Principios / Marta Yolanda Díaz-Durán A.

8.19.2005

Vive tu vida donde quieras

¿Acaso no es vivir nuestra vida y ser felices en el intento, el mayor anhelo de todos? Por supuesto, aquellos que no se consideran capaces de alcanzar ese ¿sueño? o no desean pagar el costo y hacer el esfuerzo que esto implica, pareciera que dedicaran esa vida suya a que otros no logren sus metas. Tal vez es esto precisamente lo que los hace felices: amargarle la vida al resto.

La idea de escribir estas reflexiones surgió hace meses: el miércoles 13 de octubre de 2004. Ese día al final de la tarde, asistí a la segunda de dos conferencias que impartió el filósofo David Schmidtz en la Universidad Francisco Marroquín de ¿mi Guatemala? Al finalizar la disertación, Schmidtz contó que en una cena reciente uno de los asistentes a la misma le preguntó cuál era la esencia del liberalismo. La respuesta del intelectual fue breve: “El corazón del pensamiento liberal es el derecho de cada individuo a vivir su vida donde quiera”.

Por la noche, decidí consultar mi correo electrónico, algo que no hago muy seguido en mi hogar, en el que prefiero dedicarme a uno de mis más arraigados vicios: la lectura. Sin embargo ese día, y a pesar de la hora, entré a navegar en las aguas de la Internet, en donde me topé con una larga epístola que me hizo estremecer en lo más profundo de mi ser, hasta casi hacerme naufragar.

La carta a la que me refiero estaba escrita por mi querido hermano Constantino, el menor de cinco vástagos que mis padres legaron al mundo. En ésta me contaba que había decidido, entre otras cosas, pedir asilo en Estados Unidos, donde se encuentra cursando sus estudios superiores, porque en ese país había encontrado la sociedad en la cual él deseaba vivir. En la misiva me pedía apoyo en este momento decisivo de su vida.

Con el corazón turbado, y en medio de un afluente imparable de lágrimas, hice lo que mi conciencia me indicó: ofrecerle mi apoyo incondicional, a sabiendas de que esa decisión significaba reducir al mínimo los días de mi vida que iba a compartir con él.

Después de la perturbación emocional me llegó el momento de reflexionar, y fue fácil para mi entender que mi hermano no estaba haciendo nada más que mostrar su cepa libertaria: eligió vivir su vida como él quiere y donde tiene más posibilidades de maximizar sus segundos, minutos, horas, días, años… de felicidad.

¿No quisiéramos muchos tener las mismas agallas para dejar nuestras raíces y sembrar nuestro tronco en otro pedazo de tierra en el cual creemos va a dar más frutos?

Yo, hoy, deseo vivir mi vida en ¿mi Guatemala?, pero no en las condiciones en las cuales se encuentra. ¿Qué puedo hacer para cambiar esa situación que molesta a tantos? ¿De qué manera puedo aportar un grano de maíz al cambio para bien de la sociedad en que vivo? Ese cambio, ¿a dónde nos llevaría?

Definir el sueño es sencillo. Hacerlo realidad lo difícil.

“Quiero vivir en un sociedad de hombres y mujeres responsables y libres, desarrollados integralmente por medio de una economía de mercado y dentro del marco de un Estado de Derecho, que asegure la única igualdad posible entre personas únicas e irrepetibles: la igualdad ante la ley. Esta última sólo se puede alcanzar mediante normas generales, universales, abstractas, impersonales, pocas y conocidas, que no privilegien a nadie y nos obliguen a todos por igual. Así aseguramos el respeto a la propiedad, la libertad y la vida de las personas, para que podamos, finalmente, cooperar los unos con los otros en paz e intercambiar voluntariamente bienes y servicios que satisfagan nuestras necesidades. Para que podamos hacer las decisiones que nos permitan la consecución de nuestros fines propios: aquellas que nos lleven a buscar la felicidad por los caminos que más nos satisfagan sin dañar a los demás en sus mismos derechos”.

No es mi intención con este escrito llevar la “palabra de Dios” (en quien irracionalmente creo) a nadie, sino compartir con ustedes pensamientos dispersos que he apuntado desordenadamente a lo largo del último año (que espero no sea el último de mi vida) en ese proceso continuo de aclararme las ideas.

Con estas reflexiones espero contribuir a vivir algún día en una sociedad mejor a la que encontré.

5 Comments:

  • Que forma tan clara de expresar las ideas. Refleja de forma concisa lo que de alguna manera he estado sintiendo en los últimos días, o quizás meses. Tanto estudio, tanto trabajo y tan pocas oportunidades. Sobre todo que las oportunidades no se dan en base a experiencia y capacidad.... Verdaderamente que me cuestiono sobre mis sueños y mis deseos y no solo los míos, sino lo que quiero para mis hijos. Y la respuesta es una: No lo que vivimos hoy en Guatemala. Entonces que? Me tengo que ir? Dejar mis raíces, mi familia? Hasta hoy no sé. Yo tuve la iniciativa de contribuir a hacer cambios y quede curada de la experiencia, creo que el desanimo me ha contagiado. En fin. Seguiré en búsqueda de MI respuesta.

    By Anonymous Ana Aguilar, at 10:46 a.m.  

  • Hoy que estuve en la Radio mientras escuchaba a Marta Yolanda terminar con su editorial y hablar del segmento semanal 'De Película' hablaba con el técnico en la cabina sobre el esfuerzo sin descanso de sembrar ideas para que las generaciones venideras vengan cada vez más claras sobre su concepto de libertad. Y yo entiendo que Marta Yolanda quiere vivir acá en su Guatemala para hacer precisamente eso. Muchos nos contagiamos con esa pasión y trabajamos a nivel personal, a nivel de núcleo de la célula social que es la familia para que nuestros hijos lleguen mejor equipados a la edad de escoger y aceptar esa libertad. Aceptarla y trabajar para instituirla. Con cada grano de arena construiremos el mortero de un gran pilar. Gracias, Marta Yolanda. Karin Rademann

    By Anonymous Anónimo, at 5:07 p.m.  

  • Gracias. Por el apoyo que me brindaste en ese momento, y por el que reafirmas con estas lineas, gracias.

    Por cortesía a tus lectores, comparto con ellos que cuatro meses después de contarte mi decisión, en febrero del 2005, recibí asilo en Estados Unidos. Y acá estoy, trabajando como todos para cimentar mi futuro y buscando la felicidad, sin molestar a otros.

    Extraño Guate, como la extraña el cuate de Reu que trabaja en Subway y me hace "descuento de paisano" cuando paso por ahí. Deseo visitarla en cuanto pueda, como desean hacerlo mis antiguos vecinos, oriundos de San Marcos. Y pienso en la familia y amigos que hace años no veo cada vez que voy a la tienda del chavo de Xela que vende las "Famosas" que entre el y yo siguen siendo "Gallos". Pero como inmigrante he aprendido que la patria de mis padres va a estar siempre en mi corazón y que es ahí--no en los Ducal que compro en Safeway--donde puedo encontrarla cada vez que pica el mosco de la nostalgia.

    Si. Vive tu vida donde quieras. Vive tu vida donde perteneces. Y recuerda siempre que gobierno no es sinónimo de país--si lo fuera, hace ratos habría dicho "later" a Bush y compañía. Continúa, con ánimo, en la lucha por tu Guatemala. Por esa Guatemala que también es parte mía, aunque la vida, mis convicciones, y mi búsqueda de la felicidad me han convertido, a mi, en parte de una patria nueva.

    Alza esta noche de viernes una copa por tu país, por la Guatemala que tú y tus lectores desean forjar. Hazlo también por el hermano que desde un país forjado por inmigrantes alza una a tu honor y brinda por la tierra que vio sus primeros pasos.

    By Anonymous Constantino, at 6:35 p.m.  

  • ¡Animo!, par de dos. Que algún día, cantará misa García.
    Eeeeeeeeeh!!

    By Anonymous Luis Figueroa, at 11:04 a.m.  

  • Moises al darse cuenta que el pueblo de Isreal no tenía futuro en Egipto, hizo maletas y se dirigio a la tierra prometida. Yo creo que es bueno cambiar de barrio de vez en cuando. Para los que no creemos en las fronteras de los gobiernos, Constantino no se a ido a ninguna parte. A los políticos gringos que pongan sus barbas en remojo, pues ya hay una parte de Marta Yolanda en sus latitudes. No hay como la libertad.

    By Blogger Ernesto Rodriguez Mahr, at 12:30 p.m.  

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