Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

11.07.2011

El día después



Todo luce tranquilo. En las calles se respira paz. Llegó a su fin la campaña electoral 2011, la cual comenzó recién tomó posesión Álvaro Colom en el año 2008. O, tal vez, empezó antes. Son pocos los días que nos dejan de descanso los politiqueros que ambicionan llegar al ejercicio del poder.

Habemus Presidente del próximo gobierno. Lo más probable es que sea Otto Pérez Molina, que será oficialmente quien esté al frente del Poder Ejecutivo. Un primer mandatario a estrenar el 14 de enero de 2012. Aquel que la mayoría de los votantes consideró la menos peor de las opciones. Yo no soy parte de quienes lo eligieron. Ayer no asistí a ejercer mi DERECHO a voto. Por cierto, me parece mezquina la presión inmoral que hicieron algunos en contra de aquellos que, como yo, no votamos en contra de nuestros valores y principios, que es lo mismo que votar en contra de nosotros mismos. Más aún, sabiendo que la solución a nuestros problemas no se encuentra en el Organismo Ejecutivo.

Es insensato creer que existe una especie de obligación de suicidarse moralmente votando por gente en quien uno no confía. Votando por personas que en su mayoría consideramos, al menos ese es mi caso, los peores exponentes de nuestra sociedad. Y pretender que uno debe elegir entre ellos: escoger los menos peores. Eso no es hacer Patria. Esa es la actitud sumisa de quien ha sido educado como súbdito. Quien aún no ha protestado como hombre libre. Y este, a mi parecer y si se puede decir, es el más destructivo de los suicidios: el que atenta contra nuestro código moral.

Es evidente que el actual mandatario, Álvaro Colom, deja a la mayoría de habitantes del país viviendo es condiciones iguales o peores de como estaban al inicio de su gobierno. Lo que es más execrable: deja a muchos compatriotas acostumbrados a vivir estirando la mano para que se les entregue parte de las dádivas que reparten los gobernantes. Parte del circo para mantenerlos entretenidos mientras ellos, los gobernantes y su círculo de parientes y amigos, se quedan con la mayor parte de nuestros impuestos. En resumen, más personas que se han acomodado dentro del sistema del chantaje y la mendicidad estatal, donde sólo unos cuantos se enriquecen a costa de los demás. Aquellos que se esconden bajo la sombra del poder.

En fin, la moral en nuestro país se encuentra como las carreteras: destruida. Por los suelos y llena de agujeros por todas partes. Llegó la hora de empezar a reconstruirla, como debe reconstruirse Guatemala casi entera. Y esa reconstrucción la debemos hacer nosotros, los mandantes, poniendo en su lugar a nuestros mandatarios. Para comenzar, si es necesario, los debemos forzar a reformar el fracasado Estado Benefactor/Mercantilista que hoy impera en Guatemala, y sustituirlo por un verdadero Estado de Derecho Republicano Liberal. Lo que nunca, a pesar de los intentos históricos que ha habido para acercarse a este, ha existido en Guatemala.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 7 de noviembre de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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10.31.2011

El tesorito



No es un cantante. Tampoco un actor de telenovelas. Sin duda, no es ella (la tesorito), ni se llama Laura ni su apellido es León. El tesorito es el objeto del deseo de la mayoría de quienes quieren llegar al ejercicio del poder. El tesorito está constituido por dos elementos con un solo objetivo: hacer sentir (que no es lo mismo que ser) a quien lo posee que es una persona valiosa, indispensable y admirada. Alguien capaz de decidir por el resto y superior a los demás. ¡Y ay de aquel que se atreve a contradecirlo o a gritar a los cuatro vientos: el emperador va desnudo! Aquel que le recuerda la verdad: que todo su mundo es una mentira.

Creen que la parte más importante del ansiado bien, la parte tangible, la van a encontrar en las arcas públicas. Esa especie de agujeros negros terrestres en los cuales todo el dinero que entra desaparece por obra (que no son carreteras) y arte de magia (ahora los ve, ahora no los ve: ni los billetes, ni la seguridad, ni la justicia, ni la educación, ni la salud, ni los puentes…) de los gobernantes que los administran. ¿O los reparten? ¿Entre quiénes? Arcas que son alimentadas con fondos privados que fueron expoliados a sus legítimos dueños, a los creadores de riqueza.

Según mi parecer, la urgencia (que, por cierto, nunca es satisfecha) de ser adulado es el segundo componente del tesorito, junto con la creencia de que son ellos quienes mandan. Un factor necesario para mantener la ilusión de una alta autoestima en quienes usurpan el lugar del mandante, siendo ellos simples mandatarios. Un peligroso delirio de quien en su interior sabe que es todo lo contrario. Podemos evitar el juicio de los otros, pero nunca el juicio propio.

La ironía es que al final ni siquiera van a encontrar lo que verdaderamente buscan, como lo busca todo ser humano: el placer de ser una persona digna de admiración y orgullosa de sus logros legítimos. Terminan rodeados de personas como ellos (los pares se atraen y se relacionan entre sí), en una constante negación de la realidad, sin confiar en nadie, sabiendo que la mayoría de quienes los rodean lo hacen por un interés mezquino y que en cualquier momento los van a traicionar.

Por estas fechas en Guatemala dos facciones se pelean por quedarse con el tesorito. El día que se definirá quién podrá meterle las manos por cuatros años es el próximo 6 de noviembre. El grupo que se considera ganador ya no utiliza un mapa para encontrar el tesorito… o abrirlo. La nueva moda es la llave secreta. ¿Por qué secreta? ¡Quién sabe! Tal vez Alí Babá podría descifrar el misterio. Mientras, los miembros de la otra pandilla, en especial su líder, ya no saben ni qué ofrecer con tal de que los favorecidos sean ellos. En fin, a nosotros, los responsables de llenar los cofres que contienen el tesorito, no nos queda más que observar… por el momento. Luego, debemos cerrar las arcas de una vez por todas. Y alejarlas lo más posible de los piratas.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 31 de octubre de 2011. La imagen la bajé del Internet.

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10.24.2011

De vuelta en vuelta



De vuelta en vuelta del reloj, vueltas de doce horas por dos, nos acercamos al 6 de noviembre, día de la segunda vuelta electoral, en la cual se va a elegir entre dos opciones que ni dándoles la vuelta satisfacen las más mínimas expectativas que una persona sensata tiene de quien será el primer mandatario del país: o sea, el primer mandadero de los mandantes, que somos nosotros.

La más reciente muestra de a qué tipo de gente pertenecen, la vimos el pasado lunes en el espectáculo que brindaron a los asistentes al circo de nombre debate presidencial. No pienso ahondar más en este asunto ya que de todo se ha dicho: desde que hicieron el ridículo hasta que ese era el show que los asistentes (al menos la mayoría) esperaban. Yo, prefiero darle la vuelta a la página y continuar leyendo el libro que vamos escribiendo. Obra que será conocida por nuestros descendientes como la historia de Guatemala de principios del siglo veintiuno.

Por cierto, está de vuelta la temporada fría de nuestra eterna primavera. Una baja en la temperatura que alejó las lluvias que le dieron vuelta a la vida de miles de personas. A varios de ellos, creen algunos, los llevó de vuelta al reino de dónde vinieron: una idea que sirve de consuelo para quienes, de vuelta en la realidad, los lloran. Esta situación me hace traer de vuelta al ruedo de la discusión, el innegable hecho de que la causa de las desgracias que enfrentan tantos, es el sistema contrario a la naturaleza humana que rige nuestra sociedad y la corrupción generalizada que este permite.

¿Cuándo darán una vuelta por nuestra nación la justicia y la razón? La primera para que los responsables de la tragedia que vive la mayoría paguen por sus crímenes y compensen a sus víctimas. Y la segunda para que los ciudadanos de Guatemala, asumamos la responsabilidad de nuestras vidas y renunciemos al Estado benefactor/mercantilista que ilusoriamente promete asumirla por nosotros. Una vuelta a la era de la ilustración, post revolución industrial, sería lo ideal. Una República de verdad.

Y dentro de tantas vueltas que ya me tienen mareada, quiero recordarles a quienes se quejan de que hayan cancelado la vuelta ciclística que, a pesar de que dejó de llover y el sol está de vuelta, las carreteras de nuestro terruño están de vuelta en el taller de reparaciones, motivo por el cual hubiera sido una irresponsabilidad arriesgar la vida de los participantes en la mencionada actividad deportiva.

Al final, lo que seguro nunca vuelve es el pasado. Sí, se dan la vuelta por nuestro presente las memorias de lo que fue. Sin embargo, no podemos cambiar el ayer, pero sí configurar hoy el mañana de tal manera que, cuando estén de vuelta las lluvias por estos lares, estemos preparados para afrontarlas y vencerlas. Lo mismo aplica a su vida: de una vuelta por su interior y pregúntese si es necesario darle la vuelta a sus decisiones para darle la vuelta a su existencia.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 24 de octubre de 2011. La imagen la bajé del blog “Sin Saldo”.

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10.17.2011

De mandantes a siervos




Cuando los empresarios dejan de admirar a los creadores de riqueza y se dedican a alabar a los distribuidores de ésta, a los políticos que han ejercido el poder medianamente regular, personajes con un discurso políticamente correcto (en pro de la educación y la democracia) es una clara señal de que algo anda mal, muy mal.

Cuando los empresarios demandan que los candidatos a gobernante cumplan sus promesas (la mayoría de éstas populistas, además de nefastas en el largo plazo), podemos estar seguros de que nuestras condiciones de vida van a empeorar.

Cuando los empresarios creen que la pobreza tiene causas, y que “los factores que inciden en ésta son la mala infraestructura, la desnutrición, la deficiencia educativa y la falta de seguridad” (consecuencias de un sistema de normas injusto) es una muestra más de que andamos en el camino equivocado.

Cuando los empresarios opinan que la solución es un gran acuerdo nacional (entre veinte individuos que pretenden que hablan por el resto), es un indicio de que las circunstancias no van a cambiar para el bien de todos.

Cuando los empresarios, renunciando a su calidad de mandantes, aceptan que es la voluntad política la que manda, permiten que los saqueadores sigan reinando y consienten convertirse en siervos. Reino que acaba cuando los creadores dejan de crear o emigran a un lugar donde puedan disfrutar del fruto de su trabajo, de su mente y de los riesgos que asumen.

Cuando los empresarios se confunden con los mercantilistas, y los creadores de riqueza son sustituidos por malos herederos en busca de su espacio y de diferenciarse de sus antepasados en lugar de honrarlos con trabajo productivo, es casi una sentencia final al destino fatal de una sociedad.

En mi artículo titulado “Guatemala, ¿es una sociedad condenada?” (9/1/2008), compartí la siguiente cita de “La rebelión de Atlas”, escrita por Ayn Rand: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada. Cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores. Cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted. Cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada."

Pienso que, a pesar de la evidencia, Guatemala aún es rescatable. Pero este rescate no será producto de la intervención de los gobernantes ni del cabildeo de las elites en decadencia y los oportunistas de los grupos de presión. Tampoco será obra de gente bien intencionada pero mal informada: estos pueden hacer aún más daño que los pícaros que mienten descaradamente. El cambio necesario será el resultado de que el resto nos aclararemos las ideas y actuemos coherentemente con la realidad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 17 de octubre de 2011. La imagen de la escultura "Hombre de rodillas" de Jean Lepêtre la bajé de Internet.

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9.19.2011

En segunda



Como es de todos los interesados conocido, Otto Pérez, con 36 por ciento de votos válidos, y Manuel Baldizón, con 23 por ciento de votos válidos, se verán cara a cara en la llamada segunda vuelta de las elecciones generales de este año, programada para el domingo 6 de noviembre de 2011.

Para aquellos que culparon de que haya una segunda vuelta electoral a quienes optamos por votar nulo o en blanco (lo que representa el 12 por ciento de los votos emitidos), les aclaro: aunque todos, como en una indescriptible sintonía universal, en un estado de relajación propio del nirvana, en una comunicación mística incomprensible, en un éxtasis inimaginable, hubiéramos decidido votar por Pérez, cruzando nuestras ideas,  contradiciéndonos… de todas maneras, para elegir al próximo Presidente hubiera sido necesario hacerlo en segunda y cuesta arriba.

Por cierto, en lo que respecta al legítimo reclamo que hacen los ciudadanos conscientes sobre el plan de trabajo de los políticos que quieren ejercer el poder (gobernar), tanto el de los mencionados y los de aquellos que lo intentaron, llegué a la conclusión lógica de que dentro del sistema actual (un Estado benefactor/mercantilista, intervencionista, colectivista, o sea, socialista) es casi IMPOSIBLE que existan propuestas congruentes con la realidad.

Lo que podemos esperar es más promesas ilusorias y ofertas populistas. Un torpe malabarismo dentro del circo político de tercera categoría tan de moda hoy en todo el mundo. Actitud que muestra el poco respeto que los politiqueros le tienen a la inteligencia de los ciudadanos.

Al fin, lo único que les interesa es llegar a sentarse en la silla presidencial. Dirán lo que consideren necesario para alcanzar su meta. Por eso, todas las propuestas, sin excepción, tienen un fuerte sesgo estatista que le asigna funciones de "mandante" al "mandatario" y al resto de funcionarios. En lugar de reconocer la realidad, la falsean, intentando hacer funcionar el sistema actual en lugar de proponer cambiarlo para bien. En lugar de adecuarlo a la realidad.

Como escribió Frank Knight en 1943, en su informe al Director General y al Comité de Publicaciones de University of Chicago Press, al referirse al libro “Camino de Servidumbre” de F. A. Hayek: “…primero, que cualquier política que se diga socialista, o de economía planificada, conduce inevitablemente al totalitarismo y a la dictadura; y, segundo, que un orden social así acaba cayendo inevitablemente bajo el control de los peores individuos [de la sociedad]”.

Lo anterior, ¿les recuerda a nuestra nación? ¿A la independiente Guatemala, habitada por una mayoría de gente dependiente del Presidente? Por eso, en nuestro país no andamos ni siquiera en segunda: vamos en retroceso. A menos que cambiemos no sólo de conductores del vehículo, sino del vehículo mismo, la situación poco va a variar. Y este objetivo SOLO se puede alcanzar desde el Legislativo.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de septiembre de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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9.12.2011

El regreso de nulo



Un hecho que esperaba sucediese en cuatro años. Sin embargo, después de algunas reacciones a mi artículo de la semana pasada, elegí sacarlo a relucir un día después de las elecciones generales del Estado Democrático de Guatemala. Porque República, NO es. Hubo quienes opinaron sin ni siquiera haber leído mi artículo. Otros que dicen que lo leyeron, pero al parecer no lo entendieron.

Hoy decidí compartir con ustedes algunas de mis respuestas a las preguntas que me hicieron aquellos que consideré intelectualmente honestos y con quienes entablé una conversación en las redes sociales virtuales. Si tienen curiosidad por conocer más sobre los debates, los invito a visitarme en Facebook (mylibertas) y Twitter (@mydda).

“Sé que mi decisión de cómo votar es políticamente incorrecta. Pero es la adecuada a mi escala de valores. Pago impuestos y tengo el derecho de reclamar cómo se gastan. Ese derecho no depende de si voto o no por alguien a la Presidencia. Creo en un gobierno de leyes. No soy súbdita de ningún rey. No voy a legitimizar un sistema presidencialista. No voto por lo que otros votan. Voto por lo que considero correcto. No entiendo cómo todavía hay tantos que creen que estrenando Presidente cambian las cosas para bien en el largo plazo”.

“La respuesta a nuestros problemas NO está en el próximo guanabi rey de Guatemala. Está en el Congreso. No pretendo que nadie más vote como yo. Cómo votar es una decisión individual. Depende de nuestros valores y principios. Es irresponsable votar sin meditar las consecuencias de nuestro voto. Sin darnos cuenta que legitimamos un sistema presidencialista que es la raíz del problema. Vote como usted considere mejor para alcanzar sus valores”.

“Votar por alguien con quien uno no comparte valores, a mi parecer, es cobarde y patético. Y es peor aún, si lo hace porque así opinan otros que hay que votar. Es irracional si vota por una abstracción: el pueblo, la sociedad, el Estado, Guatemala… Debemos votar por los concretos: por nuestro propio bien y el de nuestros seres queridos. Todo lo demás es un discurso emotivo, falaz y manipulador que sólo beneficia a los poderosos: los gobernantes, sus familiares, sus amigos y los líderes de los grupos de presión. Los parásitos saqueadores de los productores y creadores de riqueza”.

Le guste o no a la demás gente: valiente es quien lucha por lo que piensa (no sólo cree) es verdadero, sin importarle que otros lo sigan o lo que diga el resto. "Yo no juego su juego", le dice John Galt a Thompson, el Presidente de EE. UU. en la novela “La Rebelión de atlas”. Lo mismo les digo yo a todos los politiqueros de mi país. Y a mis conciudadanos les reitero que la mía es una decisión propia: un juicio independiente, producto de mi mente. Y que al final, la principal elección que hago es la de ser feliz. Y para ser feliz, necesito ser íntegra y, repito, coherente conmigo misma, con mi escala de valores y con mi código moral.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 12 de septiembre de 2011. La foto es mi voto anulado por Presidente. Prueba de la consistencia de mi palabra con mis actos, de lo cual me siento orgullosa.

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9.05.2011

Nulo



Muchos me han preguntado cómo votar. Les he explicado el procedimiento. Otros, me han preguntado por quién votar: por aquellos con quienes comparten valores y principios. Finalmente, me han preguntado por quiénes voy a votar. Después de un largo proceso de pensamiento racional (meditado, sosegado), decidí hacerlo como lo he hecho hasta hoy y por las mismas razones que ahora soy capaz de explicar de una manera más clara.

Mi voto para presidente, alcalde y diputados al Parlacen será nulo. Aclaro: actúo, como siempre, a título personal y en pleno uso de mis facultades mentales. No formo parte de ningún grupo que impulse determinada manera de ejercer el derecho de elegir a los gobernantes en una República. La mía es una decisión propia: un juicio independiente, producto de mi mente. El resultado de un proceso lógico cuyo objetivo es ser coherente conmigo y mis valores. Ser íntegra. Nunca votaría en contra de mis principios. Esa acción es, a mi parecer, la peor traición.

Yo actúo en pos de aquello que valoro. Por aquellos con quienes comparto una escala similar de valores. Por quienes considero que coincidimos de alguna manera en un código moral basado en la naturaleza humana y no en creencias místicas que sólo sirven para manipular a gente ingenua que se deja engañar. Votar es un verbo que nos muestra el sentido de la vida de quien lo ejerce.

Es obvio que comparto muy poco, en algunos casos nada (ni valores ni código moral), con los candidatos actuales a presidente del Organismo Ejecutivo y a alcalde capitalino. Hecho respaldado por el propio interés de los mencionados: llegar a un puesto desde el cual podrán ordenar y manejar miles de millones de quetzales, y la indiferencia que han mostrado hacia el Legislativo, el poder del Estado desde el cual se puede cambiar (para bien o para mal), las miserables y en constante deterioro condiciones de vida de la mayoría de habitantes de Guatemala. Espero no tener que explicar por qué voto nulo al Parlacen. Ojalá que los próximos gobernantes nos quiten de encima esa inútil carga.

En el caso de los candidatos a diputados al Congreso, votaré por el listado nacional y el metropolitano por un par de personas que cumplen con lo mínimo que espero. Una de ellas es alguien con quien se puede dialogar y cuyo pensamiento ha evolucionado. Y el otro alguien a quien considero un amigo y con quien comparto la idea de que lo que necesitamos es terminar con el Estado benefactor/mercantilista y dedicarnos a construir un verdadero Estado de Derecho, donde todos seamos iguales ante la Ley. Donde los gobernantes ocupen el lugar que les corresponde como mandatarios, y los ciudadanos asumamos nuestra responsabilidad de mandantes.

Votaré por lo que me importa, sin presiones de nadie. No dejaré que me intimiden los ataques ad hóminen y las falacias fuera de contexto que han circulado. Votaré por mí y por mis seres queridos. Votaré por un gobierno de leyes y no de reyes.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 5 de septiembre de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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8.29.2011

La verdad del mentiroso




“Verdad” es la coherencia, la congruencia de lo que pienso (y declaro) con la realidad: con el estado actual de las cosas. Y es una realidad indiscutible que en Guatemala, y en casi todo el mundo, las circunstancias en las que estamos viviendo se acercan peligrosamente a un caos que pareciera no tener solución. Eso a pesar de los impresionantes avances que se dan en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

Lo anterior, a mi entender, se da por la crisis conceptual en la que vivimos y por haber aceptado muchos un código moral ajeno a la naturaleza humana. Un código imposible de cumplir que lleva a la mayoría a vivir en una constante contradicción y a falsear la realidad. A ser deshonestos con ellos mismos y con los demás.

Una de las más claras evidencias de esto lo encontramos en la política. Motivo por el cual me sorprendió el descaro con el cual recientemente declaró Manuel Baldizón que “Los políticos siempre ofrecen cosas que no pueden cumplir. El problema es que usted les crea”. Un candidato presidencial a quien considero uno de los más mentirosos que he conocido. Sin embargo, en esta ocasión, reconoció una vital verdad.

La que sí confundió el problema hace unos días es Rigoberta Menchú cuando dijo a Siglo Veintiuno que “La beneficencia genera dependencia crónica”. Lo que genera dependencia es el paternalismo del abstracto Estado que promueven los gobernantes con el dinero de los tributarios. Error que lleva a ideas como la expresada por un columnista que cree que “…la gente no sólo quiere que la apaleen, sino que también que de vez en cuando le den de comer”. ¿Acaso las personas son animalitos de granja para que les den de comer sus propietarios?

Todos queremos satisfacer nuestras necesidades: un anhelo legítimo. Lo injusto es que haya quienes quieren hacerlo a costa de otros. Pero, como bien escribió Martha Gellhorn: “La gente está más dispuesta a tragarse la mentira que la verdad…”. Prefieren morir engañados.

El hombre que actúa de mala fe (que miente, que se engaña a sí mismo y a los otros), según Jean-Paul Sartre en “El ser y la nada”, se explica porque la persona no es lo que es y pretende ser lo que no es para evitar la angustia de tomar decisiones. Para evitar esa condena a ser libres de la que escribió el filósofo existencialista mencionado. Y, agrego yo, evitar asumir la responsabilidad de sus vidas y las consecuencias de sus acciones.

Cito textualmente a Sartre en la obra mencionada: “…en la mala fe somos-la-angustia-para-huirla en la unidad de una misma conciencia”. ¿Será posible, al final, huir de nuestra propia voz interior que nos advierte del engaño de los otros, engaño que aceptamos para engañarnos a nosotros mismos? No lo creo. Quienes aceptan las mentiras con las que otros pretenden alcanzar sus objetivos, en este caso llegar al ejercicio del poder, saben que pagaran los costos de esa decisión. Pero, al menos creen que pueden culpar a otros de su fracaso.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 29 de agosto de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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8.22.2011

Yo lucro, tú lucras...



Nosotros lucramos. ¡Todos lucramos! Es parte de la acción humana. Es propio de nuestra naturaleza el querer gozar de aquello que hemos ganado. Disfrutar de los frutos de nuestro trabajo y decidir qué se hace con el producto de nuestro ingenio y esfuerzo. Ese es un derecho de todo individuo, un derecho que pienso defender de la insensatez que corroe nuestra civilización y que condena a las personas a vivir en una constante contradicción.

Por eso aparecen oportunistas que se creen superiores al resto (gente que poco o nada ha producido en su vida), y disponen repartir lo que es de otros. Por supuesto, pregonándolo a los cuatro vientos y declarándose los defensores de los pobres. ¿Con qué derecho? Lo que sí no dicen es que en el proceso de repartir lo que han expoliado a los dueños legítimos, aseguraron financieramente su vida, la de sus familiares y amigos: a los conocidos o a los sobalevas.

Da igual. Es un buen negocio para los involucrados. Menos para los que son esclavizados y sus bienes son confiscados. Los que son odiados por sus virtudes creadoras y aceptan ser víctimas de los saqueadores. Manipulados y condenados por su deseo de crear riqueza y disfrutar de esta con sus seres queridos. ¿Por qué se dejan? Hay que cuestionar sin miedo el código de valores que nos han impuesto. Un código moral ajeno al humano que nos hace mucho daño.

Es por eso que hoy vemos a casi todos los politiqueros (PP, GANA, Líder, URNG y pronto se sumaran los otros) defendiendo las transferencias condicionadas y peleando por ser los padres de la criatura de Sandra Torres. Total, el objetivo de las bolsas solidarias y todos estos tipos de programas es ganar votos, no reducir la pobreza ni mejorar la calidad de vida de los demás. Además, es un medio idóneo para apropiarse de una gran parte de nuestros impuestos.

Estos despreciables personajes, se topan en su camino con tontos útiles que se encargan de propagar falacias que les facilitan a los primeros alcanzar sus objetivos. Como un ejemplo reciente de lo anterior puedo mencionar el titular principal de Prensa Libre del pasado martes 16: “Ganancias de la mina Marlin suben 1,671%. En contraste el Estado percibe 6% en regalías e impuestos”. ¿Y?

¡Ojalá muchos en Guatemala ganaran tanto o más! Imagino que los accionistas de Prensa Libre no se sentirían mal si su empresa les proporcionara esas utilidades. Y la mayor ironía del ejemplo anterior, es que el aumento en la recaudación de impuestos de este año se ha debido en mucho al aumento en las ganancias de la empresa minera mencionada. Sin hacer nada, el gobierno hoy obtiene más del trabajo de otros.

En fin, hay que hacer la diferencia entre quienes hacen dinero (crean riqueza) y quienes adquieren dinero (se apropian de lo que es de otros). Y no ser hipócritas: no hay humano que no quisiera vivir mejor, según sus fines propios. Y que se vive mejor cuando uno puede pagar sus facturas y para lograrlo debemos ganar más.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de agosto de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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8.15.2011

De las Torres y del árbol




De los anteriores, una vez han caído, no se hace leña. Ni de Gloria, ni de Sandra, ni del roble hueco que cayó en el bosque. El último dejó de existir. Y las primeras tal vez acabaron con sus carreras políticas. Lo que no quiere decir que no van a intentar regresar al ejercicio del poder. Como otros, las hermanas Torres quedaron embriagadas de sus mieles y en el proceso perdieron de vista su destino y equivocaron el camino.

En lo personal, no uso a la hora de argumentar el adjetivo sin sustento, el insulto llano que no es otras cosa que una falacia ad hóminen, porque creo que no contribuye en nada a un objetivo que quisiera fuera compartido con muchos, con la mayoría, con todos.

Ese objetivo es el de lograr, haciendo el esfuerzo mental por aclararnos las ideas, separar las premisas falsas de nuestros juicios, de las premisas verdaderas, para poder tomar mejores decisiones y lograr el anhelo común de todos: SER FELICES. Noten el énfasis que pongo en el hecho de que el fin de toda persona es un verbo, no un sustantivo, parafraseando a Ricardo Arjona.

Por supuesto que de nadie más que de nosotros mismos depende alcanzarlo. Sin embargo, nos ayuda mucho el hecho de que vivamos dentro de un sistema de incentivos correctos, dentro de un Estado de Derecho y en el marco de una República real y no una de papel, tal es el caso de Guatemala. Una sociedad donde se respeta la vida, la libertad y la propiedad de todos. Donde aquellos antisociales que violenten cualquiera de los derechos listados, paguen las consecuencias de sus acciones y compensen a las víctimas de sus fechorías. Al fin, lo anterior es hacer justicia.

Por cierto, hoy quiero hacer justicia con esos miles de ciudadanos, los documentados (nacidos en el país) y los de facto aunque no sean reconocidos como ciudadanos (me refiero a los extranjeros que han elegido a Guatemala como su hogar), que se expresaron responsable y libremente en las semanas pasadas haciendo un valeroso llamado a los magistrados de la Corte de Constitucionalidad, para que dictaminaran en base a argumentos jurídicos y no intereses políticos, en lo que respecta a la solicitud de Sandra Torres de ser inscrita en esta contienda como candidata presidencial.

Lamento que los magistrados no hayan tenido la gallardía de condenar el intento de fraude de Ley. Probablemente se debió, como han especulado algunos, a las implicaciones penales que ese reconocimiento tendría. En fin, nunca sabremos a ciencia cierta por qué lo hicieron. Los motivos quedarán en el olvido de los memoriosos magistrados mencionados. No obstante, la resolución constitucional fue en muchos aspectos positiva. Comenzando por el hecho de que haya sido unánime.

Ahora, es importante que nos concentremos en las próximas semanas en lo trascendental: las elecciones del 11 de septiembre. La elección de los siguientes diputados al Congreso de, espero pronto, la República de Guatemala.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 15 de agosto de 2011. La imagen la bajé del blog "En el país de Alicia María".

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8.08.2011

La no-contradicción


Al reflexionar esta semana sobre la crisis en la cual se encuentra envuelta la mayor parte del mundo (Guatemala incluida y ocupando uno de los primeros lugares en el índice de la insensatez), me llevó a titular hoy mi artículo con el nombre que se le da a una de las reglas básicas del buen pensar.

Estoy segura que se violan todas las leyes de la Lógica, comenzando con la primera de la cual derivan las otras, la Ley de Identidad (A es A). Sin embargo, pienso que la más fácil de identificar por muchos es la segunda. Sólo basta con escuchar a los candidatos presidenciales para darnos cuenta de lo mal que estamos: desde Sandra Torres y sus reclamos por ser inscrita, hasta los desvaríos de Manuel Baldizón, pasando por todas las tonterías que dicen el resto de los guanabís.

Además de la segunda de las tres leyes de la lógica, “La no-contradicción” es el nombre que le dio la filósofa Ayn Rand a la primera parte de su libro más conocido, “La Rebelión de Atlas”, inspirado en el gigante de los gigantes, sobre quien se sustenta la base más importante del conocimiento humano: Aristóteles. Obra influenciada por otra de las que considero lecturas vitales: “La acción humana” de Ludwig von Mises. Otro gigante intelectual que ¡ojalá! sus críticos leyeran alguna vez.

Menciono de nuevo esta célebre novela, porque pienso que la lectura de la misma ayudaría a muchos a entender qué es lo que está terriblemente mal en nuestra sociedad (something is terribly wrong in this country). Y lo que es más importante: entender qué debemos cambiar para que cambie, para bien, el estado actual de las cosas: la realidad en la que vivimos.

La siguiente es una traducción libre mía, de una idea de Thomas Paine que considero cierta: "La verdad NUNCA se envuelve a sí misma en el misterio, y el misterio en el que en cualquier momento parece envuelta es el resultado del trabajo de sus enemigos, NUNCA propio de la verdad" ("Truth never envelops itself in mystery, and the mystery in which it is at any time enveloped is the work of its antagonist, and never of itself").

Las contradicciones no existen. Por eso, cuando el ser humano actúa contradictoriamente (falseando la realidad) se aleja de sus objetivos. Lo que es peor aún, se aleja del principal anhelo de todo ser humano: ser feliz.  Y, como dijo el protagonista de “La Rebelión de Atlas”, John Galt: "La única felicidad que uno puede conseguir, o destruir, es la propia". De cada persona depende quién es y quién será.

¿Buscamos a los culpables de la situación actual en el espejo o decidimos cuestionar nuestros juicios y renunciar a nuestras premisas falsas? Sin contradicciones, ya que no me importa la muerte y lo que pase después. Me importa la vida, mi vida, lo que pasa hoy y lo que pasará mañana mientras viva. Me importa lo que puedo hacer con mi existencia. Pienso en el futuro. Elijo vivirlo en presente.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de agosto de 2011.La imagen de quien se cree fue Aristóteles la bajé de la Internet.

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7.11.2011

Contigo en la distancia



Aunque no tan cerca. A pesar de que por medio de internet me mantengo informada sobre lo que sucede en Guatemala, la lejanía me hace evaluar los hechos recientes en mi país de manera diferente. Al final, nuestra apreciación de la realidad, siendo nosotros parte de esta, depende del contexto en el cual nos encontremos. Eso no quiere decir que la realidad cambie: la realidad es lo que es. Pero sí es diferente cómo la valoramos si la vivimos de cerca o si la observamos de lejos, la que es mi particular circunstancia hoy que escribo mi artículo semanal que se publica en Siglo Veintiuno.

Por supuesto, imagino que en épocas pasadas no quedaba más que atenerse a lo que se lograba conocer, en un principio del siglo pasado, por medio de la radio y luego por la televisión. No pienso remontarme a los siglos anteriores al veinte, donde la comunicación dependía de las cartas que tardaban hasta meses en llegar antes de la invención del telégrafo. Sin embargo en el caso guatemalteco, que sigue siendo un país poco importante en el mundo, es difícil que se mencione en los medios tradicionales lo que sucede, a menos que decapiten a 20 personas en cualquier rincón olvidado en el campo de batalla de la más trágica guerra de hoy: la guerra (perdida) contra las drogas prohibidas. Y eso que no me encuentro del otro lado del mundo. Apenas estoy a unas horas en avión de la que es mi nación.

No obstante, gracias a las redes sociales virtuales como Twitter y Facebook, conozco las noticias más relevantes de esta semana en mi terruño. Sé de la reciente violación al derecho a la libre locomoción de la mayoría, por una minoría de delincuentes manipulados por la gente del Presidente Álvaro Colom para presionar a los diputados a que aprueben las últimas (espero) locuras del mencionado que en unos meses va a entregar el poder a alguien que, como van las cosas, no va a ser su exesposa, Sandra Torres, cuyo reciente amparo no va a cambiar el desenlace esperado.

Probablemente tampoco lo sea el protestante (porque el Registro de Ciudadanos rechazó su candidatura), supuestamente expastor, Harold Caballeros que, por no dejar su negocio religioso (¿quién cree que Caballeros no influye sobre las decisiones que toma su esposa, actual líder de su iglesia?), tampoco fue inscrito como candidato a la Presidencia.

A lo mejor se cumple lo presentado por las encuestas y el próximo Presidente será un general retirado. Que, por cierto, espero que también haya retirado sus armas (y las de uno de los guardaespaldas de su hija) y no pretenda usarlas para amedrentar a aquellos que no nos cuadramos ante nadie y vamos a cuestionar las acciones de los gobernantes siempre que estos abusen del poder, violenten los derechos de los mandantes (quienes mandan) y no cumplan con sus obligaciones de mandatarios (los que obedecen el mandato). Por cierto, los primeros, los mandantes, somos nosotros, los taxpayers. Los ciudadanos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de julio de 2011. La fotografía la tomé el lunes 4 de julio de 2011 en las playas de Ft. Lauderdale, Fl. EE. UU.

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5.16.2011

Tzik de política quemada


A solo dos semanas de oficializada la carrera electoral iniciada hace cualquier cantidad de meses o años, el hastío que me invade ha crecido de forma exponencial. Las canciones sosas (generalmente covers de melodías populares), las arengas populistas y acomodaticias al igual que los rostros hipócritas de los contendientes en la presente campaña han contribuido particularmente al desprecio que me inspiran los políticos, en especial los guatemaltecos, y la política en general.

Sin embargo, soy consciente de la trascendencia que pueden tener en nuestras vidas las elecciones públicas que vamos a hacer el próximo 11 de septiembre de 2011. Por cierto, me alegra saber que al menos en este tema no cedieron los magistrados del Tribunal Supremo Electoral ante las supersticiones irracionales de quienes relacionaban la fecha con el atentado a las torres gemelas de Nueva York. Más hoy que el responsable intelectual de semejante crimen es consolado en el paraíso musulmán por las once mil vírgenes que le corresponden, según sus creencias. Situación que debe agradecer a alguien cuyo apellido evoca a su propio nombre. Me refiero a Obama (responsable de la ejecución) y a Osama (el ejecutado). Una sola letra los diferencia en lo que a sus nombres respecta. Tal vez la principal diferencia entre ambos.

Regresando a la política chapina, la cual se asemeja a una desagradable fusión de ingredientes autóctonos con tecnología importada, sobre todo la fotoshopeada, quiero dejar claro que no espero que cambie en los próximos meses. Al menos, que cambie para bien de todos. Por el contrario, pienso que vamos a ser testigos de las mayores bajezas que jamás hayamos visto en varias décadas y, sin duda, durante la etapa democrática de nuestro país. Al fin, para aquellos que hemos estudiado el sistema político mencionado no es extraño que este sea su resultado a pesar de las buenas intenciones que unos pocos hayan tenido a la hora de elegirlo para Guatemala por encima del sistema republicano.

Y no se engañe, el hecho que a nuestra nación se le llame República, no quiere decir que lo sea. Todo lo contrario; ajeno a nosotros es el Estado de Derecho que fue definido por los ilustrados escoceses de fines del siglo diecisiete y principios del dieciocho, como elemento esencial de una República. Esa que eligieron para su pueblo los padres fundadores de Estados Unidos y que hoy los políticos del que otrora fuera ejemplo del buen gobierno han logrado transformar en una democracia en la cual prevalece la decisión arbitraria de los poderosos por encima de los derechos individuales, incluido el derecho al debido proceso.

No obstante, tengo esperanza en el futuro, porque así como pululan políticos marrulleros por todos lados, también surgen movimientos ciudadanos que quieren recuperar el poder perdido. Como escribió Thomas Paine "Es responsabilidad del patriota proteger a su país de sus gobernantes". Y de los usurpadores.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 16 de mayo de 2011. La fotografía la bajé de utilísma.com y corresponde a una receta llamada “Tzik de jabalí ahumando” de Benito Molina y Solange Muris.

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5.09.2011

El apellido


El acompañante inseparable de nuestro nombre propio: el nombre de la familia a la cual pertenecemos. Lo heredamos de nuestros ancestros y lo legamos a nuestros descendientes. Algunos de ellos nos hacen sentirnos honrados y orgullosos de portar el mismo apellido. Otros, quisiéramos que fueran parientes de cualquiera menos de nosotros. Pero, en fin, es un hecho innegable que no escogemos a aquellos con los que nos unen lazos de sangre. Eso sí, tenemos la dicha de elegir a nuestras amistades, quienes en la mayoría de los casos llegan a ser más cercanos a nosotros que aquellos con quienes no tenemos relación, ninguna relación, más allá del apellido. Personas con quienes no compartimos valores.

La anterior reflexión la hago para dejar de una vez en claro y por escrito que, fuera de compartir uno de mis apellidos con el anunciado candidato vicepresidencial de la UNE, Roberto Díaz-Durán Quezada, no tengo ningún otro vínculo. Además de que descendemos de ramas diferentes (yo de la rama de Joaquín Díaz-Durán y Durán y él de la rama de José Carlos Díaz-Durán y Durán) también somos frutos distintos. Aunque pienso que pertenecer a ramas diferentes no nos hace frutos diferentes. Nos diferencian nuestras elecciones.

Para enfatizar el punto, a continuación comparto con ustedes una conversación que sostuve con un amigo virtual en mi muro en Facebook:

“– RO: Marta Yolanda, hola. Te quería preguntar si ya hablaste del vice de Sandra. ¿Es tu pariente? – MY: No he hablado del tema. Sí, es tío lejano mío ya que su papá era primo en segundo grado consanguíneo de mi abuelo. No lo he hecho porque no considero relevante hablar de él solo porque compartimos apellidos. Pienso que son obvias las diferencias en nuestras escalas de valores. – RO: Sí, pero me imagino que no seré el único con la duda. ¡Qué mal por él!

MY: Qué mal que haya quienes piensen que tengo que opinar de otros solo porque compartimos apellidos. Y lo digo sin ánimo de generar una polémica. Pienso que tenemos que aprender que cada individuo es responsable de sus acciones. Y que las decisiones de tus amigos o familiares son de ellos. Solo las tuyas son las que, si lo deseas, vas a divulgar y comentar [además de asumir las consecuencias de éstas]. Eso sí, si llega a ocupar un cargo público y violenta los derechos de los habitantes de Guatemala, pueden tener la seguridad que seré de las más críticas y combativas. [Lo afirmo] con toda la seguridad de que sé quién yo soy”.

Yo, que no necesito ocupar un puesto público por ningún motivo. Yo, que no ambiciono llegar al ejercicio del poder. Yo, cuyo mayor anhelo es seguir siendo quien es, cada vez mejor. Repito: compartir apellido no implica compartir valores. Yo, Marta Yolanda Díaz-Durán Alvarado, sé quien soy y vivo a partir de mi propia escala de valores: la que yo he elegido. Soy coherente y busco ser íntegra. Solo soy responsable de mis actos y asumo las consecuencias de los mismos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 9 de mayo de 2011. La imagen es “del abuelo de mi abuelo, Coronel Joaquín Díaz-Durán y Durán, hijo de José María y Ana Josefa. Fue cónsul de Guatemala en San Francisco durante el gobierno de Reyna Barrios y estuvo auto-exilado en Nueva York durante el de Justo Rufino Barrios. Este retrato a carbón fue hecho en Nueva York” tal y como escribe mi hermano Constantino en Facebook.

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4.04.2011

La Supermoon de Ban Ki-moon


Por un momento pensé que era una broma en la cual se habían puesto de acuerdo los jefes de redacción de los diarios más leídos de Guatemala. Que ante las carcajadas que ha provocado uno de los precandidatos a la Presidencia de nuestro país con su promesa de que la selección nacional de fútbol va a llegar al mundial si los incautos votan por él, los propietarios de los medios de comunicación se habían visto en la necesidad de competir por las risas del público chapín.

Sin embargo, no fue así. Lo reportado en los periódicos era, mejor dicho es, cierto: los burócratas de la Organización de las Naciones Unidas, en el capítulo correspondiente al llamado Consejo de Seguridad, están a punto de otorgar un espacio a los gobernantes de una de las sociedades más peligrosas del mundo, quienes designaran al ungido representante que se sentará en el mullido sillón. Imagino que usted ya sabe a qué país me refiero: al nuestro.

Guatemala, donde lo que seguro crece día a día, además de la pobreza de los más pobres, es la incertidumbre provocada por el aumento de los delitos y los crímenes que cometen los antisociales con quienes convivimos. Por cierto, muchos de ellos se encuentran en el ejercicio del poder. La conocida connivencia entre el crimen legalizado y el informal. Los primeros nos extorsionan para que paguemos impuestos sin recibir nada a cambio. Los segundos, sin recurrir a eufemismos, simplemente nos roban.

En el reciente perigeo del Secretario General de la ONU con los guatemaltecos, hizo una declaración con la que coincido: “Nadie esta por encima de la Ley”. No obstante, casi al instante de la anterior afirmación, justificó que sus subordinados de la CICIG sean una excepción a esa regla porque “hay una preocupación de todos por la proliferación del narcotráfico y el crimen organizado”. Otra de las contradicciones que suelen proclamar a los cuatro vientos los miembros del ente mencionado. Sin duda, cuando Ki-moon dijo “Hay quienes no están acostumbrados a la justicia” se refería a ellos mismos. Sí, ellos, los burócratas con el derecho a la impunidad, más allá de los discursos gourmet de cinco tenedores.

Si Ki-moon quisiera acabar con los narcos, presionarían a Obama y compañía para que den marcha atrás en una guerra perdida que ha causado millones de muertes. Un problema que solo va a terminar cuando acabe la prohibición de producir, comercializar y consumir las drogas que arbitrariamente han decidido condenar los gobernantes gringos, sentenciándonos a los latinoamericanos en especial a vivir en una agonía permanente.

Como dijo Mario Vargas Llosa hace unos días: “Estamos cerrando un círculo y regresando a la barbarie por exceso de comprensión y tolerancia”. Yo agregaría que parece ser que estamos en una involución, sobre todo, por la tozudez de algunos, principalmente los poderosos, de falsear la realidad e imponer sistemas normativos ajenos a la naturaleza humana.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 4 de abril de 2011. La fotografía la tomé el sábado 19 de marzo de 2011, día de la “Súperluna”.

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3.27.2011

Casados con la inmoralidad


A pesar de que es el divorcio presidencial el origen de la siguiente reflexión, la separación legal de Álvaro Colom y Sandra Torres no va ser el tema central del presente artículo. Ya suficiente tinta ha corrido sobre este asunto que ya tomó un cariz internacional, después de las recientes entrevistas que los mencionados dieron a periodistas de la cadena CNN y de Televisa. Entrevistas en las cuales, por cierto, además de contradecirse y evadir responder varias de las preguntas que les hicieron, confirmaron lo que Orlando Blanco afirmó sobre el quehacer de su oficio (visión que muchos de sus colegas comparten): que la moral “hay que apartarla” de la política.

Declaración que fue apoyada por la diputada Delia Back al aseverar que: “en Guatemala jamás ha interesado la moral”. Aunque, antes de continuar es importante aclarar algunas falacias contenidas en ambos juicios. Primero, que la política como tal es un concepto y solo existe en la realidad mental. Que, en todo caso, lo que nos interesa es la actuación de aquellos que se dedican a la política, y la pregunta clave es ¿son sus actos morales o inmorales?

La segunda falacia es la absurda generalización que hizo la cuestionada (precisamente por sus actos públicos como legisladora) Back. Por supuesto que en Guatemala a muchos nos interesa la moral y la ciencia que la estudia: la ética. Dice el parafraseo popular de un ancestral refrán que “el ladrón (más adecuado en esta ocasión que el tradicional león) juzga por su condición”, y pienso que ese fue el error principal tanto de Blanco como de Back. Creer que todos compartimos su escala de valores: que somos pares.

Al final, los personajes públicos citados con anterioridad, sus opiniones y acciones, son un ejemplo más, como los hay tantos en nuestra sociedad, de la raíz de la mayoría de conflictos que se viven en el mundo actual: la crisis conceptual. Hecho que ha favorecido a quienes ejercen el poder y su reducido círculo de familiares y amigos. Si acaso hiciera una encuesta sobre qué se entiende hoy por “moral” estoy segura que me encontraría con cualquier cantidad de definiciones, tantas como el número de participantes del experimento.

Es probable que ni siquiera sepan el origen de tan importante concepto que tiene que ver con las acciones humanas. Y, aplicado al asunto discutido, implica que el político que no actúa moralmente, es un inmoral. La amoralidad no existe en el ámbito de la acción humana. Es solo una patética excusa de aquellos cuya formación intelectual es superficial o su propia moral es tan frágil que, con el más leve viento, vuela a conveniencia de sus intereses o de los intereses de quien le manipule.

Ni Sandra Torres, ni la mayoría (por no decir casi todos) los que anhelan en la actualidad llegar al ejercicio del poder están casados con el pueblo. El matrimonio indisoluble lo hicieron con la inmoralidad que creen les va a permitir hacer realidad sus más íntimos deseos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 28 de marzo de 2011. La imagen la bajé de la Internet.

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3.14.2011

Ser o no ser parientes



Ese es el dilema de Sandra Torres y Álvaro Colom. Unidos en matrimonio. Del verbo transitivo unir: “Juntar dos o más cosas entre sí, haciendo de ellas un todo” (DRAE). Como cantaban los Timbiriche en la década de los 80 del siglo pasado: “Tú y yo somos uno mismo”. O sea, que si yo (Colom) no puedo ser candidato presidencial de nuevo, (Torres) tampoco. Unidos en las buenas y en las malas. ¡Y vaya que ha sido buena la vida de la pareja presidencial en los últimos tres años!

Ser o no ser pariente del Presidente, lo que no es conveniente para las aspiraciones de Torres. ¿Valorará más, la todavía primera dama, su deseo de reinar que el amor que la ha hecho acompañar hasta hoy a Colom? ¡Qué novelón! Lástima que al final, si sus ambiciones se llegan a concretar, quienes haremos el papelón de nuestras vidas seremos nosotros, los ciudadanos, los pagadores de impuestos, los creadores de riqueza, manteniendo por cuatro años más a los saqueadores mencionados y su séquito de seguidores.

Dejaron plasmado los constituyentes de 1985, en el artículo 186 de la actual Carta Magna de Guatemala, que “No podrán optar al cargo de Presidente o Vicepresidente de la República: … c. Los parientes dentro de cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad del Presidente o Vicepresidente de la República, cuando este último se encuentre ejerciendo la Presidencia”… Lamentablemente olvidaron los mencionados que siendo el sistema legal vigente positivista, nos hubieran ahorrado muchas confusiones (léase interpretaciones arbitrarias), aunque fuese redundante, agregar dos palabras y un artículo: “Incluye al cónyuge”. ¿Acaso era tan complicado? ¡Ah! Los políticos y sus trampas.

Con sólo consultar el DRAE se aclara la posible duda. La definición del adjetivo “pariente” es la siguiente: “Respecto de una persona, se dice de cada uno de los ascendientes, descendientes y colaterales de su misma familia, ya sea por consanguinidad o afinidad”. Otro término que considero importante definir para este caso es parentesco (nombre masculino): “Vínculo por consanguinidad, afinidad, adopción, matrimonio u otra relación estable de afectividad análoga a esta”. Y para finalizar, ¿qué significa el adverbio de lugar “dentro”? “En la parte interior de un espacio o término real o imaginario”. I rest my case: es evidente que la prohibición incluye a la esposa del Presidente. Sin embargo, nos guste o no, la decisión final la tomarán los próximos magistrados de la Corte de Constitucionalidad.

Termino con una idea del ilustrado francés del siglo dieciocho François Marie Arouet, conocido universalmente como Voltaire: "Anyone who has the power to make you believe absurdities has the power to make you commit injustices", cuya traducción libre y mía es: "Cualquier persona que tiene el poder de hacerte creer lo absurdo, tiene el poder para hacerte cometer injusticias". La única solución para este y muchos problemas es el cambio del sistema político.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de marzo de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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2.14.2011

Vamos por más



No lo dudo. Ese debe ser el objetivo de toda pandilla de ladrones que se respeta. Vamos por más. No le dejemos nada a la víctima. Vamos por lo que no es nuestro. Vamos por más. Finalmente un eslogan del gobierno de Álvaro Colom que deja claras sus intenciones: ir por más dinero de la gente responsable, que arriesga y produce. Que, a pesar de las condiciones de vida cada día más difíciles, sigue trabajando y asumiendo sus compromisos. Vamos por más: un claro reconocimiento al hecho de que se apropian de lo que no les pertenece. Van por más. Cuidado.

Dicen que es por el bien de una abstracción: Guatemala. Por el bien de los niños, ¿hijos de quién? Probablemente, los de ellos. Por un tiempo que nunca llega: el mañana. Un futuro que parece brillar con más fuerza para aquellos que lograron acumular una gran fortuna desde que llegaron al ejercicio del poder, consiguieron un buen chance en la burocracia estatal o cacharon jugosos contratos con el Estado.

Dicen que es por salud, seguridad y educación. ¿De quiénes? Sin duda, no por la salud, seguridad y educación de la mayoría, porque es evidente que estos servicios brillan por su ausencia. Dicen que es por la gente que trabaja y por los que no tienen nada. Es obvio que van tras la gente que trabaja, y dejaran con menos de nada a los que hoy no tienen nada. Al fin, a estos últimos, nada les llega, sólo el viento de los frentes fríos. Y la muerte por inanición, debido a la falta de trabajo porque en Guatemala no hay inversión de la que verdaderamente necesitamos para transformar recursos en riqueza. No hay inversión de capital porque los actuales oportunistas en el ejercicio del poder y sus cuates ya fueron por miles de millones de quetzales que se pudieron invertir en esta área. Y, aseguran, todavía quieren ir por más. Cuidado.

Al gugulear el lema de campaña actual del gobierno de la UNE, encabezado por Álvaro Colom, me encontré con que ha sido usado en varias ocasiones, incluidas una protesta en contra del gobierno argentino en diciembre del año 2007 y una canción, también argentina, sólo que cantada en primera persona del singular (voy) que formó parte de una serie de adolescentes que se transmitió en el mencionado país austral. Por cierto, el grupo que la interpreta se llama “Casi Ángeles”. Aunque por estos lares podemos llamar a quienes utilizan tal consigna “completos demonios”. En fin…

Quiero casi terminar citando a Francis E. Mahaffy, para que entendamos el porqué una vez nuestros gobernantes vayan por más y se queden con casi todo, las cosas no van a cambiar para bien: ‎"Only when the state is restricted to the administration of justice, and economic creativity thus freed from arbitrary restraints, will conditions exist for making possible a lasting improvement in the welfare of the more miserable peoples of the world." El 11 de septiembre de 2011 puede ser el día en que encaminemos nuestros destinos para que haya más para todos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de febrero de 2011. La imagen la bajé de la Internet.

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1.10.2011

2011



Ya llevo un par de años de titular mi primera columna del recién iniciado período de 365 días con el número que lo identifica. Este año cambié una variable de esa aún frágil tradición, porque hace una semana publiqué un intento de cuento breve, tal y como le comenté a los editores de las páginas de opinión de Siglo Veintiuno. Circunstancia que tuve que aclararle a mi misma madre, quien creyó que era yo la protagonista de la historia. Al fin, lo que relaté pudo no haberle sucedido a nadie. O puede que a muchos. Nunca lo sabré. Era una ficción.


No obstante, el hecho de que no haya sido mi primer artículo del presente ciclo el titulado con el número de año correspondiente, no quiere decir que terminé con la que deseo se convierta en una costumbre. Una costumbre no sólo mía, sino de muchos columnistas más, por lo que pude ver en los primeros días de este 2011. Y como, al menos que yo sepa, no existe ninguna persona propietaria del mencionado dígito, continúo con mi plan original.

El dejar que pasara casi una semana del presente período (escribo el día después de la frustrada visita de Los Reyes Magos a mi asteroide), me permite confirmar una hipótesis mía planteada a finales de 2010. Esa hipótesis es que éste será el año más intenso y riesgoso, políticamente hablando, del tiempo que tengo de existir. De mi vida adulta. Los demonios, todos los males, escaparon del ánfora de Pandora y están dispuestos a hacer lo que sea necesario para llegar al ejercicio del poder. O, mantenerse en este. Nosotros hoy podemos lograr lo que no alcanzaron los griegos originales: dejar que también se libere la esperanza.

Lo anterior lo escribo en un día precioso, esplendoroso, con un sol alumbrando sin interrupción en un cielo azul celeste encantador. ¡Quién podría pensar que vivimos en medio de una imparable vorágine, en medio de una creciente incertidumbre! ¡Quién podría creer que el año prácticamente comenzó con un ataque terrorista! En la primaveral tierra del quetzal… en constante devaluación. Sin embargo, escribo a partir de una profunda y sólida convicción de que este también puede ser el año que finalmente cambiemos lo que hay que cambiar: el sistema y no sólo quiénes gobiernan. Mi compromiso será entero con este sólo objetivo.

Nota aclaratoria: la visita de los Reyes Magos fue frustrada, digo, porque no me dejaron nada. Por tanto, es plausible lo expresado por Estuardo Zapeta en Twitter: que Melchor, Gaspar y Baltasar fueron apresados en Venezuela por orden de Hugo Chávez, acusados de ser espías del imperio yanqui. Espero que Arturo Valenzuela, subsecretario adjunto para América Latina de EE.UU., se pronuncie al respecto como lo hizo en el caso de la “medida antidemocrática” de la anterior Asamblea Legislativa de Venezuela que otorgó poderes dictatoriales al sujeto que gobierna el mencionado país. ¿Hará algo, ante semejantes acusaciones, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza? Otro misterio de la burocracia estatal supranacional.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 10 de enero de 2011. La imagen la bajé de Internet.

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8.03.2010

No quiero ser Presidente


Ni ocupar otro cargo de elección popular. ¡Menos ser parte del séquito de un gobernante! Parte del Leviatán: la burocracia estatal. Sería la peor pesadilla de los tatascanes. Desde pequeña, hecho que pueden confirmar mis padres, no acepto órdenes sin entender el porqué de estas. ¡Vaya que me dolió en algunos casos esa racional rebeldía! Además, el costo que tendría que pagar sería demasiado alto. Quién sabe, a veces pienso que llegaría a ser un sacrificio. Y no creo en entregar un valor superior a cambio de uno inferior. Y lo digo sabiendo que, por ser políticamente incorrecto, será mal interpretado, descontextualizado y manipulado. Pero, como dijo José Ortega y Gasset: ‎”…la vida de cada cual no tolera ficciones, porque al fingirnos algo a nosotros mismos, sabemos, claro está, que fingimos...”.

Espero les quede claro a mis enemigos, que en lugar de miedo me dan risa, para que cambien de táctica de ataque. Por cierto, los pocos insultos (críticas no son) que de pura casualidad pasan por mis ojos, me muestran que no han evolucionado, aunque hayan cambiado de medios para expresar su resentimiento. Más aún, estoy convencida que han involucionado. Una muestra más del tipo de gente que hoy ostenta el poder y los guanabí gobernantes. ¡Ah! Y de sus esbirros. Algunos de ellos, pobres, aceptan esos empleos por la escasez de éstos en nuestro país. Sin embargo, ¿serán conscientes del costo personal que representa trabajar para personas a las cuales desprecian?

Participar en política partidista es un derecho individual que NO me interesa ejercer. No obstante, es necesario que lleguen al poder, en especial al Legislativo, individuos con las ideas claras, convencidos de que necesitamos urgentemente sustituir el Estado Benefactor/Mercantilista por un Estado de Derecho liberal. Ese que ha permitido el progreso y la mejora en la calidad de vida de los habitantes del llamado primer mundo. Hacerlo no resta credibilidad, una vez que quien decida dar ese paso sea coherente con sus principios e intelectualmente honesto. Que logre vencer las tentaciones que va a encontrar en su camino.

Lamentablemente, la hipocresía y el oportunismo privan hoy en la esfera pública de Guatemala. Tanto entre los políticos, como los poderosos y aquellos autonombrados representantes de ese abusado abstracto conocido como sociedad civil. Mientras, a los ciudadanos exitosos se les persigue, bajo amenaza de terminar en la cárcel, por supuestamente no pagar más impuestos a los delincuentes que ostentan el poder y descaradamente se roban el dinero de los tributarios.

En la realidad las cosas son más complicadas que en la ficción, porque no existe un guionista, un solo escritor que decida la trama, cómo se va a desarrollar y cómo va a terminar. La historia de la civilización humana, en el presente y en el futuro como lo fue en el pasado, es escrita por cada uno de nosotros, con nuestros actos en vida y algunos hasta con su muerte.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de agosto de 2010. La fotografía fue tomada el 30 de enero de 2010, desde el balcón de mi asteroide.

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