Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

1.07.2009

Crucificados


Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de septiembre de 2008. La imagen la tomé el 14 de junio de 2008 en Amatitlán.


Dios reencarnado en más impuestos para los habitantes de Guatemala. Todopoderoso aumento tributario, hacedor de sueños, benefactor de los pobres. Sí, los miserables miembros del partido oficial, diputados comprados de otros partidos, gorrones de la burocracia estatal, buscadores de privilegios, líderes de grupos de presión… ¿Cuánto desean? Hagan cola, muestren su carné de afiliación a la UNE, su partida de nacimiento para comprobar su filiación con la familia presidencial, el recibo que prueba su contribución al partido… O cualquier otra documentación, promesa de voto futuro o adhesión a la prematura campaña política de doña Sandrita.

Proclama la propaganda de los administradores del Estado, pagada con nuestros dineros, lo siguiente: “Muchos de los actos de corrupción y de evasión que nos tienen indignados, podrían evitarse con un plan de modernización fiscal. Por eso, el plan de modernización fiscal 2009–2011, es una reforma fiscal gradual que mejora los controles, fortalece la transparencia, estimula el empleo, combate la evasión y ataca la corrupción. El plan de modernización fiscal genera, protege y orienta los recursos para resolver las grandes necesidades en salud, educación, nutrición y seguridad. Gobierno de Álvaro Colom”. Menos mal reconoce al padre creador de la criatura.

Álvaro Colom, que estás en el cielo presidencial.
Sandrificadas sean tus Torres.
Venga a nosotros tu paquetazo fiscal.
Hágase tu voluntad en el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
Danos hoy nuestro pan de cada día: mira que tengo la mano extendida.
Perdona nuestras impertinencias de ciudadanos engañados,
Como también nosotros perdonamos
A quienes nos invitan a pensar y dejar de ser súbditos.
No nos dejes caer en la tentación de cuestionar tu acción gubernamental.
Y líbranos de la libertad individual.
Amén.

¿Cómo no se les había ocurrido antes a los gobernantes que la llave al paraíso era castigar, con más impuestos, a los cada vez más escasos tributarios? Al fin, sin sacrificios, dicen, no se entra al cielo. Unos nos sacrificamos trabajando como mártires para crear riqueza, que luego será disfrutada por los sacrificados políticos y burócratas en el ejercicio del poder. Así, quitan de nuestros bolsillos la ocasión de pecar. Ellos, sus familiares, amigos, financistas, compañeros de oficio… correrán los riesgos que implica tener más recursos para satisfacer sus necesidades. Todo sea por asegurarle a los paisanos y a los arriesgados extranjeros que han echado raíces en la tierra de las modernas ¿o eternas? reformas tributarias, su espacio placentero en la otra vida.
Si la omnipotente propuesta de más impuestos resuelve la existencia de la gente común y corriente, manipulable y comprable con espejitos, gente muy por debajo de la capacidad inventiva de los sabios iluminados autores de semejante portento, ¿por qué no eliminamos el resto de cargas fiscales y nos quedamos sólo con la reforma de la esperanza?

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