Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

12.11.2007

Límites




Los más recientes escándalos políticos son sólo una muestra más de lo perjudicial que es para los habitantes de un país, los poderes casi ilimitados que otorga el Estado benefactor/mercantilista a quienes llegan a administrarlo. Aunque aún haya gente que quiera tapar el sol con un dedo, la naturaleza humana sale a relucir en todas las acciones de todos los hombres. Esa naturaleza que no es mala ni buena. Simplemente es. Una naturaleza característica de un ser teleológico: un ser con fines propios. Sin embargo, aceptar los límites de los hombres, incapaces de cambiar su propia naturaleza y la de todo el género humano, ha llevado a muchos a creer utopías aparentemente bien intencionadas, que lo único que han logrado es acabar con cientos de millones de vidas.

Pero, lo que más llama mi atención es que, a pesar del fracaso de la intervención de unos en la existencia de otros, haya quienes todavía creen que lo que se necesita es una especie de término medio. ¿Para qué? ¿Para medio amolarle la vida a la gente? ¿Nomás un poquito? ¿Sólo tantito? ¿Así no se quedan sin chance los políticos, burócratas, consultores, asesores… que no conocen una manera productiva de ganarse el pan de cada día? ¿Así no se acaban los privilegios de los grupos de presión y sus respectivos jefezazos que han hecho de su carrera lobista (en algunos casos terrorista) un muy buen vivir a costillas del sacrificio de los demás? Por cierto, por lobista me refiero a aquellos que se la pasan negociando leyes para beneficiar a los sectores que dicen representar. Beneficios cuya factura pagan otros. Otros que se deben tragar el cuento de que se otorga la protección o prebenda en aras del manoseado bien común.

Lo más curioso de todo es que las gentes que abogan por una tercera vía, prefieren ignorar el hecho de que eso es lo que priva en la mayoría de países que se declaran republicanos en los legajos constitucionales, pero cotidianamente se identifican con la mal entendida democracia. Yo, me decanto por un verdadera República, enmarcada dentro de un Estado de Derecho. Ese conjunto de normas que brilla por su ausencia en naciones como la nuestra.

El primer paso a dar para cambiar la situación actual en beneficio de todos, no sólo de unos cuantos, es limitar al mínimo necesario el poder que gozan los gobernantes. Es esta la condición vital para acercarnos a una sociedad en la cual reinen la paz y el respeto. Ese espacio en el cual prevalezcan, por encima de los intereses privados de una minoría, los derechos a la propiedad, la vida y la libertad de todos sus miembros.

Tengamos presente que “en arcas abiertas, hasta el justo peca”. Veamos lo que ha pasado en algunas asociaciones que hasta la fecha han hecho un trabajo solidario con aportes privados: ante la posibilidad de recibir una tajada del presupuesto, permiten que las usen de tapadera en la “Piñatización General de la Nación del año 2008”. Límites. Urgen los límites.



Artículo publicado el lunes 10 de diciembre de 2007, en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”.

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