Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

8.18.2014

Nación de ovejas



Comienzo repitiendo lo que afirmé en mi artículo anterior: “Lamentablemente esta actitud intolerable de parte de aquellos que viven a nuestras costillas, que viven de nuestros impuestos, ha sido consentida por muchos que han olvidado el papel que representan en un Estado moderno, el papel de la autoridad, y bajan la cabeza cada vez que un servidor público los trata como siervos”.

Como bien lo dijo el célebre periodista estadounidense Edward R. Murrow a mediados del siglo veinte: “No caminaremos con miedo, el uno del otro. No seremos conducidos por el miedo hacia una era de sinrazón… no descendemos de hombres temerosos: no de hombres que temían escribir, hablar, asociarse y defender causas que eran, por el momento, impopulares… Podemos negar nuestra herencia y nuestra historia, pero no podemos evadir la responsabilidad por el resultado. No hay forma para un ciudadano de una República de abdicar de sus responsabilidades”.

La primera responsabilidad de toda persona digna es defender sus derechos individuales de todo criminal que atente contra estos incluyendo a los gobernantes, de lo contrario, como advirtió Murrow: “Una nación de ovejas pronto engendra un gobierno de lobos”. No debemos permitir que aquellos que están obligados a velar porque haya seguridad y asegurar que en caso de una violación el delincuente y/o el criminal compense a sus víctimas (asegurar que haya justicia) terminen poniendo en riesgo nuestra vida, nuestra libertad y nuestra propiedad. No debemos temer a expresarnos y, mucho menos, dejarnos intimidar por quienes gobiernan y aquellos que trabajan para ellos.

Cada vez son menos los que permiten que los gobernantes y sus empleados violen sus derechos individuales. Pero debemos entender que si lo hacen es porque hay quienes se dejan. Es porque estos últimos no pueden soportar que otros tengan la valentía que a ellos les falta. Es porque estos apaciguadores, para ocultar su vergüenza y su incapacidad de defenderse a sí mismos y a los suyos, pretenden que el resto actuemos como ellos, dejándonos avasallar por los gobernantes: renunciando a nuestra condición de humanos libres que se reconocen como mandantes y no como súbditos de quienes hemos elegido para que ejerzan el poder.

El pensamiento de una persona racional no se doblega ante aquellos que ejercen el poder temporalmente ni ante sus aduladores. Al contrario, los enfrenta dando la cara y el nombre, no cobardemente escondidos detrás de seudónimos. Quien conoce sus derechos CONSTITUCIONALES exige que sean respetados por todos y respeta los de los otros. A Murrow le gustaba recordar las palabras que Shakespeare puso en boca de Casio, palabras sabias que nosotros también debemos recordar: “La falla, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos que aceptamos la servidumbre”. Termino mi artículo de hoy con la misma oración que usé la semana pasada: “El abuso de los gobernantes, centrales y locales, sólo va a terminar hasta que nosotros digamos ¡BASTA!”.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 18 de agosto de 2014.

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8.11.2014

La prepotencia de Emetra



O, para ser exacta, la prepotencia de los agentes de Emetra la cual refleja la actitud de sus jefes. Gente que cree que manda, olvidando que los mandantes somos nosotros. Lamentablemente esta actitud intolerable de parte de aquellos que viven a nuestras costillas, que viven de nuestros impuestos, ha sido consentida por muchos que han olvidado el papel que representan en un Estado moderno, el papel de la autoridad, y bajan la cabeza cada vez que un servidor público los trata como siervos.

La arbitrariedad con la que actúan estos familiares de los buitres, abusando del poder y violentando los derechos individuales de los ciudadanos respetuosos de las normas, los acerca cada vez más a los corruptos agentes de la Policía Nacional Civil. Total, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. De nada les sirven sus vistosos uniformes si en lugar de detener a quienes infringen la ley de tránsito, detienen a quien nada debe, solo porque se les antojó. Lo que a mí precisamente me sucedió el 4 de agosto de este año.

En esta ocasión al menos, estaban parando a quienes nos conducíamos en vehículos de modelo reciente. ¿Lo harían creyendo que podrían exprimirnos más dinero imponiendo multas inconstitucionales por si acaso no habíamos pagado el impuesto de circulación? Pues conmigo les salió el tiro por la culata. No solo estaban mis papeles en orden, sino había pagado en tiempo el tributo mencionado y no tenía NINGUNA multa pendiente de pago. Y, lo más importante, no había cometido ninguna infracción que les autorizara a detenerme y registrarme, lo cual fue reconocido por el agente Alberto Ortega.

El artículo 25 de la Constitución nos protege de abusos como los que cometieron contra mí y muchos más el pasado lunes. Artículo que reza: “Registro de personas y vehículos. El registro de las personas y de los vehículos, SÓLO podrá efectuarse por elementos de las fuerzas de seguridad cuando se establezca CAUSA JUSTIFICADA para ello. Para ese efecto, los elementos de las fuerzas de seguridad DEBERÁN presentarse debidamente uniformados y pertenecer al mismo sexo de los requisados, debiendo guardarse el respeto a la dignidad, intimidad y decoro de las personas”. Imperativo, pero bajo ningún punto de vista facultativo. Por cierto, los agentes que me detuvieron eran hombres: otra violación a mis derechos.

Hoy ocupa un lugar preferencial en mi camioneta una Constitución que recién me regaló un apreciado amigo, abogado de profesión, para que la próxima vez que enfrente una situación similar les recuerde, con la Ley en la mano, que si no he cometido una infracción NO tienen el poder para detenerme. Además, mantengo mi teléfono a la mano y la cámara de video fácil de activar, junto con la grabadora y el número de mi abogado, porque si vuelven a violar mis derechos, no solo me voy a expresar públicamente: los voy a demandar. Lo que todos deberíamos de hacer. El abuso de los gobernantes, centrales y locales, sólo va a terminar hasta que nosotros digamos ¡BASTA!


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de agosto de 2014. La fotografía del agente Alberto Ortega la tomé el lunes 4 de agosto de 2014.

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8.04.2014

Deshonesto deterioro



Más de una vez en nuestra vida hemos escuchado la expresión “en franco deterioro”, para enfatizar que una situación en lugar de mejorar, empeora. Sin embargo, el uso de la palabra franco me genera cierta inquietud, ya que mi mente la asocia con la franqueza, una virtud que si la mayoría cultiváramos nos facilitaría la búsqueda de la felicidad. Sobre todo en lo que a convicciones trata. Hoy es casi tan difícil encontrarse con una persona intelectualmente honesta, como lo es toparse con un político de profesión que no robe a los tributarios.

Pareciera más probable encontrar una aguja en un pajar que tropezar en la batalla de las ideas con un interlocutor cuyo objetivo sea encontrar la verdad, la cual no depende de la opinión de nadie: depende de la realidad. Y lo anterior es casi imposible en especial entre los representantes del mainstream académico, intelectual y periodístico; no solo en Guatemala sino en todo el mundo. Aquellos formadores de opinión que descaradamente mienten, sacan de contexto los hechos y la mayoría de su argumentación la basan en falacias ad hominem, falacias non sequitur y la más usada en los últimos tiempos: la falacia del hombre de paja.

Es lamentable reconocer que entre la mayoría de personas que no forman parte de los, en muchas ocasiones, arrogantes círculos académicos e intelectuales - o sea, entre la población en general - prevalece la pereza mental. Y de esto último se aprovechan tanto los estatistas como los populistas politiqueros para avanzar sus intereses personales sin importarles, como es de esperar, las consecuencias trágicas que su ambición, su necedad o sus problemas de ego acarrean al resto, sobre todo cuando estos tienen el poder de imponer sus caprichos a los demás o han logrado cautivar a ingenuos que, por no hacer el esfuerzo mental por aclararse las ideas, son presas fáciles de aquellos que los van a manipular por medio de las emociones.

Es de vital importancia para todos (aún aquellos a quienes no les interesa aprender) reconocer que la única manera de detener el proceso de franco deterioro en el cual se encuentra la calidad de vida de muchos, es despertando a la mayoría que ha sido embaucada, o que se engaña sí misma, de la pesadilla en la cual nos van a sumir a todos si no se preocupan por encontrar el porqué de la situación actual, atreviéndose a buscar sus premisas y a cuestionarse sobre la falsedad o verdad de estas a la luz de la evidencia.

Hay quienes piensan que necesitamos tocar fondo (otra frase coloquial común) para que la situación cambie radicalmente. Sin embargo, esta creencia me genera ciertas dudas como, por ejemplo, ¿qué significa tocar fondo? ¿Cómo saber que efectivamente hemos tocado ese fondo? ¿Cuál es el sacrificio en vidas humanas que ese tocar fondo representa? ¿Existe un camino menos doloroso que el de la caída en picada en el cual nos encontramos? Tal vez sí. El del honesto reconocimiento de que nos hemos equivocado de camino, si acaso nuestro objetivo es el progreso.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 4 de agosto de 2014.

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7.28.2014

Inversión/Empleo: estrategia errada



Antes que nada quiero dejar claro, como lo he hecho en incontables oportunidades, que estoy totalmente en contra de todo privilegio, no importa la excusa que utilicen para aprobarlo ni las supuestas buenas intenciones de quienes lo promueven. Lo anterior es aplicable a todo grupo de presión: industrial, comercial, ambiental, laboral, social… Es irrelevante el objetivo específico del grupo, una vez los miembros de este pretendan violentar los derechos de otros con tal de satisfacer sus intereses particulares.

Por lo anterior considero que es de vital importancia que sea aprobada por medio de una Consulta Popular la propuesta de modificar la Constitución presentada por la Asociación Civil ProReforma, en especial el cambio al artículo 157, contenido en la Sección Primera, que trata del Congreso de la República y reza lo siguiente: “En ningún caso el Senado o la Cámara de Diputados emitirán leyes o decretos arbitrarios o discriminatorios, en los que explícita o implícitamente se concedan prerrogativas, privilegios o beneficios que no puedan disfrutar todas las personas que tengan la oportunidad de hacerlo”. Una innovación trascendental que haría realidad la deseada igualdad de todos ante la Ley, la única igualdad posible.

Sin embargo, pienso que en la discusión de la Iniciativa 4644, “Ley de Inversión y Empleo”, la mayoría de los interesados, tanto los que la impulsan como los que la adversan, se han equivocado en su estrategia, sobre todo en lo que a la eliminación del Impuesto Sobre la Renta (ISR) trata. En lugar de dividir sus fuerzas, hay que unirse para que la supresión de este dañino tributo sea generalizada, y no un privilegio de unos cuantos. El solo hecho de que los gobernantes respalden la sugerencia de los burócratas que trabajan con ellos de eliminarlo, es un reconocimiento al camino que debemos seguir si queremos atraer capitales y mejorar nuestra calidad de vida.

Es lamentable y un tremendo error que columnistas bienintencionados, al igual que líderes empresariales como Jorge Briz (Presidente de la Cámara de Comercio), al emprender la justa batalla en contra de los privilegios, hayan fortalecido la falaz argumentación de los estatistas que solo les interesa ver cómo logran exprimir más al tributario guatemalteco por medio de más impuestos.

Tal vez peco de ingenua al creer que es posible, todavía, llegar a un acuerdo entre quienes hoy se enfrentan en este asunto para aprovechar la oportunidad que da el mismo gobierno para que se elimine este nefasto impedimento al desarrollo en nuestro país. A lo mejor entre los asesores de Otto Pérez Molina hay alguno lo suficientemente sensato y valiente para explicarle al Presidente que también ellos (y su adorada recaudación) se van a beneficiar más pronto de lo que prevén si toman la decisión de eliminar el mencionado tributo de manera general. Eliminar los obstáculos que han puesto a la creación de riqueza es la estrategia correcta para asegurar el progreso.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 28 de julio de 2014.

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7.21.2014

Guerra perdida contra los coyotes



¿Será que los gobernantes no aprenden de los errores del pasado porque no son ellos quienes enfrentan sus consecuencias? ¿Estamos condenados a que los repitan? ¿Estamos sentenciados nosotros, los ciudadanos, a pagar por siempre los errores de quienes ejercen irresponsablemente el poder? ¿Hasta cuándo los mandantes vamos a permitir que los gobernantes continúen jugando con nuestras vidas y con nuestro futuro?

Cuando señalo a los gobernantes, me refiero a todos. A quienes gobiernan en Latinoamérica, especialmente en Centroamérica y México, y por supuesto a los que están al frente del gobierno de EE. UU., que desde finales del siglo diecinueve empezaron a abrigar la idea de que podían iniciar, o intervenir, en guerras ajenas. O, lo que es peor, intervenir políticamente en otros países para imponer sus propias agendas, las cuales en la mayoría de los casos ni siquiera benefician a los estadounidenses, además de ser contrarias a los principios republicanos sobre los cuales fue fundada esta, todavía, gran nación que, lamentablemente, se encuentra en proceso de destrucción.

Tengo la esperanza de que los estadounidenses que conocen el legado de los padres fundadores de su nación, y han estudiado cómo la mayoría de elecciones que estos hicieron entre 1776 y 1787 les facilitaron prosperar a partir del siguiente siglo, ganen la batalla de las ideas en su país. Pero mientras, en nuestra región, los ciudadanos dignos, conscientes del fatal camino por el cual transitan nuestros países, debemos oponernos firmemente a las imposiciones de los gobernantes estadounidenses que tienen consecuencias desastrosas para la mayoría de miembros de nuestras sociedades.

¡Cuántas muertes de inocentes se hubieran evitado si no hubiéramos permitido que pelearan en nuestros territorios la guerra perdida contra las drogas! Cuántas muertes de inocentes podremos evitar si no dejamos que nuestros gobernantes nos involucren en la guerra contra los coyotes, la cual nace tan muerta como muerta está la guerra anteriormente mencionada que sigue matando gente ajena.

La crisis actual NO es de la EMIGRACIÓN, en el caso nuestro, o de la inmigración en el caso de los estadounidenses. La tal crisis es un resultado más del sistema político fracasado que nos han heredado nuestros constitucionalistas. Es la prueba definitiva de que el Estado Benefactor/Mercantilista NO mejora la calidad de vida de las personas en el largo plazo. Por el contrario, condena a la mayoría a vivir pobremente cuando se adopta en países donde no hemos tenido la oportunidad de transformar más recursos en riquezas que, además de mejorar la calidad de vida de todos de manera sostenida, nos permita acumular el capital necesario para continuar progresando y beneficiar a quienes son responsables, productivos y respetuosos de los derechos de los otros. Nuestra tragedia se origina en el estatismo, en la corrupción que este facilita, en la criminalidad que tolera y en la miseria que eterniza.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de julio de 2014. La imagen es obra del caricaturista guatemalteco FO. Fue publicada en el diario Prensa Libre.

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7.14.2014

Vete



O quédate. Haz lo que consideres justo para llegar a ser la persona que tú quieres ser. Hazlo respetando la vida, la libertad y la propiedad de los demás. Pero no lo dejes de hacer bajo ninguna circunstancia. Elige tú: sólo tú vivirás tu vida y sólo tienes una oportunidad para vivirla. Haz lo que consideres necesario para ser feliz. Te lo digo con aprecio y sin signos de admiración. No es una orden. Es una muestra de apoyo. Es reconocer que te entiendo.

Es casi seguro que los peligros que vas a encontrar sean peores que los enfrentados por tus predecesores. Como siempre, se vuelve a cumplir la advertencia que resume parte importante de la sabiduría humana acumulada: “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. Gente que dice actuar de buena fe, promueve una mayor intervención del Estado, para lo cual es necesario otorgar más poderes a los gobernantes obviando el acertado consejo que dio un inglés que vivió hace muchos años, un señor al cual probablemente nunca has oído nombrar, pero basta con que aprendas lo que dijo: “El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente”. Por si acaso te interesa, su nombre fue John Acton.

El mayor control que impulsan los mencionados bienintencionados (y otros que no lo son tanto) va a provocar que los servicios que prestan los coyotes aumenten de precio, al igual que la inseguridad que vas a sentir en el camino. Lo mismo pasó con la guerra contra los narcos que tanto daño ha hecho por estos lares. Es irónico que los impulsores de ese absurdo enfrentamiento son los gobernantes de Estados Unidos, el destino preferido de quienes desean emigrar. Que buscan trabajar. ¿Será la guerra contra los coyotes la próxima guerra perdida emprendida por el gobierno de EE. UU., servilmente aceptada por los gobernantes de nuestra región? ¿Será la sustituta de la guerra perdida contra las drogas?

Entiendo que los estatistas/colectivistas pidan y apoyen más intervención de los gobernantes en nombre del abstracto Estado: es una excusa más que justifica su existencia. Pero que personas identificadas con el ideario liberal/individualista también aplaudan estas medidas me parece una evidente, y terrible, contradicción. En fin, es su decisión adoptar esa posición en pleno uso de su libertad. Esa libertad que espero aprendas a valorar. A exigir su respeto. A defender.

En octubre de 2004 escuché contar al filósofo David Schmidtz que en una cena a la que asistió por esos días, uno de los comensales le preguntó cuál era la esencia del liberalismo. La respuesta del intelectual fue la siguiente: “El corazón del pensamiento liberal está en el derecho de cada individuo a vivir su vida donde quiera”. Tú y yo no nos conocemos, y probablemente nunca nos veremos. Pero entiendo tu anhelo de formar parte de una sociedad donde tengas más posibilidades de vivir en paz. Donde la probabilidad de prosperar sea más alta que la que encuentras en tu tierra. Yo, deseo que tengas éxito buscando tu felicidad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de julio de 2014. La imagen la bajé de la Internet.

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7.07.2014

Niño caminante



Camina un rumbo lleno de peligros. Camina decidido en pos de un sueño, dispuesto a enfrentar la pesadilla que va a representar el alcanzarlo. Tiene nueve años. Tal vez tiene doce. O puede ser que ya haya cumplido los quince. Al final, su edad es irrelevante, lo importante es que decidió ser caminante para alejarse de su región de origen. Los motivos pueden ser variados, pero la meta es la misma: llegar a Estados Unidos.

Más allá de si va a trabajar para ganar dinero, o estudiar como algunos quisieran creer, lo único que sin duda sabemos es que va con la esperanza de un futuro mejor al presente que vive en Guatemala, en Honduras, en El Salvador… No obstante, por la abundante evidencia que existe en lo que a las llamadas remesas trata, me atrevo a asegurar que va en busca de ser productivo y ganar el dinero suficiente para satisfacer sus necesidades y enviar todo lo que pueda a sus familiares que dejó atrás al emigrar.

Al llegar a su destino, en lugar de parasitar de los ciudadanos y residente legales de la localidad, acepta las labores que estos no están dispuestos a hacer. Consigue un empleo como agricultor, limpia baños, lava platos… ansía recibir los frutos de su trabajo independientemente de lo que este represente, una vez sea una labor decente. Le importa poco cuántas horas al día trabaje y cuántos días a la semana tenga que hacerlo. Su objetivo es poder reunir lo más pronto posible el capital que le permita avanzar en una sociedad donde todavía lo que la mayoría posee lo ha adquirido a base de su esfuerzo y su ingenio.

Para nosotros, los que nos quedamos, el reto es entender el porqué de tan arriesgada decisión del niño y de sus padres cuando este emprende el viaje apoyado por sus progenitores, lo cual, según sé, no siempre es el caso. Aceptar que si lo hace es porque la alternativa, quedarse en el país en el cual nació, es peor que enfrentar todas las desventuras que van a encontrar en el camino que debe recorrer para llegar a una nación en la cual sus probabilidades de prosperar son mucho mayores que las que brinda su terruño.

Los que nos quedamos, que nos indignamos al enterarnos cómo reciben unos cuantos descendientes de inmigrantes a nuestros compatriotas encerrándolos provisionalmente en jaulas destinadas a animales salvajes, debemos actuar objetivamente, estudiar la raíz del problema y cambiar lo que debemos cambiar si queremos que algún día el país de las infinitas oportunidades sea el nuestro. Aprender que la diferencia abismal entre la calidad de vida de los estadounidenses y nosotros se debe al sistema político que los padres fundadores les legaron. No el actual Estado Benefactor/Mercantilista que algún día puede acabar con la riqueza que tanto les ha costado crear, sino a la auténtica República Liberal basada en un verdadero Estado de Derecho que reconoce como deber primordial de los gobernantes el velar por los derechos individuales de todos: la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a buscar la propia felicidad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de julio de 2014. El "meme" (imagen) la bajé de Facebook. No indicaba el nombre del autor.

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