Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

9.13.2010

Ni delito ni falta


Aunque sí falta coherencia y respeto al espíritu de la Ley por parte de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad.

En fin, hoy tengo que abordar de nuevo la aberrante decisión de los magistrados de la CC que debilita la protección a la libertad de expresión en nuestro país. Y no me refiero al IRRELEVANTE dictamen, al menos para este tema, por el cual le niegan al Vicepresidente Rafael Espada su frívola acción por la cual pretendía revertir la decisión de los jueces que rechazaron la querella que interpuso en mi contra. Me refiero a la decisión que tomaron de negarme el amparo solicitado ante la amenaza que representan para mi integridad la querella citada y las DOS denuncias que siguen vivitas y coleando en el Ministerio Público, que hace honor a su apodo, ya que es un misterio qué pretenden hacer los fiscales, los cuales, dicen, se encuentran presionados por el alto mando para proseguir con la investigación.

El lunes 6 de septiembre pasado, después de que muchos influyentes columnistas (salvo alguno que otro periodista cobarde y servil con la CC), entre ellos abogados, criticaron correctamente la resolución mencionada, los magistrados de la CC publicaron tres “Campos Pagados” (pagados con nuestros impuestos) en los cuales pretendían defender lo indefendible con excusas formalistas que no vienen al caso en una situación en la cual, quien se supone es el segundo hombre más poderoso del país (ejerce el poder como Vicepresidente) y que como tal se identifica en las demandas, utilizando los recursos del Estado (léase los dineros de los tributarios y el personal pagado con éstos), actúa en contra de una ciudadana que ejerce sus derechos constitucionales. Además, más que el formalismo, parece que los magistrados olvidan que la razón que aducen para rechazar la solicitud, aunque suene increíble, es que Espada actúa como ciudadano.

Por lo anterior, transcribo parte de mi artículo titulado “CC desprestigian solos”, publicado en Siglo Veintiuno el 24 de agosto de 2010: “…dejo por escrito quiénes firmaron la resolución que hoy abre la posibilidad a que todo funcionario público, desde el Presidente hasta el más oscuro burócrata, viole nuestro sagrado derecho a expresarnos libremente y cuestionarlos….: Roberto Molina Barreto, Alejandro Maldonado Aguirre, Mario Pérez Guerra, Gladys Chacón Corado y Juan Francisco Flores Juárez; auxiliados por el Secretario General de la CC, Martín Ramón Guzmán Hernández”.

¡Ah! Y por aquello de las sensibilidades de los funcionarios públicos, les recuerdo a los magistrados de la CC, los nombrados y los suplentes que los apoyaron en el campo pagado, que tal y como reza el artículo 35 de la Constitución en su segundo párrafo: “No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos”. Notifíquese y cúmplase.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 13 de septiembre de 2010. La imagen de las Pléyades la bajé de la Internet. La fotografía fue tomada el viernes 3 de abril de 2009, para el primer aniversario de “Bohemio”. La descomposición es toda mía.

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8.30.2010

¿Vicepresidente de la nación o estrella del Rock and Roll?


¿Recuerdan aquella rola que nos planteaba el dilema existencial de qué queríamos ser cuando fuéramos grandes? ¿Presidentes de la Nación o estrellas del Rock and Roll? Ante semejantes opciones, yo me decanté por el oficio musical, porque el chance de político no me place para nada. O, al menos esa fue mi intención. Sin embargo, poco prosperó mi carrera como guitarrista y a la fecha sólo recuerdo el círculo de do. Hasta hoy a lo que principalmente me he dedicado es a contemplar para conocer en el sentido aristotélico.

No sabía yo lo peligroso que sería ir más allá de sentir y pensar. No conocía los riesgos que implica razonar. Y aún peor, la amenaza que podía significar expresarme libremente y cuestionar a los poderosos. Más en un sistema de normas como el nuestro, donde los gobernantes gozan de un poder casi ilimitado, el cual utilizan de manera arbitraria para amedrentar a quienes no nos acomodamos al papel de súbditos, y exigimos ser tratados como ciudadanos libres. Y, por supuesto, exigimos que los impuestos sean utilizados correctamente: que las acciones de los funcionarios sean respetuosas de la vida, la libertad y la propiedad de los habitantes de la nación.

Hay quienes, como José Rafael Espada, que optaron por ser simplemente Vicepresidente. Y como tal, a principios de septiembre del año 2009 presentó varias querellas en mi contra porque, según él, uno de tantos artículos míos, titulado “El beso de Espada”, lo afectaba en su dignidad y, ¡qué cosa tan divertida! lo colocaba en un estado de indefensión. ¿Indefenso contra quién? Aquel que es cuidado por un pequeño ejército de empleados de la nación, pagados con nuestros tributos, rodeado de cualquier cantidad de motos de última generación, y se transporta dentro de una camioneta blindada de aproximadamente un millón de quetzales. También comprada con nuestros dineros. Sin duda ¡todos! quisiéramos encontrarnos así de frágiles en Guatemala.

Por ese motivo, el 4 de septiembre del año pasado decidí interponer una solicitud de Amparo ante la Corte de Constitucionalidad, la cual, a criterio de mis abogados, me debió ser concedida INMEDIATAMENTE, ante la evidente violación a mi derecho a la libre expresión, resguardado por el Artículo 35 de nuestra Constitución. Pero ¡oh, sorpresa! no sólo no me otorgaron el amparo provisional sino, al final, los magistrados Roberto Molina Barreto, Alejandro Maldonado Aguirre, Mario Pérez Guerra, Gladys Chacón Corado y Juan Francisco Flores Juárez; auxiliados por el Secretario General de la CC, Martín Ramón Guzmán Hernández, lo denegaron, violando la ley máxima de nuestra nación, la cual juraron defender.

Lo que tal vez no calcularon los citados magistrados, es que al negarme el Amparo que legal y legítimamente me correspondía, convertían una situación personal en un tema que compete a toda la población. Hoy, la circunstancia me supera. Usted, ¿qué piensa hacer para defender SU derecho a expresarse sin correr el riesgo de ir a la cárcel?

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 30 de agosto de 2010. La imagen la bajé de la Internet.

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7.19.2010

Nada más que la …


¿Verdad? ¿Sólo la verdad? ¿La concordancia de lo que pienso con la realidad, dentro de su contexto no falseado? ¿Puede decir sin equivocarse que ese es el resultado del primer juicio llevado a cabo para esclarecer el asesinato de Rodrigo Rosenberg? ¿Dónde quedan las declaraciones contradictorias de los sicarios? ¿Declaraciones como la de Jesús Manuel Cardona Medina que, durante el juicio, se adaptó a la hipótesis presentada por la CICIG?


¿Es lo mismo validar una hipótesis (que ¿casualmente? exime a quienes actualmente ostentan el poder) que hacer justicia? Tal vez los condenados sí mataron por contrato a Rosenberg, pero ¿queda probado, SIN DUDA RAZONABLE, que él los contrató tal y como lo decidieron los fiscales de la CICIG? ¿Quién presta atención a lo dicho por Lucas Josué Santiago López? “Vengo a pedirles perdón por algo que no hice… el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, porque pruebas no hay, y lastimosamente estos señores a los que beneficiaron me culparon para recibir beneficios”. ¿Por qué darle credibilidad a lo dicho por los beneficiados, los colaboradores eficaces, y no a lo declarado por Santiago López y su compañera? ¿Acaso porque unos testimonios le convienen más a los gobernantes que los otros?


Varios piensan que es irónico que cuestione la forma en la cual se ha llevado a cabo la investigación y el juicio en el caso del asesinato de Rodrigo Rosenberg. Yo, que fui favorecida por las declaraciones de Mario Fuentes Destarac y Eduardo Rosenberg Paiz, que confirmaron lo afirmado en mi artículo “El beso de Espada”, por el cual todavía me encuentro demanda por el Vicepresidente, entre otras cosas, por intento de desestabilización. Una demanda que muchos prefieren ignorar, paradójicamente, dentro de los mismos medios de comunicación a pesar de la violación explicita que esta acción representa a los artículos 5 y 35 de la Constitución. En fin, prefiero vivir en paz con mi conciencia, que ser políticamente correcta, aunque pareciera que voy contra mis propios intereses.


Se equivocan quienes piensan que el juicio terminó. Falta la sentencia que va a dictar la historia. Y para ese juicio que se va a llevar a cabo dentro de varios años, dejo mis dudas sobre este caso emblemático que, considero, aún no somos capaces de medir su impacto. Digan lo que digan los jueces, digan lo que digan los fiscales del MP y la CICIG, digan lo que digan los editoriales de los diarios, este no es un caso cerrado. Se acomoden o no los hermanos Valdés Paiz a la hipótesis de la CICIG, declaren o no culpable de su propio asesinato a Rodrigo Rosenberg, lo declaren o no también culpable del asesinato de los Musa, este será un hecho que, en el fondo, pocos darán por resuelto, a pesar del deseo de la mayoría de olvidarlo.


Escribo para ustedes que me leen muchos años después de que pasó esta etapa histórica de Guatemala. Ustedes que, por ser ajenos a los hechos, espero encuentren la verdad y hagan justicia.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 19 de julio de 2010. La fotografía la tomé desde el avión, el día que regresé de Las Vegas: el domingo 11 de julio de 2010.

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2.22.2010

Levitarán


Y arribarán a las alturas del Paraíso… ¿fiscal? Lo dudo. Tal vez alcanzarán la cumbre del placer sexual. Se quitarán su camisa Pierre Cardin, lucirán su pititanga roja que a duras penas disimula el éxito del Levitra amarillo de 20 miligramos que los hizo sentir de apenas 30 años: lo que prometen los entusiasmados anunciantes que convencen a los necesitados de las bondades de su producto importado. Pagado con el sudor de la frente del tributario abnegado, gracias al cual sudarán por otros lados los extasiados invitados a la fiesta del homenajeado de nuevo levantado. Es evidente que la posible “disonancia que resulta de la inarmónica combinación de los elementos acústicos de la palabra” antes escrita, va en consonancia con la realidad medieval del país primaveral donde acontece la historia narrada.

Cuentan los especialistas en lenguas, que del participativo y desarrollista Plan Trifinio pasaron a otro tipo de threesome necesario por la fortaleza alcanzada en pos de cumplir
con su extrañada función considerada propia del varón. Al menos esperamos los financistas del hecho (aparentemente consumado por la repetición en la compra del bien ya mencionado), que éste no haya sido público: que la actividad haya sido llevada a cabo en privado y no con asistentes. Total, no son indispensables las notas ni la presentación de un informe sobre el desempeño de los nombrados ni detalle de las metas alcanzadas.

“¡Oh irreverentes! Ángeles caídos que os atrevéis a cuestionar al Vicepresidente. ¿Es que no os has dado cuenta del sacrificio del caballero de la blanca cabellera detrás de la entrega a su noble tarea?” Blandió su espada erecta ante la crítica airada de quien se atreve a cuestionar su actuar. “¿Acaso no es importante para todo ser humano, el éxtasis de volar en compañía? ¡Bellacos, insubordinados, arribistas que no atendéis a vuestra posición de abajo, horizontal, de ojos cerrados frente al viril dechado de virtudes hasta por sus asesores cuestionado! Callad y entended. Sólo os queda obedecer”.

Hombres de canas, que se tiran de vez en cuando, y más seguido de lo programado, sus canitas al aire, con el ánimo de atinarle a alguna de las resignadas cortesanas que en el vuelo los acompañan. Sin duda, algo de arte histriónico tendrá la puesta en escena. Bien lo dijo Oliverio Girondo: “No sé; me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!”

La verdad desestabiliza al mentiroso que, de ingenuo, suele tener poco.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de febrero de 2010. La imagen es de la película de Eliseo Subiela “El lado oscuro del corazón” del año 1992. Por cierto, les recomiendo verla al igual que la segunda parte que fue estrenada 9 años después.

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1.26.2010

Dudas razonables: primer capítulo


Uno de los fundamentos del derecho individual al debido proceso, aplicable a todos, es que nadie debe ser condenado a menos de que se haya probado, sin duda razonable, que el acusado es responsable de los delitos o crímenes que se le imputan. A pesar de que me encantaría profundizar en el porqué de este descubrimiento producto de la evolución del Derecho, sé que hoy debo aprovechar el reducido espacio con que cuento para comentar la hipótesis de Carlos Castresana (CC), titular de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), instituida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en lo que respecta al asesinato de Rodrigo Rosenberg (RR).

Como aprendiz de escribidora y escéptica que soy de nacimiento, políticamente incorrecta porque me fascina lo correcto, decidí ir contra corriente y no sentarme complacientemente a disfrutar del espectáculo y decir ”amén, caso cerrado” y aplaudir. Y lo anterior lo afirmo tomando en cuenta que una de las personas beneficiadas con lo expuesto por Castresana soy yo. Me refiero en el caso de las demandas ilegítimas e inconstitucionales que presentó Rafael Espada en mi contra en su calidad de Vicepresidente de Guatemala.

Y ya que en estos tiempos están de moda las tragicomedias de entregas por capítulos, decidí hacer lo mismo con el presente artículo. ¿Cuántos episodios les ofrezco? Aún no lo sé a ciencia cierta. Pero, sin duda, serán por lo menos dos.

Quiero dejar claro que lo hago en mi condición de periodista y ciudadana guatemalteca, inquisidora desde que tengo uso de razón. No pretendo convertirme en la abogada defensora del principal acusado del asesinato de Rosenberg: el mismo Rosenberg. Pobre él porque, aparentemente, ni sus familiares van a asumir ese papel. Tampoco pretendo investigar el crimen: no cuento con los recursos para hacerlo ni con los 4 Fantásticos para que me protejan y resguarden mi integridad física mientras se resuelve el misterio. Sólo cumplo con mi responsabilidad de hacer públicas mis dudas razonables sobre lo presentado por Castresana.

Quiero comenzar con un párrafo que leí en la más reciente novela histórica de mi apreciado y admirado Francisco Pérez de Antón, “El sueño de los justos”, novela a la cual, por asuntos que no vienen hoy al caso, me liga un interés personal. En la página 623 de la primera tirada de la citada obra, editada por Alfaguara en 2008, Néstor, el héroe de la historia, piensa: “Otra cosa era entender que no basta con ser justos a sabiendas de que el mundo alrededor es inicuo. Nada es gratuito en la vida, nada bueno se alcanza sin trabajo ni riesgo. Y si en el mundo prevalecía la injusticia era porque muchos hombres, aún siendo justos, seguían creyendo que la justicia es un bien gratuito que otros deben llevarles a su puerta, en vez de un trabajoso derecho que es preciso salir a buscar aun a costa de la propia vida”.

Sirva lo anterior como introducción a esta serie de emisión semanal.

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 18 de enero de 2010. En la imagen, un collage del célebre personaje de las novelas de Arthur Conan Doyle: Sherlock Colmes.

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9.14.2009

Nada debo


Nada temo. Certísimo aforismo. Ni los exabruptos del Vicepresidente, José Rafael Espada, ni sus demandas en contra mía, ni las amenazas anónimas de cobardes me quitan el sueño. Duermo tranquila y en paz. Pero, más importante, vivo tranquila y en paz, a pesar de vivir en Guatemala. Soy feliz.

Mi estado anímico, casi siempre optimista, y mi estado legal de “indefensión jurídica”, no me impiden ocuparme de la difícil situación que enfrentamos los habitantes de mi país. Situación que se enmarca dentro de una realidad política complicada en el resto del mundo. Claro, con sus matices: no es lo mismo hablar de la crisis en Hong Kong, Estonia o Luxemburgo, que sufrirla en Latinoamérica.

El despertar de los tiranosaurios por estos lares, especímenes de derecha o izquierda (constructos sociales superficiales) que buscan perpetuarse en el ejercicio del poder, también ha hecho despertar ¡al fin! a muchos que han sido arrullados en el último par de décadas por los peligrosamente encantadores cantos, políticamente correctos, de aquellos que se erigieron, falsa y arrogantemente, como los representantes de una inexistente sociedad civil. Una artimaña que silenció por un tiempo la voz de la razón, expresada valientemente por medio de los hombres y las mujeres libres de nuestra nación.

He afirmado en muchas ocasiones que lamentablemente en mi terruño, como en la mayoría de países, lo que priva en los debates intelectuales es la deshonestidad. Pueden más los complejos, los resentimientos y las envidias de algunos, que el ánimo de buscar la Verdad. Y defino, para no crear más confusión conceptual a qué me refiero cuando menciono la palabra Verdad, ese vocablo que algunos quisieran que desapareciera de los diccionarios: entiendo por verdad la concordancia de lo que pienso con la realidad.

La realidad, según la define en su primera acepción el amansaburros por excelencia, el DRAE, es la “existencia real y efectiva de algo”. Por supuesto, me hubiera gustado citar otras fuentes, pero para que no genere sospechas de complot ideológico e intento de desestabilización del Estado… emocional de alguien, me conformo por hoy con la definición presentada. Mantendré en reserva, por el momento, las otras fuentes.

La realidad en Guatemala es cada vez más deprimente. Cada día esperamos que se sumen a las estadísticas un promedio de 17 personas asesinadas. Asesinatos que aumentan el número de crímenes que, probablemente, nunca serán resueltos. Cada día acompaño mi taza de café mañanero, con la lectura de un nuevo escándalo de corrupción gubernamental, que mañana pasará también a ser parte de la lista de interminables abusos de poder que, tal vez, nunca sean castigados. En fin, cada día se fortalece mi convicción de que el único camino a seguir hoy para salir de este caos es ProReforma, ruta que recorro junto con miles que trabajamos para que sea aprobado el cambio radical de nuestro sistema.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de septiembre de 2009. La fotografía la tomó Jorge Jacobs el pasado junio de 2009, el día de la boda de nuestro querido amigo, el reconocido chef Guayo González Arce. Una boda de ensueño en el mar…

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9.07.2009

Caricatura de Jota Ce


Quiero agradecerle a Jota Ce, por esta caricatura que me hizo sonreir ayer. Ilustración que fue publicada en el diario guatemalteco "elPeriódico" el domingo 6 de septiembre de 2009.

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La verdad desestabiliza al mentiroso


¡Tantas cosas sobre las cuales quiero reflexionar hoy, y no sé por dónde empezar! En fin, hay al menos uno de los temas que sé que no debo tocar en esta ocasión: el legal. A pesar de que me encantaría, y estoy segura que deleitaría a mis dilectos lectores, quienes no imaginan hasta dónde puede llegar el abuso de los poderosos a la hora de intentar intimidar a una ciudadana que, en el caso de la presente escribidora, ejerce el periodismo. Por cierto, un intento frustrado. Fallido, como la mayoría de proyectos emprendidos por el presente gobierno.

No trato el asunto de la querella penal que presentó en mi contra ante el Ministerio Público José Rafael Espada, “como funcionario público y en calidad de Vicepresidente de la República”, por sugerencia de mi selecto grupo de abogados que, sin cobrar un centavo, me están apoyando en estos momentos en los que me enfrento contra el poder del Estado representado por el nombrado Espada que cuenta, al menos en apariencia, con el apoyo del Presidente, Álvaro Colom.

En lo que respecta a la parte jurídica, sólo quiero recordarles a Espada, a Colom y a sus respectivos asesores, el segundo párrafo del artículo 35 de la Constitución Política de la República de Guatemala: “No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos.” ¿Acaso no está claro para cualquiera lo expresado en nuestra Carta Magna?

Quiero aprovechar para agradecer a los reconocidos juristas: José Luis González Dubón, Luis Pedro Álvarez, Alejandro Baldizón, Marta Altolaguirre y José Francisco Alonzo, por sus sabios consejos y la manera decidida en la cual trabajan la parte legal de mi defensa. De alguna manera, en algún momento, tendré la oportunidad de corresponder a este acto noble y digno de acompañarme en esta parte de la batalla.

También quiero darles las gracias a los periodistas que, en lo individual, se han pronunciado sobre este caso que atenta contra uno de los derechos más importantes de los humanos: el derecho a la libre emisión del pensamiento. El derecho a la libre expresión, que no sólo es exclusivo del mundo de las palabras.

Por supuesto, si no fuera por el cariño y respaldo de mi familia, mis amigos y una incontable cantidad de personas que aún no conozco, pero siento muy cerca de mí, esos miles de lectores y oyentes, hombres y mujeres libres de mi país, las circunstancias serían menos llevaderas. Gracias a todos. Desde lo más profundo de mi corazón.

Y, como he repetido hasta el cansancio, sostengo hasta la última palabra (incluidos los adjetivos, cuya utilización es justificada), coma y punto que dieron vida a “El beso de Espada”. Por cierto, quisiera conocer cuál es la opinión de Carlos Castresana en lo que respecta a los hechos mencionados en mi artículo citado. ¿Algún aguerrido periodista del área de investigación se anima a preguntarle?

Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de septiembre de 2009. La imágen la bajé de la Internet. No encontré quién es el autor.

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4.05.2009

Gotimala


Era un día caótico, como cualquier otro en Gotimala: una ciudad que tiene mucho de gótica. Comenzando por el oscuro y profundo hoyo negro donde se dilapidan los tributos de la población arriesgada y creadora. ¿Cómo le llaman? ¿Cojesión social? En fin, asesinatos por doquier, quema de buses, robos de todo tipo: desde celulares hasta vehículos, pasando por la virginidad de algunas y algunos: los criminales no discriminan. Obstaculización de vías públicas, marchas de gente exigiendo dinero de otros, tiroteos, secuestros express y a la carta. Linchamientos… Un día demasiado común en la vida de los habitantes de una urbe subhumana. Fiel reflejo de lo que acontece en casi todos los rincones de nuestro complejo terruño.

“El responsable es el Smiley”, gritó a los cuatro vientos el nombrado Salvador, para que lo escucharan todos los habitantes de Gotimala, y la acusación resonara más allá de las fronteras del país de la eterna balacera. Un guasón chapín, cuyo apodo nos recuerda el bilingüismo que impera en muchos ámbitos de nuestro espacio nacional. ¿Será el sobrenombre un resultado más de la mezcla de las remesas? ¿O será simplemente una metáfora del bilingüismo que dificulta la comunicación entre los gobernantes y los gobernados? Ya que espero que cada día sean menos quienes niegan que hablamos idiomas distintos.

Probablemente, la dificultad de entendernos radica en que ellos, los gobernantes, viven una realidad ajena a la suya, a la mía y a la del resto. La realidad de quienes los mantenemos. Ellos viven rodeados de guardaespaldas, viajando sin cesar, libando hasta el cansancio, engrosando sus cuentas monetarias a pesar de la manipulada crisis financiera mundial. Y nosotros, mientras, nos encontramos inmersos en la constante agonía de no saber si este será nuestro último día. Al menos en este mundo: el único del cuál tenemos plena evidencia de su existencia.

“¡Cáspita, Gandaraman! ¡Recorcholis, Sandrúbela! ¿Y ahora, quién podrá defendernos?”, balbucea en secreto un ave que se cree gavilán, pero más recuerda a un indefenso y casi siempre desorientado Robin. El petirrojo centroamericano, que se la pasa cantando en las ramas, de las cuales rara vez baja. El émulo del Chapulín Colorado, que anuncia una tragedia, enfrentada dialécticamente a la comedia de Chespirito. Un payaso que provoca llanto. Y a veces risas: “Es un complot, un plan para desestabilizar mi gobierno”. ¿Cuál gobierno?

Un extraño pájaro que vive en las nubes, junto con su segundo de abordo. El dúo dinámico que a pesar de contar con un arma blanca que aún no ha sido prohibida, Espada, no da pie con bola en lo que respecta a las acciones urgentes para alcanzar la paz en Gotimala. Menos conocen sus obligaciones primordiales: velar porque haya justicia y seguridad: el ansiado respeto a los bienes de todos, comenzando por el más preciado: la vida misma. El esperado respeto a nuestras decisiones libres. Y el olvidado respeto a nuestro intelecto.

Nota: Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 30 de marzo de 2009. La fotografía la tomé el domingo 22 de febrero de 2009, en Antigua Guatemala. Se aprecia, a oscuras, la Ermita de la Santa Cruz.

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5.07.2007

Touché




Después de una inolvidable travesía al otro lado del mundo, regreso a encontrar en mi terruño que el acontecer público diario parece congelado fuera del tiempo: los temas no cambian y mucho menos la forma en que los abordan quienes aspiran a gobernarnos. Peor aún, en algunos momentos, parece que involucionan. Caso cardíaco. Por cierto, de infarto, precisamente, son unas declaraciones del conocido cardiólogo, wanabe vicepresidente, Rafael Espada. Sin duda son prueba irrefutable de que el galeno sabe de de economía, lo que yo sé de cirugía: nada.

En la sección “En la mira” de Siglo Veintiuno del 22 de abril encontré frases de antología atribuidas al compañero de formula de Álvaro Colom. No voy a mencionar la mayoría de éstas, porque me faltaría espacio para comentarlas. Sin embargo, hay unas en especial que considero importante resaltar porque, lamentablemente, la falta de preparación de Espada en el área económica lo hace repetir el error que tantos han cometido antes que él: proponer castigar aún más a la gente productiva del país. ¿Cómo? Con más impuestos. Y no cualquier tributo, sino los más dañinos de todos: impuestos directos progresivos.

“En Guatemala debe haber una reforma fiscal progresiva, que pueda evitar una confrontación de grupos, en la que tanto el empresariado y el Gobierno trabajen”. ¿Acaso no es lo anterior un galimatías? ¿Habrán citado de forma equivocada al candidato? No sé. Usted dirá.

Si Espada se anima a dedicar unas horas a conocer la historia fiscal reciente de nuestro país, descubrirá que gracias a la reforma de 1997, que eliminó y redujo impuestos (diferente a lo que él propone), se logró no sólo atraer inversiones al país, sino, además, aumentó la recaudación en un porcentaje no visto en años por estos lares. Eso sólo para nombrar el ejemplo más cercano. También sería recomendable que estudiara los casos recientes de Estonia y sus vecinos bálticos de la Europa del Este. Y, retrocediendo en el tiempo próximo, le recomiendo investigar también sobre Irlanda y Nueva Zelanda.

Y esta información, y el éxito obtenido con estas medidas, no los encuentra únicamente en los libros de la Marro (algunos de los cuales debería de leer, no sólo citar, para no meter la pata): lo viven los habitantes de los países que han llevado a cabo las reformas fiscales buscando, al menos, lo que se conoce como flat tax. Nunca por medio de la propuesta de Marx (lea el Manifiesto Comunista de 1848) de impuestos progresivos cuyo objetivo es confiscar el capital.


“Lo que no queremos es destruir la iniciativa privada”, declaró Espada. Qué ironía: precisamente eso es lo que se logra con ese tipo de sistema que, casualmente, es el vigente en Guatemala desde hace décadas. Por eso hoy más del 75 por ciento de la economía en nuestro país se lleva a cabo de forma paralela al sistema formal.

En fin, como en un duelo de espadas, no me resta más que decir… touché.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 7 de mayo de 2007.

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