Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

1.05.2009

El "Venao llamao Soruyo"


Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 8 de septiembre de 2008.


Son rumores, son rumores… no puede ser de otra manera: es gavilán, no venao. ¿O al revés?

El pasado jueves 4 de septiembre, apenas al inicio del mes en el cual los guatemaltecos celebramos la independencia ¿o cambio de dependencia?, en la capital corrió el rumor de que le habían dado un golpe de Estado a Álvaro Colom. ¡Qué cosa!, si fue el mismísimo Presidente quien dio el golpe a su otrora gran amigo, financista y ángel guardián: Carlos Quintanilla. Este último y el resto de sus querubines, incluido Gustavo Solano de la Secretaría de Análisis Estratégico (SAE), fueron puestos de patitas en la calle por el mandatario. Ni Kate Jackson, Farrah Fawcett y Jaclyn Smith juntas pudieron defender a Charlie. Ni Drew Barrymore, ni Cameron Díaz, ni Lucy Liu.

Dicen quienes se toparon ese día por la mañana con el anterior prefecto pretoriano de la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS), que al preguntarle sobre su próxima destitución respondía: “Son las Torres, son las Torres”. Perdón, quise decir “son rumores, son rumores”. Sin embargo, se equivocó Carlitos Brown. Snoopy le jugó la vuelta. Lo cambió por Ricardo “Woodstock” Marroquín, fundador de la mencionada Guardia Imperial, cuyo color preferido, según los rumores, no es ni el rosado ni el amarillo. Él se queda con el rojo.

¿Cuál habrá sido la verdadera razón que llevó a Colom a tomar semejante decisión? ¿Será cierta la versión de que lo hizo ante la incapacidad de Quintanilla de descubrir los micrófonos y cámaras escondidas que registraban el diario quehacer de la familia Real actual? ¿O la realidad es que quien los espiaba era el mero comandante a cargo de la seguridad de la cabeza del Ejecutivo? Sin duda, este cuento me hace recordar el primer círculo del Infierno de Dante, del cual no se libran los jefes de ningún Estado, aunque cuenten con la asesoría de Virgilio. Un guía que seguro estaría muy bien pagado por medio del reglón 0-29 del Presupuesto General de los gobernantes, no de la Nación. Y, por cierto, esta comedia de divina no tiene nada.

Seguro que después de este incidente, el ave Presidente no haya la hora de emprender su próximo vuelo. A Puerto Rico o Nueva York, da igual. Y poco le importa, y menos lo mortifica, que en las esquinas, los laterales y el centro de la tierra de los poco vistos quetzales (sobre todo por los tributarios: apenas entran en sus bolsillos, más rápido que una bala, pasan a engrosar las arcas públicas) se repita que en su casa lleva faldas y la gavilana pantalones.


¿Cómo irá a concluir este capitulo de nuestra historia patria? En fin, por algún motivo que ignoro hasta el momento, aquellos que más saben por viejos que por diablos, advierten: “dime con quién andas, y te diré quién eres”. A ver si al final de esta falsa, vulgar y abigarrada epopeya contemporánea, que narra la lucha por el ejercicio del poder en Guatemala, no termina Colom como el protagonista de la canción: “Oye Soruyo, Quintanilla es el único tuyo”.

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