Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

11.13.2006

La tierra es redonda

Así es, redonda, casi como una pelota, a pesar de que aún hay quienes sostienen que la tierra es plana: un grupo de ingleses agrupados en la llamada “Flat earth society”, los cuales defienden su tesis en un sitio en la Internet en el que presentan los argumentos que, según ellos, respaldan su afirmación. No obstante, independientemente de lo seguros que se encuentran de su planteamiento, no obligan a nadie, manipulando el monopolio del uso de la fuerza que caracteriza a un gobierno, a que todos compartamos su creencia.

Estos ingleses confirman lo que se puede llegar a decir y hacer en una sociedad de personas libres. Y antes que ellos, a finales del siglo diecinueve, los integrantes de la Sociedad Fabiana, encabezada por los esposos Webb, también sorprendieron al resucitar el pensamiento de Karl Marx, quien había sido intelectualmente vencido por Carl Menger, Leon Walras y Stanley Jevons, artífices de la Revolución Marginalista de 1871. Todo es posible en una sociedad abierta, parafraseando a Popper, quien, casualmente, también se llamaba Karl.

Sin embargo, contrario a la actitud respetuosa de los asociados a la mencionada “Flat earth society”, los creyentes del paradigma dominante del siglo pasado, el intervencionismo bien intencionado conocido como Estado de Bienestar (el equivalente a la idea equivocada de que la tierra es plana, idea por lo visto no sólo sostenida en los tiempos anteriores a Copérnico y Galileo Galilei), sí nos obligan a vivir bajo un régimen centralizado, donde unos pocos deciden por los demás.

¿Podrían los benefactores, planificadores de vidas, intentar quemar en la hoguera a quienes creemos en los individuos y aspiramos a vivir en una sociedad con un poder discrecional limitado, y con un gobierno dedicado a brindar seguridad y justicia?

Total, vivimos en el período de la Inquisición políticamente correcta, que defiende la idea de ayudar a los pobres quitándoles a los ricos que, según los sofistas neosocialistas, se hicieron ricos explotando a los pobres. Por eso proponen que los nobles miembros del reino político, seres excepcionales, sin fines propios, sin ambiciones y prestos a cortarse las venas por el resto, se encarguen de redistribuir la riqueza que un sistema que consideran injusto repartió desigualmente.

Claro, ante la desprestigiada filípica anterior, algunos populistas vegetarianos, citando a Álvaro Vargas Llosa, optan por hablar de la equidad, la igualdad de oportunidades, la inversión social y la compensación a las víctimas de la sociedad excluyente, entre otras ocurrencias. En fin: aunque al mono discurso lo vistan de seda, mono se queda. Así como la mayor parte de lo repartido se queda en los bolsillos de quienes reparten: los gobernantes y la burocracia que los rodea. La nueva oligarquía.

Recuerde: el infierno está lleno de buenas intenciones, y en la realidad de nuestra Tierra redonda y caduca, el que no trabaja, no manduca.


Articulo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 13 de noviembre de 2006.

1 Comments:

  • Encuentro dudosa la afirmación que hace acerca de que Marx haya sido vencido intelectualmente. En todo caso, Menger (y solamente él) intentó contestar la pregunta acerca del origen del valor. Ciertamente proporcionó una respuesta distinta a la de Marx. Respuesta que por cierto es individualista y orientada al consumo.

    Saludos

    By Anonymous Francisco Coronado, at 5:50 p.m.  

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