Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

9.15.2014

Libre frente al viento



Hoy pensé en el himno nacional de Guatemala, que en una estrofa reza: “Libre al viento tu hermosa bandera”. Pensé que más allá del juicio de valor en lo que respecta al símbolo patrio que menciona el autor del canto a mi nación, lo que sería verdaderamente hermoso es que los libres fuéramos nosotros: todos los hombres y las mujeres del planeta. Quisiera que todos valoráramos y cuidáramos tan preciado bien: condición sine qua non para quienes queremos vivir en sociedad, vivir en paz y vivir felices.

Enfatizo que esa libertad debe ser vivida enfrentando a los vientos que intentan llevarnos en dirección contraria a la que nosotros hemos elegido. Saber quién queremos ser y cómo queremos vivir nuestra vida única e irrepetible, nos da la fortaleza de plantarnos firmemente frente a cualquiera que intente parar nuestro camino o que pretenda decidir por nosotros qué hacer con nuestra propiedad primigenia: nuestra propia existencia.

Soy objetiva, amo vivir en libertad y reconociendo la realidad. No vivo de fantasías ni invenciones humanas que pretenden liberarnos, sin éxito, de asumir nuestras responsabilidades. No creo ni en el Estado dador de todas las cosas ni en seres divinos sobrenaturales que se hacen cargo de mis problemas. Creo en mí y en las personas que he elegido para compartir mi vida. Creo en lo que puedo probar que existe.

Sin embargo, como lectora empedernida que soy, suelo fantasear como lo hace la mayoría cuando se sumerge en sus lecturas. En una de esas ocasiones, pensé en cuáles serían los tres deseos que le pediría al genio de la botella si yo fuese Aladino. Pensé que le pediría que desempolvara el sentido común, no contradictorio, de las personas; que les quitara las telarañas que les impiden razonar para hacer entrar en razón al corazón; y que le eliminara el óxido a la capacidad de elegir de la gente, óxido que les hace temer al ejercicio de la libertad individual por la responsabilidad que esa decisión conlleva.

¿Por qué no pedir, de una vez por todas, vivir en paz, dentro de un Estado de Derecho donde todos seamos iguales ante la ley y se respeten la vida, la libertad y la propiedad de todos, quitando los obstáculos de nuestra ruta personal que nos lleva a la felicidad? Porque, para que ese ideal sea sostenible en el largo plazo, para que no dependa de la caprichosa voluntad de nadie, debe ser elegido por convencimiento: no debe ser impuesto.  

Más que vivir en un Estado independiente, debemos aspirar a ser libres. Entender qué significa ser libre. Abrazarnos a la Libertad con todas nuestras fuerzas y pelear por ésta con toda nuestra inteligencia. Porque de esa batalla, la batalla por nuestra libertad en concreto no en abstracto, depende nuestro presente y nuestro futuro. Porque solo saliendo victoriosos de ese enfrentamiento intelectual vamos a evitar que hoy y mañana se derrame más sangre de inocentes. Pelear por un ideal más importante que la independencia nacional: pelear por nuestra libertad individual.



Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 15 de septiembre de 2014. Las imágenes que fueron utilizadas para el collage fueron tomadas por mí y por Alcy Martínez, el sábado 31 de mayo de 2014, en la develación de “El Gigante de Cayalá” del escultor Walter Peter.

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