Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

4.01.2019

¿Política y noticias o entretenimiento? Tercera parte



Como explica John Suart Mill, en el segundo capítulo de On Liberty, hay tres tipos de juicios y/o creencias: totalmente falsas, parcialmente verdaderas y totalmente ciertas. El reto que tenemos en la era de la posverdad, un reto aún mayor que el que tuvieron nuestros antepasados, es diferenciarlas en nosotros y en los otros, porque de ello dependen las decisiones que tomemos y los resultados de nuestras acciones. Este punto lo elaboraré con detalle más adelante. Hoy quiero profundizar en lo escrito por Mill en lo que respecta a la libertad de expresión, cómo la violación a este derecho afecta a la búsqueda de la verdad y por qué la autocensura es un fenómeno actual, debido a la forma en la cual muchos eligen interactuar en las redes sociales.

Según Mill, “primero, si cualquier opinión se ve obligada a guardar silencio, esa opinión puede, por lo que ciertamente podemos saber, ser cierta. Negar esto es asumir nuestra propia infalibilidad. En segundo lugar, aunque la opinión silenciada sea un error, puede contener, y muy comúnmente lo hace, una parte de verdad; y dado que la opinión general o prevaleciente sobre cualquier tema rara vez o casi nunca es la verdad completa, es solo por la colisión de opiniones adversas que el resto de la verdad tiene alguna posibilidad de ser alcanzada. En tercer lugar, incluso si la opinión recibida no solo es verdadera, sino toda la verdad; a menos que se considere que es, y de hecho es, impugnada enérgicamente y con seriedad, la mayoría de los que la reciben la considerará un prejuicio, con poca comprensión o sentimiento de sus fundamentos racionales. Y no solo esto, sino que, en cuarto lugar, el significado de la doctrina corre peligro de perderse, debilitarse y privarse de su efecto vital sobre el carácter y la conducta: el dogma se convierte en una mera profesión formal, ineficaz para siempre, pero agitando el terreno, y evitando el crecimiento de cualquier convicción real y sincera, de la razón o la experiencia personal”.

Es importante mencionar que con la aparición de Twitter y los mensajes breves, la comunicación de hechos complejos se ha vuelto superficial y, en muchos casos, falaz, lo que lleva a muchos, a pesar de las facilidades que tenemos hoy para expresarnos, a callar. Y no sólo callan por el reto que implica la brevedad que prevalece en las redes, sino por miedo a los insultos, tergiversaciones y ataques ad hominen que proliferan en estos medios.

Twitter es ideal para lanzar comentarios, algunas veces ingeniosos, a aquellos con quienes no estamos de acuerdo, pero no es un medio adecuado para debates en profundidad sobre temas de transcendencia para nuestra existencia, incluidos, por supuesto, los asuntos políticos. Con el panorama mediático actual, existe un riesgo real de que las personas se confundan más, malinterpreten las cosas y, por lo tanto, la sociedad se vuelva más polarizada, tal y como ha sucedido en Guatemala. ¿Es posible llegar a un entendimiento y a una reducción de esa polarización? Sí, pero sólo será posible entre los individuos intelectualmente honestos que hagan el esfuerzo mental por aclararse las ideas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “El Siglo”, el lunes 1 de abril de 2019.

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8.14.2017

El linchamiento de Gloria



En un linchamiento virtual, las personas tienen la opción de levantarse de entre las cenizas, y renacer como lo hacía la mitológica ave fénix. En un linchamiento virtual, el acusado sólo muere si sucumbe a la agresión de aquellos que quieren acabarlo. El más reciente, y tal vez el más despiadado linchamiento en redes que yo he conocido, es el de Gloria Álvarez. Un exacerbado ataque falaz, promovido por un pequeño grupo de gente obsesionada con Gloria, del cual hicieron eco muchos incautos que se adelantaron al anunciar el fin de la conocida politóloga. ¡Ah! Y cuidado alguien se atreviera a levantar la voz en defensa de Gloria, porque también saldría trasquilado.

Los linchadores manipulados por los intoxicadores, agentes de la era de la posverdad, reclaman la cabeza del imputado, sin ningún juicio previo y sin el cumplimiento del debido proceso que permita probar, sin lugar a dudas, de que la persona señalada es culpable del delito o del crimen que se le atribuye. En la mayoría de los linchamientos, físicos y virtuales, ni siquiera se conoce a ciencia cierta si se cometió alguna falta. El único hecho comprobado es que alguien gritó “CULPABLE”, y que muchos de quiénes lo escucharon corrieron detrás del señalado, listos para quemarlo vivo.

Prevalece la reacción emocional, la identificación errónea de lo percibido, la irracionalidad. Se obvia la falta de evidencia: el imputado simboliza las frustraciones de aquellos que lo quieren linchar, con la vana esperanza de que así superaran sus infortunios. Olvidan los linchadores que la cólera, el resentimiento, el rencor… son sentimientos que a los primeros que destruye es a ellos mismos. Pero, ¿por qué se ensañan con Gloria? ¿Por qué los líderes de este linchamiento la detestan tanto? ¿O será que le temen? Y si lo anterior es cierto, ¿por qué le tienen miedo a alguien que consideran una especie de broma? ¿Quiénes ganan con la desaparición pública de Gloria Álvarez?

¿O acaso la envidian? La envidia, como explica Ayn Rand en “The age of envy”, es considerada por la mayoría de la gente como una emoción insignificante y superficial y, por lo tanto, sirve para ocultar una emoción tan inhumana que, quienes la sienten, rara vez se atreven a admitirlo, incluso a sí mismos. Esa emoción es el odio al bien por ser el bien. Este odio no es resentimiento contra alguna visión determinada del bien con la que uno no está de acuerdo. El odio al bien por ser el bien, significa odio a lo que uno considera bueno por su juicio propio, consciente o subconsciente. Significa odiar a una persona por poseer un valor o una virtud que uno considera deseable.

Con el pasar del tiempo se calman las aguas, pasa la tormenta y la mayoría se empieza a cuestionar. Y a ellos me dirijo hoy. Revisen sus premisas, investiguen los hechos y descubrirán que no hay ni una sola acusación en contra de Gloria Álvarez. Si la hubiera, yo no estaría compartiendo hoy con ustedes estas reflexiones. Seamos justos, y reconozcamos a cada quien lo que le corresponde. Gloria Álvarez no merece ser linchada. Yo no voy a ser parte de ningún linchamiento, aunque yo misma termine linchada por este atrevimiento.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de agosto de 2017.

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