Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

5.28.2012

La verdad de la CICIG




Y de la Sua Santità, Francisco Dall’Anese que, como su antecesor Carlos Castresana, tiene una larga cola que le pisen. Dall'Anese, exFiscal General de Costa Rica, es acusado,  junto a la fiscal Giselle Rivera, por las irregularidades (que incluyen la presentación de testigos falsos, o colaboradores eficaces como les han llamado en Guatemala) que mantuvieron por cuatro años en la cárcel a Jorge Castillo, quien al final del juicio fue dejado en libertad, a solicitud de la misma Rivera. Durante ese período, Castillo, entre otros vejámenes, fue violado dos veces.

"Como duele la Verdad, pero hay que afrontarla. elPeriódico apoya el trabajo de la Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala (CICIG). Urge depurar el sistema de seguridad y justicia”, reza un ¿campo no pagado? publicado en el diario “elPeriódico” el 20 de febrero de 2012. Sobre lo anterior, voy a acotar un par de cosas:

Primero, el texto citado contiene una falacia de generalización: no siempre el reconocimiento de la realidad es doloroso. La verdad puede representar un gozo, y en la mayoría de los casos así es, para quien se valora a sí mismo, es objetivo al reconocer los hechos tal cual son y respeta los derechos de los otros. La verdad representa una alegría para aquel que hace las elecciones correctas que le permiten alcanzar sus objetivos: tiene éxito en la vida y se siente orgulloso de sus logros, los cuales ha alcanzado, precisamente, por el aprecio que le tiene a la verdad. Que no la utiliza solo como un vocablo más para manipular a otros y ocultar sus errores.

Segundo, coincido con ellos en que urge depurar el sistema de seguridad y justicia. La CICIG incluida en esa depuración. Según la encuesta publicada el pasado 29 de marzo por Prensa Libre, el 77 por ciento de los que votaron no desean que la CICIG continúe en nuestro país. El Presidente Otto Pérez, en lugar de andar gestionando la prórroga de la estadía de este grupo de funcionarios de la ONU, arrogantes y prepotentes, debe escuchar en este caso la voz sensata de la mayoría (según la muestra mencionada) que se ha dado cuenta que los miembros de este organismo lo único que han hecho es enredar aún más la crítica situación que enfrentamos al vivir dentro de un sistema de justicia corrupto.

Como declaró el periodista estadounidense de origen egipcio, Sharif Abdel Kouddous: “Llamar a las cosas por su nombre es la esencia del periodismo, aunque esto pueda desatar reacciones emotivas. La falsa objetividad puede destruir lo que es real y lo que sucede en el terreno”. Como he afirmado en muchas ocasiones, pretender alcanzar metas falseando la realidad, es imposible. Si se parte de premisas falsas, no se alcanza el objetivo por más buenas intenciones detrás de este. Se termina eligiendo medios incorrectos y, generalmente, logrando lo contrario a lo que se buscaba. Y esa es la verdadera historia de la CICIG en Guatemala.


El presente artículo fue publicado el lunes 28 de mayo de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé de blog “Tu espacio literario”.

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5.21.2012

El último baile




La última semana, que espero no sea mi última, Carlos Fuentes dijo su última palabra. Le dijo adiós a la vida el martes 15 de mayo. No sé cuál haya sido ese vocablo que, sin saberlo, cerró una vida dedicada a usar el lenguaje para expresar ideas concluyentes en algunos casos, cuestionadoras en otros y controversiales más de vez que de en cuando.



Chuck Brown, cantante de blues, exhaló su último go-go el día después de que lo hizo Fuentes. Sin duda, el último suspiro de ambos fue diferente, único e irrepetible, pero que fue el último también es indudable. Se fue el padrino con todo y su guitarra que muchos extrañan ya, según lo que leo en las redes sociales virtuales en las que participan muchos melómanos.

El primero murió de una úlcera, el segundo de un ataque masivo al corazón. Eso dice el reporte que circuló. Un día los separó en su partida, sin embargo, Fuentes tuvo ocho años más de vida para crear maravillas que, aunque no haya coincidido con él en todo, disfruté leyendo como se disfruta al leer a un hombre culto que ha contribuido a mi propia cultura. Alguien que seguiré leyendo porque aunque él haya muerto, su obra vive.




Donna Summer, la reina de la música disco, probablemente no disfrutó su último baile. Ella fue la tercera celebridad que nos dejó la semana pasada. Murió el jueves 17 de mayo. Ella fue la que menos vivió de los tres, pero aún así dejó un legado que otros han valorado.

La semana pasada impartí mi última clase del presente semestre. Realmente fueron menos de cinco meses los que compartí con mis estudiantes. Temporada que siempre me deja agotada. Acompañar a adolescentes en su proceso de aprendizaje es demandante y puede ser desgastante. Las expectativas que suelo tener son altas. Mis deseos para ellos son los mejores: deseo que sean felices y espero haber contribuido en algo a ese objetivo. Es inevitable, al final de ese breve tiempo los he llegado a valorar.

Por cierto, hablando de temporadas, según leí en la Wikipedia, hoy lunes 21 de mayo presentan en EE. UU. el último capítulo de una de mis series favoritas “House M.D.”. Capítulo titulado “Everybody Dies”. Todo el mundo muere. Ya no esperaré ver con qué sorpresa me saldrá el genio del diagnóstico que durante los últimos años me retó con su lógica, la que a algunos confrontó y a otros nos reconfortó. Lógica que él no aplicó en su vida privada. Acciones que al contradecir la realidad lo hicieron perder a muchos que valoró. Otra lección aprendida de una de las series más inteligentes que se han producido en este siglo que, sin falsear la realidad, será el último siglo que viva.

Quiero terminar el último párrafo de este escrito fuera de lugar en la sección de opinión de Siglo Veintiuno, con una frase que le atribuyen al Dr. House, la cual considero que devela el secreto de toda celebridad cuya vida deja huella: “Gánate el respeto de los demás teniendo la osadía de ser tú mismo”.



El presente artículo fue publicado el lunes 21 de mayo de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. Las imágenes y los vídeos los bajé de Internet.

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5.14.2012

La turba lo mató




¡Agarren a la turba! Es la responsable del crimen. La turba lo persiguió. La turba lo atrapó. La turba lo vapuleó. La turba lo roció con gasolina. La turba le prendió fuego. La turba lo mató. La culpable, sin lugar a dudas, es la turba. Ahora, ¿quién es la turba? ¿Será mi padre? ¿Será mi madre? ¿Será mi hermano, mi hermana? ¿Será mi esposo, mi esposa? ¿Será mi amigo, mi amiga? ¿Será mi hijo, mi hija? ¿Será mi vecino, mi vecina? ¿Será un conocido, un desconocido? ¿Será el muerto? ¿Seré yo?

¿Por qué lo mató la turba? ¿Qué delito cometió? ¿Quién lo acusó frente a la turba? ¿Para qué lo acuso? ¿Cuál fue la evidencia que llevó a la turba a concluir que debía aplicar la ¡tan cuestionada! pena de muerte? ¿Quién dictaminó el castigo? ¿Quién es la turba? ¿Será la angustia de la creciente incertidumbre? ¿Será la falta de justicia? ¿Será el cansancio del abuso constante? ¿Será la mentira recurrente del gobernante? ¿Será la desesperanza del cambio que no llega? ¿Será la facilidad con que la mayoría es manipulada?

¿Para qué lo mató la turba? ¿Para aliviar su cólera? ¿Para enmendar el desagravio? ¿Para descargar su frustración? ¿Por desencanto generalizado? ¿Por la necesidad de alguien que le pague lo que otro le debe? ¿Quién le debe a la turba? ¿Qué le debe ese alguien a la turba? ¿Puede la turba cobrarle a ese alguien? ¿Sabe la turba, a ciencia cierta, por qué está molesta?

¿Quién puede calmar a la turba? ¿Cómo se puede llevar la paz a la turba? ¿Cómo juzgar a la turba? ¿A qué criminal esconde la turba? ¿Qué esconde la turba? ¿Qué muestra la turba? ¿Podemos con la turba? ¡Qué responda la turba!

A la turba le fascina el fuego. La turba quemó al hombre. La turba quemó el vehículo. La turba quemó la casa. La turba robó el almacén. La turba violó a la niña. La turba secuestró al policía. La turba insultó al paisano. La turba se coronó reina del pueblo. La última palabra es suya: que muera el acusado, que prevalezca el caos. La turba es la más peligrosa asesina en serie que jamás haya conocido. También la más temida de los verdugos.



La turba quiere festejar su éxito. La turba quiere alzar su vaso y acabar con el espíritu fermentado de la bebida elegida. El alcohol enciende el espíritu de la turba. La gasolina lo calma por un breve instante. La turba no tiene límites. La turba no tiene rostro. La turba es culpable pero inimputable. La turba es irresponsable. La turba es todo aquel cobarde que huye de sí mismo. El acusado ante la turba no tiene escape ni defensa.

La turba gobierna dentro de un Estado de Hecho, ajeno al Derecho. Desconoce las leyes. No entiende la importancia del respeto al debido proceso. No confía en los tribunales, talvez con razón. ¿Por qué la turba actúa a su antojo sin pagar las consecuencias de sus acciones? La turba es una realidad que pone en peligro la vida de todos. ¿Quién será el próximo muerto por la turba? La turba, la asesina en serie imparable.


El presente artículo fue publicado el lunes 14 de mayo de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La fotografía es de Aroldo Marroquín, y fue publicada en Prensa Libre el 8 de enero de 2011.

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5.07.2012

Necesito trabajar




Necesito trabajar para alcanzar mis objetivos, el primero de estos, sobrevivir. Si no trabajo, no me puedo alimentar, no puedo comprar vestido que me cubra ni pagar un techo que me proteja de las inclemencias del clima. Necesito trabajar para mejorar mi calidad de vida y velar por mis seres queridos que dependen de mi trabajo, aquellos a quienes he elegido como valores y, por tanto, asumo la responsabilidad de mantenerlos por el tiempo que sea necesario para su buen vivir.

Nadie me puede obligar a trabajar, a menos que sea mi amo y yo su esclava. Nadie me puede obligar a trabajar, a menos que me encuentre presa y privada de libertad. Pero tampoco nadie tiene la obligación de darme trabajo, menos de mantenerme. Aquel que me emplee, lo hará en pleno ejercicio de su voluntad, libremente y porque emplearme le va a representar un beneficio. Es un libre intercambio entre ambos. Los dos ganamos.

Necesito trabajar porque si no trabajo, me muero. Trabajar es una decisión que toma toda persona que elije pensar: usa su razón que le permite identificar la realidad y decidir sin aceptar, menos permitir, presiones de otros. Elecciones personales que hace de manera objetiva, siendo las principales elecciones su escala de valores y los medios adecuados para alcanzar eso valores y conservarlos.

Puedo trabajar por cuenta propia o por cuenta ajena. Necesito trabajar, independientemente de que yo sea quien arriesgue e invierta y, por cierto, dé trabajo a otros que también (como yo) lo necesitan; o alguien más sea quien corra con los riesgos de emprender y me emplee para alcanzar sus metas.

Necesito trabajar, para poder descansar. Necesito trabajar para permitirme un tiempo de ocio, dedicado a enriquecer mi conocimiento o al esparcimiento por el tiempo que sea necesario para reponer la energía que he destinado al trabajo productivo: todo en la justa medida y a la medida de mis propósitos.

Trabajar es una condición necesaria para la vida de todo ser humano. Y va más allá de si tengo o no los suficientes ingresos para satisfacer mis necesidades físicas. El ser humano necesita trabajar para vivir como humano. Para sentirse orgulloso de su existencia única e irrepetible. El ser humano necesita trabajar para sentirse digno: para saber que lo que tiene se lo ha ganado en base a su esfuerzo e ingenio, que no es producto de la laboriosidad de otros. Saber que soy capaz de mantenerme y cumplir con mis compromisos me engrandece ante mis propios ojos: los únicos que plenamente saben quién soy.

La laboriosidad es una virtud. Es la diferencia entre una sociedad de personas exitosas y felices; y una comunidad de gente fracasada y resentida. Es la que hace la diferencia entre la calidad de vida de los primeros y las condiciones de los segundos. Necesitamos trabajar para nosotros y para alcanzar nuestros objetivos. Necesitamos que el gobierno y los gorrones, los grupos de presión, dejen de estorbar el camino del progreso.


El presente artículo fue publicado el lunes 7 de mayo de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno.

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4.30.2012

Mercantilistas Friendly



Los actuales gobernantes del Partido Patriota tienen muy, pero muy buenas relaciones con los mercantilistas. Con unos más que con otros. Más de uno de los favorecidos en anteriores administraciones cayó en desgracia. Pero que son muy, pero muy amigables con ellos es evidente. Así como también lo fueron los anteriores gobernantes de la UNE. Y no se diga los anteriores a estos últimos: Oscar Berger y sus seguidores. Y también los anteriores a los anteriores de los anteriores… Y así, ¿hasta dónde debería retroceder? ¿Quinientos años o un poco más?

La primera negociación grande, pero muy grande, de la cual fuimos testigos fue la compra de medicinas a los bendecidos con un contrato por miles de millones de quetzales, como regalo de despedida del gobierno de Álvaro Colom. Después de un falso prurito del ministro de Finanzas, Pavel Centeno, quien pretendió hacernos creer que el contrato se iba a rescindir, por obra y gracia de los hermanos Alejos, la compra fue asegurada. Al igual que el paquetazo fiscal y a saber cuántas leyes más.

Luego, vino la compra de fertilizantes cuyo resultado no agradó a quienes durante los cuatro años del gobierno anterior se quedaron con la mayor parte del dinero destinado a este rubro. Hoy, los consentidos del reino son otros. Disagro ya no es el niño bonito de la reina. Las cosas tenían que cambiar, ya que ahora en lugar de Sandra, la que manda se llama Roxana, quien no escatima en tratarse como reina con los fondos de los tributarios: rones, perfumes, chocolates… ¿qué más se le antoja? ¿Quién le cree que fue error de su secretaria el pago de los anteriores menesteres con la caja chica, demasiado grande, que utiliza? Y esto es apenas lo poco que conocemos de las compras del gobierno…

Los mercantilistas, los que hacen fortunas en base a privilegios, son tan corruptos como los gobernantes que los benefician. Sé que poco les va a importar a los miembros de ambos grupos la calificación que de ellos hago en la oración anterior. Por eso quiero dejar claro que no escribo para los mercantilistas ni los gobernantes corruptos. Escribo para usted, estimado lector, que es al final quien paga los excesos y caprichos de los mencionados. Usted que es el mandante (quien manda) y ha permitido que lo expolien y manipulen.

Usted que, engañado por las buenas intenciones de los programas intervencionistas propios del mal llamado Estado Benefactor, ha contribuido a mantener su propia situación y a que muchos otros vivan condenados a la miseria. Usted que, laboriosamente, se dedica a trabajar y producir riqueza que luego otros disfrutan. Usted que razona y se da cuenta de la raíz de los problemas: el poder casi ilimitado que otorga a los gobernantes el sistema político/económico vigente y que SIEMPRE va a servir para que unos cuantos vivan a costillas del resto. Escribo para que usted sea parte del cambio necesario de las premisas sobre las cuales está sustentado el sistema.


El presente artículo fue publicado el lunes 30 de abril de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno.

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4.23.2012

Los JT de Gt




Es una forma resumida de referirme a los James Taggart de Guatemala. Cualquiera que haya leído completa “La rebelión de Atlas” de Ayn Rand, entenderá fácil y rápidamente a quiénes me refiero. Enfatizo: que la hayan leído ellos, no que se la hayan contado otros, que en la mayoría de los casos son impostores que se hacen pasar por expertos en la obra de la mencionada filósofa. Expertos que probablemente tampoco la han leído y, sin duda, les han contado mal la obra. Hay otros personajes que sí la han leído pero están interesados en que nadie más la lea. ¿Por qué el engaño? ¿Para proteger sus intereses? ¿Por miedo a enfrentar sus contradicciones y acallar los gritos de su consciencia?

Recién leí hace algunos días un cuento de Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, en el cual el célebre escritor estadounidense escribe lo siguiente: “Si uno es observador advertirá que en los libros de cuentos ejemplares que se leen en clase de religión los niños malos casi siempre se llaman James”. No sé si Rand leyó este escrito de Twain, pero me encantó la coincidencia, ya que así como ahora leo obras de otros autores hasta quedarme dormida, Rand incluida, de niña leí a Twain hasta el cansancio. Me divertí tanto con las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, como en el presente me entretengo (y aprendo) con Howard Roark y Francisco D’Anconia.

Los que quieren que el gobierno destine dinero de los tributarios a sus agendas políticas y proyectos personales, descaradamente utilizan la idea del bien común como excusa para exigir que los financien. Algunos saqueadores son conscientes de la mentira. Otros son ingenuos oportunistas que de verdad creen que lo que ellos hacen contribuye al bien de todos, aunque a la mayoría de esos todos no les interese su obra ni compartan el sentido de la vida y los valores de los autores. Al final, en ambos casos (sobre todo en el segundo), lo anterior es una muestra de la arrogancia de quienes quieren imponer sus elecciones a los otros. Sin importar el punto de partida, la misma excusa es usada por conservadores y socialistas. O, como superficialmente se les divide, por las derechas y las izquierdas.

Recordemos: no es lo mismo crear riqueza que acumular fortuna (o incrementar o al menos tratar de mantener lo creado por sus antepasados, como en el caso de los jimmy taggart) en base a privilegios y transferencias de lo creado por la gente productiva y laboriosa, a las cuentas de los saqueadores y los parásitos.

Hoy, que se recuerda la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare (en realidad ninguno murió el 23 de abril ni murieron el mismo día, por el uso de diferentes calendarios en España y en  Inglaterra); fecha en que murieron el Inca Garcilaso de la Vega y el poeta romántico William Wordsworth; hoy, que se celebra el día del libro, vaya a su librería preferida y regálese “La rebelión de Atlas”. Es un día ideal para comenzar a leerla.


El presente artículo fue publicado el lunes 23 de abril de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen la bajé del Internet, del sitio de una película que se hizo recientemente.

4.16.2012

Artículos fraccionados



Ya que el título del presente artículo tiene varios significados o puede ser interpretado de muchas maneras, voy a proceder a contextualizarlo en varias fracciones:

Primero, voy a referirme al descaro de los actuales gobernantes de recurrir a los medios que usaron los corruptos anteriores cuando estaban en el ejercicio del poder. En estos apenas tres meses en los cuales Otto Pérez Molina y su gente fueron ungidos como gobernantes, han continuado con la práctica común de comprar cualquier artículo (medicinas, fertilizantes, armas…) sin licitar, ya sea bajo la excusa de los llamados “estados de excepción” o fraccionando las compras. En otras palabras, continúan asignando a dedo a aquellos que se enriquecen gracias al Estado Benefactor/Mercantilista que rige en Guatemala. Ellos incluidos.

Segundo, lo anterior confirma el porqué voté nulo para Presidente en ambas vueltas electorales de 2011. En septiembre del año pasado, en dos artículos (¿o un artículo fraccionado?), publiqué lo siguiente: “La mía es una decisión propia… El resultado de un proceso lógico cuyo objetivo es ser coherente conmigo y mis valores. Ser íntegra. Nunca votaría en contra de mis principios… [es] la peor traición… Creo en un gobierno de leyes. No soy súbdita de ningún rey. No voy a legitimizar un sistema presidencialista… No entiendo cómo todavía hay tantos que creen que estrenando Presidente cambian las cosas para bien en el largo plazo… Es irresponsable votar sin meditar las consecuencias de nuestro voto. Sin darnos cuenta que legitimamos un sistema presidencialista que es la raíz del problema”.

Tercero, nunca vamos a progresar fraccionando por períodos presidenciales a los saqueadores que llegan al ejercicio del poder. Solo lo haremos cuando cambiemos el sistema político/económico vigente. En el tercer capítulo del libro “Filosofía, ¿quién la necesita?”, llamado “Lo metafísico versus lo hecho por el hombre”, la muy comentada y poco leída por sus críticos, Ayn Rand, explica adónde nos ha llevado la confusión intelectual contemporánea: “La mayoría de las personas consumen sus vidas en una rebelión sin sentido contra las cosas que no pueden cambiar, en la resignación pasiva ante aquellas que pueden modificar y – sin tratar jamás de aprender la diferencia – en la culpa crónica y la duda sobre su propia capacidad en ambos casos”.

El miedo a ser plenamente responsables de su existencia, lleva a muchos a falsear la realidad: optan por no pensar. Lo que es peor, invitan a otros a no usar su razón para aliviar sus conciencias atormentadas. Como bien dice Rand en la obra citada: “Nada puede obligar a un hombre a pensar”. Tampoco NADA evitará que coseche las consecuencias de esa decisión. Yo, contrario al superficial y cómodo llamado a la irracionalidad, los invito a reflexionar sobre aquello que debemos y podemos cambiar para que vivamos mejor y dejemos de fraccionar nuestras propias vidas y las vidas de los demás.


El presente artículo fue publicado el lunes 16 de abril de 2012 en el diario guatemalteco Siglo Veintiuno. La imagen es de Cheng Ho Toh (Singapur).

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