Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

1.22.2018

El poder del trabajador



Los trabajadores guatemaltecos debemos recobrar nuestro derecho a decidir dónde, cómo, cuándo, cuánto y con quién queremos invertir parte del dinero que nosotros hemos ganado para nuestra jubilación. Y no sólo debemos recobrar el derecho sobre nuestras pensiones, sino también la libertad de decidir con quién contratar nuestro seguro de salud. ¿Por qué somos obligados a hacerlo con el abstracto Estado? Uno de los mayores engaños al trabajador que existen, es la falsa ilusión de que los gobernantes, en nombre de la mencionada abstracción, se van a hacer cargo de nuestra salud y de los ingresos que necesitemos para cuando lleguemos a viejos.

El próximo jueves, Alfonso Abril va a presentar, acompañado de Fritz Thomas, el libro en el cual resume años de investigación sobre cuál es la mejor propuesta para que los trabajadores podamos multiplicar nuestros ahorros para que mañana, cuando deseemos jubilarnos, podamos disfrutar de una vida digna en la cual nuestras necesidades básicas estén cubiertas. Y no sólo investigó sobre el tema de la pensiones, también sobre cuál es la mejor manera de asegurar que, en caso lo necesitemos, podamos enfrentar cualquier inconveniente relacionado con nuestra salud. El título del libro es: “Del monopolio a la libertad: una propuesta para reformar el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social”. Para más detalles sobre la obra, les recomiendo comprar el libro y/o asistir a la presentación.

Repito lo que he expresado en múltiples ocasiones: el trabajador debe ser libre de elegir cómo prever para su vejez, con quién crear su fondo de retiro, bajo qué circunstancias y en cuál contexto desea hacerlo. Al final, es SU dinero: producto de su esfuerzo. Y si fue capaz de ganarlo, es capaz de decidir qué es lo que más le conviene a partir de sus objetivos personales, no la decisión arbitraria de ningún burócrata y menos de los líderes y/o miembros de los grupos de interés que pretenden decidir por el resto. Lamentablemente, y contrario a su obligación primera, son los mismos gobernantes, apoyados por los señalados grupos de presión ideologizados, quienes violan los derechos de los trabajadores y menoscaban su dignidad. Los desprecian considerándolos incapaces de decidir qué es lo que más les conviene.

El monopolio otorgado desde hace 70 años al IGSS, además de que viola la libertad de los trabajadores, obstaculiza el desarrollo integral de todos aquellos que son obligados a mantener el citado elefante blanco, el cual es una de las mejores pruebas del fracaso del Estado Benefactor. Sin embargo, la propuesta de Abril no es ni privatizar ni acabar con el IGSS. Lo que propone es ponerlo a competir y que sean los trabajadores quienes elijan dónde invertir para su vejez y dónde contratar los servicios de salud. Los que  quieran pueden continuar con el ente estatal, y quienes no lo deseen podrán invertir en entidades privadas, según la conveniencia de quien está generando el dinero, y no basado en la decisión arbitraria de un funcionario público. ¿Quién puede oponerse a la libertad del trabajador de decidir sobre su vida y patrimonio?



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de enero de 2018.

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4.07.2014

El origen de la corrupción



El origen de la corrupción es el poder, por eso debe ser limitado. Y ese poder lo adquieren los gobernantes gracias a la venia de los ciudadanos que decidieron otorgárselo más allá del necesario para que cumplan con sus obligaciones primordiales: dar seguridad y velar porque haya justicia. Sí, aquellos que esperan que alguien más les resuelva la vida y les satisfaga las necesidades, que votan por quienes les ofrecen más supuestos beneficios sin importar lo absurdo e incumplible de sus promesas, lo que están haciendo es entregándoles un cheque en blanco a los peores representantes de nuestra sociedad. Porque es a estos, a los peores, a quienes va a atraer el sistema de incentivos perversos que propone el Estado Benefactor/Mercantilista. Populista. Colectivista. Socialista. Y que, lamentablemente, prevalece en gran parte del planeta.

En el largo plazo, los servicios públicos a cargo de los gobernantes en nombre del abstracto Estado, SIEMPRE van a ser ineficientes, malos y carísimos. La educación y la salud incluidas. La educación estatal con el agravante de que en lugar de enseñarles a los niños a pensar por cuenta propia, lo que logra es transformar a la mayoría en futuros siervos: autómatas programados para reverenciar al Estado como dador de todas las cosas. Un sistema que promueve la envidia al hombre creador de riqueza y rechaza el progreso de nuestra especie, presentando como un fin noble la violación de los derechos de unos para satisfacer los intereses de otros.

Por cierto, aquellos que se preocupan por cómo se van a educar los más pobres olvidan (o tal vez ellos mismos lo desconocen) que en los tiempos actuales por medio de la internet y la información a la cual podemos acceder por esta, hemos regresado a los tiempos de los autodidactas geniales, donde quien quiere aprender, quien busca la verdad, quien desea conocer, lo puede hacer mucho mejor por sí mismo, a lo sumo con ayuda de un facilitador, y de una manera considerablemente más económica.

En fin, si ya está harto de enterarse de tanto desmadre de los gobernantes, sus familiares y sus amigos; si ya no soporta más pagar impuestos para no recibir nada más que desprecios, amenazas e insultos; si le indigna enterarse cómo los pícaros fácilmente se libran de ir a la cárcel, tal es el caso reciente de Arnoldo Medrano y Elzer Palencia, que se ríen en la cara de quienes pagamos su buena vida (la de ellos y la de la mayoría de quienes llegan al ejercicio del poder); si la cólera le corroe las entrañas al ver que cada día trabaja más y tiene menos, mientras que los líderes de los grupos de presión pasan su vida viviendo a costillas suyas; si ya no quiere ser más el cochinito de la fiesta que alimenta a los parásitos que parecen multiplicarse… deje de esperar que el Estado se haga cargo de sus necesidades y deje de pedir cosas a los gobernantes. Únase al grupo que trabajamos para limitar el poder del cual hoy gozan los más viles personajes de nuestro país.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 7 de abril de 2014.

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12.02.2013

La salud estatal mata



En mi artículo anterior escribí: “Todas las demás tareas que asigna el Estado Benefactor/Mercantilista a los gobernantes son solo una fuente de corrupción, y sobra la evidencia en el pasado y en el presente que confirma esta aseveración… en casi todos los casos, la educación en manos de los gobernantes termina siendo pura programación de los niños y jóvenes de hoy en futuros siervos no deliberantes… en lugar de ciudadanos pensantes. La salud a cargo del abstracto Estado no es más que un ruin y falso consuelo para los pobres y, en muchas ocasiones, más que sanar al enfermo acelera su muerte”. Lo anterior motivó un emotivo correo que me envió un lector que se identifica como un médico que trabaja en el sector estatal de salud.

Omito de su comentario los ataques ad hóminem y demás falacias, solo transcribo lo que considero el origen de su equivocación, y la de muchos, debido a un análisis ceteris paribus y fuera de contexto del porqué de la situación que describe: “Existe gente (por si no lo sabía) en nuestro país que sobrevive con menos de Q1.500 mensuales de ingreso FAMILIAR. Desde esa perspectiva,  dígame usted cómo podría esta familia suplir sus gastos de Salud y Educación con tan magro ingreso???... En fin, personas ‘acomodadas’ como usted y yo, posiblemente podríamos hacerle frente a esos rubros con nuestros propios ingresos, pero no el 80% de la población” (sic).

Para cualquiera que entiende mis escritos o escucha mis programas es obvio que conozco la miseria en la cual viven muchos. Sin embargo, mi principal preocupación (más que tratar de ayudarlos a sobrevivir con sus ingresos actuales) es promover medidas que permitan que sus ingresos y su poder adquisitivo, y los de todos, aumenten. El problema no es cuánto ganan hoy, sino por qué no ganan lo suficiente para que ellos mismos puedan elegir el tipo de educación, salud, vivienda… que deseen y no la que les imponen los gobernantes apoyados por personas compasivas, pero emocionalmente manipuladas.

Todo aquello que ofrecen los políticos con el objetivo de adquirir poder más allá del necesario para cumplir con sus funciones propias (seguridad y justicia) son una especie de placebo para aliviar momentáneamente el falso sentimiento de culpa de algunos que se consideran privilegiados (aunque no lo sean) o acomodados, como dice mi lector. Son solo promesas incumplibles para conseguir el voto de quienes desean satisfacer sus necesidades con el mínimo esfuerzo o quisieran que otros los mantuvieran. Lo triste de esta historia real es que al final los únicos que se benefician del oportunismo de unos y la ingenuidad de otros, son los gobernantes, sus familiares y sus asociados en los negocios del Estado.

Lo que necesitamos para prosperar todos, además de aclararnos las ideas, es que se retiren del camino los obstáculos que impiden producir y crear riqueza, la única forma de acabar con la pobreza. De lo contrario, los bienintencionados seguirán pavimentado el camino al infierno de los más necesitados.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 2 de diciembre de 2013.

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