Contraria a la creencia popular de que el crimen no paga,
dentro de las actuales reglas del juego político hay un tipo de criminalidad
que no solo es más rentable que la común (robos, secuestros, extorsiones…),
sino que es más segura: los riesgos son menores. Esa criminalidad es la mal
llamada protesta social. Aclaro que
no me refiero a la justa queja del ciudadano honesto, trabajador y respetuoso
que cuestiona el actuar corrupto y prepotente de los politiqueros. Me refiero a
los grupos organizados con el objetivo de extorsionar a los gobernantes para
que estos les otorguen privilegios.
Los colectivos que
recurren a la victimización de
determinada clase de personas supuestamente
abusadas a lo largo de su existencia. Por cierto, una de las más rentables tácticas
hoy es recurrir a los agravios
cometidos en contra de los ancestros.
Este discurso es sobre todo atractivo cuando se trata de conseguir dinero de
los burócratas de otros países que cargan con una irracional culpa en lo que
respecta al pasado colonialista de sus naciones. No hay nada más sexy, un trending topic, que resucitar a los extintos mayas para inspirar lástima en caras
pálidas emotivas, manipulables, que manejan el dinero que han expoliado a
los trabajadores de sus respectivas naciones.
También hay extranjeros dentro de estos grupos. Fracasados
que no pasaron de zope a gavilán en
sus terruños y, llenos de resentimiento, encuentran un espacio donde sentirse
importantes en pueblos como el nuestro. Estos tipos ocupan posiciones relevantes
en las estructuras jerárquicas de estas organizaciones en las cuales la mayoría
se siente intimidada por un par de ojos
claros, una tez blanca y un cabello rubio. Que quede claro, no tengo nada en
contra de los anteriores atributos, similares a los míos. Lo que me parece
despreciable es el doble discurso y la hipocresía tanto de los nacionales como
los internacionales que conforman estas facciones.
¿Cómo logran las prebendas que buscan? Violando los derechos
de otros. Bloqueando carreteras,
destruyendo propiedad, amenazando, extorsionando… Aterrorizando a los
habitantes de sus comunidades que no se atreven a enfrentarlos. Y,
descaradamente, pretenden que aceptemos tales manifestaciones como pacíficas.
Hasta al secuestro han recurrido para que los gobernantes les concedan sus
exigencias en diálogos en los cuales
los perdedores no están presentes: los tributarios y la gente decente que ve
sus derechos mancillados con tal de complacer a los violentos. En fin, el
problema no son los diálogos. El problema es que negocian principios y derechos
de otros.
La ironía es que al final solo los líderes de estos grupos
se benefician. El resto les sirven de carne
de cañón para alcanzar sus objetivos de vivir cómodamente a expensas de la
pobreza de unos y de la riqueza creada por otros que con ese dinero pudieron
haber generado puestos de trabajo productivos que les permitieran a los que se
quejan de sus condiciones de vida mejorar honorablemente su existencia.
Artículo publicado en el diario guatemalteco “Siglo
Veintiuno”, el lunes 14 de octubre de 2013.Etiquetas: Comite de Unidad Campesina, crimen, derechos individuales, Privilegios, protesta, violaciones, violencia
1 Comments:
Interessante articulo ...En este pais siempre un grupo trata de aprovecharse de los demas... Cada causa, movimiento es la pinata de alguien a leerla...pero tambien hay una realidad nacional que permite que se da estas situaciones donde los derechos de circulacion de unos son momentamente confiscados por los que creen que sus derechos son tambien atropellados por otros.. L'ausencia de un Estado efectivo al servicio de la Nacion hace que las reglas se tuercen al anteojo de los que por espacios temporales logran ejercer un tipo de poder... Ahorra los paises desarollados tienen lineas dedicadas a los paises en via de desarollo y por lo tanto tienen que gastarlo y es una feroz competencia entre las ONG del tercer mundo para lograr un poco de estos recursos...
By ArmandAtitlan, at 8:46 p.m.
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