Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

1.16.2006

Predebate

Antes de entrar de lleno en el debate público por escrito, hay algunos puntos que quiero dejar claros. Puntos que a mí me costó “tragar”, pero que al final no pude hacer otra cosa que rendirme ante la evidencia y aceptar aquello que está más allá de mis límites humanos.

Total, aunque espere una semana más para tirarme un clavado en los temas controversiales de hoy, no por eso van a dejar de ser actuales. Una de las cosas que aprendí en los años recientes es que no por mucho madrugar amanece más temprano: se disfruta más sin prisas.

Es importante reconocer que todos tenemos ciertos principios y valores. El problema se genera al no definir tales principios y valores, y el orden de prioridad que éstos tienen en nuestra vida: su escala. Por eso es vital encontrar las coincidencias mínimas que nos permitan vivir en paz.

La situación se complica aún más cuando aparecen quienes creen que su escala de valores es superior a las otras y, arrogantemente, pretenden imponerla a los demás.

Luego, terminamos discutiendo acerca de la “crisis de valores”. Pero, ¿a qué valores nos referimos? ¿Acaso a la responsabilidad individual, la principal víctima del estado Benefactor? ¿A la confusión entre la imposible equidad frente a la deseable igualdad ante la ley? ¿O nos referimos a la despreciada libertad, tan necesaria para el progreso de las personas? Lo anterior lo digo sin menosprecio a las virtudes deseables en todos, dentro de las cuales incluyo el ser honesto, laborioso y respetuoso.

Qué maravilloso sería si la situación se arreglara por medio de la motivación, y los mensajes “positivos” nos permitieran “ver” la realidad de otra manera, aunque ésta no cambiara. Sin embargo, lo bueno y loable de la intención se puede quedar en una canción al estilo “oye, abre tus ojos, mira hacia arriba…” que nos haría bailar por un rato pero nos agotaría en el largo plazo.

Seguro que sería fácil solucionar los problemas del “Estado” si aquello que funciona en nuestra esfera privada (planificar, organizar, motivar, animar…) fuera aplicable a la esfera pública. No obstante, en el caso de esta última, lo que más afecta el comportamiento en sociedad son las normas que lo rigen: el sistema.

Por eso no se trata sólo de hacernos un coco wash generalizado, agarrarnos de las manos y cantar unidos el himno de la alegría. Y disculpen si a alguien lo anterior le pareció una ironía. Puede que lo sea.

Los que enfatizan en el cambio de la “actitud colectiva” intentan un imposible: creen que un país es un individuo. Olvidan que el “colectivo” está integrado por millones de subjetividades todas diferentes, personas de “carne y hueso”, donde cada cabeza es un mundo.

Si queremos cambiar Guatemala, tenemos que cambiar las reglas que nos rigen y cumplir con ellas. Tenemos que adecuarlas a cómo actuamos las personas y no a como nos gustaría que fuéramos.

Motivemos el cambio de un estado Benefactor a uno de Derecho.

Nota: este artículo fue publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, en la columna semanal “Principios”, el lunes 16 de enero de 2006

1 Comments:

  • Y también creo que teniendo como base los principios, ayuda a formar la estructura el pensar en grande, pensar afuera de las limitantes de sociedad atrasada, basada en lo que los otros piensen, en que no es bueno sobresalir sino "encajar" en las expectativas de los demás. Hay que cambiar, desde lo individual, las actitudes que ya sea deliberadamente o solo por la negligente pereza de analizar la vida y acciones propias,impiden crecer. Crisis de valores? Me inclino más por pensar que hay una tediosa comodidad por cuestionar las acciones propias, y todo el mundo elude el cuestionar lo que sucede afuera...

    By Blogger Renata, at 2:00 p.m.  

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