Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

1.08.2007

Basta un muerto

El vil asesinato de la niña de 6 años, Evelyn Karina Isidro Velásquez; las recientes muertes de Augusto Pinochet y Sadam Husein; y muy probablemente el deceso aún no oficializado de Fidel Castro, me invitan a comenzar el año reflexionando sobre el final. La conclusión de vidas, de eras, de dictaduras… ¿Podemos entrar en la rutina del Infierno? ¿Podemos habituarnos al crimen creciente?

“No hay nada más banal que la política”, escribió mi admirado Jorge Luis Borges. Coincido totalmente con él. Sin embargo, mientras vivamos en un sistema de incentivos perversos, manipulador, como el que actualmente prevalece en casi todos los rincones del mundo (en algunos lugares más que en otros), la política y la discusión sobre los abusos de poder y la ausencia de castigo a los criminales cobra una importancia vital.

Persigo posibles, pero sueño con ideales: el uso ético de las facultades humanas de la memoria, el entendimiento y la voluntad, donde no se tolere la muerte violenta de una sola persona. Muerta por su manera de pensar. Muerta por error. Casualties of war. O un acto deliberado de gente infame e irresponsable que luego es, irresponsablemente, transformada en la víctima. Muerte injustificable que debe ser cuestionada, señalada y castigada.

Die Verwandlung. Espero la transformación, no en cucarachas kafkianas, sino en personas responsables y respetuosas de las elecciones, vidas y bienes de los otros. Y que los gregorios samsas, cobardes insectos, sigan escondidos en la oscuridad asechando, alejados de la luz, sabedores de que sus actos antisociales serán penados.

Sueños poco originales los míos. Soñados por muchos antes que yo. Sueños que serán soñados por muchos después de mí: al menos, eso sueño.

Es mentira que la historia oficial siempre la escribe quien gana. Algunas veces, tal vez, pero otras, sin duda no. Este último es el caso reciente de Guatemala. ¿Escriben la historia los que ostentan el poder? ¿Cómo identificar, entonces, a los poderosos, que no son sólo los gobernantes? ¿Qué poder tenían los guerrilleros para escribir ellos la historia de la guerra civil de baja intensidad de nuestra Guatemala? Soberbios son los que dicen tener la verdad. Yo no puedo hacer más que buscarla.

Duelen más los abusos de aquellos que ejercen la autoridad. Aquellos que están obligados a defender (no a agredir), a los individuos respetuosos y productivos. Pero eso no justifica y mucho menos ennoblece los actos similares de violación de derechos hechos por los terroristas y/o los socialistas/fascistas.

¿Somos hoy la resistencia quienes nos resistimos al Estado benefactor/mercantilista, esa intervención constante de otros en nuestras vidas? ¿Quienes pregonamos una evolución y evitamos una revolución?

“Él sólo quería saber si era o si no era valiente. Lo supo en aquel momento en que le entraba la herida. Se dijo no tuve miedo cuando lo dejó la vida”. Milonga de un soldado. Borges.


Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno” el lunes 8 de enero de 2007.