Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

3.31.2014

Muerte sin debido proceso



Le llaman linchamiento y ocurre casi todos los días en algún lugar de mi país. Es la máxima pena que un tribunal puede imponer a un antisocial. Y en el caso de la apodada justicia popular es el único castigo posible, sin importar que el acusado sea inocente o culpable y sin importar el delito o crimen que haya cometido. Es una muestra más del fracaso del Estado Benefactor/Mercantilista que impera en Guatemala y en gran parte del mundo.

Así es, un fracaso más del sistema intervencionista/estatista mencionado, que se basa en otorgar privilegios a los grupos de presión que se multiplican gracias a los incentivos perversos propios de una idea fundamentada en supuestas buenas intenciones según la cual unos se deben sacrificar por otros, olvidando que todo ser humano es un fin en sí mismo. Al final, aquellos que viven miserablemente seguirán viviendo de tal manera mientras prevalezcan estas reglas, y quienes pudieron invertir para crear fuentes de trabajo productivo terminan en bancarrota (de tanto ser expoliados por quienes detentan el poder) o deciden emigrar con todo y su capital, ya sean ideas o dinero.

Por supuesto que en este sistema suma cero, hay quienes ganan a costa de aquellos que pierden lo que es suyo. Un sistema que les facilita a los parásitos quedarse con gran parte de nuestros impuestos, por lo que van a promover cualquier agenda que convenga a sus intereses sin que les preocupen las consecuencias a largo plazo de las medidas que proponen y mucho menos les importa violar los derechos de otros con tal de alcanzar sus objetivos individuales.

Escribo lo anterior para explicar el porqué los gobernantes terminan relegando al último lugar de sus prioridades, independientemente del discurso politiquero, sus funciones primordiales y las únicas que justifican la existencia de un gobierno: proporcionar seguridad y justicia a TODOS los miembros de la sociedad. Como a quienes aspiran a ocupar un cargo público y a quienes ya lo ocupan (con muy pocas excepciones) creen que les conviene más ofrecer una vida regalada a la mayoría porque de esa manera acumulan más poder, deciden concentrarse en la supuesta agenda social antes que en cumplir con sus obligaciones legítimas.

Luego, mucha gente ante al aumento de la delincuencia y la criminalidad, gente en algunos casos desesperada, gente que en otras ocasiones lo toma como una medida de escape a sus frustraciones personales, al grito de cualquiera de “allá va el ladrón” corre a buscar un galón de gasolina junto con unos fósforos para quemar al desgraciado, sin importarle que la acusación sea falsa o verdadera.

La razón de ser del debido proceso es para que, en la búsqueda de justicia, no se cometa una injusticia condenando a un inocente. Por eso la carga de la prueba está en aquel que acusa, no en quien es acusado. Por eso necesitamos con urgencia reformar nuestro sistema judicial para acabar con las arbitrariedades y la corrupción. Para que cada quien reciba lo que le corresponde.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 31 de marzo de 2014. La imagen es del diario mexicano "Impacto".

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