida de muchos. ¿Dónde está la cordura?


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de marzo de 2008.

La imagen es una de las caricaturas de Fo, publicada en el diario guatemalteco Prensa Libre, el sábado 5 de enero de 2008.

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