Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

5.14.2007

Ilha Formosa


Isla hermosa. Nombre que le dieron los portugueses a ese pedazo de tierra de tamaño similar al departamento del Petén en Guatemala que hoy conocemos como Taiwán o República de China. Pero hasta ahí, en la extensión y topografía, llegaron las semejanzas. El resto es como comparar el blanco con el negro: polos opuestos, las antípodas del progreso. ¿Por qué? Tal vez la respuesta se encuentra en que en una sociedad hay más posibilidad de lograr progreso individual. Adivinen, ¿en cuál de las dos es más alcanzable ese fin?

Y, sin duda, hermoso fue el viaje que hice recientemente a esta isla. Emociones profundas, intensas, vividas al máximo en un tiempo, como todo tiempo, escaso. Tantas cosas que olvidé en esta aventura. A veces, hasta dormir. Sí, olvidé que debía dormir. En fin, una vez muera, me sobrará la eternidad para descansar. Mientras, lo único que quería es vivir una experiencia inolvidable. Alimentarme, enriquecerme de una cultura diferente a la nuestra. Al menos, eso esperaba. No obstante, me fui a encontrar con una riqueza oriental histórica, evolucionada y amalgamada con la civilización occidental. Y aún más: decidí grabar permanentemente mi compromiso con la libertad individual.

En un principio Formosa fue habitada por pueblos de origen malayo-polinesio. Luego estuvo bajo el control de los holandeses, quienes fueron expulsados por Zheng Chenggong, quien estuvo bajo las órdenes de los emperadores de la dinastía Ming, época en la que llegaron los primeros colonos chinos. En 1895, tras la Primera Guerra Sino-japonesa, China fue obligada por el Tratado de Shimonoseki a ceder Taiwán a Japón.

En 1945 al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Japón devuelve Taiwán a China. En 1949, llegan a la isla Chiang Kai-shek y un par de millones más de chinos que huían de la dictadura comunista de Mao Zedong en la China continental. Y a la fecha, siguen los descendientes de aquellos que llegaron hace casi sesenta años, luchando por defender su libertad de vivir bajo las normas que ellos han elegido, ante el reclamo de los gobernantes de la otra China, quienes apuntan más de 1000 misiles hacia ellos.

Como lo aclara en su libro “Liberalismo”, Ludwig von Mises: “Para el liberal, el derecho de autodeterminación implica que todo territorio, sea simple aldea, provincia o conjunto de provincias cuyos habitantes libremente, en limpio plebiscito, se pronuncien por separarse de aquel Estado del que a la sazón forman parte, bien sea para crear una entidad independiente o para unirse a otra nación, pueda libremente hacerlo. Es el único modo de evitar revoluciones, pugnas intestinas y guerras… Son sus habitantes, individualmente, quienes han de decidir si, de verdad, desean o no pertenecer a este o aquel otro Estado”.

¿Por qué es tan difícil de entender y respetar lo anterior? En fin, de nuevo, el precio de la Libertad es una eterna vigilancia de la misma. Aquí y en China.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 14 de mayo de 2007.

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1 Comments:

  • “Para el liberal, el derecho de autodeterminación implica que todo territorio, sea simple aldea, provincia o conjunto de provincias cuyos habitantes libremente, en limpio plebiscito, se pronuncien por separarse de aquel Estado del que a la sazón forman parte, bien sea para crear una entidad independiente o para unirse a otra nación, pueda libremente hacerlo. Es el único modo de evitar revoluciones, pugnas intestinas y guerras… Son sus habitantes, individualmente, quienes han de decidir si, de verdad, desean o no pertenecer a este o aquel otro Estado”.

    Este pensamiento tiene sentido pero el primer reto y desafio es el de educar a la ciudadania con respecto a los derechos los cuales uno posee como ser humano, como individuo. Las personas educadas son las que pueden tomar decisiones de gobierno las no educadas son simples seguidores de discursos baratos, de personas que deliberadamente traicionan la libertad.

    By Anonymous Anónimo, at 8:11 p. m.  

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