Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

9.22.2014

La CICIG es un grupo de presión



Y no es cualquier grupo de presión. Es uno de los grupos más poderosos, a pesar de que no cuentan con el apoyo de la población guatemalteca, fuera del respaldo que le dan algunos grupitos de presión locales y algunos periodistas usando sus medios de comunicación.

Por cierto, si fuera verdad lo que el actual Comisionado, Iván Velásquez, dijo en una conferencia de prensa el pasado 16 de septiembre sobre su preocupación por la forma en la cual se están llevando a cabo los procesos de selección de candidatos para las Cortes de Apelaciones y la Corte Suprema de Justicia ("Lo hacemos… con el único propósito de contribuir a la construcción de un sistema de justicia independiente, imparcial, idóneo, apto para enfrentar el incremento siempre ascendente del crimen organizado"), estarían proponiendo cambios objetivos al proceso de elección como, por ejemplo, que este no dependa de la voluntad de nadie, sino que se hiciera por sorteo.

Al fin, lo que en realidad les preocupa es que no queden sus candidatos: aquellos a los que pueden manipular y/o comprar. Aunque, considero que el principal motivo que los lleva a figurar por estas fechas en los diarios, las radios y la televisión nacional es su deseo de que se prorrogue su cómoda vida y las de sus compañeros de ¿trabajo? al frente de este ente.

No tengo ninguna duda de que los politiqueros, los ladrones que se encuentran en el ejercicio del poder (y aquellos que quieren llegar a ejercerlo), estén utilizando todas sus influencias para que elijan a inmorales que sean fácilmente comprables, y así asegurar que no los van a perseguir legalmente cuando no estén protegidos por el privilegio al antejuicio del cual gozan. Pero este hecho no implica que las intenciones de los grupúsculos que se adjudican una falsa representación de la abstracta sociedad civil sean distintas a las de los primeros. Todos, lo único que buscan es vivir a costa de los demás que, en su mayoría, observan en silencio como se desintegra nuestra sociedad concreta.  

Hasta que quienes ejercen su derecho al voto entiendan que la única forma de cambiar las cosas para bien de todos en el largo plazo, aún para el bien de los menos productivos, es cambiando el Estado Benefactor/Mercantilista por un verdadero Estado de Derecho (donde todos seamos iguales ante la ley y que los gobernantes NO tengan el poder para otorgar privilegios a ninguno), continuaremos deslizándonos por la pendiente que nos lleva directo a un caos que podría terminar en un conflicto armado similar al que vivieron nuestros padres y abuelos en el siglo pasado.

Podemos evitarlo, pero esto dependerá de nosotros, no de burócratas prepotentes y arrogantes cuyo único interés es su propio bienestar. Si hubiesen querido aportar a construir un sistema de justicia en Guatemala, no hubieran recurrido a la mentira, a la extorsión y a la compra de testigos, solo por mencionar algunas de las capacidades y habilidades que, lamentablemente, los señores de la CICIG trasladaron a los fiscales nacionales.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 22 de septiembre de 2014.

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