Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

4.21.2014

¿Qué más puedo hacer?



Es la pregunta que me hago casi todos los días por la mañana cuando leo los diarios. ¿Qué más puedo hacer para que cambien, para bien de todos, las condiciones en las cuales estamos viviendo? El estado actual de las cosas en mi país, como en gran parte del mundo es complicado, difícil, trágico para muchos. En algunos lugares más que en otros. Y hay pueblos, como el mío, que caminan por una ruta que nos lleva a una catástrofe de proporciones mayores a la que vivimos hoy.

Robos. Fraudes. Chantajes. Violaciones. Secuestros. Asesinatos… El pan nuestro de cada día que envenena el alma del ingenuo y angustia el espíritu del optimista. A lo anterior podemos sumar la indignación que provoca el abuso del poder de los gobernantes, las denuncias constantes de corrupción, las mentiras descaradas que nos escupen a la cara creyendo que somos todos tan tontos que nos las vamos a tragar sin chistar.

Hasta los burócratas de las organizaciones internacionales, en gran parte responsables de los problemas que hoy enfrentamos, reconocen las miserias en las cuales vivimos y que, para colmo de males, hay pocas posibilidades de crecimiento económico. Léase: es muy poco probable que mejore la calidad de vida de la gente honesta, trabajadora, respetuosa y productiva. Porque, por supuesto, los corruptos que gobiernan en la mayoría de países latinoamericanos, y el resto del planeta, seguirán acumulando fortunas a costa de nosotros.

Al final, llego a la conclusión de que solo vamos a ganar esta batalla si más personas, con las ideas claras, se involucran en la batalla de las ideas. Y en este caso, lo único que puedo hacer por usted en el proceso de aclararse las ideas, es invitarlo a pensar usando su razón (reconociendo la realidad), a identificar las raíces de sus juicios (y, sobre todo, los prejuicios), encontrar las premisas falsas y atreverse a cambiarlas. Como se dio cuenta, la tarea principal en el ámbito intelectual SÓLO la podemos llevar a cabo nosotros mismos quienes, además, somos los principales beneficiarios de ese cambio. No se dejen engañar por la deshonestidad intelectual de aquellos que son solo pura pose y es poco su deseo de buscar la verdad.

Por cierto, el problema no es la falta de valores. Todo ser humano necesita valorar para vivir. El problema es la escala de valores de algunos y la falta de virtudes de otros. Espero que en este siglo predomine el uso de la razón. Que la mayoría de seres humanos opten por reconocer la realidad y se dejen de engañar a sí mismos. Solo así dejaran de ser engañados por otros.

Como dijo el filósofo Leonard Peikoff: “Salvar el mundo es la cosa más sencilla que hay. Lo único que uno tiene que hacer es pensar”. Entonces, ¿por qué es tan difícil que la mayoría lo entienda? ¿Será porque es cierto lo expresado por el artista español Alberto Corazón? “La mediocridad se ha convertido en valor de reconocimiento cultural, político y económico”. Espero que no sea así.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de abril de 2014. La imagen la bajé de la Internet.

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4.09.2014

Mamita, la bien amada



Mamita, mi bien amada abuelita, vivió 101 años y ni uno solo de todos los días de su vida dejó de ser amada. Valorada por tantos ¡tantos! que el domingo 6 de abril los comentarios que prevalecían entre nosotros y aquellos que nos acompañaron en ese aciago día hacían referencia a esos momentos memorables que compartimos con ella. Recuerdos tan próximos como los de su último cumpleaños que recién habíamos celebrado el primero de abril.

Admirada por su carácter férreo, pero dulce al mismo tiempo. De personalidad emprendedora. Capaz de enfrentar los retos que encontró en su fructífera existencia con fortaleza admirable. Capaz de decirnos por amor, directamente y sin anestesia, las cosas más duras posibles, y al rato hacernos reír con una de tantas ocurrencias suyas. Capaz de enternecerse hasta el llanto al confesar a sus seres queridos cuánto nos amaba. Cualidad suya que parece heredé, la del llanto.

Me hubiera encantado que mis ojos fueran azules como los de mi Mamita. Un azul de tonalidad variable que dependía del estado de ánimo de su dueña. Aunque la mayor parte del tiempo recuerdo su mirar con un brillo cómplice que me hace evocar su enorme gusto por la vida que le costó tanto dejar. Sin embargo, a la hora que decidió hacerlo, lo hizo rápidamente y sin agonía. Consciente y sana. Me cuentan que se quedó dormida hasta su último suspiro, todo en cuestión de pocos minutos.

Su tiempo fue fructífero. Una existencia llena de alegrías, intervenida de vez en cuando por las inevitables tristezas. Judith Pérez Herincx se casó con Arturo  Alvarado Villavicencio. Tuvo cinco hijos: Olga, Arturo, Yolanda, Freddy y Lissette. Una de sus hijas es mi mamá, la de en medio, quien, como sus hermanos, heredó de mi Mamita una fácil sonrisa, la cual iluminaba su rostro aún en los momentos más difíciles. Muchos de sus nietos la quisimos entrañablemente, como a una madre. Sin embargo, para mis primos Magaly y Fredito, eso fue: su mamá.

A mi Mamita le encantaba escuchar música: en especial rancheras, boleros y marimba. Atesoro varios videos de ella cantando. En varias ocasiones me atrevía a acompañarla. La última de estas películas caseras fue grabada un par de días antes de su partida. Cantó para el público que la acompañaba, en algunas partes entonando dulcemente a sotto voce, “Cucurrucucú paloma” del cantautor mexicano Tomás Méndez, una de sus melodías preferidas. De estas imágenes las más conmovedoras para mí son las de la despedida, donde agradece los aplausos tirando besos a quienes la acompañaban. Linda mi Mamita, toda una diva, adorada hasta el final. Genio y figura… dice el refrán.

Como lo expresé públicamente ese día que nunca hubiera querido vivir, Mamita linda, la querré por siempre... mucho, mucho, mucho. Y mientras yo viva usted vivirá en mis recuerdos y en mi corazón. Y si lloro, lloro por mí. Lloro porque no la podré abrazar de nuevo. Descanse Mamita, descanse... Mientras nosotros, sus bien amados, celebraremos con nuestras vidas la suya, su maravillosa vida.


Artículo que será publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de abril de 2014.

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4.07.2014

El origen de la corrupción



El origen de la corrupción es el poder, por eso debe ser limitado. Y ese poder lo adquieren los gobernantes gracias a la venia de los ciudadanos que decidieron otorgárselo más allá del necesario para que cumplan con sus obligaciones primordiales: dar seguridad y velar porque haya justicia. Sí, aquellos que esperan que alguien más les resuelva la vida y les satisfaga las necesidades, que votan por quienes les ofrecen más supuestos beneficios sin importar lo absurdo e incumplible de sus promesas, lo que están haciendo es entregándoles un cheque en blanco a los peores representantes de nuestra sociedad. Porque es a estos, a los peores, a quienes va a atraer el sistema de incentivos perversos que propone el Estado Benefactor/Mercantilista. Populista. Colectivista. Socialista. Y que, lamentablemente, prevalece en gran parte del planeta.

En el largo plazo, los servicios públicos a cargo de los gobernantes en nombre del abstracto Estado, SIEMPRE van a ser ineficientes, malos y carísimos. La educación y la salud incluidas. La educación estatal con el agravante de que en lugar de enseñarles a los niños a pensar por cuenta propia, lo que logra es transformar a la mayoría en futuros siervos: autómatas programados para reverenciar al Estado como dador de todas las cosas. Un sistema que promueve la envidia al hombre creador de riqueza y rechaza el progreso de nuestra especie, presentando como un fin noble la violación de los derechos de unos para satisfacer los intereses de otros.

Por cierto, aquellos que se preocupan por cómo se van a educar los más pobres olvidan (o tal vez ellos mismos lo desconocen) que en los tiempos actuales por medio de la internet y la información a la cual podemos acceder por esta, hemos regresado a los tiempos de los autodidactas geniales, donde quien quiere aprender, quien busca la verdad, quien desea conocer, lo puede hacer mucho mejor por sí mismo, a lo sumo con ayuda de un facilitador, y de una manera considerablemente más económica.

En fin, si ya está harto de enterarse de tanto desmadre de los gobernantes, sus familiares y sus amigos; si ya no soporta más pagar impuestos para no recibir nada más que desprecios, amenazas e insultos; si le indigna enterarse cómo los pícaros fácilmente se libran de ir a la cárcel, tal es el caso reciente de Arnoldo Medrano y Elzer Palencia, que se ríen en la cara de quienes pagamos su buena vida (la de ellos y la de la mayoría de quienes llegan al ejercicio del poder); si la cólera le corroe las entrañas al ver que cada día trabaja más y tiene menos, mientras que los líderes de los grupos de presión pasan su vida viviendo a costillas suyas; si ya no quiere ser más el cochinito de la fiesta que alimenta a los parásitos que parecen multiplicarse… deje de esperar que el Estado se haga cargo de sus necesidades y deje de pedir cosas a los gobernantes. Únase al grupo que trabajamos para limitar el poder del cual hoy gozan los más viles personajes de nuestro país.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de abril de 2014.

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3.31.2014

Muerte sin debido proceso



Le llaman linchamiento y ocurre casi todos los días en algún lugar de mi país. Es la máxima pena que un tribunal puede imponer a un antisocial. Y en el caso de la apodada justicia popular es el único castigo posible, sin importar que el acusado sea inocente o culpable y sin importar el delito o crimen que haya cometido. Es una muestra más del fracaso del Estado Benefactor/Mercantilista que impera en Guatemala y en gran parte del mundo.

Así es, un fracaso más del sistema intervencionista/estatista mencionado, que se basa en otorgar privilegios a los grupos de presión que se multiplican gracias a los incentivos perversos propios de una idea fundamentada en supuestas buenas intenciones según la cual unos se deben sacrificar por otros, olvidando que todo ser humano es un fin en sí mismo. Al final, aquellos que viven miserablemente seguirán viviendo de tal manera mientras prevalezcan estas reglas, y quienes pudieron invertir para crear fuentes de trabajo productivo terminan en bancarrota (de tanto ser expoliados por quienes detentan el poder) o deciden emigrar con todo y su capital, ya sean ideas o dinero.

Por supuesto que en este sistema suma cero, hay quienes ganan a costa de aquellos que pierden lo que es suyo. Un sistema que les facilita a los parásitos quedarse con gran parte de nuestros impuestos, por lo que van a promover cualquier agenda que convenga a sus intereses sin que les preocupen las consecuencias a largo plazo de las medidas que proponen y mucho menos les importa violar los derechos de otros con tal de alcanzar sus objetivos individuales.

Escribo lo anterior para explicar el porqué los gobernantes terminan relegando al último lugar de sus prioridades, independientemente del discurso politiquero, sus funciones primordiales y las únicas que justifican la existencia de un gobierno: proporcionar seguridad y justicia a TODOS los miembros de la sociedad. Como a quienes aspiran a ocupar un cargo público y a quienes ya lo ocupan (con muy pocas excepciones) creen que les conviene más ofrecer una vida regalada a la mayoría porque de esa manera acumulan más poder, deciden concentrarse en la supuesta agenda social antes que en cumplir con sus obligaciones legítimas.

Luego, mucha gente ante al aumento de la delincuencia y la criminalidad, gente en algunos casos desesperada, gente que en otras ocasiones lo toma como una medida de escape a sus frustraciones personales, al grito de cualquiera de “allá va el ladrón” corre a buscar un galón de gasolina junto con unos fósforos para quemar al desgraciado, sin importarle que la acusación sea falsa o verdadera.

La razón de ser del debido proceso es para que, en la búsqueda de justicia, no se cometa una injusticia condenando a un inocente. Por eso la carga de la prueba está en aquel que acusa, no en quien es acusado. Por eso necesitamos con urgencia reformar nuestro sistema judicial para acabar con las arbitrariedades y la corrupción. Para que cada quien reciba lo que le corresponde.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 31 de marzo de 2014. La imagen es del diario mexicano "Impacto".

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3.24.2014

El lobo de Guatemala



Es capaz de convencer a muchos de que la tierra es plana y de vender arena en el desierto a los incautos que lo escuchen sin usar su razón. Fue electo Presidente de Guatemala a principios del presente siglo. Cuatro años le bastaron para acumular una enorme fortuna (de la cual ya despilfarró gran parte) a costillas de los expoliados tributarios y los engañados ciudadanos que lo eligieron. Hasta hoy se ha disfrazado de pollo, pero la realidad es que Alfonso Portillo forma parte de la misma especie a la que pertenece Jordan Belfort, quien estafó a poco más de 1500 personas que se dejaron guiar por sus emociones en lugar de investigar si las acciones que éste les ofrecía eran una buena inversión.

Ninguno de los dos son creadores de riqueza ni harían nunca el esfuerzo que implica trabajar arduamente casi todos los días de nuestra vida productiva, tomando riesgos y creando fuentes de empleo productivo para otros. Ambos escogieron el camino más fácil: el del engaño. Ambos pasaron un breve tiempo en prisión. Ambos negociaron con los fiscales de Nueva York para salir lo más pronto posible de la cárcel. Ambos se burlaron del sistema de justicia y de sus víctimas.

Aunque, para ser exacta, al menos a Belfort lo obligaron a compensar a algunas de sus víctimas y devolverles parte de lo que les robo. En el caso de Portillo, dudo que nosotros, los pagadores de impuestos de Guatemala, vayamos a ver alguna vez parte de todo lo que nos robó. ¿De qué nos sirve que entregue al gobierno de Estados Unidos 2.5 millones de dólares que son propiedad de los taiwaneses? De nada. Por cierto, ¿Qué pensarán hacer los burócratas gringos con ese dinero que no les pertenece?

Como dato curioso, tanto Belfort como Portillo han vivido una vida de excesos, se casaron dos veces y tienen dos hijos. Ambos nacieron en familias de escasos recursos y ambos lograron muchos de sus objetivos gracias a su carisma personal y la labia con la que encantaron a sus seguidores. Por lo demás, pienso que Portillo tomó una mejor decisión dedicándose a la política y no a actividades privadas como lo hizo Belfort. Portillo no solo acumuló mucho más dinero que Belfort sino que, además, cuando lo dejen en libertad le va a quedar mucho más de lo que robó que a Belfort.

A Portillo y todos los pillos politiqueros, los favorecen las ideas intervencionistas y estatistas por el enorme poder que viene con éstas, el cual les facilita alcanzar sus espurias metas. Por otro lado, el falaz discurso socialista (contrario al hombre productivo y orgulloso de lo que ha logrado por su esfuerzo, mente y riesgo personal, que defiende lo que es suyo de los parásitos que quieren vivir a costa suya), perjudicó a Belfort que, sin ser empresario ni creador de riqueza, sirvió de excelente excusa para aquellos que promueven políticamente estrategias anticapitalistas. En fin, el sistema de Estado Benefactor/mercantilista que impera en casi todo el mundo solo beneficia a los lobos que de este viven.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 24 de marzo de 2014.

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3.17.2014

¿El fin justifica los medios?



¿Por qué protesta? ¿El gobierno está violando alguno de sus derechos? ¿Qué derecho le están violando? ¿El derecho a la vida, a la libertad o a la propiedad? ¿Qué opciones tiene para defenderse? ¿Es justo usar la violencia para responder a una agresión? ¿Es justo defenderse a uno mismo y lo que es de uno? ¿Es justo iniciar el uso de la fuerza para apropiarse de los bienes de otros, atentar contra la vida de alguien más o imponer su escala de valores al resto? El fin de la protesta hace la diferencia. Y en el caso de las rebeliones civiles versus las medidas de hecho de los grupos de presión, no es la única. También son importantes su origen, el concepto y el contexto de estas.

Una rebelión civil, como en el caso de Venezuela y de Ucrania, no es lo mismo que las medidas de hecho promovidas por los grupos de presión que se multiplican dentro de un Estado Benefactor/Mercantilista, como es el caso de Guatemala. Más aún, parte de lo que motiva en el largo plazo una rebelión dentro de una sociedad que pierde su condición de civilizada, es la exigencia de los líderes de estos rediles de que el gobierno, en nombre del abstracto Estado, viole los derechos de los demás para satisfacer sus exigencias.

El principio de la no-agresión es la norma básica para asegurar la coexistencia pacífica dentro de una sociedad. Solo se justifica el uso de la fuerza para defenderse del ataque y/o abuso de otros. Y es esto lo que sucede cuando aquellos que son expoliados se dan cuenta de que violan sus derechos fundamentales, lo cual les representa un deterioro en su calidad de vida y la de sus seres queridos. Aclaro: no debemos confundir necesidades con derechos. El que los oportunistas hayan logrado que los burócratas legalicen la confusión entre un derecho y una necesidad, no cambia la realidad.

No es lo mismo reclamar que se respeten nuestra vida, nuestra libertad y nuestra propiedad, que extorsionar con medidas de hecho para que alguien más se haga cargo de satisfacer nuestras necesidades y todo aquello que deseamos pero no queremos hacer el esfuerzo por adquirirlo. El parasitismo acaba hasta con el parásito que pretende que los  gobernantes les quiten a unos para que se lo den a él y/o ellos. Irónicamente, al final les sale el tiro por la culata: ni mejoran su calidad de vida ni satisfacen sus necesidades básicas. De ese discurso solo lucran quienes llegan al ejercicio del poder.

Es lamentable que la rebelión civil sea la única opción que les queda a los ciudadanos dentro de una dictadura, hechos en los cuales la gente arriesga su vida no para pedir privilegios, sino para que se respeten sus derechos. “La razón por la que los hombres entran en sociedad es la preservación de su propiedad… Pero si una larga serie de abusos, prevaricaciones y artimañas que tienden siempre hacia lo mismo, hacen que el pueblo repare en que se está conspirando contra él… no es extraño que se levante…”, John Locke. El fin puede justificar el medio SOLO cuando el fin sea justificable.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 17 de marzo de 2014.

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3.10.2014

De la guarimba al bloqueo



En ambos casos se afecta la libre locomoción. Pero fuera de ese común denominador, el contexto de las medidas de hecho de los grupos de presión en Guatemala para exigir privilegios a costa de otros, es completamente distinto al de las guarimbas y marchas de los venezolanos que pelean para que respeten sus derechos y por la posibilidad de tener un futuro en su país. La diferencia trascendental está en el fin de cada una de estas acciones.

Uno de los pensadores políticos más influyentes de todos los tiempos, John Locke, aborda este tema en el ensayo “La disolución del gobierno” (capítulo 19) que encuentran en el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil (1689). Recomiendo que lo lean completo, sin embargo, reproduzco algunos párrafos de este: “La razón por la que los hombres entran en sociedad es la preservación de su propiedad. Y el fin que se proponen al elegir y autorizar a los miembros de la legislatura es que se hagan leyes y normas que sean como salvaguardas y barreras que protejan las propiedades de todos los miembros de la sociedad, para así limitar el poder y moderar el dominio que cada miembro o parte de esa sociedad pueda tener sobre los demás… Un pueblo que es maltratado y cuyos derechos no son respetados, estará siempre listo para sacudirse de encima la carga que pesa sobre él… revoluciones así no suceden por causa de pequeños errores administrativos en los asuntos públicos… Pero si una larga serie de abusos, prevaricaciones y artimañas que tienden siempre hacia lo mismo, hacen que el pueblo repare en que se está conspirando contra él… no es extraño que se levante y trate de poner el gobierno en manos de quienes puedan garantizarle los fines para los que todo gobierno fue en un principio establecido”.

La semana pasada tuvimos un ejemplo de la diferencia entre las trágicas crisis que viven los venezolanos y los ucranianos, y los abusos de los grupos de presión en Guatemala, a quienes solo les interesa que el gobierno les otorgue más privilegios. Un supuesto grupo de ¿campesinos?, la mayoría de ellos desinformados, que fueron convocados ¿o pagados? por un grupo de criminales cuyo delito menor es el robo de energía eléctrica que luego venden más barata (para ellos no tiene costo) que se agrupan bajo una organización conocida como CODECA, afectaron la existencia miles de personas en nuestra capital con el fin de pedir que se violen legalmente más derechos (por medio de la nacionalización de la energía eléctrica) y les otorguen más prerrogativas (ley de desarrollo rural).

Mientras, en los otros países mencionados, la mayoría está arriesgando hasta su vida, no para pedir privilegios, sino para que se respeten sus derechos. Por supuesto que el discurso nacionalista que apela a la patria ayuda a muchos a hermanarse en la lucha, pero la realidad es que pelean por ellos y sus seres queridos, como debe ser, porque nadie es un medio sacrificable por el bien de otros, menos por el bien de una abstracción. Todo ser humano es un fin en sí mismo.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 10 de marzo de 2014. La fotografía la tomé en Caracas, Venezuela, el sábado 22 de febrero de 2014.

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