Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

6.04.2018

Jimmy, el globito




Jimmy Morales, además de ser el Presidente del Ejecutivo, es el globito predilecto para captar la atención de los ciudadanos distraídos. Literalmente, sin ánimo de ofender pero usando la metáfora correcta, es el payaso preferido del circo. La ironía del asunto es que los asistentes a la función son incapaces de darse cuenta que los engañados en el espectáculo son ellos mismos y que, en el largo plazo, los más dañados también serán ellos. Total, el payaso, independientemente de quién sea o de que sea aplaudido o abucheado, tarde o temprano será reemplazado y podrá retirarse a vivir del pago que recibió por su actuación, sin importar, dentro del contexto actual, si esa actuación fue buena o mala. Y, como dice el refrán, “el que ríe el último, ríe mejor”.

En lugar de estar perdiendo el sueño por cada suspiro que da Morales y su corte de ineptos, al menos en su mayoría, debemos enfocarnos primero, en identificar claramente el origen común de nuestras tragedias políticas. Esta identificación debemos hacerla de forma objetiva y basada en los hechos comprobables, no en falsas expectativas, sesgos o excusas para justificar nuestra amargura o frustración. No se diga la envidia que, irónicamente para quienes los carcome, es a quienes más daño hace.

Segundo, debemos honestamente discutir las posibles soluciones al problema y decantarnos por apoyar aquellas que la evidencia a lo largo del tiempo muestre que son las idóneas para que podamos vivir en una Guatemala diferente. Al menos, en el caso de quienes visualizamos una Guatemala donde podamos cooperar, intercambiar y convivir en paz, respetándonos los unos a los otros y cada quien persiguiendo sus anhelos propios en pos de su felicidad, no la de los demás.

Es imprescindible para que la mayoría deje de falsear la realidad, que reconozcamos que nos estamos jugando las condiciones en las cuales vivimos en nuestro país. Que si estas condiciones no cambian para bien, muchos más de nuestros compatriotas van a morir en búsqueda de mejorar su calidad de vida en EE.UU. Porque sí, es a EE.UU. donde van a emigrar en búsqueda de esa mejora, no a Nicaragua, a Venezuela o a Cuba.

Y lo más lamentable de esta historia es que los principales culpables de la muerte de nuestros compatriotas no serán los coyotes, los narcotraficantes y los patrulleros en las fronteras. Los principales culpables son aquellos que les da pereza hacer el esfuerzo mental por aclararse las ideas. Por supuesto, aquellos que saben que están equivocados pero prefieren la miseria para todos por igual, antes que el progreso diferenciado, merecen un apartado especial en los círculos del infierno de Dante.

La última línea de defensa en apoyo del progreso somos nosotros mismos. Si queremos ser libres y prósperos, debemos librarnos de un aparato estatal asfixiante que amenaza nuestros derechos, malgasta nuestros recursos, destruye el valor de nuestro dinero y nos impide crear riqueza. Reconocer la obviedad de que el común denominador de la inseguridad, de la corrupción, de la injusticia es el poder. Y una vez este no sea limitado, nos toparemos en todos lados con una interminable propaganda sobre lo indispensable que es y cuán perdidos estaríamos sin el Divino Estado. Y no habrá fuerza que pueda detener a quienes quieren llegar al ejercicio del poder para vivir a costa de los sufridos tributarios. Eso sí, bien entretenidos y burlados con los globitos políticos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “El Siglo”, el lunes 4 de junio de 2018.

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3.11.2013

Hugo "Honey Boo Boo" Chávez




Tanto la adoración por el fallecido dictador venezolano como por la niña Alana Thompson, son un reflejo de lo expuesto en “Pensar rápido, pensar despacio”, del ganador del Premio Nobel en Economía 2002, Daniel Kahneman: “…el cambio frecuente de tareas y el trabajo mental apresurado no son intrínsecamente placenteros, y las personas los evitan en lo posible. Esto es lo que hace que la ley del mínimo esfuerzo sea una verdadera ley…mantener una línea coherente de pensamiento requiere disciplina”.

Por eso, es fácil manipular a la mayoría. Como bien escribió Juvenal en la “Sátira X” (77–81): “…Hace ya mucho tiempo, de cuando no vendíamos nuestro voto a ningún hombre, hemos abandonado nuestros deberes; la gente que alguna vez llevó a cabo comando militar, alta oficina civil, legiones - todo, ahora se limita a sí misma y ansiosamente espera por sólo dos cosas: pan y circo”. La diferencia es que a "Honey Boo Boo” la pueden dejar de ver los televidentes cuando quieran y no causa ningún daño aparente a quienes optan por no verla. Mientras que en el caso de Hugo Chávez, salieron afectados casi por igual la mayoría que lo mantuvo en el poder, como aquellos que lo combatieron.

El hombre masa, lamentablemente, es intelectualmente perezoso: le molesta cuestionarse, buscar las premisas sobre las cuales emite juicios y verificar en la realidad la veracidad de las mismas. Odia reconocer que se equivoca. Prefiere que otros le digan qué pensar, más aún si ese pensamiento incluye culpar a los demás de sus desgracias. Son irresponsables, no aceptan las consecuencias de sus acciones como lo que son: el resultado de sus decisiones.

Lo anterior es aplicable a cualquiera, sin importar su origen o grupo social con el que se identifique. En “La rebelión de las masas”, José Ortega y Gasset explicó en el pie de página número 42: “Abandonada a su propia inclinación, la masa, sea la que sea, plebeya o aristocrática, tiende siempre, por afán de vivir, a destruir las causas de su vida”. Con pequeñas diferencias, la retórica populista es utilizada por oportunistas tanto de izquierda como de derecha: ambos conceptos intelectualmente vacíos. Ambos proponen el estatismo y el intervencionismo. Ambos pensamientos se apoyan en el mercantilismo para mantenerse en el ejercicio del poder y enriquecer a sus dirigentes, familiares y amigos. Ambos terminan destruyendo al creador de riqueza: matan a la gallina de los huevos de oro.

“…porque el que parte nunca reparte parte del pastel / si la cosa va mal a callar / porque el que parte nunca reparte parte del pastel / que los padres de la patria nos darán / más circo y más pan”, recita el estribillo de la canción del dúo español “Amistades Peligrosas”, titulada: “Más circo y más pan”. Y, mientras muchos en la prensa están a las órdenes de los poderosos y lo políticamente correcto, aquellos que no nos dejamos engañar, tampoco nos vamos a callar. Vamos a denunciar el engaño del circo y del pan.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 11 de marzo de 2013.

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