Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

1.14.2009

En tanto que...


Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 3 de noviembre de 2008. La fotografía la tomé el 25 de diciembre de 2008, mientras leía la más reciente novela de Francisco Pérez de Antón: "El sueño de los justos".



La revista Gallo de Federico García Lorca (con apenas dos números publicados) es reproducida de nuevo, el mecanismo de Antikithira (aparato más antiguo para observaciones astronómicas) nos descubre el avance científico que existía dos siglos antes de Jesucristo, y Microsoft y una compañía de telecomunicaciones lanzaron Voype, para competir con Skype; en España, Luis Collado, ejecutivo de Google, pronosticó que en unos años toda la música producida cabrá en un dispositivo del tamaño de la palma de la mano, y poco después, toda la producción audiovisual. A pesar de la crisis, la tecnología avanza para beneficio de todos, ¿por qué? ¿Gracias a quiénes? ¿Qué los motiva? En fin, una Revolución de la cual somos parte que, en el largo plazo, va a ser mucho más importante que la crisis que actualmente vivimos.

Mientras los políticos europeos están preocupados por la indiscreción de algunos miembros de las redes sociales virtuales, y están pensando cómo regularlas, me pregunto, ¿acaso la gente no divulga, libremente, lo que desea en estos espacios? ¿Por qué se quieren inmiscuir los gobernantes? De nuevo, confirmo lo que tantas veces he escrito y dicho: la principal víctima del Estado Benefactor, es la responsabilidad individual. No existen los abandonados por el sistema, sólo los contaminados por los incentivos perversos propios del Welfare State.

¿Por qué hay quienes se extrañan de que los empleados de las empresas financieras quebradas hayan ignorando las señales de que algo estaba pudriéndose en SU mercado? Contaban con que papá gobierno saldría a rescatarlos. Como así lo hizo.

El año pasado, en el que viajé a Los Ángeles con Jorge Jacobs, aprovechamos para visitar el Page Museum. Recuerdo de esa visita dos cosas en especial: primero, que el científico que nos guió en el tour explicó que a la fecha han habido por lo menos 17 ciclos climáticos en el mundo, y que sólo en tres de estos hubo presencia humana. Y, segundo, la mención de que los dinosaurios no desaparecieron, sino evolucionaron convirtiéndose en aves. Hoy, hay más pruebas que confirman ambas teorías.

Un grupo de científicos logró borrar la memoria de unos ratones genéticamente modificados. ¿Será éste el preámbulo para un eternal sunshine of the spotless mind? ¿Podremos elegir qué recuerdos conservar? ¿Vale la pena borrar el dolor que nos ha hecho evolucionar?

Y mientras, ¿qué sucede en Guatemala, donde lo inimaginable suele ser parte de nuestra vida cotidiana? ¿Lar donde el aumento de la criminalidad es parte de nuestra existencia, y las mentiras descaradas de los políticos y los gobernantes inundan los medios de comunicación? Pues, además de que llueven avionetas (no quetzales) sobre Tecún Umán, ya llegaron el frío propio de fin de año, los vientos que se llevan parte de nuestras inquietudes, y, a mi parecer, uno de los fenómenos más bellos de nuestro terruño: un cielo celeste, de puro blues: luminoso e inspirador.

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1.08.2009

Confundidos en el espacio, chapter 1


Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 6 de octubre de 2008.


En río revuelto ganancia de pescadores. ¿O de consultores? Asimismo podría decirse: “En río revuelto confusión de perdedores”. Cuanta razón tiene el aforismo anglosajón que enuncia el deseo de aquellos a los que les disgusta la realidad: “Don’t confuse me with the facts. I’ve already made up my mind”. Sin embargo, yo espero que la mayoría de ustedes, respetables lectores, sean parte del grupo de personas que buscan la verdad: la coherencia de lo que piensan con la realidad objetiva (los hechos evidentes) de la cual nosotros también somos parte.

Por eso hoy, entre el maremágnum de tonterías que se han dicho y escrito en lo que respecta a la actual crisis, quiero compartir con ustedes algunos hechos irrefutables y verificables que nos permitan entender por qué estamos viviendo en un momento de mayor incertidumbre. Aunque, todavía, prefiero referirme a esta etapa de la historia como un “turmoil”, según lo recomendado por Christopher Lingle. No obstante, soy consciente que sí los políticos continúan pretendiendo apagar el incendio con gasolina, o atacando la enfermedad con el virus que la provocó, aumentan las posibilidades de que todos, vivamos o no en los USA, paguemos las consecuencias de los errores de otros. “Reality bites”.

Hasta el año de 1913, fecha en la cual se funda el banco central estadounidense (“Federal Reserve System” o FED), los habitantes de los “United States of America”, lograron crear una enorme cantidad de riqueza que les permitió mejorar su calidad de vida en un tiempo record. Esta extraordinaria creación de riqueza también les permitió acumular el capital suficiente para soportar, hasta la fecha, la creciente intervención de los gobernantes en sus vidas, y enfrentar los progresivos errores que los políticos cometen al pretender decidir por todos. Hasta 1913, los gringos vivieron muy cerca del ideal conocido como Estado de Derecho: “the rule of law”. A partir del año mencionado, las cosas comenzaron a cambiar…

Es en el siglo pasado cuando empiezan a experimentar, entre otras cosas, los mentados ciclos monetarios, provocados por las decisiones erradas de sus paternales burócratas. La estocada final al patrón oro que da Richard Nixon a principios de la década de los 70, y la siguiente aprobación en 1977 por parte del Congreso número 95 y del Presidente Jimmy Carter a la populista legislación del “Community Reinvestment Act”, van a ser los orígenes de los desequilibrios financieros de finales de los 80, los 90 y, por supuesto, de la actual crisis, la cual se agrava con las decisiones erradas al respecto de George H. W. Bush (1989), Bill Clinton (1995) y George W. Bush (2005). Por supuesto, hay que agregar a la lista de irresponsables a los presidentes de la FED, Alan Greenspan (libertario nada más del diente al labio) y Ben Bernanke.
¿Acabó la trama? No. Espere el próximo lunes el segundo capítulo, por el mismo diario y en la misma sección.

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2.19.2007

Candidotes


Que si Rigoberta. Que si Colom. Que si el general. Pero no se confunda, me refiero a Otto Pérez. O tal vez Suger, aunque, como al novio de Nadia Comaneci, dicen, nadie lo conochi. ¿O será la solución Alejandro el Magno Giammattei, conquistador de las penales cuyo imperio tambalea?

¡Oh Dios! O quien sea: Buda, Alá o Jehová. A lo mejor, como la moda actual es resucitar a deidades ancestrales (no divas de las elecciones políticas chapinas, sino divinidades antiguas) podrían los que quieran invocar a Zeus, a Amón-Ra o a Itzammá para que los ilumine a la hora de elegir a quién podrá defendernos, como exclamarían los seguidores del Chapulín Colorado.

Todavía no se descarta el elegido. No por nosotros, sino por un ente superior inexplicable para nuestra limitada mente humana, ente que podría ser cualquiera de los todopoderosos ya citados. El hombre marcado, que no necesita ser iluminado para decidir por quién votar porque él es el designado. Aquel que aceptó su misión de cambiar a Guatemala: esa nación (abstracción manipuladora) llena de malagradecidos que no comprenden el sacrificio que implica dirigir las vidas de un montón de gente ingobernable. “Ay, si ese es mi destino lo acepto: me sentaré en la silla de los cuarenta mil millones de quetzales, egresos presupuestados de la susodicha nación: suma que crece año con año. Ocuparé el Palacio, aunque sólo sea para eventos planificados (sic) y recepción de invitados, locales y extranjeros”. Pensará el ungido.

Yo, como si fuera un bicho extraño, he enfadado a más de un ser querido, no digamos desconocidos, que se acercan a mí creyendo que conozco la respuesta a la pregunta que se hacen tantos, ¿por quién votar? Y yo, que les respondo: da igual. Sí, da igual. Tal vez unos roben, abusen y engañen menos que otros (espero que no olviden que cada salvador lleva su rosca que termina convirtiéndose en corona de espinas, pero no del gobernante sino del resto de los habitantes del país). Pero al final todos intentarán hacer funcionar al que es, precisamente, el origen de nuestros problemas: el sistema político imperante desde hace más de seis décadas.

Intento, en muchos casos infructuosamente, convencer a mis interlocutores de que más importante que por quién votar para presidente es para qué votar. ¿Vamos a votar para cambiar el modelito benefactor? Entonces, la elección clave que enfrentamos es la del Legislativo. ¿Quiénes van a ser los próximos diputados? ¿Cuál es su propuesta, y qué ideas las sustentan? ¿Más intervencionismo de los gobernantes en nuestra esfera privada, que incluye más intromisión en nuestros bolsillos? ¿O más libertad para nosotros, los gobernados?

En fin, si hacemos preguntas mal planteadas, poco importan las respuestas a los cuestionamientos que nos hacemos en la esfera pública de nuestras vidas. Las cosas permanecerán casi sin variar: seguiremos siendo cándidos, candidotes, eligiendo a candidatos a reyezuelos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 19 de febrero de 2007.

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2.05.2007

Estafa en tierra


No tiene que invertir off shore para ser estafado. A diario somos engañados en nuestra inefable tierra guatemalteca. Dicen, por cierto, que esa tierra es ¿nuestra? gracias al Estado: esa ficción, como la llamó Frédéric Bastiat, “mediante la cual tratamos de vivir a expensas de los demás”. Un fraude más que en la práctica sólo es el feudo de los gobernantes y sus amigos que, siguiendo el modelo del rey de España, mantuvieron la restricción colonial de que el subsuelo es propiedad de la ficción mencionada. Quienes utilizan y quienes creen en ese explotado discurso olvidan qué, como dijo Luis XIV de Francia, “el Estado soy yo”. Yo, el rey, el gobernante de turno.

O tal vez no lo olvidan: al menos aquellos que manipulan los anhelos de otros por medio de la ilusión del Estado protector. Sólo apuestan a que el pueblo se compone de gente fácil de burlar. Total, si tantos se han tragado la fantasía bien intencionada del intervencionismo benefactor, ¿por qué no van a creer, por ejemplo, que el subsuelo y los recursos que en éste se encuentran son de ellos?

Leonard Read, fundador de la Fundación para la Educación Económica (FEE) dijo: “Los worrycrats (burócratas preocupados), son una raza especial de burócratas totalitarios que se reproducen a medida que la sociedad es socializada. Se preocupan por nuestra salud, educación, bienestar, seguridad, ingerencia de drogas, dieta… y, sobre todo, se interesan en nuestras propiedades. Hoy, los worrycrats han superado a la mayoría de los profesionales de otras disciplinas. Cuán rápido han proliferado”. ¿Por qué abundan y qué permite su multiplicación?

¿Será porque los adultos infantes creen que el Estado va a protegerlos? ¿De quién los protege? ¿Los protege de sí mismos y las consecuencias de sus decisiones? Dicen, quienes imploran por papá gobierno, que se sienten indefensos, decepcionados, defraudados. ¿De qué? ¿De ese sistema paternalista fracasado al que claman que los rescate? ¿Acaso ese sistema no está administrado por individuos falibles, iniciados en las artes maquiavélicas? ¿Ese sistema que les permite embaucar impunemente a muchos? ¿No son acusados de avorazados, ambiciosos e ineptos, entre otras cosas, quienes manejan ese régimen, cuando se presentan como lo que son: simples políticos? ¿Qué los transforma en defensores de los desvalidos cuando actúan en nombre del Estado? Sólo el autoengaño de quienes se dejan estafar.

En fin, da igual el apellido del pater familia: puede ser Bush, Berger o Chávez. Los pueden apoyar la Reserva Federal, la Superintendencia de Bancos o la Asamblea Nacional. Aunque en unos casos la acción de esos progenitores públicos va a ser menos dañina. En los sistemas que limitan a esos padres patrios, se causa menos daño a sus entenados: los ciudadanos. ¿Cuándo vamos a madurar y asumir nuestras responsabilidades? Probablemente cuando despidamos a la niñera estatal especializada en mayores de edad.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 5 de febrero de 2007.

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