Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

7.01.2006

Punto final

Grabada en junio de 2004 y exhibida a partir de mayo 2005, “Match Point” de Woody Allen, guionista y director, es mi elección del verano 2006. ¿Qué puedo decir del neurótico saxofonista, judío agnóstico, que apuesta a ser creador del séptimo arte, que no haya sido dicho antes por sendas plumas? Poco. Total, yo sólo sé que, a pesar de sus fallos humanos, es un tipo genial.

Sin confirmar que sea un punto final con la ciudad de sus amores, Nueva York, Allen deja su casa de cristal en la gran manzana e inicia una ¿trilogía? de Londres, algunos pasos más cerca de la vieja York. Una trilogía de la cual, al menos, ya cuenta con dos filmes: “Match Point” y “Scoop”, este último una primicia a estrenarse por estas fechas. “Match Point” presenta un misterio a resolver, sin embargo, no incluye un detective Quinn que se haga pasar por Paul Auster. Lástima.

No obstante lo anterior, este punto definitivo que, como creen muchos, marca el fin de varias películas fuera del foco “aleniano”, halla su referencia literaria en la Rusia zarista de finales del siglo diecinueve, en el complejo Fedor Dostoyevski y su crimen: identificar el sentimiento de culpa como uno de los más pesados castigos, acaso el que más agobia. Aunque hacer su voluntad y lograr el éxito puede ser un golpe de suerte, si algo de consciencia queda al criminal, la pena la llevará siempre consigo hasta el final de sus días.

Es clave en esta producción el monólogo interior con el cual empieza la trama. La casualidad, ese conjunto de circunstancias impredecibles provocadas, tal vez, por las acciones de otros ¿o de nadie?, y nuestras respuestas ante ellas, siendo estas últimas las que configuran la existencia propia y la felicidad que de ésta obtengamos.

“Match Point” narra la historia de un “ceniciento” que encuentra a su “princesa rosada” que lo ayudará a escalar hasta alcanzar las altas cumbres de la sociedad londinense actual. Chris Wilton, un tenista profesional retirado, quien se dedica a dar clases, comienza a salir con su rica alumna, Chloe Hewett, para terminar casándose con ella. Las cosas marchan bien hasta que… aparece el deseo envuelto en el cuerpo de Nola Rice, la prometida del hermano de su futura esposa, Tom Hewett. Como escribió Oscar Wilde: “Puedo resistirlo todo, excepto las tentaciones”. Entonces, arranca el drama de esta comedia en la cual la ópera substituye al género clásico de las cintas de Allen: el jazz.

Los papeles principales son interpretados por Jonathan Rhys Meyers (Chris Wilton), Scarlett Johansson (Nola Rice), Matthew Goode (Tom Hewett), Emily Mortimer (Chloe Hewett Wilton), Brian Cox (Alec Hewett) y Penelope Wilton (Eleanor Hewett). La fotografía es responsabilidad de Remi Adefarasin y el montaje estuvo a cargo de Alisa Lepselter.

En fin, cuánto más podría comentar de esta obra de colores cálidos del otoño británico, que mueve emociones cubiertas por un cielo gris poblado de melancolía: matices que ocultan un difícil juego en el cual los protagonistas se juegan la vida. No se la pierda, hasta el final, decidido por el azar.


Artículo publicado en la Revista Orbe de julio de 2006.