Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

4.14.2008

Una bala perdida


O pudo ser una bala dirigida. Quién sabe. Una bala muy similar a tantas otras que han acabado con la vida de miles de personas en nuestro país. Sin embargo, independientemente de la situación general, los familiares de las víctimas escogidas por el azar, a quien lloran es al ser querido muerto por la inseguridad que campea en Guatemala. Hasta ese instante trágico, entienden a otros que han pasado por una experiencia parecida.

Creo que compartir con ustedes un caso del cual tengo conocimiento, nos puede ayudar a quienes no hemos pasado por semejante perdida, a ser solidarios con aquellos que han sido apartados de un ser querido por antisociales que se consideran ajenos a todo castigo: impunes. Tal vez porque varios de esos antisociales se esconden detrás de la insignia de policías. ¿Otra ironía más? ¿Tendrán fin las contradicciones?

Según sé, el pasado 14 de marzo, viernes de Dolores, una pareja de esposos muy queridos por un importante grupo de nuestra sociedad, se dirigían después de asistir al cine, a recoger a su hijo menor quien se encontraba en una reunión con compañeros del colegio. Pero antes de llegar al que era su destino, a la altura del kilómetro 19 Carretera a El Salvador, una bala mortal acabó con la vida de la mujer que venía en el asiento del copiloto. La madre del joven que disfrutaba de una alegre velada. La esposa del hombre angustiado que corrió a un sanatorio en la zona 15, con la esperanza de salvar a su compañera. La amiga de muchos que hoy la extrañan, la lloran y se preguntan ¿por qué?

Lamentablemente, la tragedia no termina ahí. Unos agentes de la Policía Nacional Civil, quienes al parecer se encontraban sospechosamente cerca, demasiado cerca del lugar donde voló la bala perdida, siguieron al desesperado esposo que intentaba salvar la vida de su amada. Al llegar al hospital, y mientras los enfermeros y doctores que se encontraban de turno auxiliaban a la víctima mortal, afuera los guardianes de nuestra seguridad amedrentaron y amenazaron al atormentado hombre que lo único que deseaba es que nada de todo lo vivido en la última hora fuera cierto. Probablemente rogaba al cielo despertar de esa pesadilla mientras los criminales con licencia para intimidar lo tenían de rodillas en el piso. Pero no despertó: lo vivido era una cruel realidad.

Sobra decir que los policías le robaron todo lo que pudieron, además de advertirle que bajo ninguna circunstancia se atreviera a denunciarlos. ¿Fueron estos mismos canallas quienes dispararon la bala que acabó con las ilusiones de una mujer llena de alegría? No sé… tal vez es cierto que esta es la nueva estrategia de asalto de esos malhechores. Cuídese, apreciable lector, estimada lectora.

Al final, esta triste historia parece ser una metáfora de nuestro mismo gobierno: una bala perdida que apunta a cualquier lado, menos hacia el cumplimiento de sus funciones esenciales: seguridad y justicia.

Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de abril de 2008. La foto la tomé a principios de febrero de 2007, un sábado por la noche, cuando un operativo de las fuerzas de inseguridad, que involucró al menos 10 patrullas (con todo y policías, por supuesto) interrumpió la fiesta de un grupo de estudiantes de una Universidad que celebraban su elección como miembros del Consejo Estudiantil de su facultad.

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1 Comments:

  • Buena tarde Marta Yolanda:
    Que triste ver que nuestros impuestos se van a la basura. Y que lo mas importante que debe hacer el gobierno, ni siquiera eso puede hacer bien... Cuidar de nuestra seguridad. Que porqueria de policias los que tenemos.
    Los escucho ya hace varios meses y les quiero agradecer todo lo que he aprendido.
    Sigan adelante!

    Ingrid

    By Blogger Mariana, at 12:41 p.m.  

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