Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

4.05.2009

Gotimala


Era un día caótico, como cualquier otro en Gotimala: una ciudad que tiene mucho de gótica. Comenzando por el oscuro y profundo hoyo negro donde se dilapidan los tributos de la población arriesgada y creadora. ¿Cómo le llaman? ¿Cojesión social? En fin, asesinatos por doquier, quema de buses, robos de todo tipo: desde celulares hasta vehículos, pasando por la virginidad de algunas y algunos: los criminales no discriminan. Obstaculización de vías públicas, marchas de gente exigiendo dinero de otros, tiroteos, secuestros express y a la carta. Linchamientos… Un día demasiado común en la vida de los habitantes de una urbe subhumana. Fiel reflejo de lo que acontece en casi todos los rincones de nuestro complejo terruño.

“El responsable es el Smiley”, gritó a los cuatro vientos el nombrado Salvador, para que lo escucharan todos los habitantes de Gotimala, y la acusación resonara más allá de las fronteras del país de la eterna balacera. Un guasón chapín, cuyo apodo nos recuerda el bilingüismo que impera en muchos ámbitos de nuestro espacio nacional. ¿Será el sobrenombre un resultado más de la mezcla de las remesas? ¿O será simplemente una metáfora del bilingüismo que dificulta la comunicación entre los gobernantes y los gobernados? Ya que espero que cada día sean menos quienes niegan que hablamos idiomas distintos.

Probablemente, la dificultad de entendernos radica en que ellos, los gobernantes, viven una realidad ajena a la suya, a la mía y a la del resto. La realidad de quienes los mantenemos. Ellos viven rodeados de guardaespaldas, viajando sin cesar, libando hasta el cansancio, engrosando sus cuentas monetarias a pesar de la manipulada crisis financiera mundial. Y nosotros, mientras, nos encontramos inmersos en la constante agonía de no saber si este será nuestro último día. Al menos en este mundo: el único del cuál tenemos plena evidencia de su existencia.

“¡Cáspita, Gandaraman! ¡Recorcholis, Sandrúbela! ¿Y ahora, quién podrá defendernos?”, balbucea en secreto un ave que se cree gavilán, pero más recuerda a un indefenso y casi siempre desorientado Robin. El petirrojo centroamericano, que se la pasa cantando en las ramas, de las cuales rara vez baja. El émulo del Chapulín Colorado, que anuncia una tragedia, enfrentada dialécticamente a la comedia de Chespirito. Un payaso que provoca llanto. Y a veces risas: “Es un complot, un plan para desestabilizar mi gobierno”. ¿Cuál gobierno?

Un extraño pájaro que vive en las nubes, junto con su segundo de abordo. El dúo dinámico que a pesar de contar con un arma blanca que aún no ha sido prohibida, Espada, no da pie con bola en lo que respecta a las acciones urgentes para alcanzar la paz en Gotimala. Menos conocen sus obligaciones primordiales: velar porque haya justicia y seguridad: el ansiado respeto a los bienes de todos, comenzando por el más preciado: la vida misma. El esperado respeto a nuestras decisiones libres. Y el olvidado respeto a nuestro intelecto.

Nota: Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo Veintiuno”, el lunes 30 de marzo de 2009. La fotografía la tomé el domingo 22 de febrero de 2009, en Antigua Guatemala. Se aprecia, a oscuras, la Ermita de la Santa Cruz.

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2 Comments:

  • que tal!!
    pasaba a saludarte..
    un abrazo..

    By Blogger Allek, at 11:43 p. m.  

  • Que elgante lo dice.
    Me esta gustando como lo dice.
    Me esta gustando lo que dice.
    voy a leer mas para ver si me convenzo. Siga adelante. No necesariamente tengo que estar de acuerdo con todo lo que dice, pero la seguire leyendo. Creo que suena cuerdo.

    By Anonymous Anónimo, at 10:18 a. m.  

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