Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

12.05.2016

El traidor de la revolución



El pasado 25 de noviembre murió el traidor de la verdadera revolución cubana, la que buscaba acabar con el gobierno del dictador golpista, Fulgencio Batista. La revolución de hombres y mujeres que querían progresar en libertad. Murió Fidel Castro Ruz, el impostor. Se fue de noche, una noche oscura, como oscura ha sido la vida de quienes soñaron con vivir libres de dictadores, el motivo por el cual lucharon contra la dictadura de Batista. La razón por la cual muchos murieron, no sólo durante el conflicto, también después de haber vencido: muertos por orden del entronizado Castro.

Una revolución que terminó cuando el fallecido dictador acabó con las esperanzas de muchos. Una quimera basada en mitos. Mantenida por una mala educación, que lo correcto es llamarla programación e ideologización, fracasada en la mayoría de los casos confirmados en el largo plazo. Sustentada por un sistema de salud mediocre para el pueblo, cuyas estadísticas son falseadas por los funcionarios estatales. ¡Qué diferente sería la vida de los cubanos si el progreso previo a la dictadura de Castro no hubiera sido interrumpido!

Para 1955, Cuba era el segundo país de Latinoamérica con menor mortalidad infantil: 33.4 por cada mil nacidos. En 1956 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció a Cuba como el segundo país de Iberoamérica con los más bajos índices de analfabetismo: 23.6 por ciento. Para esa fecha, Haití tenía un 90 por ciento de analfabetismo y España, El Salvador, Bolivia, Venezuela, Brasil, Perú, Guatemala y República Dominicana, el 50 por ciento. En 1957 la ONU reconoció a Cuba como el mejor país de Iberoamérica en número de médicos per cápita (1 por cada 957 habitantes), con el mayor porcentaje de viviendas con electricidad (82.9 por ciento) y viviendas con baño propio (79.9 por ciento). También reconoció en 1957 a Cuba como el segundo país de Iberoamérica, después de Uruguay, en el consumo calórico per cápita diario: 2870.

¿Cuál sería la calidad de vida de los cubanos en la isla sin el socialismo de Castro y sus seguidores? ¿Cómo sería su existencia si hubieran adoptado un gobierno republicano dentro de un sistema capitalista basado en el respeto irrestricto a los derechos individuales de todos? ¿Cuáles son las ideas que predominan en la mente de los cubanos? ¿A quiénes admiran los isleños? ¿A gente violenta de corta visión que impone sus decisiones a puro balazo? ¿O a personas pacíficas que buscan el cambio por medio de la discusión honesta basada en juicios verdaderos, en hechos de la realidad y con visión de largo plazo? ¿En gente autoritaria, egocéntrica, manipuladora, megalómana? ¿O en personas racionales, objetivas y honestas?

De las respuestas a las anteriores preguntas, entre otras cosas, depende el futuro de los cubanos después de la muerte de Fidel Castro, a quien la historia NO va a absolver, tal y como ya lo dijo Carlos Alberto Montaner. Ojalá los cubanos superen el miedo en el que viven y se unan para vencer a los herederos de la dictadura.
                                                                       

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de diciembre de 2016.

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4.28.2014

Entre Vargas y García, Paz



Me gusta la literatura de ambos y aprecio lo que he aprendido leyéndola. No he leído toda su obra, todavía, pero sí gran parte de esta. He leído los suficientes libros para tener mis preferidos de cada autor. De Gabriel García Márquez con mucho placer leería de nuevo “El amor en los tiempos del cólera”. De Mario Vargas Llosa quedé fascinada con “Conversación en la Catedral”: quería terminar de leerla de un tirón. Sin embargo, la serie de novelas suyas que más me ha entretenido es aquella en la que nos cuenta la historia de don Rigoberto, doña Lucrecia y Fonchito.

Cartas a un joven novelista. Crónica de una muerte anunciada. La tentación de lo imposible. Cómo se cuenta un cuento. La orgía perpetua. Noticias de un secuestro… Sólo para listar los libros que he leído de ellos y comentar qué me agradó de estos y qué no, tendría que escribir un ensayo y no un artículo. Lo que sí puedo asegurar en este breve espacio es que a los dos los considero parte del grupo de escritores gracias a los cuales yo aprendí, mal que bien, a escribir. Cómo manejan el lenguaje, el maridaje de palabras, la narración… me parecen geniales. Y por eso, los seguiré leyendo mientras pueda.

Ahora, en lo que a coherencia de ideas y acciones políticas trata, no tengo duda en afirmar que al único de los dos que admiro es a Vargas Llosa quien, a pesar del ostracismo al cual fue condenado por sus antiguos amigos y compañeros del mundo literario latinoamericano, tuvo la valentía de reconocer que se había equivocado y enmendar su error. Después de ser parte de los jóvenes ilusionados con la llegada de Fidel Castro al ejercicio del poder en Cuba, se convirtió en unos de sus principales críticos al darse cuenta de las miserias a las que condenan el socialismo y más aún el comunismo, a quienes viven bajo estos regímenes que solo pueden ser mantenidos a la fuerza.

García Márquez, por motivos conocidos por él, poco se atrevió a cuestionar públicamente la constante violación a los derechos humanos y la pobreza en la cual viven la mayoría de los cubanos. Tal vez, lo más que se atrevió a hacer es negarle su apoyo a Hugo Chávez, hijo putativo de los Castro, en su proyecto de adueñarse de Venezuela. Por lo anterior, como persona, García Márquez baja sensiblemente en mi apreciación. No obstante, esto no cambia un ápice la opinión que de él tengo como literato.

Como dijo Octavio Paz al aceptar el Premio Cervantes en 1981: “La libertad… es un acto a un tiempo irrevocable e instantáneo, que consiste en elegir una posibilidad entre otras… es la afirmación de aquello que, en cada uno de nosotros, es singular y particular, irreductible a toda generalización”. Las decisiones políticas tomadas por cualquiera de los tres ganadores del Premio Nobel de Literatura que cito son elecciones, equivocadas o correctas, únicas de ellos y solo ellos son responsables de sus consecuencias. Pero la obra que nos han legado puede ser un deleite para quienes vivimos enamorados de las palabras bellamente encadenadas.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 21 de abril de 2014.

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3.01.2009

Pon atención al ruido


Apaga la tele, prende la luz. Pon atención al ruido. El reloj podría anunciar las 4:19 de la mañana. Ya no des más vueltas en la cama. Levántate. Acepta la realidad. Apaga la tele, prende la luz. Pon atención al ruido, que algo importante te quiere advertir. ¿Será ese ruido nuestra voz interna que nos protege de algún peligro? Aprende, pon atención: diferencia el ruido de la interferencia. Busca la verdad: la autenticidad.

Hazte un café, aunque sea descafeinado. Acepta que te despertaste. Levántate y define lo que piensas. Lo que sientes. Trata de encontrar claridad en ese ruido que no te permite conciliar el sueño. Uno, dos, tres… veinte veces échate agua en la cara. Abre los ojos. Despierta y reflexiona. La vida es breve. Separa el ruido de tu esfera pública del ruido de tu esfera privada. Confía.

Una nueva era fue anunciada hace apenas unas semanas por el cada vez menos mencionado Obama. ¿Una nueva era de qué? ¿De la responsabilidad o de la insensatez? ¿Del cambio para bien o el retroceso en el progreso? ¿De vivir en la mentira? ¿La aceptación por parte de la mayoría de una fantasía que se convierte rápidamente en una pesadilla? ¿La era de los pocos que optamos por la realidad? Lo que sí puedo asegurar es que la era de la hipocresía terminó. O casi...

“La orden del quetzal para Fidel”, proclamó Álvaro Colom. Reverenda insensatez. Tremenda mancha para la ya desprestigiada insignia. Una más de tantas tonterías que han caracterizado al actual gobierno de la socialdemocracia chapina. Por cierto, repito por enésima vez: me alegro, entre tanto absurdo, que se encuentre otro socialista declarado (recuerden a Vinicio Cerezo y a Alfonso Portillo) al frente de un sistema intervencionista: el del Estado benefactor/mercantilista. Otra muestra de su fracaso.

Total, tanto los izquierdistas como los derechistas que han llegado al ejercicio del poder aspiran a lo mismo: dirigir la vida del resto. Más que servir, servirse de los otros para alcanzar sus fines propios. Ajenos a todo debate intelectual serio. Y no me refiero al ruido impostado y manipulado como el que suele haber entre algunos miembros de la vieja guardia y sus frívolos seguidores.

Sin embargo, ¿cuán relevante es en este instante lo anterior? ¿Las denuncias diarias de corrupción, violación, extorsión y abuso de poder? ¿La desfachatez de tanta gente oscura, mediocre, envidiosa, parasitaria… que pululan en nuestra esfera pública y en la privada? Al menos de la última mencionada, la más trascendente, podemos desterrarlas.

Pon atención al ruido que te advierte de la serpiente que, como una venenosa enfermedad y a pesar de las precauciones que crees tomar, se arrastra sigilosamente cerca de ti. Sonrisa falsa en rostro amargo. Pon atención al ruido. Utiliza tu razón y encuentra las respuestas que te permitan continuar en pos de tu fin último: la felicidad. Deja ir la ansiedad. Todo pasará. Busca las células madre de la vida. Ánimo amigo. Paz amiga.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 23 de enero de 2009. La fotografía la tomé el domingo 15 de febrero en la casa de Lex Cargo, por solicitud de MD

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9.01.2008

Peligro


Hace unas semanas leí que en una sociedad donde reina la injusticia es peligroso tener razón, y en un país donde se reparte discrecionalmente, es peligroso producir riqueza.

Soy optimista y creo que en Guatemala se puede tener la razón. A pesar de la creciente incertidumbre, creo que sí se puede debatir, ir en contra de la corriente de pensamiento dominante y probar con evidencias y argumentos (sin recurrir a las falacias e insultos) quién está en lo correcto y quién está equivocado. La corriente de pensamiento dominante es aquella que está plasmada en nuestra legislación, la cual define nuestro sistema de gobierno como un Estado Benefactor, mercantilista e intervencionista.

La que lamentablemente sí parece aplicarse a nuestra nación, es la segunda parte de la sentencia mencionada: “En un país donde se reparte discrecionalmente, es peligroso producir riqueza”. Y, precisamente, los gobernantes pueden repartirla, arbitraria y discrecionalmente, por el poder que les otorga nuestro sistema político. Y casi siempre se cumple con la máxima que dice: “quien parte y reparte, se queda con la mejor parte”. Las excepciones, precisamente por ser excepciones, son las que al final confirman la norma. ¿Nos queda claro el porqué de la insistencia en una reforma fiscal que propone más impuestos y el porqué de la decisión del Álvaro Colom en pasar a formar parte de Petrocaribe?

¿Quién, en su sano juicio, al menos dentro del ámbito formal, se va a atrever a invertir en una sociedad donde no se respeta el derecho de propiedad? ¿En una sociedad donde se castiga al productivo, y se premia al gorrón oportunista que llega a ocupar un cargo público? Porque el bienintencionado discurso de ayudar a los más pobres, no es nada más que eso: un simple discurso.

¿Ahora sí, quienes aún no salen de su asombro ante el discurso neoliberal de los hermanos Castro, entienden por qué estos revolucionarios decidieron decretar el pago de salarios por productividad y eliminar el pago igual para todos? Por supuesto, me refiero a los cubanos Raúl y Fidel (si aún vive), y no al grupo de cantantes mexicanos que se hicieron celebres el siglo pasado.

Al fin, la tragedia más importante de nuestros tiempos no es el cambio climático. La tragedia es que las ideas paternalistas de unos pocos, con mucha influencia, han sido compradas por una gran parte de la población. Y esas ideas paternalistas nos han obstaculizado el proceso de creación de riqueza, única forma de combatir la pobreza.

Al igual que los multimillonarios cantantes, artistas de cine y socialités, que se unen contra la pobreza, unámonos nosotros y trabajemos todos, como algunos de ellos lo hacen, creando riqueza. Eso sí, no sigamos el ejemplo de quienes, lamentablemente, sólo heredaron de sus antepasados el dinero para vivir cómodamente, y no la capacidad de sus padres, abuelos, tatarabuelos… para generar ayer lo que sus descendientes gastan hoy a manos llenas.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de julio de 2008.

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